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Quito. Ecuador

30 de junio de 2015

 

Mi querida Manuela,

 

No son pocas cosas las que las mujeres de Madrid, que viven Madrid, que viven en Madrid o que tienen un espacio de su vida allá aunque tengan que viajar esporádicamente a miles de kilómetros, te dirían. Te dirían muchas cosas, estoy segura, porque son muchas cosas las que hay que cambiar de un Madrid que parece que despierta de un letargo, o no, veremos, dinos tú, querida Manuela. Y cada mujer, como bien sabes, es un mundo. Un mundo diferente, con sus climas y sus tiempos, con sus montañas y sus mares, con sus bares y sus vidas, con sus hijos o sin ellos. Pero en esta carta, que nace desde lo más profundo de un sentimiento y una necesidad, se centra en aquellas mujeres que estamos solas en Madrid, que vivimos solas en Madrid, que nos movemos solas en Madrid y muchos de los servicios de Madrid ahondan más es una soledad que, en muchas ocasiones, es irremediable.

Somos muchas las mujeres que pagamos un alquiler en Madrid a precio de vida entre manteles bordados en oro. Quizás seamos menos las que con suerte podemos decir que tenemos un trabajo, aunque nuestros sueños, el sentido de la prevención –vamos a seguir haciendo y estudiando por si acaso nos quedamos sin él, sin el trabajo- y ese instinto inaudito de querer cambiar el mundo nos lleve a trabajar más de 24 horas del día. Doy fe de que el día puede tener más de 24 horas. Y si tienes salud pues… es porque tienes una bendita estrella en el culo. Una estrella en el culo que te has ganado a base de trabajar gratis durante años, de vivir y buscar oportunidades en otros países, de demostrar con ahínco aquello que crees que mejor sabes hacer, y a base de ser becario durante años en un momento en el que ser becario indefinido, estoy segura, se planteaban las empresas para que fuese legal. Pero… hay mujeres que no tienen nada, y lo poco que tienen puede ser arrebatado a base de impuestos y malos servicios.

Uno de esos malos servicios, por ponerte un ejemplo mi querida Manuela, es el Servicio de Estacionamiento Regulado (SER). Si pagas alquiler a peso de oro es obvio que evites pagar otro alquiler más para el garaje y tomes la decisión de dejar a tu coche con más de diez años de patitas en la calle. Vas a la oficina del SER, después de empadronarte, registrar el vehículo en el Municipio… etc. –más de un día de trámites que tienes que pedir libres porque como estás sola en Madrid no le puedes pedir a nadie que lo haga, evidentemente, y como funcionan tan bien los servicios de Madrid, cada edificio está en una punta de nuestra maravillosa ciudad-. Nada… todo cerquita, ya sabes Manuela. Una vez gestionado lo previo, pasas a lo secundario: pagas “tu año”, pongamos por ejemplo que empezaste a pagarlo en abril del año pasado y, para variar, y para que no puedas reclamar, no te dan un justificante ni nada que se le parezca donde ponga que es hasta el 25-26 de enero del año 2015. Porque… ¿sabes? Es que la normativa cambia, según los funcionarios del SER, y no les da tiempo a avisar a los ciudadanos –antes, al parecer, el mismo 1 de enero te jodían-. Pues bien, pagas tu año de estacionamiento, te dan el “distintivo” y por cosas de la vida –ja, ja- el distintivo no tiene ni por delante ni por detrás escrita la fecha en la que termina el servicio y en la que está permitido estacionar en la zona concreta según vivas, claro. Tampoco la letra pequeña y tampoco la evidencia de los grandes números que protagonizan el maravilloso distintivo verde. Como el ser humano es de por sí inteligente, creo, o no, pues tú piensas: si he pagado un año y pagué en abril, pues evidentemente mi servicio termina en abril de 2015. ¿No? Pues no.

