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Diario de campaña. Día 3: La necesidad de pactos

Publicado en BEZ el 6 de Diciembre de 2015

Muchos caballos en la línea de salida y una carrera larga en donde de nada sirve que sea uno sólo el que pase la línea. Estamos contaminados de frases condicionantes en los últimos meses, nos están advirtiendo de que la situación histórica que se producirá en España después del 20 de diciembre será extraordinaria porque las circunstancias mismas serán indispensables para que ocurra aquello de lo que nos advierten: un cambio radical que pasa por Ciudadanos. ¿Y será posible? Probablemente no. Probablemente seamos testigos, analizando el comportamiento de los candidatos, de los equipos y de la evolución de los partidos en los últimos meses, de un cambio estructural, pero no radical.

Estas elecciones están llenas de contratos sin firmar, porque las encuestas que no paran de publicarse advierten que ninguno podrá hacer nada en solitario. Y se olvidan de contar en campaña electoral, a propósito, la letra pequeña de esos contratos. Pero Ciudadanos ya se adelanta a retuitear sus condiciones. No me imagino a Albert Rivera en la plaza de Sol de Madrid enumerando sus condiciones –de pacto- con tal ritmo y melodía que no dejase lugar a más opciones si el PP o el PSOE son los que sacan más escaños pero los insuficientes. No me imagino a Rivera haciendo lo que Francisco Solano hacía en la plaza de Armas de Lima, el cual se ponía a tocar su Rabel para llamar la atención de la gente, y cuando ya estaban a su alrededor, guardaba el rabel y sacaba la biblia. ¿O sí? Esperemos que la campaña de Ciudadanos no haya sido sólo música para nuestros oídos, encantadora sola, nada profunda, con el objetivo de llamar la atención y conseguir los votos necesarios para después ejecutar las condiciones que no anuncia pero que refleja en esencia su programa electoral.

En las últimas horas, Pedro Sánchez apela al voto útil, el mismo voto en las mismas manos de aquellos que tienen otras vidas que hizo ganar a Zapatero en 2004. Un voto útil que, probablemente, sólo consiga de ocurrir un factor extraordinario que quizás nada tenga que ver con la campaña y sí con la vida de la gente. Pero, la realidad, es que en el voto útil está el futuro de España en este contexto extraño, raro, extraordinario, crítico, surrealista, paradójico, real. Mientras, Albert Rivera expone con pocos argumentos dotes de política comparada con el fin de achicar a un Pedro Sánchez mientas posiciona su mensaje de ilusión. ¿Ilusión? ¿Con qué programa? Con ninguno, sólo anunciando el número de personas que están acudiendo a sus actos: esta es su demostración de fuerza. A Mariano Rajoy no le queda otra que salir poco y salir neutral, haciendo cosas comunes que no le impliquen cometer más errores, pero criticando la ola naranja que se le avecina y que será la que le aplique su mayor castigo. El atril del Quijote se quiere hacer con el voto huérfano, el perezoso y el abandonado. Pablo Iglesias critica a Rajoy, y eso sólo le hace daño al PSOE, porque lo esconde con su escasa visibilidad, lo minimiza, para crear sólo una batalla entre los de “abajo contra las de arriba”. Pero el PSOE no va a permitir que Podemos se siga sentando en su silla.

Esperemos que en los pactos nos salten chispas. No hay condiciones que valgan cuando es tanto lo que está en juego. No nos engañemos a nosotros mismos.

DIARIO DE CAMPAÑA

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Diario de campaña. Día 2: El mensaje

Publicado en BEZ el 5 de Diciembre de 2015

Las palomas son aves con una simbología especial para los humanos. Columbiformes, aves neognatas que, según los griegos, significa “mandíbulas nuevas”, ojo. Significativo cuando hablamos de mensajes, porque las palomas mensajeras vuelven a su palomar una vez que lleva un mensaje lejos de su hogar. Eso es lo que han hecho y siguen haciendo los candidatos como primer objetivo en esta campaña electoral, abandonar el hogar, pero manteniendo la esencia de ésta, para llegar a cada rincón de la geografía con un mensaje único que sea el que inspire y movilice su voto. Pero lo que muchas personas no saben es que muchos de los mensajes que emiten los candidatos tienen que ver con el clima y la temperatura social. El mensaje lo pones tú, nosotros, todos. Den por hecho que no emiten mensajes ni discurso que no vayan a conectar con cada audiencia a la que se dirigen. O al menos eso deberían hacer. Las palabras pueden mover montañas, y hacer historia. Pero… ¿cómo lo hacen? Principalmente porque debe haber existido una escucha social, saber cuáles son las preocupaciones de los ciudadanos, dónde viven con esos problemas y preocupaciones, y por qué les preocupa.

