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EL presidente del Gobierno español cree que ya ha hecho sus deberes. Deja la pelota en el tejado europeo. Pero Europa no le dice ni sí ni no, mantiene la respuesta en una incertidumbre estática cual padre que quiere que responda la madre ante la petición atrevida del niño chico.

¿Mariano Rajoy habla con Rubalcaba? Un Rubalcaba que espera pactos y que está haciendo bien sus deberes aunque no hable mucho en clase y pase más bien desapercibido. Dos líderes que dicen mantener el contacto a pesar de que ninguno tiene el número de móvil del otro, tal y como aseguró el líder de los socialistas en la última entrevista en la cadena SER. Raro, pero cierto, aunque según asegura el socialista, esto no suponga ningún inconveniente.

Ayer, Rajoy ofreció un discurso de altura física, mientras que Hollande emitió un discurso de altura política. Ahí quedo la fotografía. Y ahí quedó la diferencia entre ambos a pesar de que sea también ideológica. Al menos, lo que sí quedó fue esa aproximación que tranquiliza.

Del discurso de la austeridad hemos pasado al discurso del crecimiento. Eso es lo que estamos oyendo estos dos últimos días después del batacazo con los datos de la prima de riesgo, y de un banco, Bankia, que ha pedido ayuda a voces hasta que sus cuerdas vocales han dicho basta.  Falta de credibilidad en cuanto a la sostenibilidad de nuestro sistema financiero, falta de mensajes positivos oportunos en cuanto a las posibilidades de España para salir de la crisis, falta de coherencia política entre la Ejecutiva española y una marca España que decrece y decrece…

No hay fiabilidad, no hay fidelidad, no existe la credibilidad. La sociedad continua solicitando su derecho de ser escuchada: crisis social también. No hay presidente que baje a la plaza. Faltan mensajes y falta un discurso creíble a pesar de que se quiera dar un giro hacia lo positivo. Para dar ese giro, tiene que darse el contexto y demostrarlo.

El discurso, sigue sin convencer a España. Y sigue sin convencer a Europa.

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CLARO que no. Esta mañana, la política italiana Emma Bonino, ha dicho algo realmente importante en la Cadena SER. Algo que pasa desapercibido a diario pero que tiene especial relevancia. Por mucho que España diga que está “bien, bien, bien”, no está bien. El mensaje carece de valor si realmente otros no te dicen que estás bien. Tú puedes decir que eres guapo, alto y fuerte, pero es la sociedad quien tiene que decir que lo eres. Esto me recuerda, no obstante, al concepto de reputación: tú no eres lo que dices de ti mismo, eres lo que los demás consideren de ti.

Salgado ayer emitió un mensaje: “preocupante, pero no gravísima”. Y Rajoy emitió otro al afirmar que no cree que España sea intervenida: “Zapatero dice la verdad”. Sin embargo, por mucho que el mensaje incite prudencia más que positivismo, lo cierto es que el ritmo de la situación lo marcarán otros, por mucho que nosotros no queramos…

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ESTA mañana, Carles Francino mencionaba, en la cadena SER, el último discurso de Obama como de filosófico más que político. Quizás la intervención en Libia sea una intervención política, sea una intervención dura y arriesgada, ardua y posiblemente en muchos sentidos incomprensible. Pero lo cierto es que ese país está viviendo una situación insostenible donde un líder no se baja de su pedestal. Y no se baja porque se siente seguro: tiene el tesoro que todos quieren. Sin embargo, en muchas ocasiones es mejor escoger la estrategia oportuna a escoger la estrategia de siempre. Es mejor dar discursos de valores, discursos filosóficos más que políticos y cargados de ideas que no llevan a ningún sitio.

Libia no es vital para Estados Unidos, como no es vital para muchos otros países. Pero Estados Unidos tiene y siente la necesidad de intervenir no sólo por cuestiones políticas. El gigante americano no ve necesario la intervención cada vez que a un país le vaya mal, pero sí lo ve pertinente siempre y cuando el rumbo de las cosas puedan cambiar significativamente. ¿Qué hay detrás de estas palabras? Puede que muchos intereses no sólo con Libia. Pero en vez de rebuscar en el infinito de las interpretaciones, lo cierto es que ese discurso filosófico coherente y realista responde no a la estrategia de siempre, sino a la oportuna.

El periodista Jon Sistiaga decía, en su libro «Ninguna guerra se parece a otra», que la guerra de Irak fue, posiblemente, la guerra mejor contada. Una guerra que costó miles de vidas. Pero Obama descarta de nuevo una estrategia así. El liderazgo norteamericano tiene sus límites: «El liderazgo norteamericano no es cuestión de ir solos y asumir todos los riesgos. El verdadero liderazgo es crear las condiciones y las coaliciones que permitan que otros den también un paso adelante».

Y a este respecto, quien mejor podría hablar de la filosofía para la política es Antoni Gutiérrez-Rubí en su libro «Filopolítica».

 

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