Your address will show here +12 34 56 78

 

“(…)  solo un ciudadano bien informado de los asuntos públicos puede comprometerse con el desarrollo político y social de su país. Sólo un gobierno radicalmente transparente puede ofrecer a los ciudadanos suficientes datos de su gestión como para  que estos puedan opinar y participar con conocimiento de causa y criterio”.

 

ESTAS son las palabras que César Calderón escribió en el libro Otro Gobierno. Unas palabras cada vez más presentes en los ciudadanos de éste país aunque jamás hayan leído este libro ni esta cita en ningún lugar.

Así es, no es lo mismo seguridad que soberbia. Y aunque Soraya Sáenz de Santamaría quiera proyectar seguridad en sus palabras, lo que interpreta la sociedad es una soberbia grandilocuente. Un liderazgo con apetito a más para que sus palabras no sean pisadas. Hoy la veíamos en el Congreso responder con soberbia. Un Gobierno “que informa y reforma, pero, sobre todo, dice la verdad”. Ole. Eso ha respondido al banco de la oposición. Y lo ha dicho con soberbia a pesar de que la prima de riesgo esté en los más de 530 puntos, a pesar de que negó saber la cuantía que el Estado pagará por el banco de los populares y se supiera horas más tarde, a pesar de que callan a Ordoñéz cuando quiere hablar de Bankia, a pesar de que el mismísimo presidente, Mariano Rajoy, haya reconocido los errores de comunicación en su Gobierno…

Soraya tiene apetito y lo muestra ante una sociedad con más apetito aún, pero de hambre, no de poder. La seguridad confidente a Soraya le viene pequeña últimamente al dar la noticia cada viernes de dolores, algo que no controla ni en el tono de su voz, ni en la proyección de su propia imagen. Quién sí se muestra segura es la sociedad. Segura de lo que quiere, segura de que cada vez más va quedando un poco menos. A pesar de que hayamos dejado de soñar, tal como reconocía ayer la filósofa Adela Cortina.

Atrás quedó la Soraya luchadora por el sueño, la joven política con carrera brillante, con un compromiso social y madre primeriza. Su papel en estos tiempos lo está jugando con la soberbia que no le corresponde y no le ha de pertenecer. Y de negro. Sólo la crisis puede reconvertir su comportamiento. Pero en ella está el identificar lo que es la seguridad para afrontar el gravísimo problema que padecemos, o elegir el comerse son soberbia hasta a sus propios electores.

7

EL presidente del Gobierno español cree que ya ha hecho sus deberes. Deja la pelota en el tejado europeo. Pero Europa no le dice ni sí ni no, mantiene la respuesta en una incertidumbre estática cual padre que quiere que responda la madre ante la petición atrevida del niño chico.

¿Mariano Rajoy habla con Rubalcaba? Un Rubalcaba que espera pactos y que está haciendo bien sus deberes aunque no hable mucho en clase y pase más bien desapercibido. Dos líderes que dicen mantener el contacto a pesar de que ninguno tiene el número de móvil del otro, tal y como aseguró el líder de los socialistas en la última entrevista en la cadena SER. Raro, pero cierto, aunque según asegura el socialista, esto no suponga ningún inconveniente.

Ayer, Rajoy ofreció un discurso de altura física, mientras que Hollande emitió un discurso de altura política. Ahí quedo la fotografía. Y ahí quedó la diferencia entre ambos a pesar de que sea también ideológica. Al menos, lo que sí quedó fue esa aproximación que tranquiliza.

Del discurso de la austeridad hemos pasado al discurso del crecimiento. Eso es lo que estamos oyendo estos dos últimos días después del batacazo con los datos de la prima de riesgo, y de un banco, Bankia, que ha pedido ayuda a voces hasta que sus cuerdas vocales han dicho basta.  Falta de credibilidad en cuanto a la sostenibilidad de nuestro sistema financiero, falta de mensajes positivos oportunos en cuanto a las posibilidades de España para salir de la crisis, falta de coherencia política entre la Ejecutiva española y una marca España que decrece y decrece…

No hay fiabilidad, no hay fidelidad, no existe la credibilidad. La sociedad continua solicitando su derecho de ser escuchada: crisis social también. No hay presidente que baje a la plaza. Faltan mensajes y falta un discurso creíble a pesar de que se quiera dar un giro hacia lo positivo. Para dar ese giro, tiene que darse el contexto y demostrarlo.

El discurso, sigue sin convencer a España. Y sigue sin convencer a Europa.