En esto que vuelves de Barcelona en tren un día cualquiera de enero y con lluvia a las 10 de la noche después de pasar una semana intensa de trabajo y te pasas a ver cómo está el coche que se ha tirado a la intemperie todos esos días soportando la inclemencia del tiempo madrileño. Y ves cómo hay acumuladas 5 multas en tu parabrisas y pegadas contra el cristal, cinco pobres papelitos, de ese mismo día del SER, la letra corrida, todos mojados y a punto de romperse. 5 multas de 90 euros nada menos. El shock que te da en ese momento bajo la lluvia y cargada de bultos es poco más que mearse encima de rabia al sentir que tantos días de trabajo y noches en vela se van a ir por la misma alcantarilla que suena en ese momento al golpe con la lluvia que no cesa. Recoges todas las multas, intentas entender qué ha pasado, subes a casa corriendo, sueltas todo lo que llevas encima, empiezas a sacar los recibos del pago del SER que hiciste en su día y empiezas a buscar una explicación a la par que una respuesta. La respuesta no llega en ese momento. Tampoco al día siguiente. Llamas al 010 y te dicen que llames a la policía al 112. El 112 te da el teléfono de la policía y la policía te da otro número de contacto de una comisaría. Y esa comisaría te remite al 010. Y así… pasa más de una hora. Pero no logras entender por qué te multaron por carencia del distintivo, como rezaban las multas, si el distintivo está pegadito contra el cristal. Y empiezas a sospechar que estuviera caducado, ¿caducado? ¿No era un año?

Al día siguiente te levantas temprano y coges el coche para llevarlo a 250 kilómetros a casa de tus padres, lejos de la mano inclemente del SER y donde no te lo pueden multar más, lejos de la mano amenazante de quienes ponen multas como si no hubiese un mañana. Y digo yo… si el coche sigue en el mismo lugar y lo han multado más de una vez, ¿no han pensado que no sigue ahí por capricho? ¿No han pensado que quizás el dueño no esté? ¿Y si el dueño ha muerto? Pues pagan los herederos –me dijo un día un funcionario sin coger aire siquiera… Como es lógico, si esa mujer hubiera estado acompañada o hubiese alguien cerca, el coche se retira de inmediato. Como no es el caso y nadie te puede avisar, ni siquiera el propio Ayuntamiento al que le pagas un servicio, pues te han jodido viva.

¿Y qué hace una mujer cuando lo único que tiene es el trabajo por el que luchar? Pues se informa en la página de Madrid, después de estar más de una hora navegando y dar con una dirección donde preguntar después de pedir una cita previa, que en ningún caso es inmediata así tengas una urgencia. Y vuelves a pedir permiso a tu jefe para perder un día más de tu tiempo, de tu vida y para perder del todo la paciencia. Y vas a la calle Albarracín, 33, Planta Baja 28037 Madrid, en metro claro, parada García Noblejas –recuerda que tu coche está en casa de tus padres-. ¿Y qué te dice el funcionario? Que pagues. ¿Pero por qué? Porque el distintivo era hasta el 25 de enero y está caducado, lo ponga el distintivo, o no, lo ponga el justificante que te dieran al pagar, o no lo ponga. No lo ponía ni el distintivo ni el justificante. Y, evidentemente, el Ayuntamiento de Madrid no tiene ninguna obligación de informarte, ni de avisarte. Te jodiste. Que pagues de inmediato porque pagarás la mitad de lo multado, sobre todo en el caso de que en breve tengas que saltar el charco e ir Lationamérica por trabajo, lejos de tu vida y tu familia, para luchar por tu trabajo, para vivir tu trabajo y tus sueños, para defender tu trabajo y seguir viviendo de él. ¿Y el Contencioso? Ja, ja. El Contencioso te responderá en dos semanas con una carta a tu domicilio y, de no responder, pierdes. Y, si pierdes, te toca pagar los gastos jurídicos más las multas enteras, porque ya habrá pasado el plazo para que te las puedan reducir a la mitad. ¿Y cómo vas a responder a las cartas que lleguen a tu domicilio si estás sola y no vas a estar, si nadie va a coger las cartas, si nadie va a responder a las cartas?  Y pagas. Pagas aun teniendo las pruebas de que el Ayuntamiento de Madrid está en el error. Es más, una semana después llega otra multa a casa, y ya van seis, por lo mismo. Esta última, quizás, se escurriría del cristal del coche. Y vuelves a pedir un día más a tu jefe para ir a la calle Albarracín a pedir explicaciones y por qué unas multas son por «caducidad» y otras por «carencia del distintivo» en el coche, ¡si son del mismo día y en el mismo coche! Las de caducidad eran de menos importe (60 euros, no 90) y el distintivo, según los datos de la última tecnología del Ayuntamiento de Madrid, estaba caducado, pero pegado en el cristal. ¡Señor bendito, cuánta incompetencia! ¿A quién reclamas esto? Y como no puedes reclamar porque no vas a estar en tu casa, porque te tienes que ir a trabajar al Nuevo Mundo en dos días, a ganar dinero para sostenerte pero también para pagar las multas de un Madrid torpe, sangrante e incompetente pues no te queda otro remedio que pagar. Pagar, sentirte como una puta en cama ajena, y huir.

