Your address will show here +12 34 56 78

Editorial publicado en AdQat (05.08.2012)

Los discursos son un arte llevado a cabo por cinceladores de palabras. La herramienta que toma con forma moldeadora la palabra. Palabras cuya composición va cambiando a lo largo del tiempo. Las palabras marcan el rumbo de la historia. Las palabras nos llevan a la paz o a la guerra. Nos engrandecen o nos debilitan según el contexto y el quién las emita. Las palabras nos hacen sentir mejor o peores personas, nos anima o nos hunden.

En España, ya son varios años de discursos negativos provocados por esta crisis económica que nos angustia. Una crisis económica mal llevada a los medios de comunicación, y peor interpretada por los políticos que gobiernan este país. El actual gobernante español, Mariano Rajoy, decidió no comunicar. Decidió leer cuando cree que ha de salir. Y decidió no acudir a las tierras devastadas por el fuego, este recién estrenado verano, o por la crisis económica que nos aplaca. Prefiere salir en pocas fotos, pero todas llenas de felicidad, como el recién campeón de Europa de fútbol, o con el equipo olímpico que marcha para Londres. Hemos pasado de no decir nada a fotografiarnos con los mejores para proyectar imágenes positivas irreales. Y en lo social, hemos pasado de la incertidumbre al miedo. Eso es lo que provocan las palabras o lo que provoca instaurar una estrategia del silencio demasiado larga…

Hablamos de palabras. Y de palabras negativas en el lenguaje de hoy. El lenguaje de la crisis es este: un lenguaje de desánimo. Son palabras que dan como resultado lo que denominé la fórmula I + D + i: Incertidumbre, Desconfianza e Incoherencia. Y mientras esto sucede, en el Congreso de los Diputados, se oyen las palabras “que se jodande boca de una diputada del PP, Andrea Fabra, hija del también político Carlos Fabra. ¿“Que se jodan” quiénes?

¿Los parados? ¿El PSOE? Da igual. Que se jodan mientras Mariano Rajoy emite un discurso llano, plano, sin ritmo y sin estilo, sin palabras de esperanza o de ánimo, sin temblarle la voz al anunciar más recortes, los que más duelen en los bolsillos de los más débiles: la mayoría de la sociedad española. Lo peor no es lo mejor, aunque el presidente lo aconseje a este país asfixiado. Y cuanto más se sufra, tampoco será mejor para nuestro futuro, como el presidente trata de convencernos. Pide a los españoles que sufran más para estar mejor en un futuro. Pero… ¿qué futuro?

En este sentido, me gustaría aludir a los pasados años 30, que supusieron un antes y un después en la política española. La mujer no toma riendas, pero sí solicita una presencia en lo público donde antes sólo existían lavadoras y cambios de pañales. Los investigadores aseguran que los conflictos bélicos fomentaron la igualdad entre hombres y mujeres, pero también el protagonismo de la mujer en la vida política.

A lo largo de estos años 30, se crearon agrupaciones de mujeres y feministas, comités nacionales y las corrientes dentro de los partidos. Frente a la amenaza del fascismo, empiezan a surgir de manera más repetida palabras como “paz” y “libertad”. Ese fue el origen de la “guerra en defensa de la democracia”. El “pacifismo realista” no perseguía otra cosa que derrotar al fascismo para conseguir la paz duradera. La Agrupación de Mujeres Antifascistas desarrolló un discurso militarista con un fin concreto: garantizar la paz. ¿Es una incongruencia? Quizás no en el momento en el que estaban jugando la partida: el momento de los fascismos.

A Andrea Fabra se la ha acusado de reírse de los parados o de la oposición, pero sobre todo se la ha acusado por el lenguaje escogido en el lugar que menos correspondía en un momento en el que el discurso español está en crisis.  Las palabras militaristas, bélicas, negativas u ofensivas no funcionarán ahora.

Los mensajes que emiten nuestros políticos queda lejos de los intereses de los ciudadanos, lejos de la política que dicen representar, lejos del respeto que se les debe tener. Hay políticos que no defienden, imponen; que no presentan seguridad frente a lo que creen, sino una soberbia desmesurada que roza la enfermedad del “sobrepoder”. Como subraya el asesor de comunicación política, Antoni Gutiérrez-Rubí, la información es de la gente, no de los políticos. Por tanto, tratémosla como tal y emitamos el mensaje correcto al receptor adecuado.

Los discursos en plena crisis económica no suenan honestos, ni humildes, ni cercanos. No proyectan confianza en los ciudadanos, ni en la prensa, ni en Europa, ni en el mundo. Estamos ante una crisis de discurso, una crisis de palabra porque se malinterpreta la información, se maquillan los conceptos y se prefiere evitar a los principales receptores del mensaje. Hay millones de personas en España que han perdido toda la confianza en sus voces. En las de los políticos. No creen. No quieren creer. Siguen esperando ese mañana eterno donde las palabras suenen con el verdadero poder de lo que realmente son: palabras. Que no mentiras.

 

17

PARA España, los años 30 supusieron un antes y un después en la política. La mujer no toma riendas, pero sí solicita una presencia en lo público donde antes sólo existían lavadoras y cambios de pañales. Puede que los conflictos bélicos hayan fomentado la igualdad entre las relaciones de género –como aseguran muchos investigadores– y, sobre todo, el protagonismo de la mujer en la política.

