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Diario de campaña. Día 9: El factor decisivo

Publicado en BEZ el 12 de Diciembre de 2015

El factor extraordinario entra en campaña electoral. Y aunque no se puede confirmar que la guerra entra en campaña, la muerte sí lo ha hecho. Los conceptos de “guerra” y “muerte” están en el imaginario de la ciudadanía. Es inevitable. Como inevitable es que, al enterarnos de la muerte del policía español en la embajada española de Kabul, relacionemos, o más bien recordemos y nos acordemos, de las recientes muertes en París. Lo de París fue algo de París, sobre París, pero fue todo sobre el mundo. Entra en campaña la economía de la atención con más fuerza que nunca. Las personas, ante casos extremo como el ocurrido, no es indiferente. Su atención está viva, más viva, y más sensible. No obstante, quitando el discurso económico que lo relaciona, la praxeología, cuya metodología estudia la estructura lógica de los humanos, también cobra un matiz especial puesto que centra su atención en el individuo que actúa. Y que no quepa duda que, dependiendo de la reacción de nuestros políticos, los ciudadanos, por lógica, pueden actuar de una manera u otra.

Esta campaña electoral se encuentra un factor especial: actuar frente a lo imprevisible. Y lo que era previsto por estrategia, debe adaptarse. Actuar frente a lo imprevisible no es cuestión de fuerza o de poder, es cuestión de inteligencia. A pesar de que pueda parecerlo, no siempre se está preparado electoralmente para los factores extraordinarios porque mueven el tablero de ajedrez, hay poco tiempo de reacción, y escaso tiempo de análisis de lo que se prevé que pueda hacer el rival. En términos de comunicación política, estos son los elementos que se trabajan con especial atención porque, como dice Ralph Murphine, “normalmente los votantes siguen una cascada de decisiones para llegar a su toma de decisión electoral final”.

El anuncio

El anuncio se ha producido en Orihuela donde Mariano Rajoy ha dado la noticia con datos que aún no estaban del todo claros, sobre todo relacionados con la confirmación de la muerte del policía. Una vez más, el presidente ha sido prudente en su comunicación sin exponer, en ese momento, más detalles. No obstante, Rajoy contradecía las fuentes del gobierno, puesto que negaba que el ataque fuese directo contra la embajada. Durante la tarde del propio 11 de diciembre las agencias sí confirmaban, por las mismas fuentes gubernamentales, que la embajada española era el objeto, como así también lo ha confirmado la embajada de Estados Unidos en Kabul. La manera en que se produce el anuncio deja en evidencia las debilidades y las fortalezas de un Gobierno coordinado o descoordinado, de un líder preparado para afrontar la gravedad del asunto, o no. De un líder… ¿capaz?

Los culpables

Inmediatamente, los ciudadanos, al tener una previa de la información por los medios, necesitan conocer qué ha sucedido de una manera más clara y cómo va a afectarles o a afectar en el momento político actual. Buscan respuestas, necesitas explicaciones y exigen culpables y responsabilidades políticas. ¿Quién ha sido y qué medidas se van a tomar? Esconderse no es una opción. Y ante hechos de esta envergadura el liderazgo lo tendrá quien asuma la autoridad y la responsabilidad política.

El tiempo

¿Qué tiempo han tardado en reaccionar? El precio de no gestionar el tiempo es alto. No sólo hay que gestionar las respuestas, sino el tiempo de las respuestas, qué se tarda en tomar las decisiones, en informar y en formar equipos. La decisión de los electores no entiende de tiempos.

La reacción

¿Cómo han reaccionado los candidatos? ¿Qué palabras han escogido? Los medios de comunicación están más atentos que nunca y las redes sociales en espléndido movimiento. Cualquier error, cualquier palabra mal ubicada o desafortunada, no tener en cuenta la responsabilidad de cada uno como candidato y no comprender la reacción de la ciudadana frente al suceso, puede ser más visible que nunca, más evidente que nunca, más terrible que nunca. Hay que evitar por todos los medios que cualquier reacción se convierta en una equivocación. Porque el coste de cualquier equivocación en este momento será más alto.

