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Publicado en El País, blog Mujeres, el 08 de Marzo de 2015

La historia de las mujeres se escribe con el tinte de la valentía. Sólo con esfuerzo y aliento se puede seguir escribiendo, letra a letra, paso a paso. Y en cada espacio de cada párrafo pararse a coger aliento. Porque sólo escribiendo, incluso, se puede llegar a hacer historia. Sin embargo, hay muchas mujeres que no quieren hacer historia, tan sólo quieren seguir siendo lo que son, mujeres. Pero mujeres en igualdad de derechos y oportunidades. Mujeres parte de una sociedad que las necesita, porque sin la mujer no sería sociedad. Porque el futuro como el presente es con las mujeres. Y con las mujeres ha sido siempre, pero con la diferencia del reconocimiento merecido. Queremos ser mujeres sin ser las primeras víctimas de una crisis. Queremos ser mujeres con un salario equitativo al del hombre. Queremos ser mujeres en igualdad de condiciones y oportunidades. Queremos ser mujeres sin machismo ni violencia. Queremos ser mujeres valientes y seguras. Queremos seguir siendo lo que somos, mujeres. Mujeres con roles indispensables, mujeres libres, mujeres capaces, mujeres. No queremos ser más, no se confundan. Queremos construir, junto a los hombres, un futuro mejor para nuestras familias, para las sociedades, para nosotros mismos. Queremos lo justo, lo indispensable, la mitad de todo. Queremos, sencillamente, crecer y crecer juntos, todos. Y ser felices, como decía Pepe Mújica, ser felices.

Qué curioso. Algo aparentemente tan sencillo todavía es una brecha internacional. El mundo avanza, sí, pero muy despacio. Y aunque todo el mundo sea consciente de ello, todavía el Día Internacional de la Mujer sigue siendo una fecha del calendario ineludible donde ONU Mujeres pone el acento especialmente. Este año se hace un firme llamado a la Campaña de Beijing+20: “Empoderando a las mujeres, empoderando a la humanidad: ¡imagínalo!”. ¿Cómo sería un planeta 50-50 en 2030? No lo sabemos, pero sería el deseable no en 2030, aunque se marque una fecha, sino ahora, ya. Y aunque sabemos que el camino es complicado, alguien tuvo que andarlo primero. Nada de lo que ahora tenemos hubiese sido posible sin la inspiración y los pasos marcados de otras muchas mujeres que dijeron “no”, a tiempo, para empezar a marcar el sendero de la justicia. No a seguir siendo sumisas. No a la desigualdad. No a sólo aceptar. No a la violencia machista. No a cobrar un salario desigual. No a ser simplemente ayudantes. No a ser inferior. No a ser débil. Decir no, a tiempo, es empezar a decir sí a todo lo demás. Decir no, a tiempo, es empezar a ser heroínas y héroes de un tiempo presente para construir más y mejores sociedades: la del conocimiento, la de la igualdad, la de la educación, la de la sanidad, la de la política, la de todos.

Y alcanzar ese 50-50 sólo depende de nosotros mismos, de desearlo, de creer que se puede y se debe hacer. Inspirarse en otras mujeres es el primer paso porque como decía Marie Curie, “en la vida no hay nada que temer, sólo que entender”. Entendamos, comprendamos, escuchemos. Y hagamos. Además, sabemos, porque nos lo dijo bien Soledad Gallego Díaz, que “para combatir el antisemitismo no hace falta ser judío, como para luchar contra el racismo no hace falta ser negro. Lamentablemente, a veces, parece que para combatir la discriminación de la mujer hace falta ser mujer”. Pero esta batalla hacia el 50-50 no es sólo de mujeres, es una batalla social, donde debemos participar todos y todas. “Luchar en defensa de los derechos de las mujeres es luchar por los derechos de todos nosotros”, escribió un día Miguel Focart. Un hombre, sí, feminista. Gracias. Quien crea que esto es únicamente tarea nuestra se equivoca. Podremos ser heroínas, pero no de un mundo paralelo al real.

