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EL Foro de Davos también se celebró en Madrid. Y estuvo organizado por la Global Shapers, la red de centros fundada y dirigida por jóvenes excepcionales cuyo objetivo es hacer una contribución a sus comunidades. El pasado viernes 23 de enero, y en el marco del foro, tuvo lugar un debate muy interesante titulado “Repensando la política: nuevos actores e instrumentos para profundizar la democracia”. Lo moderó Yolanda Román, Directora de Asuntos Públicos de InforPress. Y participaron Meritxell Batet, diputada socialista por Barcelona; Soledad Gallego-Díaz, periodista; Belén Barreiro, socióloga y Directora de MyWord;   David Cabo, fundador de Civio; y Rafa Rubio, consultor político. Una apreciación positiva es que hubo mucha participación femenina, algo que siempre es de agradecer ya que estos espacios suelen estar ocupados por hombres. Una mesa con la participación de cuatro mujeres no debe ser noticia, debe ser algo natural. Vamos hacia ello. Hay que seguir luchando por estos espacios. Las mujeres están. Y de sobra demuestran su capacidad. Al margen, creo que merecía la pena hacer una entrada y compartir reflexiones que allí se pusieron encima de la mesa no sólo por su utilidad, y por la calidad de las exposiciones, sino también por la capacidad de hacer pensar y entender cómo se está moviendo todo al margen de cámaras y escenarios políticos. Sencillamente se repensó la política desde distintos prismas y desde distintos puntos de vista.

 

“Estamos en un momento de frontera entre lo que fue y lo que será. Y lo que será no lo sabemos. La política tiene que ser distinta”

 

Meritxell comentó que existe más un malestar “con la política” que “en la política”. Y tiende a pensar que la política tiene un problema de impotencia más que de prepotencia -aunque opino que la política tiene ambos problemas: impotencia y prepotencia-. “Estamos en un momento de frontera entre lo que fue y lo que será. Y lo que será no lo sabemos. La política tiene que ser distinta, y ser capaz de analizar los problemas de manera distinta”, apuntó. Y resumió  su idea en tres premisas: i) Que hay que fortalecer la política porque la política es más necesaria que nunca, aunque tenga que ofrecer respuestas diferentes; ii) Que hay que construir una gobernanza global con legitimidad democrática; iii) Que el papel de la ciudadanía en la construcción de lo público es vital, pero esa participación de la ciudadanía en la política se tiene que dar de manera formada e informada.

 

“La sociedad empobrecida en el mundo digital es una bomba de relojería”

 

Debo decir que Belén fue muy elegante en su exposición, y estuvo muy acertada en sus conclusiones. “Los resultados de la democracia han sido peores de lo que se espera de una democracia”, dijo. Y continuó: “El ciudadano está rompiendo con su sistema y siente que su sistema no está a la altura de sus expectativas”. Y en este contexto, ¿qué han hecho los ciudadanos? En vez de resignarse y aceptar que su destino es horroroso, han decidido por primera vez tomar las riendas de su vida y busca dentro de la propia sociedad las soluciones que no encuentra fuera. Y punto. Tiene razón Belén cuando dice que hay una parte de los españoles que vuelve a vivir como en los años 60. Han vuelto atrás varias décadas pero… en un entorno que ahora es digital. En las redes sociales también está esa sociedad empobrecida, hija de la crisis. Las candidaturas ciudadanas y la cultura colaborativa no se daría si no existiese una ciudadanía digital, y una ciudadanía digital empobrecida. Y esto, dijo, desde el punto de vista de las élites es “peligrosísimo, peligrosísimo”. “La sociedad empobrecida en el mundo digital es una bomba de relojería”. Y añadió que otra bomba de relojería, además de la desigualdad y el empobrecimiento, es la corrupción: la gente quiere vivir de forma digna, aunque haya corrupción al margen de sus vidas; pero cuando vive de manera indigna y se entera de los casos de corrupción, sacude sus conciencias. Finalizó con una idea: “si tengo que poner una palabra a la solución sería empatía”, porque la empatía va mucho más allá que del profundo entendimiento. Empatía también en la sociedad digital.

 

“La sostenibilidad de la democracia depende del prestigio de sus instituciones”

 

Soledad, siempre brillante en sus análisis políticos, afirmó que la crisis no es tanto una crisis política como una crisis de la democracia. Y “el control de los derechos escapa al propio control”, dijo. Cuando se pide un impulso de participación ciudadana a través de las redes sociales se llega a la conclusión de que las instituciones no son capaces de afrontar la responsabilidad que tienen ni son capaces de poner soluciones a los problemas que existen. Una afirmación contundente para resumir la incapacidad de las instituciones y la profunda crisis institucional de nuestro país. Además opina que el “descrédito de las instituciones parte de la mala utilización que han hecho los partidos políticos de ellas”. Añadió, además: la transparencia no va a cambiar la impotencia de la política. En las nuevas transformaciones hay que hacer reformas, dijo, pero la sociedad no quiere que se hagan reformas porque no quiere perder poder -una idea que es más que una evidencia a gritos, pero aún callada-. Y dos ideas finales: i) La sostenibilidad de la democracia depende del prestigio de sus instituciones; ii) Y hay que recuperar preguntas del pasado que ya no existen, o no nos hacemos en el presento: ¿qué es justo o qué no es justo? 

 

“Hay que respetar a las instituciones empezando porque cumplan las leyes que ellas mismas firman”

 

David dio información acerca de la labor que llevan a cabo en Civio y su palabra más repetida fue “transparencia”. “No entendíamos por qué datos que son públicos en otros países en España no lo eran. E informaciones que dan en otros países, en España son secretos de Estado”. Afirmó que es muy difícil tener información, o conseguirla, y confirma la escasez en los procesos de participación política: “una propuesta a veces no pasa más allá de la Mesa”. David es de los que piensan que todo esto se puede arreglar, y que las leyes pueden cambiar, pero haciendo leyes que realmente se cumplan. La transparencia tiene límites, dijo, “es un requisito para luchar contra la corrupción pero no lo el único. También se necesitan mecanismos internos en las instituciones”. Y una idea final: “Hay que respetar a las instituciones empezando porque cumplan las leyes que ellas mismas firman”. 

 

“Hay que asumir el poder como ejercicio de contrapoder”

 

Rafa señaló que las instituciones están demostrando decepción pero no están sabiendo canalizar la decepción. Y él insiste en la capacidad que tienen las instituciones. Pone como ejemplo el caso de Bárcenas, donde cree que los comentarios y las opiniones de muchas personas son muy débiles y con escasa profundidad sencillamente porque desconocen el significado y los procesos de “la libertad provisional”. Se pone en duda a las instituciones hasta en ese nivel, y eso le da un “miedo tremendo”. Al final, los perjudicados, afirma, “somos nosotros mismos”. Está convencido de que los canales de participación no responden  a las necesidades de los ciudadanos porque no se adaptan a los tiempos. “Hay que asumir el poder como ejercicio de contrapoder”. Él opina que hay un discurso que versa que el poder está hecho para fastidiar a los ciudadanos, “pero no es así”. Podrá haber diferentes problemas de diseño de la política, pero el poder, y las decisiones de poder, siempre han estado diseñadas para mejorar la vida de los ciudadanos. Y terminó: “Hay que separar la estética de la ética. A los ciudadanos no se les puede pedir más, pero a los cargos públicos sí se les puede pedir responsabilidades”. 

 

 

 

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