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UNA vez más, parece que la dirección general de Coordinación de Moncloa ha fallado. Una comunicación política con brechas después de que Elena Salgado, ministra de Economía y Hacienda, negara las afirmaciones arrojadas por el ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho. Entre el 16% y el 20% del PIB se sitúa en España la economía sumergida, esas fueron las palabras que el responsable de trabajo comunicó el pasado 13 de enero. Las respuestas no se han hecho esperar: Salgado ha argumentado que sus cifras «no tienen ninguna base científica». Sin embargo, el primero en contestar fue el secretario de Estado y de Economía, José Manuel Campa, quien calificó de “osado” poner números concretos a ese porcentaje. Éste justificó su respuesta alegando la improbabilidad de hacer cuentas exactas en un momento en el que la economía en España está en un periodo de transformación y que no hay “estudios científicos buenos y fiables”.

Tres mensajes diferentes en menos de dos días lleva a una clara confusión y se acrecienta la falta de credibilidad. La estrategia en términos de comunicación económica debería ser simplificada por Moncloa en un momento en el que la sociedad está muy pendiente del vaciado de sus bolsillos y de su dignidad. Hay que tener en cuenta el público objetivo al que va dirigido el mensaje y hacerlo lo más sencillo posible ya que la información económica es, y parece que seguirá siendo, muy difícil de interpretar y no digamos si existen tres versiones de cifras macroeconómicas.

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Hoy, la agenda de los medios de comunicación la ha marcado la reunión que mantuvo ayer el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, con el recién estrenado como presidente de los Estados Unidos Barack Obama. Poco más de nueve semanas es lo que ha tardado el estadounidense en reunirse con el ejecutivo español. La cita, en Praga, donde se ha celebrado la Cumbre entre EEUU y la UE, no ha tenido desperdicio. Puede que aquí comience el asentamiento de unas bases sólidas para ampliar el campo de actuación en política internacional. Así lo cree Obama y por ello enalteció la figura del mandatario de la Moncloa: “Me alegra poder llamarle amigo”.

Estático. Así se mostró Zapatero junto a Obama cuando posaron para la prensa tras la reunión. Ahora bien, ¿alguien ha reparado en la corbata del líder español? Sus consejeros de comunicación (o él mismo) han elegido una granate acompañada de un traje oscuro. No obstante, estamos acostumbrados a ver a Zapatero con una corbata ancha, de nudo ancho, cortada por el mismo patrón que la que llevan casi todos los diputados del Congreso. Y he aquí que ayer era fina finísima, granate sí, como otras veces, pero estrecha y de nudo ancho. Nuestro anfitrión estadounidense la llevaba de color azul y al más puro estilo americano: ancha y de nudo estrecho. De este modo la ha empleado desde que comenzó su candidatura para las presidenciales.

Quizás, la corbata de lleven los líderes en las reuniones no tenga especial relevancia. Sin embargo, algunas féminas, y algunos interesados también, suelen percatarse de este detalle tan emblemático. Porque importante es, sobre todo en materia de comunicación política… 

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