Yo, como Emma Goldman, si no puedo bailar, no quiero estar en esta revolución. Quiero bailar y quiero ganar la revolución. Y, ojo, Rigoberta Menchú lo tenía claro: “una mujer con imaginación es una mujer que no sólo sabe proyectar la vida de una familia, la de una sociedad, sino también el futuro de un milenio”. ¿Te animas? Puede que estemos “tan condicionados por los valores masculinos, que hemos cometido el error de emularlos al precio de nuestro propio feminismo”, como advertía Petra Karin Kelly, pero siempre estamos a tiempo de aprender de los errores y de reconducir nuestros propios objetivos. Una bala quiso destrozar a Malala Yousafzai el habla y su sonrisa. Los pecados que cometió fueron dos: ser mujer y querer ir a la escuela. “Nada ha cambiado en mi vida excepto esto” –dijo- “la debilidad, el miedo y la falta de esperanza murieron. La fuerza, el poder y el ánimo nacieron”.

¿Cuántas mujeres no sienten debilidad y miedo hacia sus maltratadores? ¿Cuántas no sienten falta de esperanza ante a las oportunidades que no llegan, ante a la discriminación, ante a la desigualdad? Recuerden también las palabas de Malala: “un niño, un maestro, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo. La educación es la única solución”.

¿Saben? La educación es el primer paso hacia la igualdad. Los parches mal puestos de mala calidad por hombres para acallar las demandas de las mujeres son pasos hacia sus propios intereses, es decir, hacia ninguna parte.

Un maestro puede enseñar a un niño con un libro y un lápiz a escribir la historia de las mujeres, la de la humanidad. Y esa historia titulada “Igualdad» puede cambiar el mundo.

 

 

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Publicado en El País, blog Mujeres, el 14 de octubre de 2014 como «Lo que comunica Malala»

Un blog. Comunicar para muchos puede ser tan sólo una palabra, para otros un verbo que implica una gran profesión, para otros una oportunidad apenas sin merecerla. Esa es la verdad. Sin embargo, parece que en el caso de la paquistaní Malala Yousafzai es un don además de ser el único clavo ardiendo al que tuvo que agarrarse cuando todo empezó a torcerse, el único clavo al que agarrarse como método de protesta y dar a conocer fuera de las fronteras de un colegio o un autobús escolar lo que ocurría en su país y lo que les ocurría a mujeres, niños… bajo las zarpas talibanes. Con tan sólo 11 años, abrió un blog en la BBC y escribía en urdu, y lo hizo en el momento de máxima tensión en su país arropada tan sólo por la sombra del terrorUna bala quiso destrozarle el habla y la sonrisa, dos elementos imprescindibles para la comunicación, pero no lo permitió. Hoy su voz se oye más que nunca y su sonrisa es capaz de contagiar a un mundo con sed de paz y justicia.

Bastón inspirador. Malala es mujer, sí, y viene de un país que es Paquistán. Una mujer niña, porque en algún resquicio tiene que quedar algo de la niña que un día fue. Pero, ¿saben? Tuvo y sigue teniendo un gran apoyo. Y un apoyo masculino: su padre, compañero de viaje, de lucha, compañero de causa justa. Su padre inspirador, como ella lo llama. Su padre el sostén, el mismo que creyó que una niña podría cambiar el rumo de la historia de su país o que podría ser escuchada a través de las balas que atormentan a un pueblo. Su padre creyó en su palabra, en el volumen que podía alcanzar su voz.

Un libro. Y soñar también es parte de la comunicación. Y Malala soñaba, deseaba ser vampira cuando leía Crepúsculo. Crepúsculo, un libro como recurso para imaginarnos qué quería ser Malala. Y, después, ella misma dio nacimiento a un libro para contar su historia: “Yo soy Malala”. Pero aunque la imaginemos siendo una vampira, sabemos que quiere ser política, ahora sí, ahora cuando ya no puede dar un paso atrás y ha quedado atrapada en la red de la responsabilidad. Porque sabe que lo que se puede llegar a pensar, se puede hacer. Y ese hacer conlleva cambios inimaginables.

