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1/ La tendencia

Los resultados del CIS están más cerca de la tendencia, no de ningún resultado en sí publicado durante las últimas semanas por diferentes medios de comunicación. 

Por lo tanto, prudencia. Las encuestas pueden ser síntoma de buenas o malas noticias. Pero, en este caso, la prudencia era un valor añadido a tanto dato abultado a favor de Ciudadanos. El PP sigue estando en primera posición y ganaría las elecciones. Ciudadanos gana puntos a costa del PP. Mientras que PSOE también los gana, muy posiblemente a costa de Unidos Podemos. El gran reto del PSOE es recuperar su tejido electoral, asignatura pendiente desde 2011 (tener los 110 diputados que consiguió Alfredo Pérez Rubalcaba hoy es un sueño). No comparto que su apuesta sea dirigirse al el centro porque entonces la marca PSOE se debilitaría… más.

2/ Tensión social

Tenemos un país, en estos momentos, adormecido, paralizado, ante las crisis que se suceden en España: corrupción, Cataluña, gestión del Gobierno, crisis económica… Jordi Évole utilizó el concepto «anestesiados». Si bien durante el 2011 la desafección política hizo que la gente saliera a la calle en forma de 15M y mareas, a posteriori, hoy escuchamos los sucesos que acontecen y no hay respuesta en acciones cívicas, pero sí críticas que pueden tener influencia, o no, depende del altavoz y del canal que utilicemos. Las redes echan humo pero no podemos contabilizar aún el valor de su influencia.

La corrupción, anteriormente, no le había pasado factura al PP. Ahora, con terceros portavoces repitiendo mensaje en medios de comunicación como consecuencia de los juicios, puede perder más del techo que se supone que el PP viene perdiendo. Esto, para Ciudadanos, es una oportunidad. Sin embargo, cabe pensar, que el voto duro de Ciudadanos poco tiene que ver con el voto tradicional fiel y tradicional del PP.

3/ Valoración de Albert y el liderazgo

Es el único que consigue una valoración por encima del resto (4,01), aunque no aprueba. Pero que el líder se mantenga (impulsado también por otros factores) es una buena noticia para Ciudadanos en un momento en el que PP y PSOE no viven su mejor momento político en relación a su liderazgo, contando también con la falta de liderazgos territoriales.

4/ La marca del partido

La marca del partido influye también en la opinión. Las marcas PP y PSOE no viven tampoco sus mejores momentos. En 2011 la marca PSOE estaba en declive, sólo Alfredo Pérez Rubalcaba podía salvar aquellas elecciones según las encuestas. En algunas ocasiones se escoge la estrategia de impulsar la marca candidato en una campaña o momento político. Albert Rivera también lo hizo. El reto es la sostenibilidad en el tiempo porque, en estos momentos, no se definiría la marca Cs sin Albert Ribera (o Inés Arrimadas, en la actualidad), lo que también, e inevitablemente, es un riesgo.

5/ Los ciclos políticos son económicos

El concepto de ciclo político responde a un periodo de tiempo político que se agota. Un ciclo político que se va terminando  y donde la oposición gana porque… toca. Toca porque el contexto social lo acompaña, toca porque el contexto político también, pero, sobre todo, toca porque el contexto económico empuja al desgaste al que gobierna, también, por sus propios errores. El adversario gana porque el otro pierde, no porque el que gane, gana. El concepto de ciclo político siempre está acompañado del ciclo económico. Se llama ciclo político a la política económica que escogen los gobiernos previo a una campaña electoral. En año electoral se suelen tomar medidas económicas que permiten ganar la confianza y apoyo del mayor número de ciudadanos posible.

Y no hay que minimizar la importancia de los ciclos políticos. ¿Por qué?

-Porque el principal problema de los españoles sigue siendo el paro (40,5%), seguido de la corrupción y el fraude (15,6): problemas de índole económico que atentan contra la confianza de las personas. Cuando hay desconfianza, los políticos pierden toda atención ciudadana. Cuando no hay atención por parte de la ciudadanía se pierde su apoyo.

-¿Y el relación a los problemas personales? Pregunta el CIS, repito, problemas personales: Paro, 25,3% – Problemas de índole económico, 11,9% – Las pensiones, 6,6%. Como vemos, los problemas personales de la gente tienen que ver con la economía. 

El discurso que conecte, tendrá mayor aceptación.

Y nada es casual. Aunque algunas cosas pueden ser erróneas. 

*CIS. Barómetro de enero 2018

 

 

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Diario de campaña. Día 1: El arranque

Publicado en BEZ el 4 de Diciembre de 2015

Necesitamos héroes y heroínas que exciten nuestros sentidos, que nos emocionen y nos ilusionen con un tiempo nuevo que llegue real a nuestras vidas.

