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Puede ser correcto que cuando nos ponemos una máscara revelamos nuestra verdadera identidad, cuando decimos la verdad. Nos presentamos a nuestro interlocutor, que no nos ve, pero nos oye: no puede visualizar ni analizar los gestos de nuestro rostro, pero es capaz de oírnos. Y oye palabras llenas de sentido y coherencia.

Un discurso que también está en la Red, porque esa pantalla que tenemos delante del ordenador, también es una máscara. Y frente a nosotros, escrito, podemos encontrar un discurso que sale de lo más profundo de nuestro corazón, sentido, esculpido por las sensaciones y emociones de uno mismo. Palabras que no son más que una colección de golpes con el dedo sobre el teclado de nuestro ordenador. No son más que palabras esbozadas con las yemas de los dedos obedeciendo la señal más pura, si cabe, de nuestro sentir.

Verdadero o no, ese también es un discurso. La comunicación de este siglo da paso a nuevas formas y a nuevos interlocutores en el campo de la política. El atril se mudó de sitio, no está en las alturas por mucho que los políticos quieran sostenerlo anclado al suelo. Internet ofrece mucho más. Y la sociedad de hoy emite discursos que son escuchados por muchos ciudadanos de diversos países. Discursos que también deberían escuchar nuestros políticos porque en ellos están los mensajes clave de sus necesidades, de sus preocupaciones y de su llanto.

Porque, hasta el llanto, también podemos leerlo, escucharlo y verlo en la Red gracias al lenguaje, ya sea texto o vídeo. El llanto también forma parte del discurso. La sociedad habla. Ella es la que protagoniza el verdadero discurso del cambio. Y es la que es capaz de movilizarse y actuar. El motor que lo hace posible es su compromiso.

 

El cambio social

Manuel Castells, en su libro ‘Redes de indignación y esperanza’, dice:

“A lo largo de la historia, los movimientos sociales han sido, y siguen siendo, las palancas del cambio social. Normalmente surgen de una crisis en las condiciones de vida que hace que a la mayoría de la gente le resulte insoportable el día a día. Les mueve una profunda desconfianza en las instituciones políticas que gestionan la sociedad”

Es la sociedad la que, a través de internet y del manejo de las nuevas tecnologías de la información, está desarrollando una nueva estructura de movilización. Con su discurso, consiguen conectar y consiguen hacer ver al resto que hay que actuar. Estamos siendo testigos de discursos que tienen impactos inmediatos y que no sólo tienen un formato online. Algo que, a día de hoy, no consigue el discurso político.

Las palabras de la Red se trasladan a la calle, a los colegios y a las universidades, a los centros de investigación, a los hospitales, a las puertas de los bancos… La desafección política crece, la desconfianza aumenta y la credibilidad en el sistema se desvanece.

 

El mensaje claro del discurso

Las palabras del discurso del cambio tienen otro lenguaje, otro formato, una estructura diferente, combina varios géneros y las trasladan varios portavoces. También tiene muchos colores y diversos ritmos. Y también, desgraciadamente, tiene muertos, como los de Grecia, y también como los de España.

En nuestro país, el discurso de la educación se viste de verde, habla de apostar por la educación pública y de calidad. De la Red salta a la calle abrazando escuelas o dando clases universitarias al aire libre y sin calefacción, con los abrigos puestos y los guantes, igual que en la universidad, porque ya no llega ni para calefacción.

Este discurso no entiende de edades ni de sexos, tan pronto hay profesores como a niños, a padres y madres, hermanos, hermanas y abuelas… Este discurso del cambio entiende de derechos. Y el mensaje es claro: no a la privatización de la enseñanza.

Al discurso de la sanidad en España se ha apuntado Aretha Franklin, nada más y nada menos, y no sólo canta: también baila y se impone hasta al mismísimo Ignacio González. El colectivo sanitario que emite este discurso se hace llamar en Twitter #mareablanca o #huelgablanca porque así visten, así bailan y así cantan en huelga indefinida. Además, en este discurso repetido durante días, impera un nuevo elemento que parece escapárseles a los políticos: la negociación. Este también es un discurso del cambio que entiende de derechos. Y el mensaje es claro: no a la privatización de la sanidad.

