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ALLÍ estuvo el ex presidente Aznar el pasado 18 de agosto, en Melilla, donde el caos se hizo con esa tierra española que aún en pleno siglo XXI es cuestionada. Y mientras el Gobierno español se mantenía «prudente» porque así lo decidieron, José María Aznar visitó la tan mediática zona como un «ciudadano más». Pero Aznar no es un ciudadano más. No. Un ciudadano más no planifica un viaje a una zona debatida por ese conflicto momentáneo ni llama a los medios de comunicación. No. Aznar es el ex presidente del Gobierno. Y como tal, habló. Y habló no como un ciudadano más: cuestiónó que el futuro de Melilla depende de que «se pase de la política entre el acoso y la dejadez, a una política de seriedad y decisión».

Y mientras se decidía si hablaría Rubalcaba o Moratinos, Blanco contestó a las palabras del ex presidente calificando la visita como de «deslealtad al Gobierno». Esto demuestra, una vez más, que si uno no comunica, controlando así la situación, otros lo harán por ti desbordándola por completo. Después, quizás, ya sea demasiado tarde…

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EL 17 de febrero de 2009 caminaba yo junto a la persona que escribío el prólogo que en este blog se muestra. Eran alrededor de las tres de la tarde, y cruzábamos la calle Génova en dirección a Alonso Martínez. En ese mismo paso de cebra cruzaba él. Yo apenas me dí cuenta cuando la persona que me acompañaba me advirtió: «Ángela, ahí va andando la historia…»

En este tiempo que está atravesando el Partido Socialista de Madrid (PSM), donde la lucha interna por el protagonismo y el liderazgo está en boca de todos y muchos, y donde en los próximo días se juegan mucho y todo, cabe mencionar a una persona a quien los medios de comunicación también le están haciendo un hueco en su agenda: Alfonso Guerra. El pasado domingo, el periodista y escritor , Juan Cruz Ruiz escribió una entrevista en estilo indirecto a este protagonista de parte de la historia de este país. Aquí la comparto con vosotros.

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SÍ, este es un post más de los muchos que se han publicado. Y puede que sí, que finalmente acabe en el cementerio de artículos olvidados en cuanto al tema catalán y taurino se refiere. Y, aún sabiéndolo, no detengo el rumbo que ya han tomado estas palabras… Eso sí, os pido un favor: olvidémonos del toro, de los “antitaurinos”, de las asociaciones, de Cataluña, del Estatut… Olvidémonos de todo y centrémonos en el torero, que no en el toreo, en la figura y persona humana que se adentra al ruedo…

Hablando la semana pasada con el que considero un sabio de muchas cosas, me di cuenta de un debate, desde el punto de vista humano, que España ha pasado por alto debatir. Y plantearé una pregunta desde la sencillez, porque hasta lo sencillo es válido,  como más o menos él la planteaba:

  • Cuando una persona “de la calle” se declara en huelga de hambre con el fin de luchar en pos de una causa para él/ella justa, el Estado no interviene. No le prohíbe no comer, ni lo sanciona, ni le ofrece cobertura sanitaria.
  • Ahora bien, cuando un preso de declara en huelga de hambre, el Estado interviene ¡y de qué manera! no sólo en cobertura sanitaria, sino gestionando también la comunicación en los medios de masas.
  • Entonces… ¿Por qué el Estado, y en concreto las Comunidades Autónomas, partícipes, no únicos, de la organización de las corridas de toros, dejan que un hombre arriesgue su vida en el ruedo sabiendo que el mayor peligro que corre es la muerte? ¿Por qué no intervienen en este caso?

Ahí queda, como tantas otras cuestiones sin responder…

Noticias en los medios:

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