 

El posicionamiento

Cada candidato se va a posicionar frente al terror o la muerte. Y habrá posiciones que nos sorprendan, otras que suponen una oportunidad. ¿Por qué? Bien porque no haya posiciones del todo claras, bien porque denuncien sin mencionar culpables o se denuncie medias. Todos saben que la guerra tiene un coste electoral. Y no para todos ese coste juega a su favor. No obstante, en un momento de máxima sensibilidad en los ciudadanos, lo que éstos van a demandar es siempre claridad, transparencia y respuestas. Y respuestas verídicas. No quieren sorpresas, quieren la verdad.

Quizás no quepa comparación, ¿o sí? Pero todos recordamos los atentados del 11 de marzo. Y todos recordamos los errores políticos y estratégicos que cometió el Gobierno del Partido Popular. Ocultar información, no reconocer a los culpables, perder el liderazgo y la autoridad, y no asumir la responsabilidad política, tuvo un efecto devastador. La sociedad española reaccionó. Y los mensajes virales para la reacción ciudadana no se hicieron esperar con el “pásalo” a través del sms. El factor extraordinario en aquel contexto movió a los electores. Y el voto útil fue decisivo en las elecciones del 14 de marzo de 2004.

Conocer la verdad es de justicia y un derecho a reivindicar. A reivindicar en campaña y siempre.

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Diario de campaña. Día 8: La videoteca electoral

Publicado en BEZ el 11 de Diciembre de 2015

Y casi llegar a abrazarlo. Eso es lo que pretenden los spots electorales: transmitir un mensaje que vaya directo a los sentidos del elector, provocarle la valentía de ser capaz de rozar el futuro con sus manos. De que todo lo que lucha, ama y siente está a su alcance. Hacer sentir para movilizar el voto, para provocar la decisión de actuar el día de las elecciones. Sentir para actuar. Sentir para hacer. Sentir para hacer creer. Sentir para influir también en los demás. En esta campaña electoral, el eje estratégico de los spots electorales es la comparación temporal: recordar el pasado para soñar el futuro.

Una conversación con Ralph Murphine sobre los spots electorales sería menos optimista y más inteligente. Él los llama en su libro Ideas en la comunicación política moderna, “el ritual de los comerciales políticos por televisión”. Y dice: “el fenómeno del ritual se ha llevado casi al estatus de culto en ciertas partes del mundo (…). El comercial puede verse en campañas políticas desde Río Colorado hasta la Patagonia. Muestra a masas de ciudadanos echando porras con muchas ganas, sonriendo, bailando, agitando banderas y pancartas. (…) El concepto básico de este tipo de comercial en español se llama triunfalismo”.

Posiblemente en España, y en esta campaña electoral, estemos siendo testigos de menos triunfalismo, menos masas y menos jingles. La videopolítica también evoluciona, aunque se siguen cometiendo errores estratégicos y de diseño al copiar lo que en otros países y partidos hacen sin tener en cuenta los contextos y los tiempos políticos. El vídeo del PP apelando a la recuperación fue muy criticado el pasado mes de octubre al existir una campaña parecida, con la misma historia y los mismos mensajes. Además de poder sentir, el elector también es crítico. Como crítico también ha sido el spot “piensa sin prejuicios” que ha lanzado el pasado 6 de diciembre el partido de Mariano Rajoy aludiendo a los tipos de personas que les votan, incluido los hipsters. Crítico pero viral, y con una historia bien construida.

Para abordar uno de los principales spots de campaña, los populares han aprovechado las críticas que reciben a propósito de que sólo hablan de “números”. Y así lo han llamado. En ese vídeo la alocución enumera cifras, las que repiten una y otra vez, y que justifican el crecimiento en el país. Y posicionan datos positivos de la creación de empleo: “dicen que en el partido popular siempre estamos ocupándonos de los números. Es verdad, porque nos importa mucho lo que hay detrás de cada uno de ellos”. El spot titulado “Despertador”, nos invitan a despertar en una España que ha cambiado 4 años después, y nos invitan también a seguir en esa línea, una línea futura, también llena de datos, que quieren alcanzar. Aquí se establece el compromiso como motivo.