Mi querida Manuela, te escribo estas palabras desde la mitad del mundo y añorando un Madrid al que volveré, te escribo para decirte que las mujeres solas de Madrid nos sentimos solas. Y no es lo mismo estar sola que sentirse sola. Solas porque no hay un municipio que nos ampare, que nos ayude y que nos sirva, así paguemos los servicios. Hay mujeres que no tienen nada. Otras que solo tenemos nuestro trabajo cuyos beneficios vemos que acaban en una injusta, incompetente e inútil administración. Solas aquellas que vivimos para trabajar, sobrevivir y seguir soñando. Servicios que no se adecúan con una parte de la población, trámites absurdos que te hacen perder el tiempo y la paciencia: maldita burrocracia.  Acabemos con ello, por favor. Se necesitan políticas para mujeres, para las nuevas mujeres Madrid, de este Madrid. Te necesitamos.

Dice Marcela Serrano en su obra El albergue de las mujeres tristes que “las mujeres económicamente autónomas y con vida propia estamos cada día más solas”. Y es verdad.

El problema que expongo aquí, hasta con cierta ironía (creo y espero haber inspirado a mi admirada Eva Hache), es real pero absurdo quizás con el hambre y la muerte en vida que experimentan otras mujeres cada día. Porque hay otras mujeres que no son autónomas, que no tienen vida propia, que no tienen nada, que mueren un poquito cada día y que están solas. Solas. Las mujeres que vivimos solas en Madrid nos sentimos solas, mi querida Manuela.

Ayúdenos. Ayudémoslas. Ayudémonos.

 

Ángela Paloma Martín

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Publicado en Sesión De Control (20 de septiembre de 2013)

El pequeño empresario desconoce que existen otras empresas específicas que les pueden dar cobertura para ayudarles con la gestión de su influencia en la Administración.

 

Quizás el ahora sea un buen momento para focalizar perspectivas y nuevas miradas de cara a una actividad que aún no está regulada en España. Las empresas siempre han ejercido su rol de acuerdo a unos puntos de vista verticales y jerárquicos poco abiertos al debate más allá de los despachos. Eran mapas organizativos que obviaban o evitaban el ecosistema en su conjunto. Pero ocurre que, en la actualidad, el comportamiento social ha dado paso a nuevas relaciones más allá de priorizar actores como principales para el beneficio propio: proveedores, clientes, accionistas…

Resulta que existe una sociedad crítica, participativa, colaborativa, que por su forma de actuar se ha convertido en un actor principal. Domina las nuevas herramientas de la era de la información y de las tecnologías y tiene algo que decir. Hay una sociedad que es la protagonista del “no”, del discurso del cambio, un discurso que nace ante la decepción que los ciudadanos sienten al no verse representados por sus instituciones. Pero más allá de todo eso, son multitudes conectadas con la posibilidad de compartir, co-crear e innovar. La inteligencia de la multitud conectada no se puede obviar porque forman un nuevo poder. Un poder que cada vez las empresas tiene que ir asumiendo en su propia estrategia.

Lejos de una amenaza, el lobby ciudadano supone una gran oportunidad para las empresas porque, con su actividad compartida y co-creadora se puede pasar a estrategias mucho más prácticas en el mundo de hoy. Ya no hablamos de productos y servicios, sino de experiencias y sentimientos.

 

De lo macro a lo micro

Pero la gestión de la influencia y la representatividad, incluso en términos de multitud, la vemos a niveles macro. “Grandes compañías… líderes en tal o cual cosa… Poderosa firma de…”. Sin embargo, de vez en cuando, hay que hacer el esfuerzo de coger una lupa para ampliar la visión y enfocar, para analizar qué es aquello que supone el 60% del PIB español, cuál es el verdadero motor de empleo de nuestro país y qué es eso que conforma el 90% del empleo privado.

Esto no es otra cosa que el tejido empresarial formado por las pequeñas y medianas empresas que, a su vez, tienen verdaderos problemas en momentos puntuales como es esta crisis económica. ¿Por qué? Porque son las que más se esfuerzan física y personalmente, las que más desconocen la regulación y el vocabulario legal y son las que menos acceso y relación tienen con la Administración para defenderse, proponer o negociar. Sencillamente, para mantener un diálogo que represente su actividad.

