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Diario de campaña. Día 1: El arranque

Publicado en BEZ el 4 de Diciembre de 2015

Necesitamos héroes y heroínas que exciten nuestros sentidos, que nos emocionen y nos ilusionen con un tiempo nuevo que llegue real a nuestras vidas.

Aunque no sea inmediato, porque podremos desear que nuestras vidas mejoren, las de todos los españoles, pero el deseo de querer no nos lleva a un estado de idiotez, aunque muchos políticos nos hagan creer que puede que lo seamos. Necesitamos héroes y heroínas, y no es una frase sacada de un cuento de hadas, en realidad, es la realidad que esperan que suceda millones de españoles.

Pero esos millones de españoles se están desayunando cada día encuestas y datos que no saben muy bien qué significarán pero que, en el fondo, ya les hace reflexionar. De esos se trata… ¿o no? El pasado 30 de noviembre, la encuesta de Sigma Dos para El Mundo, revelaba que Ciudadanos adelantaba al PSOE y se quedaba a cuatro puntos del PP. Y la recién publicada encuesta del CIS publica que la victoria sería del PP con 40 escaños más que el PSOE. El partido de Mariano Rajoy obtendría entre 10 y 128 diputados, el PSOE de Pedro Sánchez entre 77 y 89, Ciudadanos entre 62 y 66. Podemos se quedaría entre 23 y 25. Sigue ganando el PP, aunque el 84,2% de la población valore su gestión como mala, regular y muy mala.

Ahora bien, el 41,6% de los españoles no ha decidido el voto, según el CIS. Y cuando no se ha decidido es porque en realidad se ha decidido lo más importante: a quién no votar. Hora de movilizar el voto, pero no cualquier voto. Porque el voto huérfano, el voto perezoso y el voto abandonado juegan un papel decisivo.Huérfano, porque son aquellos electores que no se sienten representados ni por los que gobiernan ni por aquellos partidos que siempre votaron. Perezoso porque son aquellos electores a quiénes poco les importa votar al no verse reflejado en la toma de decisiones de aquellos que los deben representar.

Una buena parte de esos perezosos son críticos de sofá a través del móvil, pero inmóviles a la hora de hacer crítica constructiva. Abandonados porque son electores que están fuera de España, los que han salido de nuestro país buscando nuevas oportunidades de vivir y de supervivencia, que tienen influencia, mucha, que tienen formación, más que nunca, y donde el voto es más complicado por el proceso burocrático al que hay que someterse.

Esta precampaña electoral ha sido una campaña sin precedentes con la única diferencia de no pedir el voto directamente, pero sí los apoyos. Hemos vivido una campaña electoral en plena pre campaña. Estrategias en pos de la máxima visibilidad para la máxima movilización. Visibilidad en las calles, en las redes y en los platós donde la gran pantalla, a través de los diferentes formatos, ha sido el gran canal de comunicación por excelencia.

Los decisivos están en los indecisos. Y se quiere llegar a ellos por tierra, mar y aire en una campaña electoral histórica donde las percepciones cuentan mucho más que los programas electorales, pero es en los programas electorales donde se encuentra la identidad de cada uno de los candidatos aunque los mensajes de cada uno de ellos poco tenga que ver con la realidad que después de las elecciones vayamos a vivir.

Mensajes que hemos visto repetidos en los carteles que inauguran un momento histórico en España. Una pegada que arranca con cinco partidos, aunque en todos los medios de comunicación se hable de cuatro: PP, PSOE, Ciudadanos, Podemos e Izquierda Unida. El PP presume de una España “en serio” describiendo una realidad que poco tiene que ver con la que se vive. Suena el despertador después de cuatro años, arranca su vídeo, pero muchos todavía tienen la sensación de estar inmersos en una pesadilla.

Y mientras el PP sigue anclado al pasado criticando la herencia recibida, el PSOE decide mirar al futuro, a “un futuro para la mayoría”, ese es el eslogan de campaña. El hashtag #VotaPSOE ha sido trending topic, una conversación en Red liderada por un cartel de campaña cuyos colores protagonistas han sido el blanco y el rojo. Un blanco más que simbólico en política, como blancas eran las camisas de Kennedy, como blancas siguen siendo las camisas de Obama.

“Con ilusión” empieza un Albert Rivera que parece tener la palanca de cambio en España.