Un sueño y un mensaje. Pero ella no sólo quiere ser política. Le ha revelado a la gran Rosa Montero que quiere ser líder social. Ella entiende con esta afirmación que los políticos de hoy quizás hayan olvidado ser líderes sociales. O quizás tan sólo sea que Malala entienda que un político es gestor y sólo gestor. Pero con su contundencia está haciendo también un reclamo: políticos del hoy y del mañana, hay que ser líderes sociales, ¿qué si no es un político? Malala os da tres ideas para ser líderes sociales (o mejores políticos): i) haced que la educación sea la base del cambio. Educación como arquetipo de todas las desigualdades posibles, de un paso más en la cultura de una nueva actitud. Los parches no sirven para apostar por la desigualdad. Los parches son, al fin y al cabo, el objeto de tapadera ante cualquier problema que no se sabe o no se quiere resolver. ii) El verdadero poder está en la educación y el conocimiento, el verdadero poder es aquel que encierra un lápiz y un libro, dice Malala. Y, por último, iii) ella emplearía como escudo la unidad del pueblo.

Un discurso. Aquel 12 de julio de 2013, cuando pronunció su discurso en las Naciones Unidas, Malala no tenía el mejor escenario, o no era el mejor para una niña. Tras de sí, los dibujos infantiles, los parques y los niños desaparecieron para dar lugar a una colección de corbatas desconocidas para ella. Aquel no era el lugar para una niña, pero sí era el lugar en el que ella debía estar. Ese día, sí. Sus palabras son balas de paz llenas de mensajes que movilizan, una activista que da la vida perdonando a quienes la dispararon en pos de una causa: la educación para las mujeres, para los niños, para todos como motor del cambio. Apenas lee, se dirige a su audiencia a los ojos, los mira a los ojos, desde sus ojos, para sus ojos, desde aquel en el que le dispararon. Para ella lo importante es su audiencia, mirar a su audiencia, conectar con ella, que sientan lo que ella siente. Su voz es contundente, cada frase es corta y clara. No da lugar a dudas. Y sus manos acompañan y subrayan cada mensaje de una manera tan natural que es imposible no seguir con la mirada el ritmo de sus gestos.

Malala puede ser lo que quiera ser porque no interpreta, siente. No dice, reclama. No sólo comunica, alza su voz al mundo. Malala se ha convertido en la persona más joven con un premio Nobel de la Paz a sus 17 años porque desde su niñez comprendió el poder del activismo, el poder de la palabra y el de la comunicación. Porque nos transmite su convicción de que un grupo de personas comprometidas puede cambiar el mundo.

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TENÍA muchísimas ganas de que este número de Campaigns & Elections viera la luz. Desde que le propuse a Israel Navarro la idea. Hemos creído que un número específico que hablase sobre la mujer en política era necesario. De modo que millones de gracias a todos los colaboradores que lo habéis hecho posible.

En este número, contribuyo con un artículo que para mí es muy especial porque es mi campo de investigación en el doctorado. Espero que lo disfrutéis tanto como disfruto yo aprendiendo del pasado para intentar que nuestro presente sea un poquito mejor…

 

Mujeres que sangran

España: el ciclo triangular de la mujer en política

La historia de la mujer en la política española tiene tintes de sangre, dolor y guerra. Estudiar las décadas desde los años 30 a los 50 es tarea para aquellos que quieran meterse en la piel de muchas mujeres que arriesgaron su vida y su persona para lograr un sueño del que hoy disfrutamos otras. Daba igual la ideología o el color del traje de guerra. La muerte, la amenaza y la persecución estaba grabada en los ojos de las mujeres españolas.