En cuestiones de concursos públicos, convenios, citas, fechas y entrega de columnas interminables de documentación imposibles de digerir, las pequeñas empresas españoles tienen que cumplir a rajatabla aguantando la lenta y vaga gestión de la Administración española en el ámbito local, provincial y autonómico. Ella sí tiene acceso a ellos. Pero a ellos se les bloquea automáticamente el acceso a ella. El pequeño empresario, en muchas ocasiones, desconoce que también puede acceder a la Administración pública y que existen otras empresas específicas que les pueden dar cobertura para representarles y ayudarles con la gestión de su influencia.

Tomo la libertad para llamar a esta actividad microlobby. Ahora bien, los profesionales de la gestión de la influencia tienen el deber de identificar y analizar cuáles son las características de estas pequeñas empresas y cómo es el empresario medio español: su forma de actuar, de trabajar, de relacionarse… Por lo general, prefieren la “obediencia al debate”, como decía aquella cita de Carlos Fuentes en ‘La silla de Águila’. Y en sus mentes serpentea la famosa frase de “obedezco aunque pierda, porque no quiero meterme en líos”. Tienen una manera determinada de trabajar y son reacios al cambio de estrategia y de modelo de negocio porque “toda la vida se ha hecho así”. Aunque hay muchas excepciones, esta es la visión y la percepción generalizada.

 

De lo marco a lo micro pasando por la transparencia

La política vigilada es el origen del lobby ciudadano. El lobby ciudadano tiene cada vez más la capacidad de influir tanto en la Administración como en las estrategias de las corporaciones. El lobby lo estamos conociendo ahora a pesar de las brechas que existen para clasificarlo en el rinconcito de la transparencia. Aún se percibe como una actividad no regulada en España, opaca y con el dicho de “todo por debajo de la mesa”. Se insiste en esa regulación y el gobierno se comprometió, pero se desconoce para cuándo. Cómo, ya lo sabemos: fuera de la Ley de Transparencia.

Pero el microlobby incluso es más desconocido aún, porque lo vienen haciendo principalmente asociaciones que dudosamente representan a sus asociados, y líderes que poco tienen que ver con sus socios. Circula una red de interesas susurrada y camuflada. Pero la gestión de la influencia a lo micro debería ser más profesional, además de estar regulada. Y la administración debería hacer un ejercicio de diálogo, más que de emitir un monólogo continuo y por escrito. Porque los pequeños, también pueden ser muy grandes. Si el lobby (y el microlobby) empieza por un diálogo entre empresas e instituciones, que se dialogue. La respuesta muda o el silencio negativo no deberían seguir de moda.

 

*Gracias a Antoni Gutiérrez-Rubí por inspirarme a escribir sobre este tema.

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“La democracia es sana y moderna y tengo confianza en el sistema norteamericano” 

A.P. Martín Fdez – 14/05/2009

No hay motivos aparentes para dudar de que William Ostick es estadounidense. Este hombre alto, rubio y de ojos azules es el portavoz de la embajada de Estados Unidos en España. A pesar de su juventud, “cuarenta y pico de años”, su trayectoria profesional es envidiable: siempre ha trabajado en el mundo de la comunicación y lleva una dilatada experiencia como portavoz en las embajadas de distintos países como Panamá, Níger y Tanzania. Dos años es el tiempo que lleva en España y lo demuestra su flexibilidad a la hora de expresarse en nuestro idioma. Antes de comenzar a hablar, presentó a la persona que lo acompañaba, Mauricio Sánchez, jefe de prensa que, como él, trabaja también en la embajada.

Los alumnos de último curso de Periodismo, de la Universidad Carlos III de Madrid, esperaban su intervención en el segundo piso del edificio Ortega y Gasset, en la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación. Humilde a primera vista a pesar de su vestimenta: traje gris claro a juego con una corbata de un azul suave. No lleva gemelos, a diferencia de la mayoría de los diplomáticos, y cómodamente se sienta al lado de Mauricio Sánchez para comenzar el coloquio.