El mensaje en la pegada de carteles lo protagoniza un #AdelanteCiudadanos. ¿Adelante para avanzar? No lo sabemos, tampoco las encuestas. Y tampoco está claro si con Ciudadanos avance la política española. Cuando otro tiene la llave de tu casa, siempre hay que esperar a que te abra la puerta. El mensaje de Podemos es claro en comunicación, y fácil de recordar, sobre todo porque es un reclamo común en el vocabulario de las personas: #PodemosGanarElFuturo. Y punto.

E Izquierda Unida reclama “por un nuevo país”: coherente, después de llevar casi 8 años escuchando la palabra crisis en cada esquina de nuestras calles. Lo necesitamos.

Sí, necesitamos un nuevo país. O quizás recuperar el nuestro.

En esta pegada de carteles hay una máxima ilusión, porque nada está decidido cuando los indecisos han decidido a quiénes no van a ir a votar. Y un elemento básico que sigue protagonizando la pegada de las imágenes: el cepillo. Un objetivo con una connotación especial y una metáfora objetiva: limpiar las calles, posiblemente de corrupción, pero también de un pasado sufrido.

¿Saben? De la campaña del 2011 casi nadie se acuerda. Alfredo Pérez Rubalcaba hubiese dicho: “ven, os dije que ocurriría”. Ahora todos somos actores y víctimas de las consecuencias.

DIARIO DE CAMPAÑA

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Publicado en BEZ el 24 de Noviembre de 2015

La derecha latinoamericana se reinventa en Argentina

Mauricio Macri será el nuevo presidente de Argentina. Aunque con un resultado ajustado, se ha puesto por encima del peronista Daniel Scioli. Se convirtió en favorito el pasado 25 de octubre en primera vuelta, y mantuvo esa posición hasta el 22 de noviembre, una fecha histórica para Argentina después de 12 años de Kirchnerismo. El cambio en Argentina empieza por “Cambiemos” con la percepción de una nueva derecha en el país.

¿La reinvención de la derecha latinoamericana?

Probablemente, buena parte de la reinvención de la derecha latinoamericana se basa en un trabajo de lectura de percepciones sociales, más que en un giro ideológico. Y la política y la comunicación política acaban demostrando que, según interpretaciones, pueden apostar por estrategias inspiradas en la teoría conocida como pospolítica. Un ejemplo lo encontramos en Ecuador, en la Alcaldía de Quito, cuando Mauricio Rodas candidato de centro-derecha por el Movimiento SUMA logra hacerse con la Alcaldía en las elecciones de mayo de 2014. El éxito de la aplicación de la pospolítica en campaña radicó en presentar a un candidato de “marca blanca”, débil y sin ambición de poder. Se potenció la sencillez como valor, lo mostraron como la esperanza colectiva y no emitió argumentos para el enfrentamiento: sólo propuestas para una sociedad que sólo esperaba oír aquello que puede afectar a sus intereses individuales. Esta estrategia es la que también ha usado el argentino Mauricio Macri, empleando al mismo asesor que Rodas para llevarla a cabo, al ecuatoriano Jaime Durán Barba.

Pero… ¿qué es esto de la pospolítica?

El concepto de pospolítica no es nuevo, y tampoco es una invención de la consultoría política de los dos últimos años. Hoy se habla del término en buena parte por el filósofo y psicoanalista esloveno, Slavoj Zizek. El articula la “post-política” en algunos de sus ensayos, como en “En defensa de la intolerancia”, o en “Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales”. “Hoy en día, sin embargo, asistimos a una nueva forma de negación de lo político: la postmoderna post-política que no ya sólo “reprime” lo político, intentando contenerlo y pacificar la “reemergencia de lo reprimido”, sino que, con mayor eficacia, lo “excluye”, alude Zizek en “En defensa de la intolerancia”. Y sigue: “En la postpolítica el conflicto entre las visiones ideológicas globales, encamadas por los distintos partidos que compiten por el poder, queda sustituido por la colaboración entre los tecnócratas ilustrados (economistas, expertos en opinión pública…) y los liberales multiculturalistas: mediante la negociación de los intereses se alcanza un acuerdo que adquiere la forma del consenso más o menos universal”.