7

Según la RAE (Real Academía de la Lengua), este el significado de las siguientes palabras:

  • Cambio: 1. m. Acción y efecto de cambiar. 2. m. Dinero fraccionario de billetes o monedas de mayor valor.
  • Relevo: 1. m. Acción y efecto de reemplazar a una persona con otra en cualquier empleo, cargo, actividad, etc.
  • Impopular: 1. adj. Que no es grato al pueblo o a una parte importante de él.
  • Fidelidad: 1. f. Lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona. 2. f. Puntualidad, exactitud en la ejecución de algo.

SABEMOS que Javier Arenas suele ganar en los sondeos. Lo que no está tan claro es que suela ganar en las urnas. De ahí a que su coletilla sea: “No me fío del color de la orina del enfermo”.

Según las encuestas lanzadas por los medios de comunicación en el ecuador de la campaña andaluza, el PP se haría con el poder rompiendo ese matrimonio histórico de 30 años que guardaba con celo el PSOE. Y una vez Arenas en el poder, candidato que ya ha perdido en tres ocasiones, sería la tercera victoria de los populares en menos de un año… Ahora bien, ¿ganarían por méritos propios? ¿Ganarían por éxitos conseguidos? ¿Ganarían por valientes, por retos y objetivos conquistados?

En este sentido, la respuesta es no. La estrategia del silencio empleada desde las elecciones autonómicas y municipales del 22 de Mayo (22M) del pasado año continúa hasta el último momento. Y esto les ha llevado a tener dos grandes victorias electorales, la última, la del 20N, donde Mariano Rajoy se hizo con el poder más absoluto, a pesar de haber perdido las dos campañas anteriores contra José Luis Rodríguez Zapatero (2004 y 2008). Victorias que han sido una oportunidad por dos factores principalmente: una crisis económica que merma el ánimo generando desconfianza y descrédito por las consecuencias durante los últimos años (31% de paro anda menos); y por algo tan fundamental como los errores del contrario (gestión, ERE). Así es, los errores del PSOE. Y por esos errores, otro partido político puede ganar.

El líder socialista, José Antonio Griñán, intenta por todos los medios movilizar a ese 25%, más de medio millón de indecisos. Y lo hace no pidiendo el voto, sino directamente apelando tal verbo: “movilizaos, movilizaos”. Mientras que el PP de Arenas pide cambio (y esperemos que no se refieran a las segunda acepción que la RAE da a esta palabra), el 52% de los que votaron a los socialistas en 2008, según Metroscopia, quieren el relevo. Pero cuidado, porque cambio no es lo mismo que relevo emanado de actores diferentes.

Y si Arenas quiere al votante desencantado con el PSOE, y por tanto captar la atención de este 52%, Diego Valderas, el líder de IU, quiere al votante socialista avergonzado. Pero Griñán, siempre querrá ir a por el indeciso dejándose la piel y su aliento hasta que su relato a favor de la herencia les ametralle los tímpanos emocionales que hace calar directamente en el corazón de cada uno de los andaluces en esa misma situación.

Y a pesar de la llamada impopular gestión del nuevo presidente de España, el PP en Andalucía se haría con un nuevo liderato porque el 76% de quienes votaron a Arenas en 2008 volvería a repetir. Un comportamiento de fidelidad mutua, algo que no caracteriza al votante de izquierdas en ninguna de sus vertientes en España.

El PP ha apostado por “el cambio andaluz” en su lema: corto, contundente y sencillo. El PSOE prefirió “Andalucía, por el camino seguro”, pero no se identifica con la gestión de los últimos años ya que la crisis y el fondo de reptiles para pagar prejubilaciones a trabajadores, es decir, la horquilla de la corrupción por el tema de los ERE, es la mayor factura que pagará Griñán a pesar de que fue el último que cerró la puerta al entrar y, según Felipe González, no se pilló ningún dedo (minuto 13:13 del vídeo). Quizás por eso siga manteniendo el color verde en su cartelería, de esperanza y de Andalucía, combinándolo con el rojo del socialismo, para que nadie vea que la identidad está perdida. Todo lo contrario que Arenas, que mantiene el azul nacional, ese mismo que llevó a Rajoy hasta La Moncloa el pasado mes de noviembre: identidad también, pero con el partido que gobierna España.

Aún así, tanto si gana Arenas, como si gana Griñán (con la vaga hipótesis de formar tripartido e incluso cuarteto), según el sondeo de El Mundo-Sigma Dos, Andalucía estará gobernada por líderes que suspenden: Arenas 4,82; Griñán 4,74. A partir de aquí cabe preguntarse, ¿cuál es el verdadero cambio o relevo que debería producirse en esta tierra?

7

POSTS ANTERIORESPágina 5 de 19POSTS SIGUIENTES