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Shirley-chisholm
Publicado en el Blog de El País, Mujeres (16 de noviembre de 2012) 

 “He sido más a menudo discriminada por ser mujer que por ser negra”. Una. Esta primera cita pertenece a su discurso al Congreso de Washington el 21 de mayo de 1969. Tremendo día para ella. Shirley Chisholm lo tenía todo para fracasar, para ser evitada, para ser apartada. Era una mala época para la entrada a la política en Estados Unidos. Era mujer. Y era negra. Sin embargo, se lanzó. En 1968 ella fue la que le gritó al Capitolio y dijo simbólicamente: aquí estoy. Se convirtió en la primera mujer elegida para el Congreso por Brooklyn. Y bajo su candidatura, un eslogan*: “ni vendida, ni mandada”. Ella tenía claro el motivo por el que se presentaba. Había muchas injusticias por las que trabajar, muchos servicios sociales que defender. Pero sobre todo, había un motivo que ella sentía y que le empujaba a seguir: “La gente me quería”.

“La próxima vez una mujer, un negro, un judío o cualquiera que pertenezca a un grupo que el país no está preparado para elegir, creo que les tomarán en serio desde el principio, porque alguien tenía que hacerlo primero»Dos. Eso dijo en 1973 en su libro “The Good Fight”. Ella lo hizo primero. Ser negro resulta ser un prejuicio. Pero Obama ha ganado ya dos elecciones. La última, el pasado 6 de noviembre, con 332 delegados frente a los 206 conseguidos por el republicano Mitt Romney. Otro prejuicio es también ser mujer. Pero no por eso las mujeres están menos preparadas. Y si no que se lo digan a Hillary Clinton. Otras democracias ya han tenido a sus representantes mujeres, como la India con Patribha Patil(Julio 2007), como Chile con Michelle Bachelet (marzo 2006). Shirley Chisholm creyó en los años 70 que Estados Unidos estaba preparado no sólo para el liderazgo femenino y la reivindicación, sino para la cultura del cambio.

“Me gustaría que dijeran que Shirley Chisholm tenía agallas”. Tres. Las tenía. Las tuvo. Y habrá muchas mujeres que, con sus acciones, avalen esas agallas. Nació el 30 de noviembre de 1924 y falleció a los 80 años, el 1 de enero de 2005. Venía de una familia sencilla. Su padre trabajaba en una fábrica de bolsas. Y su madre se dedicaba a las labores del hogar y a la costura. Ella siempre agradeció la formación que pudo recibir y trabajó en dos campos en los que pudo aportar lo mejor de sí: la educación y la política. Contra los prejuicios y a favor de lo que era justo, en eso estaba y en eso pensaba cuando el 25 de enero de 1972 decide presentare como candidata a la presidencia de los Estados Unidos por el partido Demócrata. Lo hizo tras una decena de micrófonos y unas grandes gafas. Segura. Entonando. Proyectando la voz convencida de lo que hacía y porqué lo hacía. Lo hizo convencida por el sueño americano, su sueño. Nunca ganó las primarias. Pero jamás le faltaron agallas para dar el paso, el que nadie antes dio. Su campaña, afirmó en 2002, fue un “catalizador necesario para el cambio”. Shirley Chisholm será recordada. Siempre. Nunca quiso pasar a la historia como “el primer congresista negro y mujer”. No. A cambio… “Me gustaría que dijeran que Shirley Chisholm tenía agallas”.

 

* Recomiendo el libro «POLÍTICAS. Mujeres protagonistas de un poder diferenciado» donde el asesor de comunicación Antoni Gutiérrez-Rubí habla del liderazgo de esta mujer modelo.

Fuente de la imagen: «The feminist wire»

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Publicado en el Blog de El País, Mujeres (19 de octubre de 2012)

Curioso es que existan monumentos que homenajean a grandes luchadores y conquistadores, grandes guerreros y reyes. Pero pocas veces se acuerdan del papel de las mujeres en las conquistas y en las guerras. ¿Existieron?

“Las hazañas de Inés Suárez, mencionadas por los cronistas de su época, fueron casi olvidadas por los historiadores durante más de cuatrocientos años”, escribió Isabel Allende a modo de introducción en su novelaInés el alma mía. Y cuánta razón tenía.

Inés Suárez (1507-1580), mujer extremeña del siglo XVI que decidió embarcarse rumbo hacia ese nuevo mundo donde se depositaron tantas y tantas esperanzas. Hacia allí partió, tras su marido Juan de Málaga, para conocer que se había convertido en una mujer viuda. En Cuzco, conoció a Pedro de Valdivia, el gran Pedro de Valdivia, maestro de campo de Francisco Pizarro. Y junto a él no sólo conocería la pasión y el amor, sino también el sabor de la conquista.

La valentía no sólo es una intención. E Inés Suárez lo demostró al participar en las expediciones por territorio chileno y en la fundación de Santiago de Nueva Extremadura, hoy Santiago de Chile. Porque los guerreros no luchan solos. Y no todos son hombres. Hay mujeres que los acompañan, deciden, les cosen las heridas, los cuidan, les dan de comer, montan a caballo como ellos y empuñan las armas.

Inés Suárez destacó por su valentía y su ímpetu, pero la historia cuenta también que por su crueldad tras el asalto a Santiago dirigido por Michimalonco en 1541: hizo decapitar aQuilicanta junto a siete indígenas prisioneros para asustar a los atacantes.

Ocho años después, Pedro de Valdivia entregó finalmente a Inés en matrimonio a Rodrigo de Quiroga e hizo traer a su mujer a América. Todo para cumplir la sentencia de un juicio en el que lo acusaron, entre otras cosas, de mantener una relación fuera del matrimonio. Tras este matrimonio, se dice que Inés y Rodrigo vivieron en la calma de ese Santiago…

Más de 400 años después, la comuna de Santiago ha cambiado mucho… La lucha que hoy existe es para hacerse no con la conquista de ningún territorio, sino con la conquista de la confianza de los ciudadanos que allí habitan. El próximo 28 de octubre se celebran elecciones. Pablo Zalaquett y Calorina Tohá se disputan la alcaldía. Ya no hay caballos ni lanzas, aunque quede el origen y recuerdo de la historia. Hay líderes que pretenden mejorar la calidad de vida de sus vecinos, de todos: de los jóvenes, que cada día salen a las calles para pedir más educación; de las mujeres, que cada día solicitan más igualdad; de los mayores, que necesitan escuchar, ver y comprobar. Ese debería ser el objetivo de su candidatura.

Ya no se recuerda a Pedro. Y tampoco a Inés. Ese Santiago chiquito creció. Los grandes monumentos que homenajean a los hombres son sólo símbolos. Hoy se sueña con hechos. Las elecciones dan paso al papel de la democracia. Una democracia que, quizás, le habría gustado ver a Inés en su Santiago.

 

Imagen de la portada del libro de Isabel Allende Inés del alma mía

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POCAS son las historias que se cuentan bien. O que, al menos, los medios coinciden al contarlas. Esta vez parece que los diarios españoles han coincidido en la comunicación y han relatado la salida de cada minero de San José, en Chile, según se iba produciendo el «milagro», como muchos lo han llamado. Y para prueba, las portadas digitales de esta mañana…

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