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EL número de suicidios entre los soldados estadounidenses es cada vez mayor. En 2007 fueron 115 los militares que se quitaron la vida. No obstante, en 2008 esta cifra llegó a sus máximos. Se ha confirmado que el número total de muertes voluntarias en este cuerpo de seguridad asciende a 143.  

Los factores que explican este hecho son diversos, pero los superiores aseguran que este problema se ha intensificado desde que comenzaron los despliegues masivos en Irak y Afganistán. Un 30% de los soldados en activo que se suicidaron el año pasado estaban en zona de combate en el momento de su muerte. Y para un tercio de ellos, ese combate era el primero. 

El ejército de Estados Unidos ha querido poner remedio llevando a cabo diversos programas psicológicos para ayudar a aquellos militares que tengan problemas. No obstante, el horror, la muerte y la miseria son realidades difíciles de evitar en la zona de conflicto en cuestión.  

El cuerpo de Defensa americano puede ser entrenado para afrontar las situaciones más difíciles y ejecutar las órdenes más violentas y sangrientas. Sin embargo, ningún ser humano es omiso ante la barbarie de la guerra, ante la cruda realidad cuando la vive y la sufre de cerca. 

 

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