El PSOE apuesta por la narrativa que acompaña a su slogan, un futuro para la mayoría, y por recuperar el orgullo de ser socialista para conseguir dicha mayoría. Han creado un spot donde lanzan la siguiente pregunta: ¿qué le pides a los próximos cuatro años? La segmentación electoral es clave en este vídeo: vemos diferentes personas de diferente sexo y edad, y que hablan diferentes lenguas, las que se hablan en España. En ese futuro para la mayoría, el PSOE se para especialmente en los jóvenes, lanzando un spot titulado “un futuro para los jóvenes”. Este vídeo demuestra que la creatividad gana la batalla de los spots electorales: es el que más visualizaciones tiene hasta el momento. ¿Y cómo se consigue un futuro para la mayoría? En ese eje transversal, de mirar el pasado para el conseguir el futuro, publican el spot “un proyecto de futuro para la mayoría”.

Ciudadanos lanzó su spot el pasado 5 de diciembre. Un Albert Rivera se sienta ante un folio en blanco para escribir una carta, una carta para ser leída también en el futuro por alguien que ya viva en ese país que propone Ciudadanos: su hija Daniela. Apela especialmente a las emociones y entra en coherencia con el eslogan que repite cada día en su campaña: la ilusión.

El vídeo de Podemos es sencillo pero efectivo e identitario con ellos mismos. Lo han titulado “maldita casta, bendita gente”. Apela también a las emociones porque visualiza la situación de muchas familias en España. Y verse identificado es lo que mueve a la acción. El ataque es frontal contra el PP y el PSOE.

El videoclip electoral de Izquierda Unida para las elecciones a la Comunidad de Madrid titulado “El corazón de la izquierda”, donde Joaquín Sabina le puso la música, fue muy logrado. En esta ocasión, titulan al spot “venimos de muy lejos”. Pocos planos, y la voz de Alberto Garzón describiendo el nuevo país que ellos dibujan en estas elecciones, el que repiten a diario. Aparece solo, de espaldas, pero no lo está. En el minuto uno lo enfocan a él acompañado de muchas personas más y, al final, un espacio a recuerdos emotivos: muestran el pasado reciente que debe justificar el voto a IU en el presente.

Recordando a Murphine, los spots de estas elecciones de 2015 son poco triunfalistas. No pueden serlo en un panorama donde nada está claro. Pero en un panorama donde todos tienen algo en común: desear el futuro, pero el futuro inmediato.

DIARIO DE CAMPAÑA

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Diario de campaña. Día 7: El discurso

Publicado en BEZ el 10 de Diciembre de 2015

 

En el interior de la Galería Nacional de Noruega, localizada en Oslo, encontrarán la mejor versión de El grito, un sorprendente cuadro a la par que famoso que muchos recordarán. Lo pintó Edvard Munch, un hombre que predominó por evocar la angustia, por diseccionar almas. Dicen que la fuente de inspiración de esta, posiblemente, su mejor obra, fue su atormentada vida. Munch refleja bajo el matiz del expresionismo, un estado anímico, la desesperación y la ansiedad, la necesidad de dejar salir todo lo que siente a través de un grito que es capaz de atravesar la naturaleza.

En esta campaña electoral hemos visto, especialmente, cómo después del debate celebrado el pasado 7 de diciembre, los candidatos han cogido cuerpo y forma a la hora de emitir sus discursos, sobre todo Pedro Sánchez y Albert Rivera. Menos con Pablo Iglesias, porque Iglesias ya nos tiene acostumbrados a un discurso transmedia que traspasa, en el momento en que lo evoca, plataformas y formatos. Lo hace constantemente. Y lo hace bien. Probablemente después del debate hayan cambiado poco las palabras de los candidatos, pero sí se ha percibido un cambio en sus formas. ¿Cuáles? Mayor énfasis y más volumen.

No es nada fácil escribir un discurso, mucho menos interpretarlo. ¿Lo más difícil? Empezar a escribirlo. ¿Lo menos difícil? Escucharlo cuando lo expone el orador. Pero, si ha habido algún consejo a los candidatos después del debate de que, subiendo el volumen, dan sensación de mayor fortaleza cuando se dirigen a la audiencia, se equivocan. Subir el volumen no da la razón a un orador. Pero tampoco se la quita. Exponer argumentos sólidos, convincentes e identificativos con la audiencia sí. Emplear la vida de uno mismo, conocer la vida del otro, meterse en la piel de los demás y utilizar una narrativa convincente y emotiva, es el eje vertebral de un discurso en toda su estructura. Este es el verdadero arte del grito, el grito natural del hombre, el de la honestidad.