Para la pospolítica, todo es posible. Lo antipolítico, como escribió Iván de la Nuez –inspirado también en el filósofo francés Jean-François Lyotard– tras las elecciones en Italia, intenta recuperar el debate ideológico, pero sospecha de su representación en los escaños parlamentarios, las cámaras senatoriales o la partitocracia. La pospolítica busca la reducción de las ideologías para construir un modelo hedonista, basado en conseguir el placer del otro, el del votante, reconocido como aquél que persigue un interés personal y cuyo ideal es que su vida sea mejor. Ahora bien, cuando el objetivo es la negación de las luchas y de las luchas ideológicas, se duda del principio mismo de la pospolítica, pues toda contienda se da por un objetivo concreto, aunque sea para alcanzarlo con el convencimiento de la capacidad de influir.

De la pospolítica a la biopolítica

Cuando ya no existe poder, cuando ya no hay derecha ni izquierda ni ideología en el imaginario político, se da paso a lo natural, a la importancia de la defensa de la vida. Según Zizek, “Hoy en día la moda en política es la biopolítica pospolítica (…): ‘pospolítica’ es una política que afirma dejar atrás las viejas luchas ideológicas y además se centra en la administración y gestión de expertos, mientas que ‘biopolítica’ designa como su objeto principal la regulación de la seguridad y el bienestar de vidas humanas”. Cuando ya no hay ideología, y se margina la posibilidad de política, el pensar sólo en la vida de las personas evoca un estado fuera de conflicto. Más aún si para garantizar la eficiencia, el líder hedonista busca rodearse de un equipo experto. De ahí que se pueda entender aún mejor las palabras de Macri al conocer su victoria: “Pido a los que no nos votaron, que se sumen. Y también sus palabras el pasado 20 de noviembre: “Se acaban las banderas que nos ponen de un lado o de otro. Ahora es todos juntos, trabajando por Argentina”.

La era de la pospolítica responde a una sociedad positiva, como definiría Byung-Chul Han en La sociedad de la transparencia, donde la “transparencia es enemiga del placer”. La pospolítica conduciría a un mundo de apariencias donde la ilusión sería el eje temporal que lo sostuviera. Pero la ilusión es eso, temporal. Si la “transparencia – según Han, y añado ‘absoluta’- desmonta la esfera arcana del poder”, la pospolítica podría desmontar la esfera de lo real, llevándose en buena medida los resultados de luchas sociales por causas que son justas. Cuando la ilusión se evapore, sólo el tiempo desvelará el éxito o el fracaso de la gestión y el resultado.

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Publicado en BEZ el 19 de Noviembre de 2015

El “No a la guerra” es unánime en el mundo y en la historia. El “No a la guerra” suena en la misma lengua en todos los países del mundo. El “No a la guerra” no entiende de fronteras, todo es un mismo mundo. Los ciudadanos castigan a sus representantes políticos por defender crímenes contra la humanidad no justificados, cuando son ellos, sus políticos, los que deciden cuándo otros deben morir.

13 de noviembre de 2015

Atentado en París. Más de 120 muertos. El grupo terrorista Estado Islámico (ISIS) reconoce la autoría del horror. François Hollande dijo que Francia no iba a tener piedad, y no la tuvo. 48 horas después de la matanza, Francia bombardeó Raqqa, capital del Estado Islámico. Y ante la sangre derramada, movilizaciones unánimes de solidaridad con Francia. No obstante, la movilización social por el ataque Francés ha tenido tres momentos. Un primer momento de repulsa y asco hacia los terroristas y hacia la muerte provocada por un ataque contra la humanidad. Voces unánimes se oían a favor de Francia. Coros visuales se veían en las redes sociales mientras la bandera francesa ondeaba la red. Del 14 al 15 de noviembre, una segunda reacción surge. Surge cuando se empieza a tener más información sobre el bombardeo en septiembre de los aviones franceses en el cielo de Siria y en suelo musulmán. El #TodosSomosParís se calma. Ya nadie se pone la bandera francesa en el perfil. Tampoco la siria. Ahora, ya, la tercera respuesta ciudadana es en contra de la guerra y la muerte, a favor de la paz. Así nos movilizamos.

La guerra despierta emociones y sensaciones, a favor y en contra. Pero ante todo despierta opiniones. Cuando las decisiones políticas no concuerdan con el sentir mayoritario de la ciudadanía, la ciudadanía empieza a tomar decisiones y empieza a posicionarse. Estar a favor de la paz es una posición. Estar en contra de la decisión de Hollande de bombardear Raqqa es otra posición. Muchos creen que ha caído en la trampa de los terroristas al responder ante un “crimen de guerra” con más guerra. Mientras la popularidad del presidente francés sigue hundiéndose, hay quien está echando cuentas al coste de la guerra en un momento de recortes sociales. Las elecciones serán en 2017. Y la sociedad francesa ya ha empezado a hablar llorando a sus muertos.