Los ciudadanos cambiamos constantemente, nuestras vidas están condicionadas por las cosas más pequeñas, aunque no lo parezca. De un año para otro puede que hayamos cambiado de ciudad, hayamos tenido un hijo o hayamos decidido dejar a nuestras parejas, posiblemente decidamos estudiar más o dejar de hacerlo, o directamente hayamos definido nuevos rumbos u objetivos. No funciona el café para todos. Del mismo modo que no hablamos igual a nuestras madres que a nuestros amigos, los candidatos en estas elecciones no pueden trasladar el mismo mensaje a los parados que a los pensionistas, al emigrante que a la hija de una mujer viuda. E aquí una de las principales crisis de la comunicación política: desconocer con quiénes estamos hablando, a quiénes nos vamos a dirigir, por quiénes vamos a trabajar el ideal de país que construimos. No obstante, los candidatos en campaña no obvian que, según el CIS, el paro es el principal problema en España, que la corrupción y el fraude es el segundo problema y que los políticos en general, los partidos políticos y la política es el principal problema. Pero… si no bajan el discurso de lo macro a lo micro, como diría el consultor Antoni Gutiérrez-Rubí, de la política de electores a la micropolítica de personas, no habrá éxito, nadie se sentirá escuchado y tampoco sentirán las personas que influyen en las decisiones que deben tomar aquellos que tienen la oportunidad de representarlos. Es así de simple. Las mujeres y los hombres de España no son somos indiferentes. Y, por ello, cada mensaje debe ir al destinatario correcto.

Mariano Rajoy, durante el primer día de campaña, habla de fuerza y determinación, pero también habla desde el mercado de verduras de la Plaza del Mercado Chico de Ávila, dice estar orgulloso de sus vendedores y nos invita a probar sus dulces típicos. No obstante, quien protagoniza la visibilidad de sus mensajes no es él, sino Soraya Sáenz de Santamaría. Pedro Sánchez, desde Cataluña, habla a las mujeres de la recuperación de un gobierno paritario, visita el mercado de Guineueta, emite un mensaje a nuestros mayores de esfuerzo, agradece a los periodistas su labor al mismo tiempo que agradece también a El Periódico y el Banco Sabadell el coloquio organizado. Pablo Iglesias alude a su slogan de campaña, a la ilusión de ganar el futuro desde Cádiz y da protagonismo también a las mujeres que, dice, cambiarán al rumbo de la historia. Albert Rivera agrade a Mallorca su cariño e ilusión. Ilusión, una palabra que estará en buena parte de sus discursos, no lo olvidemos. Pero pocos mensajes segmentados profundos puesto que se evidencia más en su comunicación política el dónde está que el qué dice a quién. Y Alberto Garzón desde Burgos, pero desde los barrios, ojo, apuesta por la palabra unidad.

Las palabras que se escogen para los mensajes políticos son fruto de una escucha permanente o, insisto, deberían serlo. Y de ponerse en el lugar del otro de manera real, sincera, permanente y humilde. Porque la política es humildad. Cuando acabe el día, las palomas mensajeras habrán cruzado el territorio para llevar el mensaje. Pero sólo algunas habrán acertado en la dirección que debían enviarlo.

DIARIO DE CAMPAÑA

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Publicado en BEZ el 19 de Noviembre de 2015

El “No a la guerra” es unánime en el mundo y en la historia. El “No a la guerra” suena en la misma lengua en todos los países del mundo. El “No a la guerra” no entiende de fronteras, todo es un mismo mundo. Los ciudadanos castigan a sus representantes políticos por defender crímenes contra la humanidad no justificados, cuando son ellos, sus políticos, los que deciden cuándo otros deben morir.

13 de noviembre de 2015

Atentado en París. Más de 120 muertos. El grupo terrorista Estado Islámico (ISIS) reconoce la autoría del horror. François Hollande dijo que Francia no iba a tener piedad, y no la tuvo. 48 horas después de la matanza, Francia bombardeó Raqqa, capital del Estado Islámico. Y ante la sangre derramada, movilizaciones unánimes de solidaridad con Francia. No obstante, la movilización social por el ataque Francés ha tenido tres momentos. Un primer momento de repulsa y asco hacia los terroristas y hacia la muerte provocada por un ataque contra la humanidad. Voces unánimes se oían a favor de Francia. Coros visuales se veían en las redes sociales mientras la bandera francesa ondeaba la red. Del 14 al 15 de noviembre, una segunda reacción surge. Surge cuando se empieza a tener más información sobre el bombardeo en septiembre de los aviones franceses en el cielo de Siria y en suelo musulmán. El #TodosSomosParís se calma. Ya nadie se pone la bandera francesa en el perfil. Tampoco la siria. Ahora, ya, la tercera respuesta ciudadana es en contra de la guerra y la muerte, a favor de la paz. Así nos movilizamos.