Las movilizaciones sociales y las huelgas generales también saltan de la Red a la calle. Tampoco se diferencia por edades o sexo porque si nos introducimos dentro de la masa social en el momento oportuno y a la hora clave podemos encontrar a familias enteras, desde el abuelo hasta el último nieto. Lo único diferente de este discurso es el título. Podemos hablar del15M25S14N

Su significado es claro: el día y el mes en que se puede escuchar por toda la sociedad española. Sus protagonistas cantan y bailan al mismo tiempo que van caminando por las calles principales de sus ciudades. Bromean también, se ríen de la situación y hasta se atreven a ironizar. Reivindican lo que es suyo, ni más ni menos. Denuncian a los responsables políticos y económicos causantes de esta pesadilla que es la crisis. Enuncian su situación personal y económica: parados, desahuciados, mujeres que pierden su trabajo y sus derechos, estudiantes sin un futuro claro, investigadores huérfanos…

Y critican una gestión negativa que no parece detenerse. Gritan para que se les oiga bien: lo que tenemos hoy no es el cambio que ellos querían y que se les prometió. Les engañaron, y por eso no creen. Les arruinaron, y por eso no tienen esperanzas. Les echaron de sus casas, y por eso ya no sueñan. Si el discurso del cambio es un desnudo sin máscaras apostando por una verdad única, ellos se desnudan cada día ante sus representantes. Y el mensaje es claro: no a los recortes.

 

El ‘no’ de los héroes

El escritor Javier Cercas, en la presentación de su libro ‘Las leyes de la frontera’ el 18 de diciembre en La Central de Barcelona, dijo que los protagonistas de sus novelas son héroes porque saben decir no a tiempo. Eso dijo el escritor. Y que decir ‘sí’ era de villanos.

Y en eso estuve de acuerdo porque en eso creemos muchos asesores de comunicación, en ayudar a aquellos que quieren ser héroes o heroínas. Cuando acabó el acto, me acerqué a él y mientras me dedicaba el libro le pregunté : “¿Cuándo llegará la era de los héroes políticos? La calle hierve de héroes porque mientras ellos dicen ‘no’, los políticos en el Congreso dicen ‘sí’ “. Él me respondió: “Así es. Y el único que supo decir no fue Adolfo Suárez”.

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Publicado en Sesión De Control (7 de diciembre de 2012)

Frank Luntz decía que la palabra es poder y que cualquiera puede aprovechar el poder de las palabras para mejorar su propio destino. ¿Y para mejorar el destino de su propio país? En algunos casos se aprovecha. En otros, desgraciadamente, no. Todo depende del objetivo y el objetivo en muchas ocasiones, como también decía Luntz, es persuadir. Él decía que lo importante no es lo que decimos, sino lo que la gente entiende. Y cabría preguntarse, ¿qué ha entendido México después de las palabras de su presidente?

El discurso es un elemento más en comunicación, pero cargado de poder. Y eso Enrique Peña Nieto lo sabe. Su campaña no empezó del todo bien: un partido, el PRI, que no ganaba desde hace 12 años, ni ilusionaba, ni convencía a sus votantes, libros que Peña Nieto no lee y una estrategia mal enfocada, un discurso en las redes sociales desconcertante que obtiene más resultados en contra que a favor, entrevistas mal defendidas, y un movimiento, #yosoy132, que salió a la calle para evitar una campaña mediática a favor del candidato del PRI.

Pero todo cambió el pasado 1 de julio. Peña Nieto ganó las elecciones en México a pesar de los ataques de su rival López Obrador, quien lo acusa de irregularidades en la votación por un supuesto mercadeo de votos. Todo cambió el pasado julio cuando México decidió que quería una cara nueva, un nuevo rumbo y protagonismo en el mapa latinoamericano.

Palabras que mueven

México tiene hoy a un presidente joven, de 46 años, que se ha mostrado ante sus ciudadanos seguro y decidido de su reto. Peña Nieto se dirigió a su país el pasado 1 de diciembre cuando fue investido presidente. Lo hizo con un discurso para mover a México, con 13 medidas para impulsarlo. Un discurso en positivo marcado por palabras que incitan a la acción, donde primó la apuesta por la seguridad de México, las reformas para un verdadero cambio social y el crecimiento.

De eso habló Peña Nieto en un tono contundente, con voz firme y segura y algo que no podía faltar: la convicción. Los grandes problemas de México como la desigualdad social, la educación, los movimientos sociales… fueron mencionados también. ¿Atinó? Digamos que acertó en los temas que debía de tratar, en el momento y en el pedestal oportuno.