Aunque no sea inmediato, porque podremos desear que nuestras vidas mejoren, las de todos los españoles, pero el deseo de querer no nos lleva a un estado de idiotez, aunque muchos políticos nos hagan creer que puede que lo seamos. Necesitamos héroes y heroínas, y no es una frase sacada de un cuento de hadas, en realidad, es la realidad que esperan que suceda millones de españoles.

Pero esos millones de españoles se están desayunando cada día encuestas y datos que no saben muy bien qué significarán pero que, en el fondo, ya les hace reflexionar. De esos se trata… ¿o no? El pasado 30 de noviembre, la encuesta de Sigma Dos para El Mundo, revelaba que Ciudadanos adelantaba al PSOE y se quedaba a cuatro puntos del PP. Y la recién publicada encuesta del CIS publica que la victoria sería del PP con 40 escaños más que el PSOE. El partido de Mariano Rajoy obtendría entre 10 y 128 diputados, el PSOE de Pedro Sánchez entre 77 y 89, Ciudadanos entre 62 y 66. Podemos se quedaría entre 23 y 25. Sigue ganando el PP, aunque el 84,2% de la población valore su gestión como mala, regular y muy mala.

Ahora bien, el 41,6% de los españoles no ha decidido el voto, según el CIS. Y cuando no se ha decidido es porque en realidad se ha decidido lo más importante: a quién no votar. Hora de movilizar el voto, pero no cualquier voto. Porque el voto huérfano, el voto perezoso y el voto abandonado juegan un papel decisivo.Huérfano, porque son aquellos electores que no se sienten representados ni por los que gobiernan ni por aquellos partidos que siempre votaron. Perezoso porque son aquellos electores a quiénes poco les importa votar al no verse reflejado en la toma de decisiones de aquellos que los deben representar.

Una buena parte de esos perezosos son críticos de sofá a través del móvil, pero inmóviles a la hora de hacer crítica constructiva. Abandonados porque son electores que están fuera de España, los que han salido de nuestro país buscando nuevas oportunidades de vivir y de supervivencia, que tienen influencia, mucha, que tienen formación, más que nunca, y donde el voto es más complicado por el proceso burocrático al que hay que someterse.

Esta precampaña electoral ha sido una campaña sin precedentes con la única diferencia de no pedir el voto directamente, pero sí los apoyos. Hemos vivido una campaña electoral en plena pre campaña. Estrategias en pos de la máxima visibilidad para la máxima movilización. Visibilidad en las calles, en las redes y en los platós donde la gran pantalla, a través de los diferentes formatos, ha sido el gran canal de comunicación por excelencia.

Los decisivos están en los indecisos. Y se quiere llegar a ellos por tierra, mar y aire en una campaña electoral histórica donde las percepciones cuentan mucho más que los programas electorales, pero es en los programas electorales donde se encuentra la identidad de cada uno de los candidatos aunque los mensajes de cada uno de ellos poco tenga que ver con la realidad que después de las elecciones vayamos a vivir.

Mensajes que hemos visto repetidos en los carteles que inauguran un momento histórico en España. Una pegada que arranca con cinco partidos, aunque en todos los medios de comunicación se hable de cuatro: PP, PSOE, Ciudadanos, Podemos e Izquierda Unida. El PP presume de una España “en serio” describiendo una realidad que poco tiene que ver con la que se vive. Suena el despertador después de cuatro años, arranca su vídeo, pero muchos todavía tienen la sensación de estar inmersos en una pesadilla.

Y mientras el PP sigue anclado al pasado criticando la herencia recibida, el PSOE decide mirar al futuro, a “un futuro para la mayoría”, ese es el eslogan de campaña. El hashtag #VotaPSOE ha sido trending topic, una conversación en Red liderada por un cartel de campaña cuyos colores protagonistas han sido el blanco y el rojo. Un blanco más que simbólico en política, como blancas eran las camisas de Kennedy, como blancas siguen siendo las camisas de Obama.

“Con ilusión” empieza un Albert Rivera que parece tener la palanca de cambio en España.

El mensaje en la pegada de carteles lo protagoniza un #AdelanteCiudadanos. ¿Adelante para avanzar? No lo sabemos, tampoco las encuestas. Y tampoco está claro si con Ciudadanos avance la política española. Cuando otro tiene la llave de tu casa, siempre hay que esperar a que te abra la puerta. El mensaje de Podemos es claro en comunicación, y fácil de recordar, sobre todo porque es un reclamo común en el vocabulario de las personas: #PodemosGanarElFuturo. Y punto.

E Izquierda Unida reclama “por un nuevo país”: coherente, después de llevar casi 8 años escuchando la palabra crisis en cada esquina de nuestras calles. Lo necesitamos.

Sí, necesitamos un nuevo país. O quizás recuperar el nuestro.

