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Publicado en el Blog de El País, Mujeres (17 de septiembre de 2012)

¿Quién despierta más erotismo y seduce mejor? ¿Obama? ¿Romney? ¿ Biden? O… ¿Ryan? Estos cuatro políticos han empezado ya la carrera por el voto femenino. Y la respuesta a la pregunta inicial sólo la sabremos después de las elecciones.

En el año 2008, Obama hizo grandes esfuerzos para enamorar al sector femenino de la población estadounidense. Y ellas lo eligieron a él. El 56% se decantó por Obama frente al republicano John McCain. Fueron 13 puntos por encima del republicano. ¿Había diferencias? Muchas, tanto políticas como comunicativas. Obama supo conectar y seducir. McCain, no.

El erotismo y la seducción es un cóctel que, en campaña electoral, va acompañado de razón, sí, pero sobre todo de emoción. Estos cuatro hombres tendrán que competir con propuestas, pero también con gestos, miradas, comportamientos y… estrategia. Identidad y conexión, eso es lo que tienen que conseguir. Esta vez puede que funcione la niña de Obama, Julia, o puede que funcione… Paul Ryan ¿el guaperas republicano y candidato a la vicepresidencia? Parece, pero también el que trabaja los puntos más básicos para conseguir enganchar con erotismo y seducción independientemente de su corriente ideológica. La imagen pública es un impulso hacia La Casa Blanca, y los republicanos lo saben. Este político de 42 años y ojos verdes puede cautivar a un gran número de votos del sector femenino, pero no sólo él sino también su madre. Y con su llegada, puede multiplicar la conexión con este target tan importante en EEUU.

Pese a que las mujeres son la mitad de la fuerza laboral del país, las mujeres siguen ganando menos que los hombres: 77 centavos por cada dólar que ganan ellos. Y en el caso de las afroamericanas o de las latinas, esa cantidad se ve reducida. Además, sólo un 3% de las consejeras delegadas de las 500 empresas más poderosas de Estados Unidos son mujeres. El 3%. Y menos del 20% de los escaños del Congreso los ocupa una mujer. Menos del 20%.

Según una reciente encuesta del diario The Washington Post y la cadena ABC, el 48% de las mujeres aprueba el trabajo de Obama, pero otro 50% lo desaprueba. Por eso en esta campaña, los mensajes hacia las mujeres tendrán un color significativo. No sólo habrá que hablar de economía, también de política exterior, de programas federales como el seguro social o la cobertura médica para gente con recursos mínimos y personas mayores. Hablamos de mujeres, pero también de sus familias.

¿Volverá a enamorarlas Obama? ¿O esta vez Michelle Obama pisará con más fuerza en la campaña para ayudar a su marido?

Nos movemos por emociones y sentimientos. Somos personas instintivamente emocionales. Mario Vargas Llosa, en La Civilización del Espectáculo (2012:  pág. 110), define el erotismo como “la desanimalización del amor físico, su conversión, a lo largo del tiempo y gracias al progreso de la libertad y la influencia de la cultura en la vida privada, de mera satisfacción de una pulsión instintiva en un quehacer creativo y compartido que prolonga y sublima el placer físico rodeándolo de una puesta en escena y unos refinamientos que lo convierten en obra de arte”. Y las mujeres convertirán su elección en obra de arte. Y los candidatos se convertirán a sí mismos en obras de arte para conquistarlas, para seducirlas. Sí, a ellas. Porque, como también apunta Vargas Llosa en esta misma obra, “el erotismo está inseparablemente unido a la libertad humana”. Y con libertad, la mitad de la fuerza de este país debería ir a votar el próximo 6 de noviembre.

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TIEMPOS en que la Corona española está viviendo sus peores momentos. Tiempos en que la credibilidad y, sobre todo, la confianza, penden de un hilo fino que apuesta por romperse en cualquier momento. ¿Y después qué? El rey reina, pero no gobierna. Y ese «reinar» es el que siembra tantas y tantas dudas en la sociedad española. Una reputación mermada, una imagen desteñida por los hechos que tarde o temprano debían conocerse. Un «yernísimo» que ha optado por emplear mal un poder desmedido que no le pertenecía. Y un rey que opta por cometer errores del tamaño de un elefante.