En política las formas son el fondo, como dice el asesor de comunicación Antoni Gutiérrez-Rubí. Y Peña Nieto quiso llegar al fondo a través de las formas también. Sus manos dicen casi todo y mucho. Las abre y las cierra cual salvador que impone al llegar para hacer de protector colectivo. Peña Nieto acierta en la altura de sus manos, algo que indica la intensidad del sentimiento que en ese mismo instante invade a la persona que emite el mensaje. Esa mano alzada al mismo tiempo que enuncia las palabras “leal y patrióticamente” proyectan mucho más que fuerza. Sus gestos y su rostro comunicaban casi más que sus palabras. Y acompañado de sí mismo, fue contundente al finalizar su discurso, aprovechando el famoso minuto de gloria: “Es tiempo de mover a México”.

El discurso de la calle

¿Qué entiende la gente de México? Por mucho que Peña Nieto gane unas elecciones y sus palabras inviten a la participación y la movilización, una vez más el traspaso de poder ha sido recibido e interpretado con tensión.  Es el otro discurso, el que casi no se ve pero se oye en el salón de plenos con abucheos y gritos tanto a favor como en contra del presidente que sale, Calderón, y del que entra, Peña Nieto. Y cómo no, el discurso que protagonizan los jóvenes en las calles para protestar.

Ese discurso es el de la pobreza y la desigualdad, el de los miles de muertos que ya no podrán manifestarse porque la violencia jugó su papel para robarles la vida. El discurso que surgió a las afueras del Congreso mientras Peña Nieto tomaba posesión, tiene tanta fuerza o más que las del presidente. Son los protagonistas de la lucha por un cambio que no reconoce a Peña Nieto como presidente. Ellos son también los que se mueven, los que se manifiestan. Y los que también reciben su mensaje e interpretan sus palabras.

“México exige vivir en paz”. Estas fueron las palabras que dijo Peña Nieto también en su discurso. Palabras cargadas de poder, como decía Luntz. Pero palabras cargadas de poder ¿para qué? ¿Para mejorar su propio destino o el de su país? Después de seis años conoceremos el verdadero significado de esas palabras que no será otra cosa que lo que la gente ha entendido…

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20 de octubre de 2012. Día de reflexión. Mañana, un día decisivo para el País Vasco y Galicia. O eso pensamos. Pero no. Mañana es un día también que esperamos muchos españoles. Será el aplauso en respuesta de lo que tenemos o la reivindicación hacia un nuevo rumbo donde otra política sea posible. “Mira cómo está el país y Rajoy dando mítines. ¿Cómo es posible que le quede tiempo para dar charlas cuando estamos como estamos?” Esas han sido las palabras que he escuchado esta mañana de boca de un hombre de poco más de 70 años en Castilla La Mancha. Escuchar. En las conversaciones de la ciudadanía está la respuesta. Y nuestros políticos siguen alejados de lo que ocurre, de lo que les pasa a las personas de a pie. Siguen fuera de los talleres de mecánica, de las fruterías, de las peluquerías, de las empresas de servicio y transporte. Siguen alejados de los autónomos y de los currantes que se levantan a las 5 de la mañana cada día para después no poder ni permitirles un capricho a sus hijos. También siguen alejados de los parados, y de los estudiantes, cómo no. Y siguen alejados de los profesores de Universidad que con varias carreras, másteres en EEUU y doctorados británicos siguen cobrando 1000 euros mensuales. El que llegue, claro. Seguimos dando charlas con palabras vacías de contenido y de compromiso. Elecciones marcadas por modelos con los cuales ya no nos identificamos. Porque los que sí mandan, siguen sin saber qué ocurre. Y porque a pesar de existir alrededor de 80.000 cargos públicos donde la mayoría nada tiene que ver con la corrupción, esa gran mayoría sigue sin saber qué hacer sin saber hacer posición y oposición, políticos perdidos a pesar de llevar razón y trabajar por mejorar la situación de su territorio y su país. Siguen sin entender lo que significa bajar a la plaza, al mercado, al bar a tomarse un café de algo más de un euro. Siguen sin escuchar la Red. Siguen ajenos a la realidad por falta de un plan que los empuje a la construcción de un nuevo paradigma basado en la CONFIANZA, en la VERDAD y en la TRANSPARENCIA, en la CREDIBILIDAD. Pero, sobre todo, en la CONSTRUCCIÓN de un modelo de participación basado en la escucha de aquellos a quiénes representan.

Mañana será el aplauso en respuesta de lo que tenemos o la reivindicación hacia un nuevo rumbo donde otra política sea posible. Dejemos las palabras vacías que la gente no entiende y vayamos a las acciones a favor de un bien común que 1) todos entendamos y 2) que todos agradeceremos.

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