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Publicado en La Política Online (Argentina), el 07 de Noviembre de 2016, junto a Isidro Braillard Poccard 

“De esta cuadra sólo nos interesan las casas 605, 635 y 670, no llamen al resto, que son rojos”, subraya Emily, organizadora territorial del distrito Woodbridge del Estado de Virginia del Norte:

-¿Son rojos?

-Sí, allí no se llama.- Escuchaba a Emily dar la orden.

Y los voluntarios demócratas continúan con el llamado “puerta a puerta”, casa por casa, persona por persona que aparece en las listas de las bases de datos del partido demócrata. Mientras, los republicanos parecen no aparecer… Detrás de cada hogar, una historia. Detrás de cada historia, un motivo por el que haber votado o por el irán a votar. Y detrás de cada voto, una ilusión por descifrar bajo el futuro incierto que se dibuja.

De lo mágico, a lo que funciona

En la jerga futbolística, una máxima de los directores técnicos en los desafíos del futuro son las combinaciones que tuvieron éxito en el pasado. Esto puede parecer una obviedad, pero la campaña ha entrado en sus horas finales y las tácticas más efectivas resultan ser las que aseguran el voto demócrata y todo lo que éstos puedan movilizar a su vez en el indeciso. Lo que se planificó se intensifica, lo que no, no se inventa a última hora. Los demócratas no esperan la jugada magistral de algún gurú iluminado, ni inventar la pólvora: son prácticos y organizados, planifican y ejecutan.

En un país donde la participación no es obligatoria, con dos candidatos que no seducen, no es descabellado que toda la estrategia gire en torno a movilizar a los propios, sobre todo al final de la campaña electoral. En tiempos de infoxicación, tener un mensaje y un canal ya no es el desafío de una campaña, si no la clara diferenciación. ¿Por qué? Porque en un escenario tan polarizado, la diferenciación es el gran reto para los candidatos de la Casa Blanca. Y este es un problema para los otros siete candidatos, que los hay aunque no lo crean: el martes se presentarán las diez fórmulas y la boleta será como la de la foto.

Movilización tecnológica al servicio del face to face

La campaña 2016 se vive mucho más humanamente de lo que se esperaba, aunque las apariencias engañen. Tras una elección del 2008 donde Obama utilizó las redes sociales como herramienta electoral y que en 2012 resultaron definitivas, donde el big data demostró ser la clave del conocimiento exhaustivo para poder dirigirse al electorado exacto de la manera efectiva, volvemos al puerta a puerta, a las llamadas telefónicas y a los mensajes de texto cuyo resultado es la movilización del electorado clave y, como consecuencia, es la tan ansiada victoria. Pero el face to face no sería efectivo sin la tecnología, sin saber a quiénes hay que llamar, convencer y movilizar.

La campaña está enfocado a la credibilidad desde el convencimiento ¿Cómo? Entendiendo que los políticos ya están muy desprestigiados y que el desafío será que la gente convenza a la gente. Saber que Michelle Blanco, nacida en El Salvador, ya ha votado y que ella misma ha animado el voto de familiares y amigos, está siendo tremendamente más útil.

Pero para conocer que Michelle Blanco es ella y qué es lo que la motiva a votar por Hillary, hay mucho desarrollo tecnológico. La iniciativa de Civic Engagement, es un ejemplo de esto. Microsoft la ha desarrollado para poner a disposición de la democracia estadounidense mediante la optimización de sus partidos, tecnología punta para profesionalizar su comunicación interna, sus estrategias para llegar a los ciudadanos. No se trata de otra cosa que del impulso del compromiso cívico, que diseña acciones individuales y colectivas destinadas a identificar y abordar cuestiones de interés público. Vote Builder es otro ejemplo, más aún sabiendo que es el software que utiliza el Partido Demócrata para organizar sus bases de datos y asegurare de llegar a todos los que alguna vez les han prestado sus apoyos.

