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A propósito de las huelgas que se están sucediendo estos días en el ámbito de la educación, creo conveniente compartir un fragmento del manifiesto que los Estudiantes Madrileños redactaron en febrero de 1956. Un manifiesto que podemos leer en el apéndice del libro “Toda España era una cárcel”, obra de los periodistas Rodolfo y Daniel Serrano. En esas palabras encontraremos la más absoluta actualidad. Palabras de hace 57 años que al leerlas o al oírlas nos evocan uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad. En vez de avanzar, retrocedemos 57 años… ¿No es para preocuparse?

Manifiesto de los Estudiantes Madrileños

Madrid, 1º de febrero de 1956

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Nosotros, los estudiantes españoles, queremos afrontar esta situación de una manera clara y definitiva. Queremos lograr una respuesta capaz de satisfacer los legítimos intereses y aspiraciones de miles de jóvenes universitarios, condición indispensable para la convivencia civil digna y estable entre los ciudadanos de nuestro país.

El estudiante se encuentra, a su llegada a la Universidad y a las Escuelas Especiales, con una carrera que consiste en ir salvando, con medios escasos y difíciles de conseguir, una serie de obstáculos al final de los cuales se presenta el hoy más grave de todos: ¿qué hacer con el título académico?

Cuando las Residencias de Estudiantes y Colegios Mayores son escasos y caros, y muchos nos vemos reducidos a pensiones de precio creciente donde la vida de estudio y convivencia universitaria es casi imposible, cuando los libros de texto son difíciles y costosos, cuando los precios de matrículas y seguros suben continuamente, el estudiante se ve falto de medios suficientes de asistencia universitaria y todas las cargas recaen sobre los agobiados presupuestos de las familias, que no ven compensación a tales sacrificios. Así España, para su mal, permanece en vivo contraste clasista – en éste como en tantos otros aspectos – con la realidad universitaria europea, donde el Estado asume buena parte de tales cargas facilitando el acceso de todas las clases sociales a los Estudios Superiores.

La situación material y vocacional del universitario español es de indigencia, su perspectiva intelectual es mediocre – ¡cuántos catedráticos y maestros eminentes apartados por motivos ideológicos y personalistas! – y su porvenir profesional totalmente incierto por la escasez de salidas y especializaciones y por la intervención de excluyentes criterios extraprofesionales, precisamente cuando las necesidades del país reclaman todo lo contrario: aportación de nuevas capacidades y esfuerzos.

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Págs. 354-355

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Publicado en el Blog de El País, Mujeres (05 de noviembre de 2012)

En las últimas manifestaciones no dejamos de leer la frase “el peor enemigo de un Gobierno corrupto es un pueblo culto”. Y eso es justo lo que va a sufrir la precariedad en nuestro país: la cultura. Pero si ahora miles de personas están luchando por mantener un derecho tan fundamental y necesario como es la educación, a principios de siglo XX existieron personasque marcaron un antes y un después…

Una de esas personas fue una mujer: Leonor Serrano Pablo. Manchega, natural de un pueblecito lleno de cuestas y rodeado del pasto dorado que caracteriza estas tierras: Hinojosas de Calatrava. Cuestas que la hicieron fuerte para subir hacia donde ella quiso.  O… hasta donde la dejaron. Nació en 1890 y a los seis años se topó con la reina Regente entre estas calles que la vieron nacer. No sabemos cuáles fueron los motivos de la visita de la reina a Hinojosas, pero lo que sí sabemos es que se quedó perpleja al observarla y decidió becarla. En 1898 viajó a Madrid y estudió en la Escuela Superior de Magisterio. En 1914 viajó hasta Roma para dar un paso más en el tema educativo y estudiar el método de la doctora María Monterssori. En Barcelona, donde poseía una plaza como inspectora de escuelas, insistió para que el Ayuntamiento adoptase este método, el método Montessori, con un objetivo claro: asegurar que los niños preescolares empezaran su formación y ayudar a las madres a escapar de esas cuatro paredes que las retienen en casa, ir más allá hacia una nueva cultura donde se conciliase la vida familiar y la laboral.

Esta mujer supuso un punto clave en las investigaciones en la enseñanza de párvulos y fue la que propuso ampliar la edad en la Escuela Obligatoria además de apostar por la enseñanza en los adultos. Como mujer y feminista en su época defendió el derecho al voto, el pecado mortal de Clara Campoamor. Ese mismo derecho que no defendían muchos diputados afirmando que las mujeres eran inferiores e incapaces intelectualmente porque éramos diferentes “naturalmente”, o porque “las mujeres tenían características negativas por naturaleza”*. Primero, decían, había que culturizarnos, educarnos. Y después, “si eso”, poder votar. En el año 1900 era una mujer la que estudiaba por cada 15.000. Y entre los años 1919 y 1920 ascendió al 2%.