A partir de la II República, pasando por la Guerra Civil y, posteriormente, hacia un nuevo cambio en posguerra, el papel de la mujer ha ido tomando diversas formas en función de la época por la que se atravesaba. Más de dos décadas en donde la mujer se ha hecho especialmente fuerte a nivel político. La mujer guerrillera, la mujer política, la mujer reivindicativa, libertaria, gestora, líder… Cada una de ellas ha ido evolucionando, madurando en su versión más política y, cómo no, en función del contexto. Pero también han cambiado sus inquietudes, su función como mujer y su aceptación social.

II República

En España, el papel de Clara Campoamor tuvo connotaciones muy importantes. Sin su lucha en el Partido Radical, sin su presencia, el voto femenino no hubiese sido como fue y no hubiese sido cuando fue. No fue fácil en plena II República española discutir con diputados acerca de la escasa lucidez que puede llegar a tener una mujer en pleno periodo menstrual. Absurdeces que no hacían más que debilitar un periodo republicano que tiene mucho que ver con decisiones que se tomaron muy modernas y progresistas para la época. “La transformación de España, despacito”, decía Clara. Había muchos seres de corbata en contra del voto femenino. Y alguna mujer que ocupaba escaño también, como la socialista Margarita Nelken, quien creía que no era el mejor momento como para que la mujer votara, y suponía un peligro para el régimen político que se vivía.

El discurso, la iconografía y el liderazgo de la mujer en la vida pública pasaba por una necesidad imperiosa de su presencia en la sociedad. El primer paso que debían superar era el de la barrera de la desigualdad en la educación. Gracias al aumento de los Estados Liberales a lo largo del siglo XIX, la educación pública creció de la mano de la burguesía. Y con ello un debate discriminatorio sobre el cual se asentaba el argumento de que la educación para la mujer podía ser perjudicial. La decisión contraria imperó finalmente, pero asentada bajo un concepto totalmente machista: educación para que la mujer pudiera ejercer bien su trabajo de esposa y madre. Las mujeres, no sin esfuerzo, supieron aprovechar bien ese acceso a la educación. En el año 1900, una mujer estudiaba por cada 15.000 hombres. Entre los años 1919 y 1920 ascendió al 2%. Y poco a poco fueron accediendo a los estudios superiores. Aunque otro factor más las discriminaba: el trabajo.

Como bien apunta la investigadora irlandesa Mary Nash, existe una amnesia profunda en cuanto a la participación política de las mujeres españolas. Esa amnesia es difícil de corregir en un país como España después de la tergiversación de la historia por parte de los historiadores franquistas que deformaron la visión de los movimientos sociales y políticos. Movimientos, como por ejemplo, el de las feministas.

Guerra Civil

La Guerra Civil española se olía en las calles españolas como el estiércol mal usado cuando se esparce. Casi de manera inevitable, a lo largo de los años 30 surgieron agrupaciones de mujeres y feministas alrededor de las corrientes políticas y de los partidos políticos. Frente a la amenaza bélica, empiezan a surgir discursos que llevan implícitos las palabras “paz” y “libertad”. El discurso de las mujeres era ese mismo, emplear palabras en la “guerra de la defensa de la democracia”. Sin embargo, el poder de la palabra negativa era brutal: la Agrupación de Mujeres Antifascistas desarrollaron un discurso militarista con un fin concreto: la garantía de la paz. Parece contradictorio, pero fue así.

Muchas mujeres en la Guerra Civil optaron por un discurso de paz, quizás para tranquilizar su alma o para que no encontraran al hijo o al marido oculto. Muchas mujeres en la Guerra Civil vestían de negro y sangre, por los hijos que le habían matado y que debían enterrar, o por los encarcelados. Ellas tuvieron diferentes papeles en esta guerra, empezando por ser madres protectoras y esposas que esperaban el tiempo que hiciera falta. Pero no se puede generalizar porque no todas eran “rojas”, no todas estaba en la cárcel, y no todas participaron en la vida política.