No se será más fuerte por emplear el grito en el discurso, por subir el volumen sin más. Más bien dejamos al descubierto las costuras, las debilidades y las deficiencias. No funciona el grito de desgarro ante la impaciencia. Fernando Garea bien nos recordaba que Carme Chacón fue Sepultada por su grito en febrero de 2012 ante un derrotado Alfredo Pérez Rubalcaba después de las elecciones de 2011.

Santos Juliá tituló en El País el 24 de julio de 2000 que, con un discurso, se puede ser secretario general. Hablaba de un joven Zapatero “de verbo fácil, con agradable timbre de voz, mirada clara, encantado de la vida”. El discurso de Rubalcaba del 9 de julio de 2011, como candidato oficial por el PSOE, fue catalogado por expertos como un “discurso memorable” en el que intentó por todos los medios movilizar a la izquierda a partir de tintes de motivación y de esperanza. Según me contara Ignacio Varela, el que fuera sociólogo de cabecera del partido, “ese discurso fue uno de los momentos transcendentales de la campaña junto con el debate electoral”. Aunque el propio Rubalcaba me revelara también que nunca soñó con ganar las elecciones, no hay dudas que sudó la camiseta, en un discurso posterior, cuando quiso renovar a su partido.

Sócrates, en Fedro, llamaba cinceladores de palabras a aquellos que recurrían al género demostrativo en sus discursos. Y eso no es más que el arte del buen decir. Este género es “aquel que se nutre de la abundancia de palabras, y su construcción y ritmo gozan de una cierta mayor libertad”. Pareciera que todos los candidatos en estas elecciones fueran cinceladores de palabras, pero no lo son. Algunos sólo lo parecen. Quizás porque confunden la libertad con el libertinaje, o la abundancia de palabras con gritos desmedidos.

El profesor de Análisis del Discurso, Jonathan Potter, en su obra La representación de la realidad, discurso, retórica y construcción social, hace una distinción entre dos discursos: el cosificador y el ironizador. Mientras el ironizador se decanta por socavar versiones, véase a Pablo Iglesias, por ejemplo, o a Rajoy cuando dice que se aburre hablando de los demás, el cosificador “produce algo como si fuera un objeto, sea este un suceso, un pensamiento o un conjunto de circunstancias”, como intenta hacer el resto en estas elecciones.

Potter, junto con el psicólogo e investigador sobre el discurso, Derek Edwards, trataron, en 1992, lo que llamaron el “dilema de la conveniencia”. ¿A Felipe González le conviene criticar a Pablo Iglesias? Quizás le convenga él el enfrentamiento al entrar en el terreno de lo personal, pero la vida de la gente no va a cambiar por mucho que, un admirado González, critique al líder de Podemos. Mientras, Pedro Sánchez, entiende que le conviene tener claro a su enemigo, Rajoy, y al enemigo de España, la derecha. Pero por gritar más alto no se van a ir antes del Gobierno. Ojo al street marketing de Callao, donde ha firmado un contrato con los ciudadanos subrayando quién es el enemigo y por qué él quiere ser “un presidente para la mayoría”. A Rajoy le conviene no hablar mucho para ganar tiempo, evitar ridículos y dirigirse sólo a su electorado, al fiel. Rivera sigue anclado en un discurso cosificador con pocas demostraciones y muchas condiciones: si gobierna «España no se negocia, no se toca y no se rompe». Sin embargo, el sexto día de campaña, los ciudadanos se le han revelado al saber que su programa deja en evidencia que quiere acabar con las penas por violencia de género.

Es más que evidente que, estos cuatros años de legislatura, quiénes más han gritado de muchas formas han sido los ciudadanos. Han gritado por la educación, por la sanidad, por la igualdad y la violencia machista. Hay gritos de desgarro, ansiedad y angustia que no hace falta escuchar, sólo basta con mirar a los ojos, como a la obra de Munch. Hay que sentir cuando se dice que se siente. Y a nuestros candidatos aún les falta gritar con el arte del convencimiento, la emoción y la honestidad para no parecer un cuadro.

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