La Familia Real española ha sufrido un desgaste importante en los últimos meses. Proyectan debilidad en una España más que debilitada. Y cuando se cree que todas las esperanzas parecen haberse agotado, aparece Letizia y sus fotografías. Esa periodista que carecía de sangre real, la embargaban todas las cualidades que rodean a la mujer autónoma e independiente del siglo XXI y acabó casándose con el príncipe Felipe. Y quizás, por eso, por ser diferente (o normal como cualquier otro ciudadano) la han tomado como pieza clave del ajedrez en el mismo momento en el que cumple 40 años, pero, ¡uy!, también en el mismo momento en que la sociedad española ha decidido movilizarse contra los recortes de Mariano Rajoy… 

En esta estrategia de comunicación aparece la princesa más auténtica de la mano del marido perfecto y abrazada por unas bellas hijas. Una estrategia  para lavar la imagen de la corona o al menos para purificarla. Una imagen que maquilla cualquier atisbo de pensamiento negativo sobre la Familia Real. Y en las imágenes que nos ofrece la fotógrafa Cristina García Rodero, un detalle: las alianzas de los príncipes. Ella en la mano derecha. Él en la mano izquierda (no en la derecha como su esposa). Un detalle que se repite en cada foto, donde cada foto quiere subrayar el compromiso que esa alianza significa y lo que conlleva significar el «lado derecho» en la Casa Real. Las manos están colocadas a la altura precisa, con el gesto preciso para que no se nos escape, una y otra vez, el compromiso de Letizia para con el príncipe, para con la corona, para con sus hijas y esa familia que ha construido. La alianza que supone el amor y la felicidad, la que esta familia actuando de la forma más natural, nos quiere hacer ver. Esas fotos desean comunicar compromiso y fortaleza, contrarrestar esa debilidad impropia que, hasta la fecha, la corona española nos ha demostrado poseer. No cabe duda de que Letizia y su alianza son las piezas claves del ajedrez.

 

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UNA corbata azul que destacaba en un traje azul oscuro. ¿Y la camisa? Blanca. Blanca como la de Kennedy. Blanca como la de Obama. Blanca como la última etapa de Zapatero. Blanca como la de Mariano Rajoy. Blanca. Ese color que tanto significa en política…

Y una pregunta de Maria Casado que arranca la entrevista esperada. La primera en televisión en ocho meses. Ocho. Porque al presidente de España se le olvida salir, se le olvida que fuera, en los alrededores de Moncloa, aún hay gente.

– Presidente, ¿España necesita un rescate?

Y el presidente que, mientras le preguntan, sonríe, no responde, se queda en blanco. Empieza a dudar cual alumno que es preguntado en clase y no encuentra las palabras adecuadas porque no se repasó la lección… Empieza con un «eehhh» que proyecta de todo menos confianza, menos credibilidad, y luego comienza a hablar en tú a tú con la periodista diciéndole que no sabe si ella ha pedido un crédito, pero los españoles sí normalmente para comprar una casa…

Volvemos a repetir la pregunta, que fue clara, directa y contundente: Presidente, ¿España necesita un rescate?

Después todo fueron datos y datos, cifras que añadía a sus respuestas esperando clarificar alguna cosa o queriendo dar la noticia que no existía. «Le voy a dar un dato…» decía una y otra vez independientemente de qué periodista le preguntaba… También puso ejemplos, como no, al clarificar la situación de déficit: «si usted gana 1000 euros, y se gasta 1500…» El problema es que, a duras penas, la gente gana ya 1000 euros, señor presidente. Algo que, quizás, todavía ignora. Y, sin mencionar a Zapatero, Rajoy hizo alusiones al pasado para justificar una situación que, según él, es irremediable.

Y esta situación, ¿máquina de despidos en vez de creación de empleo? No. Según el presidente, aunque a la periodista que preguntó no le gustase, él dice estar convencido de que esta reforma laboral va a generar empleo. La misma reforma que le costó una huelga general.

¿Por qué no decir rescate señor presidente? Porque según Rajoy reducir el déficit es más importante que el rescate. Pero aún lo es más no confundir los términos.

«Sería un suicidio no hacer reformas». Así es, un suicidio. Pero… ¿no es peor hacer reformas que llevan a la gente al suicidio?

 «No voy a plantear ninguna cuestión de confianza…», soltó en otro de sus contextos dubitativos. Pero… señor presidente: se olvida de que la gente necesita confianza, ante todo confianza, para salir de esta crisis. Para creer que se puede…

«Hablo con el señor Rubalcaba». Y Rubalcaba dicen no tener su móvil. Entonces hablarán… Pero, ¿se comunican? Y algo más importante, ¿se escuchan?

¿Usted se manifestaría contra un Gobierno que subiera los impuestos como usted? «Yo no lo haría», respondió. Y terminó.

¿Necesita el presidente un rescate?

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