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CONOCÍ este libro y a su autor, Manuel Jabois, gracias a un pontevedrés con unos ojos que cautivan. Irse a Madrid es una colección de artículos de esos que parecen prohibidos en las páginas de un periódico con tinta. Así es, Irse a Madrid, lugar que parece ser el triunfo para todo periodista y como dice él, “parece que todo el mundo me espera en Madrid”. Pero no, a Madrid llegas y, efectivamente, te pones a la cola…

A Jabois, como dice en su libro, le gusta hacer cosas que no se esperan de él, “como pedirle la mano a una mujer y casarse con ella fuera de la mirada de Dios, por haber pecado en pensamiento y obra”. Jabois, “lee libros, algunos de tapas duras, y marca la página doblando la esquinita superior, como aquel condenado a muerte que interrumpió su lectura para subir al cadalso”. Jabois frecuenta “bares palilleros de pocas charlas, porque el pueblo humilde come en silencio y saben, como él sabe, que todo está dicho desde los griegos”. Jabois y yo compartimos algo además de esta profesión en la que nos dá por contar cosas: escribir. Aunque él dice que “escribe para huir, para espantar fantasmas”. Yo en cambio lo hago para atraerlos hacia mí y no encontrarme sola.

En las páginas de Irse a Madrid leemos experiencias de este periodista gallego que ha convertido parte de su propia vida en la noticia. Pero también escribe sobre deporte y, como no, sobre política. Creo que las campañas de Fraga han sido un antes y un después en su vida. Leeremos reflexiones propias de una mente que divaga en la escritura para encontrar respuesta a muchos porqués.

Manuel Jabois me dedicó su libro en Pontevedra con la misma soltura, intuyo, con la que desnuda a las mujeres: “para Ángela,  que no se vaya a Madrid que aquí tenemos Internet”. Y quise hacerle caso en ese ánimo suyo de que me quedara en esa tierra que me enamoró, Galicia. Sin embargo y sin querer, tres días después marché a Madrid. Y como es habitual, me puse a la cola…

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