A lo largo de los años 30 era común la movilización, la creación de agrupaciones de mujeres y feministas, comités nacionales y las corrientes dentro de los partidos. Frente a la amenaza del fascismo, empiezan a surgir de manera más repetida palabras como “paz” y “libertad”. Ese fue el origen de la “guerra en defensa de la democracia”. El “pacifismo realista” no perseguía otra cosa que derrotar al fascismo para conseguir la paz duradera.

Después de escuchar a Andrea Fabra ese “que se jodan” en el Congreso de los Diputados, cabe analizar varios elementos: el tono, el momento, el lugar y la audiencia. ¿Cuánto no ha costado a la mujer luchar porque existiese una diputada en el Congreso? Y la siguiente pregunta, ¿por qué ese lenguaje de jerga tan vulgar y tan impropio de una mujer diferencial –como así se sienten ellos- de un Gobierno que ejecuta con mayoría absoluta? ¿Y por qué muestra tan poca profesionalidad en tamaña cámara y cuando los políticos suponen el tercer problema de los españoles? Andrea Fabra ha decidido seguir al pie de la letra la nueva fórmula popular del I +D + i: Incertidumbre, Desconfianza e Incoherencia.

Han pasado más de 80 años desde que la mujer pudo ser escuchada, desde que intentaba luchar por iniciativas que cambiasen el rumbo de nuestra historia. Lideraron una época, tremenda época. Pero cabe destacar que la Agrupación de Mujeres Antifascistas desarrolló un discurso militarista con un fin concreto: garantizar la paz. ¿Es una incongruencia? Quizás no en el momento en el que estaban jugando la partida: el momento de los fascismos.

Lejos de reírse de los parados o de la oposición, la mujer a lo largo de estos años combatió con el arma de su lenguaje para que aumentara la presencia de candidatas en las listas republicanas, para que pusieran más confianza en ellas y en su posición. Muchas lucharon, claro que sí. “Los hombres combaten en los campos, las mujeres debemos combatir en la ciudad”, aseguraba Victoria Kent.

Ochenta años más tarde, muchas mujeres nos echamos las manos a la cabeza al escuchar a otras mujeres, al ver que lo que representan queda lejos de los interesen de los ciudadanos, lejos de la política que dicen representar, lejos del respeto que se les debe tener. Hay mujeres que no defienden, imponen, que no presentan seguridad frente a lo que creen, sino una soberbia desmesurada que roza la enfermedad del “sobrepoder”.

Ese “que se jodan” se ha oído en la cámara baja porque hubo mujeres que lucharon por la presencia del género femenino en la vida pública. Ese “que se jodan” no suena honesto, ni humilde. Hoy son otras quiénes manchan ese derecho con comportamientos indebidos. El siguiente paso es que mujeres y hombres practiquen el buen ejercicio de la Política dentro de las paredes de esa cámara. Hay millones de personas en España que han perdido toda la confianza y cualquier atisbo de sinceridad en sus voces. Siguen esperando ese mañana eterno…

 

 

11

EL significado de las sigilas I + D ha cambiado en los tiempos que corren. La Investigación y el Desarrollo dan paso a una nueva fórmula que ha surgido como resultado de una mala gestión del poder otorgado el nuevo Gobierno popular que entró el pasado 20N a priori con ansias de cambio, pero  en realidad eran ansias de poder. I + D significa ahora Incertidumbre y Desconfianza. E  I + D + i significan Incertidumbre, Desconfianza e Incoherencia. Esta es la nueva fórmula del Gobierno. Una fórmula asentada ya en la sociedad. Una incertidumbre que nos lleva a la desconfianza, y de ahí al miedo de lo que pueda suceder en un futuro. Incoherencia, que no Innovación. Y el miedo se resuelve con coraje, según el doctor Mario Alonso Puig… Pero… ¿dónde está nuestro coraje? ¿Nos han hecho perderlo?

La estrategia que ha elegido el Ejecutivo en materia de comunicación no está siendo la más adecuada, y lo saben, lo han reconocido: es totalmente Incoherente. Aún así, ellos siguen. El silencio como estrategia política tiene fecha de caducidad, tiene inicio y tiene fin. Y el fin pasa por terminar, por poner como objetivo la analfabetización ciudadana. No por ser más ignorantes vamos a ser mejores ciudadanos ante un Gobierno que oculta, que despista, que asiente y que evita.

De todo ello hablé con José Luis Sanchís y con Rafael Muñiz el pasado viernes en Diario Financiero, en la tertulia de Carlos Reus en Gestiona Radio. Y así anuncié la nueva fórmula. Aplausos y críticas se llevaron algunos ministros, pero sobre todo comentarios, pistas que deberían hacerlas suyas para ir hacia un camino donde no se olvida una parte primordial: la gente. Porque… ¿dónde está la gente en la gestión del Gobierno? ¿Y en su comunicación? Hacen oídos sordos a lo que ocurre fuera, y cometen errores de principiante al no escuchar. En esa escucha está la clave, está el secreto y el éxito de una buena estrategia de comunicación.

¿El primer paso? Empezar a reducir la fórmula I + D + i: Incertidumbre, Desconfianza e Incoherencia. Empezar a gobernar y a comunicar para los que la sienten y la padecen.

 

12