De Cerca
¿Y si Rajoy subiera el Mulhacén?
UN grupo de personas con un objetivo, el compromiso de realizarlo y el deseo de verlo cumplido. Subir el Mulhacén es una aventura sin retorno. Es alcanzar el pico más alto de la península Ibérica. Paso tras paso avanzar hasta el final. Estrategia, inteligencia, astucia y pericia. ¿Preparación física? También, pero con esfuerzo, aliento y, sobre todo, con fuerza de voluntad, se consigue. Todo ello es un conjunto de cualidades que hay que organizarlas bien y que sirvan de herramienta principal, como bastón de empuje.
Llegar hasta la cima del Mulhacén: ese es el objetivo que se ha marcado el equipo naranja. Y subirlo en tan sólo un fin de semana: partir a las seis de la tarde del sábado aproximadamente desde Capileira, pasar noche en un refugio y continuar desde las 7 hasta las 11, momento en el que culminan la pericia. Son 12 personas con miedos, pero también con ganas. Un grupo de personas con un líder principal y una experta técnica espectacular. El resto marca el ritmo, da lo mejor de sí, para, descansa, retoma, sigue, se hidrata y vuelve a continuar. Las fuerzas van disminuyendo, el peso de las mochilas se va notando. Chocolate. Pero el ánimo vuelve, las risas se oyen y el éxito se va consiguiendo a cada paso, a cada respiración. Se van esquivando las piedras del camino, se van escogiendo los pasos adecuados: dónde y cuándo. El paso posterior que sea mejor siempre que el anterior…
Si Rajoy subiera el Mulhacén se daría cuenta de muchas cosas y su estrategia política y de comunicación cambiaría de tercio en función de la velocidad del viento allá arriba. Un mal paso mientras subes la cumbre y caes por la ladera… España está en ese momento, ladeándose en la montaña sin encontrar el pico final. Desconoce cuál es la cumbre exacta, perdió el sendero por hacer caso omiso a los hitos… Pero… ¿dónde estaba el río?
Si Rajoy subiera el Mulhacén se daría cuenta de que hay un grupo de personas que requieren un líder. Lo necesitan. Un líder que sea notable y notorio. Él no lo es.
Si Rajoy subiera el Mulhacén se daría cuenta de que debe marcarse un objetivo final y ser estratégico: escoger el mejor sendero en función de las cualidades físicas de su equipo para que no haya bajas, ni tampoco lesiones.
Si Rajoy subiera el Mulhacén se daría cuenta de que necesita un apoyo fundamental, técnico, experto que lo guíe y lo asesore. No un grupo de personas que quieren liderar todos a la vez. Las ansias no son buenas. La ambición generalizada en el mismo momento, tampoco.
Si Rajoy subiera el Mulhacén tendría que pensar dónde sería posible pasar mejor la noche para recuperar fuerzas, qué alimentos necesita el cuerpo y qué cantidad de azúcares, ¡que nadie se quede con nada! (¿corrupción? ¡no!) Que se comparta cada ración: el objetivo es que lleguen todos.
Si Rajoy subiera el Mulhacén debería dosificar el agua de cada uno y equilibrar el peso de las mochilas en función de su capacidad.
Si Rajoy subiera el Mulhacén debería hacer trabajo de equipo, analizar las fortalezas y las debilidades de cada uno y organizar a cada una de las personas en un orden de subida: los mejores detrás, los más débiles delante marcando el ritmo.
Si Rajoy subiera el Mulhacén debería ser consciente de que el líder debe informar al equipo, no ocultarse tras los matojos, debería comunicar cuál es la equipación necesaria y el peso ideal de la mochila, cuál el calzado más adecuado. Ser consciente de que ese es el mejor camino para conseguir el objetivo y comunicar los tiempos, las dificultades del terreno, los obstáculos, y el premio final. Debería animar a los más débiles y apoyar a los más fuertes. Debería escoger las palabras más adecuadas y el momento más oportuno para que los ánimos no decaigan en el momento de mayor dificultad. No desanimar: esa es la clave. ¡Informar y comunicar!
Y debe estar siempre disponible, que cuando se le llame responda; que cuando se le pregunte, responda; que cuando se le pida, responda.
¿Aún sigues pensando que Rajoy debería subir el Mulhacén?
Nota: Gracias a David y a Raúl Estrella, a Marta, quiénes tenían un motivo, un fin y un sueño por cumplir. Líderes natos. Gracias a Ruben, Sara, Alba, Jaime, Javier, Sergio y Fonsi: toda una familia, todo unos amigos que hacen del camino más difícil el más bonito. Gracias a Ángel, que me insistió hasta el final para que los acompañara y fue el que peor lo pasó en la subida. Todos ellos lo hicieron posible.


10 comentarios
Ángela Paloma Martín (Author)
Mi queridísimo Domingo,
Olé por ese comentario…
Domingo
Si Rajoy subiera el Mulhacén sería un estadista, es decir, algo que no es. Por subir no sube ni una colina. Le faltan piernas, fondo y, sobre todo, vergüenza torera. Los únicos que escalamos aquí somos los de siempre, los que sí sabemos lo que cuesta un café en la calle. Trepamos por el fin de mes, por la cesta de la compra, por los impuestos, por los sacrificios… Tenemos el cinturón agujereado como un queso de Gruyère de tanto como nos obligan a apretárnoslo. Rajoy puede que pretenda ser alpinista, y de ahí que no haga otra cosa últimamente que ir de cumbre en cumbre -desde Chicago, pasando por Los Cabos, hasta Roma-, pero ni es Edurne Pasabán ni Spider-Man. Se queda en dominguero de barbacoa y suegra y poco más.
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