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Nacidos para la Tecnocreatividad es el título del número 8 del volumen IV del Monográfico II de Communication Papers. Esta es una revista de investigación científica cuya iniciativa es del grupo ARPA, de la Universidad de Girona. Este Monográfico recién ha sido publicado, y ha contado con la organización, colaboración y presentación de Antoni Gutiérrez-Rubí, y con el editorial de Carmen Echazarreta Soler. En su elaboración, he tenido el placer de participar con  Carlos González Tardon, José Alberto Gómez Isassi, Abel Monfort, Ana Sebastián, Belén López, Bárbara Yuste, Carlos MorenoIgnasi AlcaldeSara Berbel, Mónica Quintana, y David Álvarez.

Mi participación ha tenido lugar con la reseña del libro La sociedad de la transparencia, de Byung-Chul Han, que he titulado «Rompiendo con los esquemas de la transparencia». ¿Por qué? Para hacer pensar más allá de los límites de la transparencia que se demandan en la actualidad sin pensar en los límites de la privacidad o hasta dónde podemos llegar con nuestras exigencias como ciudadanos. 

Como expongo en la conclusión, Hang consigue su objetivo. No escribe lo que el lector quiere leer, sino lo que realmente cree que debe escribir para alterar el concepto de transparencia que conocemos. Tener información de los demás, y por tanto el control sobre los demás, no nos garantiza la verdad, tampoco el poder. “La sociedad de la transparencia no sólo carece de verdad, sino también de apariencia. Ni la verdad ni la apariencia son tan aparentes. (…) Un argumento de información y comunicación no esclarece por sí solo el mundo”. Y continúa Hang: “La transparencia y el poder se soportan mal. Al poder le gusta encubrirse en secretos. (…) Donde domina la transparencia no se da ningún espacio para la confianza”. ¿Hasta dónde los secretos en política pueden ser ocultos? El autor altera los esquemas estratégicos de comunicación, desde la imagen hasta la concepción de la información para la transparencia. En el caso de las mujeres en política, aún resulta más grave. Puede que la solución, en esta sociedad de la desconfianza, no pase sólo por la transparencia, sino por estrategias de comunicación que proyecten valores y humanicen los rostros del poder enfocados hacia la construcción de confianza. La transparencia, en este libro, no resulta un fin en sí mismo. Tampoco el cómo se ha elevado exponencialmente a ésta hasta convertirla en una mera expositora de la apariencia –irreal- que todos quieren controlar. Repensar la transparencia en comunicación y en comunicación política para diseñar estrategias enfocadas hacia la libertad sin control, hacia la confianza para la influencia y la movilización. Esa es la gran lección que se extrae de la obra, se esté de acuerdo o no con ella.

Espero que aquellos puntos de reflexión que pongo en duda despierte la curiosidad de los lectores. Lo comparto con todo el cariño con el fin siempre de crear más y mejor debate. 

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Publicado en BEZ el 24 de Noviembre de 2015

La derecha latinoamericana se reinventa en Argentina

Mauricio Macri será el nuevo presidente de Argentina. Aunque con un resultado ajustado, se ha puesto por encima del peronista Daniel Scioli. Se convirtió en favorito el pasado 25 de octubre en primera vuelta, y mantuvo esa posición hasta el 22 de noviembre, una fecha histórica para Argentina después de 12 años de Kirchnerismo. El cambio en Argentina empieza por “Cambiemos” con la percepción de una nueva derecha en el país.

¿La reinvención de la derecha latinoamericana?

Probablemente, buena parte de la reinvención de la derecha latinoamericana se basa en un trabajo de lectura de percepciones sociales, más que en un giro ideológico. Y la política y la comunicación política acaban demostrando que, según interpretaciones, pueden apostar por estrategias inspiradas en la teoría conocida como pospolítica. Un ejemplo lo encontramos en Ecuador, en la Alcaldía de Quito, cuando Mauricio Rodas candidato de centro-derecha por el Movimiento SUMA logra hacerse con la Alcaldía en las elecciones de mayo de 2014. El éxito de la aplicación de la pospolítica en campaña radicó en presentar a un candidato de “marca blanca”, débil y sin ambición de poder. Se potenció la sencillez como valor, lo mostraron como la esperanza colectiva y no emitió argumentos para el enfrentamiento: sólo propuestas para una sociedad que sólo esperaba oír aquello que puede afectar a sus intereses individuales. Esta estrategia es la que también ha usado el argentino Mauricio Macri, empleando al mismo asesor que Rodas para llevarla a cabo, al ecuatoriano Jaime Durán Barba.