15 de febrero de 2003

Personas de 800 ciudades del mundo salieron a la calle a protestar ante la decisión de Estados Unidos de invadir Irak. Según la BBC, se pudieron haber congregado, en contra de la decisión norteamericana, entre 6 y 10 millones de personas. El “No a la guerra” fue un grito unánime mundial, una de las manifestaciones globales más grande de la historia. Un solo cartel negro con letras rojas y en mayúsculas colgaba de paredes de instituciones públicas, patios universitarios y despachos de profesores. Según escribió Julián Santamaría, el rechazo a la guerra en Europa era de un 75-90%. España, en aquel momento, formaba parte del Consejo de Seguridad de la ONU y Aznar protagonizó la famosa foto del trío de las Azores donde Estados Unidos, Gran Bretaña y España acordaron el ultimátum a Irak argumentando que poseía armas de destrucción masiva. El 4 de marzo de 2003 el Congreso de los Diputados aprobó la proposición de Aznar sobre Irak con el apoyo de los populares. Se invadió Irak entre marzo y mayo de 2003. La popularidad de José María Aznar como presidente de España cayó estrepitosamente. La sociedad despertó ante la guerra y emitió un “no” rotundo al que él hizo oídos sordos.

El 11M es ya un símbolo en España. El 11 de marzo de 2004 fallecieron 193 personas y casi 2000 resultaron heridas en Madrid. Los terroristas yihadistas hicieron estallar 10 explosiones en cuatro trenes diferentes de la red de Cercanías de Madrid. La sociedad española lloró a sus muertos en las calles entre la lluvia y el frío. Y después continuó en las calles para exigir la verdad a su Gobierno. ¿Quiénes fueron los responsables? El Gobierno del Partido Popular actuó torpe, sin asumir responsabilidades, sin escuchar a la sociedad que imploraba. Y ante la inmovilidad política, España se movió. El sms y el “pásalo” se convirtieron en la mayor campaña viral en aquel momento. El 14 de marzo de 2004 el PSOE ganó las elecciones. El voto útil fue el protagonista. El 19 de abril de 2004, el presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció la retirada de las tropas españolas de Irak.

1 de mayo de 2003. Tony Blair pierde las elecciones municipales en Gran Bretaña. El mal de Aznar fue contagioso. El “no” del pueblo británico hizo inevitable el desgaste político. Y en septiembre de 2003, Blair vuelve a ser derrotado en la primera elección parcial de la legislatura. Lo acaecido en Irak demuestra que la negación a la escucha ciudadana tiene un coste electoral altísimo. El primer paso para tomar la decisión acertada en política, y gestionar con éxito la comunicación, es escuchar a la ciudadanía, sus demandas, sus necesidades y su grito unánime frente a las injusticias. Gerhard Schröder, el que fuera canciller alemán entre 1998 y 2005, lideró la oposición en Europa contra la guerra de Irak y la condenó públicamente. Esto ocasionó una crisis diplomática que cerró Schröder con Bush en 2005. Tanto fue así que Estados Unidos lo pudo haber espiado al oponerse a la guerra. Sin embargo, su postura frente a Irak le permitió subir en las encuestas.

26-29 de agosto de 1968

Acaban de asesinar a Robert Kennedy en Estados Unidos mientras movilizaciones en todo el mundo seguían sucediéndose contra la Guerra de Vietnam. En esos días se celebraba la Convención Nacional del Partido Demócrata. La influencia de la guerra en la Convención fue inevitable. Los demócratas con posibilidades eran Eugene McCarthy y Hubert H. Humphrey. McCarthy fue un pacifista que se mostró opositor a la Guerra de Vietnam. Su posición inamovible llegó a que Estados Unidos volviese a evaluar su papel en Vietnam. Fuentes confirman que falleció mientras dormía a los 89 años. Humphrey, quien era vicepresidente del Gobierno de Lyndon B. Johnson en ese momento, recuperó impulso como candidato del Partido Demócrata en las elecciones de 1968 cuando Johnson anunció un cese en los bombardeo en Vietnam.

 

*Gracias a Santiago Castelo, amigo y brillante compañero, inspirador de buena parte de estas líneas.

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