Hay una obra clave escrita por Paul Preston, el historiador más reconocido por su trabajo acerca de la historia España. Esa obra lleva por título “Palomas de guerra”. Y en ella se narra la historia de cinco mujeres muy diferentes entre sí tanto por la clase social a la que pertenecían como por el país de donde provenían para luchar en España por la causa que cada una defendía. Ellas son Merecedes Sanz-Bachiller, fundadora del Auxilio Social y esposa del fascista Onésimo Redondo; Nan Green, comunista británica que trabajó en la Guerra Civil unida a las Brigadas Internacionales; Priscila Scott-Ellis, hija de Lord Howard de Walden, enfermera en la Guerra Civil apoyando el Ejército Nacionalista; Margarita Nelken, hija de judíos alemanes, parlamentaria socialista en la II República; y Carmen Polo, esposa del dictador español Francisco Franco. Es apasionante navegar por esta obra y descubrir el sentir y el hacer de cada una de estas mujeres en un momento clave como lo fue la Guerra Civil española. A pesar de sus raíces ideológicas, muchas mujeres tenían ese sentido de lo humano, de lo protector, del cuidado, de sentirse útiles y luchar, sufrir y sangrar, costase lo que costase, por una causa. Tal y como narra Paul Preston, “cuatro de estas mujeres, a pesar de sus diferentes nacionalidades, orígenes sociales e ideologías tenían mucho en común. Eran valientes, decididas, inteligentes, independientes y compasivas. En distintas medidas, a todas les dañó la Guerra Civil y sus consecuencias inmediatas y a largo plazo. Como resultado directo de la guerra, dos enviudarían, dos perderían hijos. Dos de ellas se quedarían profundamente traumatizadas por sus experiencias en la línea de frente. El fantasma de la Guerra Civil les acompañaría el resto de sus vidas”. Así es, como esposas y madres, las mujeres quedaron muy afectadas por las luchas políticas de los años 30 y 40, fueran del color que fuesen.

Como escribe la investigadora Mary Nash en su obra “Rojas, las mujeres republicanas en la Guerra Civil”, las mujeres encarnaban la lucha por la supervivencia porque su responsabilidad fundamental era proteger y mantener a sus familias en medio del hambre, del racionamiento, de las colas interminables, la escasez de alimentos, deficiencias sanitarias e higiénicas, los bombardeos constantes, los excrementos en los búnkeres… No hay que olvidar que los hombres fueron llamados al frente al estallar la guerra, por lo que las mujeres asumieron la responsabilidad del hombre al mantener a sus familias, al sustentarlas y protegerlas. Fue así como la mujer tomo parte en su lucha propia y se convirtió autónoma y autosuficiente al carecer de marido. Eran mujeres independientes. Las mujeres buscaron sus propios medios de subsistencia y sus propios recursos para sobrevivir. Se desarrollaron sus capacidades de liderazgo en medio del sufrimiento y la pérdida. En medio de tener que parir a sus hijos en soledad en medios de las granadas que explotaban a cada paso. ¿No es eso fortaleza?

Otra mujer que cabe destacar es la desconocida Leonor Serrano Pablo. Esta mujer nació en Castilla – La Mancha, la tierra de Don Quijote. Una mujer que significó un antes y un después en la educación española al traernos desde Italia, e implementar, el método Montessori. Este método consiste en que los niños preescolares iniciaran su formación de tal manera que, con el inicio antes de la educación, las mujeres pudiesen escapar de las cuatro paredes de la casa que la tenían esclavizada para empezar a conciliar una vida familiar y laboral. Leonor Serrano era feminista y también defendió el pecado mortal de Clara Campoamor, el voto femenino. Esta pedagoga, abogada y escritora tuvo que exiliarse en plena Guerra Civil con el marido y el hijo muertos. Tras la guerra volvió a Madrid habiendo perdido su sueldo y su puesto. Murió en 1942 antes de que la condenaran haciendo lo que mejor sabía hacer: educar.

