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POSIBLEMENTE seas tú, diputado, nuevo en el Congreso. Posiblemente hayas tenido la suerte de estrenar asiento tras las elecciones del 20N en España. Y posiblemente estés ilusionado con ese nuevo puesto que hoy impera en tu vida. Pero esa libido momentánea puede pasar malas jugadas bien por la emoción, bien por la inexperiencia del cargo, sobre todo en lo que a comunicación online se refiere… ¿Se pueden mejorar algunas cosas? Sí, ¿las vemos?

  • Mucho cuidado con confundir páginas de Facebook con tu perfil personal en esta red social. El número de amigos no es lo mismo que el número de fans o “personas a las que les gusta esto”, por lo tanto, no obligues a tus amigos a ser fans: invítalos. No dupliques por ti mismos a tus amigos en tu página: insisto, invítalos. Ten en cuenta que el número de amigos no es relevante, haz que desaparezca en tí el síndrome de Roberto Carlos. Lo que es relevante es tu comunicación, el contenido, el nivel en que éste es compartido y el porcentaje de relevancia para aquellos que te siguen.
  • Si empiezas, continua. Antes de introducirte de manera continuada en las redes sociales, debes conocer bien qué target está ahí y qué esperan de ti. Pero no lo abandones. Ponte tu tiempo y actúa en él de manera estratégia.
  • Mucho cuidado con el Spam. Una cosa es la atención y otra el agobio y el aburrimiento. En las redes sociales no es conveniente emitir publicaciones constantes que no tienen gran relevancia. Podemos aburrir a los seguidores perdiendo interés para ellos. No los despistes. No multipliques mensajes por doquier en todas las plataformas 2.0. Cada una tiene su propia naturaleza. Empieza por entenderlas y por conocer a quién te diriges para adaptar tu mensaje.
  • No hagas un mitin en la Red, no monopolices la conversación: interactúa y conversa. Internet tiene ese carácter. Lo sentimos. De modo que hay que adaptarse y utilizar este activo para estar, y estar bien.
  • Tus mensajes deben ser estratégicos, creíbles, claros y cercanos. No mientas y utiliza la gran virtud de la prudencia. No digas por decir o por emitir algo periódicamente por el mero hecho de mantener tus perfiles activos. Debes conocer bien en qué plataformas quieres estar, a quiénes te vas a encontrar y a dirigir, qué esperan de ti y, a partir de aquí, adaptar el mensaje los espacios de comunicación online. No sólo critiques: comunica. No sólo opines: propón.
  • Elige bien tus 140 caracteres en Twitter. No emitas varios mensajes progresivos para decir una misma cosa. Aprende a sintetizar y a emitir lo importante y lo interesante.
  • Si no sabes hacer algo. No lo hagas. Pide ayuda, pregunta, pregunta y pregunta. Y, segundo: escucha, escucha y escucha.
  • Eres Diputado, por lo tanto, hazlo saber actualizando tus perfiles. Pero, ahora bien, tu comunicación debe ir enfocada hacia el puesto que ostentas. Cuidado con el síndrome de La Moncloa que también padecen muchos políticos en el Congreso: no eres presidente del Gobierno.
  • ¿Entiendes lo que es ser Diputado? Muéstrate cercano y representa los valores y principios a los que tanto alegas en campaña electoral cuando te diriges a la ciudadanía.

¿Empezamos?

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LA misma Nochebuena, recibí una carta de una compañera, una de las muchas con las que he convivido estos últimos meses en Londres. Ella es una líder y es mujer: salió de España hace 3 años buscando su sueño en Londres y ochos meses después de llegar allí lo consiguió. Pero la pasada Nochebuena se desahogó enviandome una carta desde Vigo, su ciudad natal y donde está compartiendo con su familia estos días navideños. Me causó sensación y tristeza, pero a la vez ganas de cambiar este momento en el que nos ha tocado vivir… Con su permiso, la comparto con todos vosotros porque confío en el dicho de que… “la unión hace la fuerza…”. Mi respuesta fue: Rocío, contagiemos sonrisas

 

Paloma,

Hoy me he dado cuenta de que esto parece Sarajevo en época de guerra. Veo a la gente envejecida, amargada, solo hablando de penurias y desgracias. Es la primera vez que vengo a España y veo ese espíritu de crisis. Tengo la sensación de que a fuerza de repetirselo, de escucharlo en voces de otros, de verlo en la TV… Al final se lo han creído, lo viven, lo puedo palpar.

Me da pena esto. Veo todo más viejo, pero no más antigüo. Desgastados. Apagados. Con los mismos temas de conversación. Y me pregunto si esto sucede en Londres y tal vez soy yo quién no lo percibe.

Se supone que en estas fechas la gente tendría que estar más alegre, y envidio el humor de los ingleses para celebrarlo, no como aqui. No sé si en la Mancha pasa, pero en Galicia está esto ¡chof!