No hay secreto cuando el verdadero éxito está detrás del esfuerzo y del compromiso. El secreto está en el método de organización y en reconocer que la tecnología puede generar la información que hace falta para obtener conocimiento convertible en acciones que se hacen efectivas en campaña electoral. En el punto y final de la campaña de 2016, lo más efectivo resulta ser profundizar y profesionalizar las relaciones humanas.

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Publicado en BEZ el 07 de Noviembre de 2016

A medida que avanzan los días, los resultados de las encuestas son cada vez más ajustados. Si bien en Europa la campaña americana la dan como victoriosa para Clinton, en Estados Unidos no son nada triunfalistas. Los escándalos verbales de Donald Trump están pasando a un segundo plano mientras los errores de Hillary Clinton han copado las últimas portadas. Errar a estas alturas puede suponer un castigo en Estados que son clave, como Ohio, Virginia, California o Carolina del Norte. La incertidumbre impulsa a la acción de ambos equipos de campaña. Segmentar y movilizar es la clave.

Phone Bank

Este método de movilización es el que se está aplicando con mayor intensidad en los últimos días. Los organizadores, escogidos y remunerados por los partidos, captan voluntarios para que hagan llamadas específicas localizadas en listas de contactos y bases de datos. El método de phone bank funciona con un software específico en ordenadores cedidos por la campaña a voluntarios, teléfonos para que los voluntarios puedan realizar las llamadas de las personas previamente segmentadas y seleccionadas, y listas donde se anota información y el nivel de éxito de la llamada. Se realizan en oficinas específicas, muchas a nivel territorial, bien repartidas y con poca gente. Movilización con metodología micro para conseguir un efecto macro.

En cada periodo de la campaña el phone bank ha tenido un objetivo específico, principalmente porque los destinatarios han sido diferentes a medida que avanzaban los días, desde posibles votantes, pasando por ciudadanos registrados para votar, hasta ciudadanos con el voto seguro que se suman para ser voluntarios. En este punto, el objetivo es captar el máximo número de voluntarios para realizar dos tareas: visitas puerta a puerta para animar y asegurarse de que los ciudadanos registrados vayan a votar, y otro phone bank pensado para realizar llamadas sábado, domingo y lunes para obligar al votante seguro a que vaya a votar.

Las principales diferencias que existen entre los republicanos y los demócratas en este punto son dos: los republicanos tienen más dinero y más organizadores dispuestos a captar más gente.

Lo convencional está de moda

Si bien es cierto que se podría pensar en redes sociales al hablarse de movilización, lo cierto es que profesionalmente y desde las organizaciones de ambos partidos, las acciones principales que se están llevando a cabo con más ahínco son las llamadas que se realizan en el phone bank, el envío mensajes de texto (tradicionales, no por WhatsApp), y las visitas puerta a puerta. El WhatsApp en Estados Unidos no ha tenido la penetración que ha tenido en Europa, y los ciudadanos diferentes aplicaciones para el envío de mensajes cortos. Una de ellas es GoupMe. Es por ello que el mensaje de texto tradicional sigue siendo lo más efectivo. Además, a través del phone bank se obtiene más  información, que se añade a la base de datos existente, y cuanta más información más conocimiento. Y a más conocimiento, mayor exhaustividad a la hora de dirigirse a los ciudadanos.

En un segundo plano de acción movilizadora, no abandonan Twitter, más importante aún que Facebook en Estados Unidos, seguido de las dos herramientas más populares: Snapchat e Instagram.

Sin palabra mágica

Con diferentes estrategias, Donald Trump y Hillary Clinton siguen realizando dos ejercicios bajo un mismo patrón: superar crisis y atacar. Llegados a este punto de la campaña, la experiencia de Hillary Clinton y la demostración de su inocencia no serán suficientes para superar a Donald Trump. Trump sigue apostando por la parte mediática como contrapunto de su verborrea. Y ambas campañas siguen sonando técnicas. Más allá de aquellos que la apoyan, habrá demócratas que apoyen a Hillary Clinton porque es la candidata demócrata. Y habrá republicanos que la voten porque no confíen en Donald Trump, y no se sientan identificados con su candidato.