Después de la guerra, la dictadura de Franco

Un nuevo ciclo empezaba para la mujer después de la Guerra aunque, con el Franquismo, derechos que se habían conseguido a lo largo de la II República, les fueron arrebatados. Sin embargo, un sentimiento se gestó en ellas porque jugaron “un papel decisivo en la resistencia civil al fascismo. La experiencia de sobrevivir a la guerra dio una nueva dimensión a los roles clásicos de madre y ama de casa”, dice Mary Nash. Hablamos de una dimensión colectiva y visión “proveedora”. Las actividades femeninas estaba enfocadas hacia la mejora sociocultural y al desarrollo de oportunidades.

Paul Preston inicia su capítulo para hablar de Margarita Nelken de la siguiente manera: “A principios de 1939 Barcelona era una ciudad que reventaba por los cuatros costados de refugiados hambrientos de toda España. Su respiro ante la persecución implacable de las tropas del general Franco no dudaría mucho. El purgatorio estaba a punto de convertirse en infierno. Cuando el 23 de enero llegó la noticia de que los nacionales habían llegado al río Llobregat, a tan sólo unos kilómetros al sur de la ciudad, se inició un éxodo colosal. Una multitud aterrorizada de cientos de miles de mujeres, niños, ancianos y soldados derrotados emprendieron un viaje largo y difícil hacia Francia”. No todos lograron llegar. Y no todos lograron llegar vivos. Aquellas personas que lo lograron, y cuyo cabeza de familia militaba en algún partido, como el Partido Comunista, tuvieron un papel fundamental. Mientras el marido se jugaba la vida tras la guerra saltando la frontera entre España y Francia, siendo “enlace” para organizar de nuevo al partido y evitar que Franco estuviese mucho tiempo en el poder, las mujeres se quedaban en Francia creando sus propios negocios, pariendo a sus propios hijos y sustentando económicamente a la familia. Se ayudaban unas a las otras mientras ellos estaban en el monte esquivando las balas de los Guardias Civiles.

Muchas mujeres no tuvieron la suerte de poder exiliar. Por “rojas” las castigaban, las torturaban física y psicológicamente. Las purgaban con aceite de ricino para eliminar “todo lo malo que llevaran dentro”, las rapaban al cero y les prohibían ir de luto en el caso de que hubiese muerto algún familiar. Los juicios de posguerra eran crueles y carentes de argumentos. La historia más conmovedora en España es la que lleva por título “Las trece rosas rojas”. Los asesinatos se sucedían como el rezo del pan nuestro de cada día. “Prefiero morir de pie que vivir de rodillas”, dio la dirigente comunista Dolores Ibarruri “Pasionaria”. Muchas murieron debido a las torturas inhumanas trasladadas del nazismo alemán para hacerlas hablar y delatar así a sus parejas. En posguerra, “Toda España era una cárcel”, como la obra escrita por los periodistas Rodolfo y  Daniel Serrano. Pero esta es otra historia…

Mujeres y políticas

Tres épocas, tres décadas y muchas más después de posguerra. Sin embargo, entre los años 30 y los 50, en España se vive una intensa revolución en lo que se refiere a la participación de la mujer en la vida política. Un ciclo que he decidido llamar “triangular” en mi tesis doctoral con una connotación bestial: (i) II República y el acceso de la mujer a la política, derechos, participación y lucha por las libertades; (ii) Guerra Civil y la mujer sumisa, freno contundente a la participación femenina, pero al mismo tiempo el nacimiento de un sentimiento y de unos roles desconocidos hasta la fecha como consecuencia de la guerra; (iii) y posguerra, el desarrollo de esos roles y la lucha de nuevo por las libertades de la mujer al darse cuenta de que es un elemento activo y clave en la sociedad de hoy, tiene voz y voto. Las mujeres se dieron cuenta de que ellas son importantes, son capaces y están cualificadas para participar en política porque tienen mucho que decir. Sentían y sienten que sus voces tenían y tienen que oírse. Sin este papel que entonces se jugó, sin estas mujeres que “sangraron”, las políticas españolas tal como las conocemos hoy no existirían.

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