Pero… ¿qué es esto de la pospolítica?

El concepto de pospolítica no es nuevo, y tampoco es una invención de la consultoría política de los dos últimos años. Hoy se habla del término en buena parte por el filósofo y psicoanalista esloveno, Slavoj Zizek. El articula la “post-política” en algunos de sus ensayos, como en “En defensa de la intolerancia”, o en “Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales”. “Hoy en día, sin embargo, asistimos a una nueva forma de negación de lo político: la postmoderna post-política que no ya sólo “reprime” lo político, intentando contenerlo y pacificar la “reemergencia de lo reprimido”, sino que, con mayor eficacia, lo “excluye”, alude Zizek en “En defensa de la intolerancia”. Y sigue: “En la postpolítica el conflicto entre las visiones ideológicas globales, encamadas por los distintos partidos que compiten por el poder, queda sustituido por la colaboración entre los tecnócratas ilustrados (economistas, expertos en opinión pública…) y los liberales multiculturalistas: mediante la negociación de los intereses se alcanza un acuerdo que adquiere la forma del consenso más o menos universal”.

Para la pospolítica, todo es posible. Lo antipolítico, como escribió Iván de la Nuez –inspirado también en el filósofo francés Jean-François Lyotard– tras las elecciones en Italia, intenta recuperar el debate ideológico, pero sospecha de su representación en los escaños parlamentarios, las cámaras senatoriales o la partitocracia. La pospolítica busca la reducción de las ideologías para construir un modelo hedonista, basado en conseguir el placer del otro, el del votante, reconocido como aquél que persigue un interés personal y cuyo ideal es que su vida sea mejor. Ahora bien, cuando el objetivo es la negación de las luchas y de las luchas ideológicas, se duda del principio mismo de la pospolítica, pues toda contienda se da por un objetivo concreto, aunque sea para alcanzarlo con el convencimiento de la capacidad de influir.

De la pospolítica a la biopolítica

Cuando ya no existe poder, cuando ya no hay derecha ni izquierda ni ideología en el imaginario político, se da paso a lo natural, a la importancia de la defensa de la vida. Según Zizek, “Hoy en día la moda en política es la biopolítica pospolítica (…): ‘pospolítica’ es una política que afirma dejar atrás las viejas luchas ideológicas y además se centra en la administración y gestión de expertos, mientas que ‘biopolítica’ designa como su objeto principal la regulación de la seguridad y el bienestar de vidas humanas”. Cuando ya no hay ideología, y se margina la posibilidad de política, el pensar sólo en la vida de las personas evoca un estado fuera de conflicto. Más aún si para garantizar la eficiencia, el líder hedonista busca rodearse de un equipo experto. De ahí que se pueda entender aún mejor las palabras de Macri al conocer su victoria: “Pido a los que no nos votaron, que se sumen. Y también sus palabras el pasado 20 de noviembre: “Se acaban las banderas que nos ponen de un lado o de otro. Ahora es todos juntos, trabajando por Argentina”.

La era de la pospolítica responde a una sociedad positiva, como definiría Byung-Chul Han en La sociedad de la transparencia, donde la “transparencia es enemiga del placer”. La pospolítica conduciría a un mundo de apariencias donde la ilusión sería el eje temporal que lo sostuviera. Pero la ilusión es eso, temporal. Si la “transparencia – según Han, y añado ‘absoluta’- desmonta la esfera arcana del poder”, la pospolítica podría desmontar la esfera de lo real, llevándose en buena medida los resultados de luchas sociales por causas que son justas. Cuando la ilusión se evapore, sólo el tiempo desvelará el éxito o el fracaso de la gestión y el resultado.

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