No obstante, Obama tenía el famoso Yes We Can y Hope como palabra mágica que aún hoy todos recordamos. Si bien Obama no es Hillary y ambos parten de trayectorias y relatos muy diferentes, Hillary Clinton aún carece de una palabra mágica que emocione, apasione, movilice y haga sentir. Los ataques a Donald Trump para defenderse o justificarse no valdrán en la recta final. Y su mayor reto será no cometer errores mientras Trump la incita a cometerlos. A escasos días del desenlace, Hillary necesita una palabra mágica que llega tarde, mientras a Trump sólo le valdrá sumar puntos de los errores que la rival pueda cometer.

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Sin sorpresas, Mariano Rajoy se ha convertido de nuevo en el presidente de España. Su mayor éxito se ha basado en la estrategia del silencio y la resistencia: mientras el resto de partidos cometen errores, Mariano Rajoy evidencia un diálogo sin fundamento para evitar cometer más equivocaciones, y aguantar a pesar de la que le está cayendo a su propio partido. Nunca antes España había tenido un partido imputado con su líder gobernando. Nunca antes una abstención había supuesto una traición a tantos millones de votantes, a tantos años de historia, de valores y principios. Nunca antes unos líderes políticos se habían alejado tanto de las ideas. Aunque se supiera lo que iba a ocurrir en el Congreso español, escuchar una a una la “abstención” en boca de los diputados socialistas ha resultado más duro aún de lo esperado.

Nunca antes la palabra “abstención” había sonado tanto a traición. Una traición imposible de reparar, como irreparables fueron las decisiones de José Luis Rodríguez Zapatero y que costaron las elecciones de 2011. Los votantes socialistas nunca antes se habían sentido tan heridos. El reto del PSOE a partir de ahora es doble: recuperar una confianza imposible interna y social, y ejercer una oposición efectiva cuando su propio grupo está dividido. Pero cuando se pierde la atención social, ya poco se puede hacer. Si el PSOE comete más errores, puede convertir a Unidos Podemos en el verdadero partido de la alternativa. Por el bien del país, el reto de la oposición es desenmascarar a Mariano Rajoy, proyectarlo socialmente como el peor presidente de la historia de España.

A pesar de que se rompe el bloqueo institucional con la elección de Rajoy como presidente, empieza un periodo de bloqueada legislatura. Sin mayorías, con escasa voluntad del dialogo, sin intención alguna de corregir los errores legislativos del pasado, y advirtiendo que continuará con las políticas que les convienen a quienes más tienen pero no a la mayoría de la sociedad española, se proyecta un periodo catalogado por Pablo Iglesias como de epílogo. La política presupuestaria, los acuerdos y los propios límites que Mariano Rajoy se ha impuesto serán los desafíos de los próximos meses. Sin romper España y sin romper Europa, caminando hacia un futuro ilustrado por Mariano Rajoy con la sombra de un electorado socialista humillado se intentará trabajar en algo a lo que no están acostumbrados: el diálogo.

Las grandes perspectivas que Mariano Rajoy ha anunciado para el futuro de España no dibujan ninguna esperanza. Tener el apoyo de los diputados socialistas que han anunciado “abstención”, pero no tener su confianza, resulta ser un argumento político pobre y carente de esencia presente y futura. Sin comunicación política, no hay política. El único que ha iluminado algún sendero alternativo político ha sido Pedro Sánchez que, dejando su escaño, ha metido un gol político. Un gol político de cara a la sociedad, pero no un gol político, digamos orgánico, de cara a su partido, en parte por aquellos que desean un nuevo rumbo con liderazgos nuevos y con un cambio significativo.

Si la sociedad no entiende las decisiones políticas de hoy y del mañana, los políticos de nuestro país fracasarán, una vez más, o seguirán fracasando. Entender la realidad española y hacerse entender será la principal tarea de un epílogo anunciado. Ya no hay tiempo posible porque se sigue sumando un tiempo perdido. Y a los españoles ya no les queda tiempo ni paciencia.

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