“Información y Diplomacia Pública, el caso de Estados Unidos”, ese ha sido el lema de su presentación. Sin titubear, ha explicado que la diplomacia pública es distinta de la tradicional. Para ello, ha tomado como ejemplo los orígenes de la famosa frase “Buenas noches y buena suerte”. “La diplomacia pública está dirigida a públicos extranjeros, al pueblo, a convencer a la opinión pública de otro país de que Estados Unidos tiene razón en determinadas actuaciones”. Mientras los alumnos no paraban de tomar apuntes sobre las cuestiones relevantes, Ostick ha destacado que la diplomacia pública es “transparente”, no opaca como la tradicional, que es de Gobierno a Gobierno: “la pública es de Gobierno a ciudadanos”. Los Gobiernos democráticos, al menos, así lo persiguen.

Ostick observaba bien a aquellos que lo escuchaban. Consiguiéndolo, ha intentado transmitir con claridad cuál es el objetivo de su trabajo y cómo lo emplea mediante distintos programas: “comprender a la opinión pública, dar información actualizada y veraz y ejercer cierta tendencia de persuasión”. Este joven portavoz de la embajada de EEUU ha insistido en un público objetivo: la juventud. Pero… ¿cuál es el trabajo principal del portavoz?  “Nosotros formamos las estrategias para trabajar en España empleando siempre los medios de comunicación y los recursos electrónicos”. A esto, Ostick lo ha denominado Diplomacia Transformacional.

Es cierto que el trabajo del gabinete de prensa de una embajada es diverso y tiene infinidad de funciones como respaldar a los políticos de la administración a través de los medios, asesorar, organizar eventos propios, publicar escritos redactados por mandatarios o embajadores con gran experiencia… El portavoz no es sólo un funcionario, no es sólo una cara y una voz de una administración, “trabajamos en el ámbito político pero también en el ámbito social, como es el deportivo”. “Las ruedas de prensa que ofrecemos entre periodistas y expertos nos sirven para dar a conocer la realidad social”.

Los asesores de comunicación, como Will Ostick, son profesionales en la materia, tienen un permanente contacto con los medios de comunicación, crean y mantienen relaciones e intentan siempre hacer llegar sus mensajes, en cualquier formato ya esté o no relacionados con las nuevas tecnologías: “la confianza es básica para la credibilidad”. Ostick ha asegurado que la embajada ofrece información a los medios e intentan que esta sea atractiva para que forme parte de su agenda. No obstante, tímido ha revelado que también piden “favores” a los medios. Con un tono serio, Ostick ha explicado que, en muchas ocasiones, estos medios publican informaciones que no son del todo verídicas: “nosotros llamamos para que se corrija el error”. Pero ocurre que algunos medios “no son del todo flexibles para corregirse”.

Según el portavoz, lo que se debe hacer ante una situación de crisis es “dar toda la información que sea contrastada”. Pero sin dar demasiada, “sólo aquella que nosotros podamos verificar”. “Debemos dar respuestas  rápidas para que los periodistas no se vuelvan locos buscando información y que sean verdad”. La embajada, ante todo, facilita el trabajo a los periodistas: “nuestra premisa es ante todo, sí”. Por eso Ostick ha revelado que, con la reciente llegada de Obama a la presidencia, “no tenemos embajador actual”. Con detalle, ha descrito cuál es el proceso que se sigue para la elección y la votación del candidato: “aunque es un proceso lento, esperamos que para el 4 de julio ya tengamos embajador en España”. Además, “un tercio de los embajadores son políticos, no son de la carrera diplomática”.

Los jóvenes. El portavoz de la embajada ha pensado lentamente su respuesta cuando le preguntamos por ese público objetivo. Existen muchos medios en Internet, publicaciones periódicas que ofrecen información para los adolescentes, para que éstos se interesen por su trabajo y por la realidad, como por ejemplo “Zoom on the USA”, pero también emplean conciertos de grupos estadounidenses popularmente conocidos para acercarles información que les pueda interesar: “pensamos que podemos contactar mejor con la audiencia joven, pero para ello necesitamos de los nuevos medios”. Silencio en esa sala cuadricular del edificio Ortega y Gasset. Ostick ha intentado dar una respuesta, como él la ha llamado, más “teórica”: “es evidente que los jóvenes forman sus opiniones más duraderas, son influenciables y es aquí donde empiezan a formar su visión política, de valores, social. Los mayores son menos abiertos a recibir información y es más difícil convencerles”. “Con los jóvenes queremos tomar un contacto benigno sin ningún cargo político para obtener buenas respuestas”.