La guerra despierta emociones y sensaciones, a favor y en contra. Pero ante todo despierta opiniones. Cuando las decisiones políticas no concuerdan con el sentir mayoritario de la ciudadanía, la ciudadanía empieza a tomar decisiones y empieza a posicionarse. Estar a favor de la paz es una posición. Estar en contra de la decisión de Hollande de bombardear Raqqa es otra posición. Muchos creen que ha caído en la trampa de los terroristas al responder ante un “crimen de guerra” con más guerra. Mientras la popularidad del presidente francés sigue hundiéndose, hay quien está echando cuentas al coste de la guerra en un momento de recortes sociales. Las elecciones serán en 2017. Y la sociedad francesa ya ha empezado a hablar llorando a sus muertos.

15 de febrero de 2003

Personas de 800 ciudades del mundo salieron a la calle a protestar ante la decisión de Estados Unidos de invadir Irak. Según la BBC, se pudieron haber congregado, en contra de la decisión norteamericana, entre 6 y 10 millones de personas. El “No a la guerra” fue un grito unánime mundial, una de las manifestaciones globales más grande de la historia. Un solo cartel negro con letras rojas y en mayúsculas colgaba de paredes de instituciones públicas, patios universitarios y despachos de profesores. Según escribió Julián Santamaría, el rechazo a la guerra en Europa era de un 75-90%. España, en aquel momento, formaba parte del Consejo de Seguridad de la ONU y Aznar protagonizó la famosa foto del trío de las Azores donde Estados Unidos, Gran Bretaña y España acordaron el ultimátum a Irak argumentando que poseía armas de destrucción masiva. El 4 de marzo de 2003 el Congreso de los Diputados aprobó la proposición de Aznar sobre Irak con el apoyo de los populares. Se invadió Irak entre marzo y mayo de 2003. La popularidad de José María Aznar como presidente de España cayó estrepitosamente. La sociedad despertó ante la guerra y emitió un “no” rotundo al que él hizo oídos sordos.

El 11M es ya un símbolo en España. El 11 de marzo de 2004 fallecieron 193 personas y casi 2000 resultaron heridas en Madrid. Los terroristas yihadistas hicieron estallar 10 explosiones en cuatro trenes diferentes de la red de Cercanías de Madrid. La sociedad española lloró a sus muertos en las calles entre la lluvia y el frío. Y después continuó en las calles para exigir la verdad a su Gobierno. ¿Quiénes fueron los responsables? El Gobierno del Partido Popular actuó torpe, sin asumir responsabilidades, sin escuchar a la sociedad que imploraba. Y ante la inmovilidad política, España se movió. El sms y el “pásalo” se convirtieron en la mayor campaña viral en aquel momento. El 14 de marzo de 2004 el PSOE ganó las elecciones. El voto útil fue el protagonista. El 19 de abril de 2004, el presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció la retirada de las tropas españolas de Irak.

1 de mayo de 2003. Tony Blair pierde las elecciones municipales en Gran Bretaña. El mal de Aznar fue contagioso. El “no” del pueblo británico hizo inevitable el desgaste político. Y en septiembre de 2003, Blair vuelve a ser derrotado en la primera elección parcial de la legislatura. Lo acaecido en Irak demuestra que la negación a la escucha ciudadana tiene un coste electoral altísimo. El primer paso para tomar la decisión acertada en política, y gestionar con éxito la comunicación, es escuchar a la ciudadanía, sus demandas, sus necesidades y su grito unánime frente a las injusticias. Gerhard Schröder, el que fuera canciller alemán entre 1998 y 2005, lideró la oposición en Europa contra la guerra de Irak y la condenó públicamente. Esto ocasionó una crisis diplomática que cerró Schröder con Bush en 2005. Tanto fue así que Estados Unidos lo pudo haber espiado al oponerse a la guerra. Sin embargo, su postura frente a Irak le permitió subir en las encuestas.

26-29 de agosto de 1968

Acaban de asesinar a Robert Kennedy en Estados Unidos mientras movilizaciones en todo el mundo seguían sucediéndose contra la Guerra de Vietnam. En esos días se celebraba la Convención Nacional del Partido Demócrata. La influencia de la guerra en la Convención fue inevitable. Los demócratas con posibilidades eran Eugene McCarthy y Hubert H. Humphrey. McCarthy fue un pacifista que se mostró opositor a la Guerra de Vietnam. Su posición inamovible llegó a que Estados Unidos volviese a evaluar su papel en Vietnam. Fuentes confirman que falleció mientras dormía a los 89 años. Humphrey, quien era vicepresidente del Gobierno de Lyndon B. Johnson en ese momento, recuperó impulso como candidato del Partido Demócrata en las elecciones de 1968 cuando Johnson anunció un cese en los bombardeo en Vietnam.

 

*Gracias a Santiago Castelo, amigo y brillante compañero, inspirador de buena parte de estas líneas.

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