La gente sin trabajar, y no entiendo si por que realmente no hay trabajo o si por que no lo quieren. El salir de Vigo me ha afectado.

Anyway, me voy a cenar y espero despertarme con mas optimismo.

 

Rocío Caramés

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LLEVABA mucho tiempo con ganas de escribir este post… Y los motivos que han hecho brotar las palabras que vais a leer a continuación han sido las primeras 48 horas que he pasado en este país desde que volví de Inglaterra. A pesar de que marché en agosto y he venido de manera intermitente a España para colaborar haciendo lo que amo y así aprovechar las escasas oportunidades que van surgiendo aunque sean dos semanas, lo cierto es que de colaborar de manera intermitente no se come… Por mucho que se trabaje y por mucho que se colabore. En primer lugar porque no es un salario que de una estabilidad. Y en segundo lugar porque el 80% de las colaboraciones son gratuitas: dan experiencia, dan visibilidad, pero no dinero, ese es el trato.

La formación a muchos nos ha costado demasiado no sólo en términos económicos, sino mucho mucho esfuerzo dejando atrás a personas que adoras y que son tu vida. Arriesgamos el estar lejos de nuestras familias y de nuestros amigos, y tristemente también arriesgamos nuestra vida personal. Muchos años de estudios para conseguir las mejores notas y tardar el menos tiempo posible porque tus padres son ya mayores y el tiempo corre en tu contra. Muchos años trabajando al mismo tiempo incluso combinando becas y trabajando de madrugada mientras estás en clase todo el día… Exámenes para pasar al Máster de tus sueños… Retos y más retos porque piensas que tras ellos está tu futuro… Esperas y esperas… Y tras esa espera llega el momento de decidir y de preguntarte, ¿qué sigo haciendo aquí?

En Londres he tenido la oportunidad de conocer a muchas personas. Muchas. Pero me quedo con el sector femenino, mi área, mi especialización y mi motivo también. Cientos de mujeres que marchan de sus países persiguiendo sus sueños, malcomiendo y como decía Montse Veloso, rubia gallega y soñadora, “contando las monedas para ver si puedes tomarte un café”. Pero contamos las monedas también incluso para saber si nos llega para lavar la ropa…

En todas las partes del mundo podemos encontrar a miles de españoles que huyen de su país por carecer de oportunidades. Un país rico en capital humano, rico en vida, cultura y materia prima, rico en sectores y en gente. Pero que se está hundiendo con esta crisis económica. El capital humano se va de España, sí el mejor. La generación más preparada pero también la más humillada. Ya no somos una oportunidad para las empresas españolas sino una amenaza continua porque pueden pensar, aquellos que nos entrevistan, que vamos a quitarles el puesto… ¿Dónde vamos con algo más de 20 años, dos carreras, másteres, pensamiento de doctorado y más de 5 años de experiencia? Además de a la cola del INEM, nos vamos de España.

El nuevo Gobierno, o quién esté por la labor si se desea con saña, debería replantear una estrategia para volver a recuperar a todos los que estamos pensando en marchar de nuevo en este año 2012. Las estadísticas no muestran con acierto cuántos jóvenes y cuántas familias están probando suerte en otros países. Tampoco cuántas mujeres, aquellas que si encuentran su lugar en otro país acabarán por tener a su familia allá, la próxima población activa, como ocurrió en la época de vacas flacas cuando nos convertimos en emigrantes hacia Latinoamérica. En nuestra época no hay ya ni vacas, por eso vamos a buscarlas a otros lugares aún sabiendo que nos enfrentamos a otro idioma, tenemos que vivir en casas que no son la nuestra, convivimos con personas que no conocemos, y nos intentamos tapar las manos por el frío, sí, esas que nos llevamos: una delante y otra detrás. 

Tal y como aparece en el reportaje de El País, “quizá en las cuentas oficiales figuren como residentes en el extranjero, pero deberían aparecer como nuevos exiliados producto de la ceguera de nuestro país». Me quedo con la última parte: la ceguera de nuestro país. Así es, exiliados. Nunca olvidaré el llanto de una ingeniera en España pero ayudante de chef en Londres al llegar a casa. No olvidaré nunca las lágrimas de una diseñadora y modelo con marca propia en España, pero cuidadora de un niño en Londres cuando la echaron porque los padres decidieron llevar al niño a un colegio. Nunca olvidaré las palabras lacrimosas de una trabajadora social afirmando día tras día con tristeza “este no es nuestro lugar…” Nunca olvidaré el rostro amargo de ninguna mujer que he conocido y que hoy sigue luchando por sus sueños lejos de sus casas, lejos de sus familias y de sus parejas olvidándose de cómo un día vivieron… Pero si hay algo de lo que no se olvidan es de quiénes son y de cuáles son sus sueños…

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