Los alumnos de periodismo, atentos, pero al mismo tiempo sorprendidos, no se han perdido detalle de cómo es este diplomático. Cambia de postura, se ubica cómodamente en su silla y se coloca el reloj antes de entrecruzar las manos y apoyarlas sobre la mesa: trata de contestar sobre la política exterior con el cambio de Gobierno en su país. De nuevo silencio en la sala mientras medita su respuesta: “en los grandes temas las políticas no han cambiado, pero en muchas áreas claves, sí”. “Los intereses de EEUU no han cambiado. La confrontación con Irán, la táctica ha cambiado pero la política de evitar a todo costo Irán nuclear se queda, igual que con Corea del Norte”.

Otro alumno de la Carlos III se preocupa sobre la posesión de armas: “Es verdad, somos un país con muchas armas y los dos partidos siempre están debatiendo el tema. Por el pragmatismo de Estados Unidos, la gente piensa que debe tener armas pero con límites razonables. Lo que quieren los más libertarios es casi ningún control sobre armas. Eso no va a pasar”. “Un presidente demócrata como Barack Obama va a apoyar los esfuerzos de aquellos que quieren controlar las armas. Los controles que se pueden esperar son un registro nacional”. Asegura que Estados Unidos no va a tener una situación como la europea, pero subraya que con un Gobierno demócrata la situación armamentística sí va a estar más regularizada que con un Gobierno republicano.

Ostick es un hombre cuyo acento es notablemente destacable por sus orígenes, pero no por ello contesta con respuestas cortas. Intenta dar explicaciones extensas para que la cuestión quede clara en su totalidad, como por ejemplo sobre la democracia en Estados Unidos: “yo creo que la democracia en Estados Unidos es sana y moderna”. No obstante, “cualquier sistema electoral tiene sus problemas y más aún en EEUU cuando es un sistema federal”. “Yo creo que nunca hemos visto fraude electoral sistémico masivo, pero siempre habrá un porcentaje en cualquier sistema electoral”. Ostick ha situado hasta el presente este comentario y ha acentuado que para los demócratas siempre es difícil ganar. Sin embargo, la campaña de Obama se basó en una política de marketing altamente cualificada, utilizó fondos de contribuyentes anónimos y, principalmente, las herramientas de Internet, las TIC (Tecnologías de la Información y de la Comunicación). “Tengo confianza en el sistema norteamericano. Sé que es perfeccionable pero es demócrata y confío en él”. Tanto Ostick como Mauricio Sánchez han comentado que lo que debe primar es un lobby altamente fuerte, clave del éxito en ciertas relaciones de comunicación. Los partidos políticos en Estados Unidos no son ideológicos, son pragmáticos. Funciona principal y positivamente el formato de lobby…

Tras el anuncio de la ministra de Defensa, Carme Chacón, sobre la retirada de las tropas en Kosovo, Ostick ha asegurado que en Estados Unidos la repercusión mediática y política fue de “decepción” absoluta hasta el encuentro que mantuvieron José Luis Rodríguez Zapatero, presidente de España, y Joe Biden, vicepresidente de EEUU. No obstante, el portavoz norteamericano no ha querido darle demasiada importancia al caso español puesto que ha asegurado que la opinión pública en su país sobre temas internacionales, y en concreto sobre el tema de Kosovo, no fue tan alta como en España.

Después de la era Bush y el miedo social tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Ostick ha situado este nuevo Gobierno en un retorno hacia las tradiciones de lo que un día fue Estados Unidos. Eso sí, cambiando las políticas claves y la gestión de la administración, pero sin modificar los pilares claves que sustentas las bases políticas de este país federal.

España, por curioso que parezca, es el segundo país escogido por los alumnos norteamericanos para venir a estudiar después de Gran Bretaña. Y esto es positivo porque se traslada la visión de nuestro país hasta los confines del “grande” mundial. No obstante, España no es sólo toros, fiesta, playas, flamenco y vino. En cuanto a política se refiere, la gestión de las expectativas con la nueva administración de Obama está traspasando las fronteras. Están llegando a España para estudiar tanto el modelo de sanidad pública como las infraestructuras ferroviarias. En cuanto al sistema sanitario, Ostick ha asegurado que nunca llegará a ser totalmente público en su país, tenderán hacia un modelo híbrido. No obstante, en cuanto al sistema de red de alta velocidad, confía en que Estados Unidos sí comience a construir desde cero parte de sus infraestructuras ferroviarias tal como funcionan en España: “El secretario de transportes vendrá a finales de mayo para estudiar el modelo español. Esto sí tendrá una mayor transcendencia que el sistema sanitario”.

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