En esta pegada de carteles hay una máxima ilusión, porque nada está decidido cuando los indecisos han decidido a quiénes no van a ir a votar. Y un elemento básico que sigue protagonizando la pegada de las imágenes: el cepillo. Un objetivo con una connotación especial y una metáfora objetiva: limpiar las calles, posiblemente de corrupción, pero también de un pasado sufrido.

¿Saben? De la campaña del 2011 casi nadie se acuerda. Alfredo Pérez Rubalcaba hubiese dicho: “ven, os dije que ocurriría”. Ahora todos somos actores y víctimas de las consecuencias.

DIARIO DE CAMPAÑA

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Publicado en Sesión De Control (09 de noviembre de 2013)

La convicción de que los políticos no representan a los ciudadanos alcanza a un sector importante de la sociedad: el voto ha quedado huérfano, como los ciudadanos.

Así es. Y no es de otra manera por mucho que la incoherencia discursiva nos haga creer en otra realidad paralela. Otra más. Huérfano, según la Real Academia de la Lengua es la persona menor de edad a quién se la ha muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre. Es la persona a quien se le han muerto los hijos. Es la falta de algo, y especialmente de amparo. Así se siente buena parte de la sociedad española, desamparada, huérfana, sintiendo que aquellos a quienes votaron no son capaces de proteger sus derechos sin exigirles más deberes imposibles de cumplir por la falta de todo. Los bolsillos de los ciudadanos están vacíos de monedas y llenos de desgana.

El voto huérfano en España crece. Y empezó a notarse ya en las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2011 cuando el PSOE pierde todo su músculo territorial. Más de dos años más tarde, el termómetro social indica que pocos indecisos hay porque aunque no sepan a quiénes irían a votar, lo que sí saben es a quiénes no votarían más.

Así las cosas, buena parte de la sociedad española no se siente representada por quienes hoy gobiernan, empezando por sus municipios, pero no se sienten identificados ni conectan con una fuerza opositora cada vez más débil. Los últimos datos del CIS son reveladores, sobre todo a la hora de analizar el valor que la sociedad le pone a los líderes españoles, que ninguno aprueba, y a la hora de valorar sobre qué partido remonta.  Ojo a esta afirmación de Anabel Díez, “Un sentimiento de injusticia embarga al 88% respecto a los impuestos que paga, y un 66,4% estima que todo lo que paga no le aporta contrapartidas públicas”. El problema de hoy es el problema de siempre: el paro.

El liderazgo político es otra cuestión: ¿Tenemos en España líderes que movilicen, que motiven, que respeten y hagan respetar, que ilusionen y que hagan convencer? En la política española sigue existiendo un problema de liderazgo, pero también un problema de credibilidad en la política y en las instituciones. Y además, un problema de temas de agenda porque la agenda política sigue sin ir al ritmo de la agenda social.

Mientras la sociedad habla de líderes y de primarias necesarias, de ilusión, la política habla de reformas, de recortes y programas por hacer cuyas recetas sabemos que no son mágicas, aunque sí se es consciente de que puedan ayudar. La cuestión es… ¿cuándo?

La inaccesibilidad a la Administración pública, empezando, reitero, por la municipal y la autonómica, es cada vez más preocupante. Y ya ni hablar del silencio Administrativo con el que se les paga a los ciudadanos. Sería importante y de estudio ver la agenda o las citas que nuestros alcaldes o concejales han cumplido a tiempo. Y sería más importante aún estudiar los problemas que han resuelto evitando que se acumularan.

Hay ciudadanos de a pie que han podido saludar antes a un diputado del Congreso o a un senador que al propio concejal de su pueblo. Con esta actitud y con esta pasividad local lo único que se consigue es más desafección aún, más desgana y, cómo no, que la sensación de orfandad crezca en nuestro país. Solos y abandonados se sienten muchos ciudadanos a la hora de resolver las cuestiones relacionadas con la Administración y a la hora de acceder a ella. Pero para solucionar el problema hay que ir al origen del mismo, no evitarlo esperando a que, con el tiempo, venga Dios y lo resuelva.

¿Por qué en la calle se oye el grito de “no nos representan”? Fue una de las preguntas que se lanzaron el pasado 17 de octubre en Madrid en la presentación del libro Se llamaba Alfredo… Y sencillamente ese grito se oye en la calle porque la gente, la sociedad española, no se siente representada por sus líderes. Y continúan gritando porque esos líderes parecen no escuchar a quienes dicen que no están representados por ellos. Oídos sordos frente a una ciudadanía necesitada.

El reto está aquí y comenzó aquí desde el mismo momento en el que nació el sentimiento de la desgana, la incomprensión, la desilusión y la incoherencia. El reto está en acercarse a ellos, en identificarse con ellos, en conquistarlos a ellos: el voto huérfano.

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