Leonor Serrano llegó a ser pedagoga, jurista, abogada y escritora. Una persona que luchó por muchos derechos, entre ellos la lucha en contra del analfabetismo. Pero la Guerra Civil fue la cuesta que más dura se le hizo. Su marido, Josep Xandri Pich, y su hijo Andreu fallecieron en los bombardeos. Marchó a Francia, como tantos otros exiliados, y en 1939 viajó a Madrid. Además de a su marido y a su hijo, le arrebataron también su sueldo y su empleo. Pudo mal vivir el resto de sus días dando clase, aportando a la sociedad de la época aquello que mejor sabía hacer: educar. Murió en 1942, antes de que el Tribunal Militar la condenara.

 

* Las citas entrecomilladas y la información posterior en relación al porcentaje de las mujeres que podían estudiar pertenecen a Ana Aguado, quién escribió el artículo “Entre lo público y lo privado: sufragio y divorcio en la Segunda República”. Ayer 60/2005 (4) 105-134. ISSN: 1137-2227. Es más que recomendable esta lectura para entender la educación entre dos aguas: la del voto femenino y la de la ley del divorcio en 1932.

Imagen de la Universidad de Castilla – La Mancha

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MUCHOS de aquellos que nos dedicamos al mundo de la información, nos dedicamos por vocación. Y esa vocación, desgraciadamente, no se ve reflejada en otras profesiones. Reducir la ignorancia ciudadana a partir de información veraz es, creedme, vocacional. Y cuando a una sociedad, a una ciudadanía, le amputas de ese valor educativo, formativo e informativo, lo haces más ignorante y con ello más vulnerable para poder manipularlo. El poder hace ignorantes y lo aprovecha para manipular. Lo ha hecho durante años. Y siglos. Y sigue.

Mi herramienta es la palabra. Con ella cuento, narro, informo, comunico, asesoro y analizo. Decidí vivir de ella porque a ella me rindo y a ella sirvo. Y es la palabra la que me incita a escribir este post dedicado a la mala educación: la que ahora nos imponen y que poco tiene que ver con un film de Pedro Almódovar. Recuerdo cómo mi madre lloraba cuando entró a la Universidad de Navarra y vio donde su hija estaba estudiando el Master de Comunicación Política. Ese día lloraba porque no se creía que ella, una autónoma conductora de autobuses, junto con mi padre, también autónomo conductor, y junto con mi trabajo de años y años, y beca tras beca, pudiésemos haber ahorrado como para poder continuar con mi formación y mis estudios. A Washington no llegó porque, entre otras cosas, jamás ha tenido la oportunidad de coger un avión. Junto con mis sueños, también iban los suyos, los de mis padres… Pero… ¿tendrán mis sobrinos las mismas oportunidades? Ojalá Octubre, como decía Juan Cruz

Mientras Rajoy pide unos pocos euros, muchos jóvenes que quieran tener acceso a la Universidad, no podrán. Vivimos en un cuentagotas en el que cada céntimo es recogido del suelo si vemos que alguno ronda la acera. Reducir las universidades supone «quitar educación» y reducir oportunidades. Que las tasas sean 540 euros más no sólo supone un esfuerzo, supone que no sólo cuentan con el coste de los créditos, hay que pensar también en el material diario, fotocopias, libros, transporte (y más aún si se vive fuera de la comunidad), transporte que ha subido un 11% en la Comunidad de Madrid, comida, vestirse, el vivir el día a día y el alquiler (más gastos) para aquellos que viven fuera de sus poblaciones. No son 540 euros, es todo lo demás…

Esos 540 euros más se suman a los impuestos, a la reforma en Sanidad, a la subida del transporte, al aumento de la cesta de la compra, al aumento del gasoil, de las facturas… Pero, cuando seamos todos ignorantes nos harán ver que lo que eran impuestos, eran apuestas; que lo que eran recortes eran reformas; que lo que era apretarse el cinturón, era estilizar la figura… Y nos convencerán. Pasaremos de la mala educación, a la mala comunicación. Hasta que llegue un punto en el que a todos nos falte el aire suficiente como para aportar más palabras que ayuden a incentivar nuestra economía, y ya no podamos gritar más eso de… “señores, no nos hagan más pobres ni nos traten como a ignorantes”.

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