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Publicado en el Blog de El País, Mujeres, el 05 de marzo de 2013

Elena Valenciano deja Twitter para proteger a sus hijos. Así de sencillo. Esta política socialista entendió que esta red de microbloging era importante para ejercer la política, para escuchar, responder, hacer. Para servir a la ciudadanía a la que se representa y que también está en la Red. Entendió que era imprescindible para la comunicación política, con letras mayúsculas. Pero también, con letras mayúsculas, la comunicación política tiene un límite. Ese límite no es exacto, pero siempre se sabe que se llega a él cuando entraña un riesgo. Cuando la “debilidad” de una madre es vista por otros como una oportunidad de ataque. Esa es la guerra.

Elena Valenciano tiene dos hijos. Y sus hijos no se dedican a la política. Son niños. Y, como niños, deben vivir como tal. Las amenazas o persecuciones, que dice Valenciano que ellos sufren, rozan el límite. Su exposición quizás, en Twitter, supone un riesgo que ella, como madre y mujer, debe asumir y responder. Así lo siente.

Pero… ¿ha hecho bien con cerrar su cuenta de Twitter? Es una decisión política de madre, no lo olvidemos, que ella ha tomado frente a un problema que atañe a su vida real. Su perfil en Twitter era activo, respondía, entraba al debate y al juego y, en muchas ocasiones, se ha arriesgado con temas espinosos. Ha sido atacada, ha recibido críticas y acusaciones en los últimos años en los que ha mantenido vivo su perfil. Y siempre ha intentado tener entereza frente a todo. A pesar de su aspecto cansado que muestra los últimos meses, es una mujer que se siente segura tanto en la Red como en el mundo real. Y, seguramente, haya sido esa seguridad la que la ha llevado a decir: no, a mis hijos, no. Hablamos de un sentimiento, hablamos de una emoción y hablamos de amor.

Ha actuado como madre. No como política. Ha actuado como mujer. No como política. Y lo ha hecho porque, la comunicación política, dependiendo de dónde se ejerza, también entraña un límite. Sobre todo, para aquellos que aprovechan la debilidad materna para atacar.

“¿Que ellos me han vencido? No. Empieza la batalla de la decencia en Twitter”

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