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Publicado en La Sexta Planta, el 19 de mayo de 2017

Emmanuel Macron es el Presidente de la República Francesa desde el 14 de mayo de 2017 después de ganar las elecciones en segunda vuelta. A partir de ese momento mucho se ha contado sobre él y mucho se ha publicado en los medios de comunicación sobre su esposa Brigitte Trogneux y la influencia que en él ha podido ejercer. Más allá, en este espacio de reflexión queremos poner encima de la mesa la característica fundamental de su liderazgo, qué hará a partir de ahora y el reto de los medios de comunicación ante la comunicación inclusiva.

Os dejamos el siguiente documento: Emmanuel Macron y el liderazgo femenino (PDF)

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Publicado en BEZ el 19 de Noviembre de 2015

El “No a la guerra” es unánime en el mundo y en la historia. El “No a la guerra” suena en la misma lengua en todos los países del mundo. El “No a la guerra” no entiende de fronteras, todo es un mismo mundo. Los ciudadanos castigan a sus representantes políticos por defender crímenes contra la humanidad no justificados, cuando son ellos, sus políticos, los que deciden cuándo otros deben morir.

13 de noviembre de 2015

Atentado en París. Más de 120 muertos. El grupo terrorista Estado Islámico (ISIS) reconoce la autoría del horror. François Hollande dijo que Francia no iba a tener piedad, y no la tuvo. 48 horas después de la matanza, Francia bombardeó Raqqa, capital del Estado Islámico. Y ante la sangre derramada, movilizaciones unánimes de solidaridad con Francia. No obstante, la movilización social por el ataque Francés ha tenido tres momentos. Un primer momento de repulsa y asco hacia los terroristas y hacia la muerte provocada por un ataque contra la humanidad. Voces unánimes se oían a favor de Francia. Coros visuales se veían en las redes sociales mientras la bandera francesa ondeaba la red. Del 14 al 15 de noviembre, una segunda reacción surge. Surge cuando se empieza a tener más información sobre el bombardeo en septiembre de los aviones franceses en el cielo de Siria y en suelo musulmán. El #TodosSomosParís se calma. Ya nadie se pone la bandera francesa en el perfil. Tampoco la siria. Ahora, ya, la tercera respuesta ciudadana es en contra de la guerra y la muerte, a favor de la paz. Así nos movilizamos.

La guerra despierta emociones y sensaciones, a favor y en contra. Pero ante todo despierta opiniones. Cuando las decisiones políticas no concuerdan con el sentir mayoritario de la ciudadanía, la ciudadanía empieza a tomar decisiones y empieza a posicionarse. Estar a favor de la paz es una posición. Estar en contra de la decisión de Hollande de bombardear Raqqa es otra posición. Muchos creen que ha caído en la trampa de los terroristas al responder ante un “crimen de guerra” con más guerra. Mientras la popularidad del presidente francés sigue hundiéndose, hay quien está echando cuentas al coste de la guerra en un momento de recortes sociales. Las elecciones serán en 2017. Y la sociedad francesa ya ha empezado a hablar llorando a sus muertos.

15 de febrero de 2003

Personas de 800 ciudades del mundo salieron a la calle a protestar ante la decisión de Estados Unidos de invadir Irak. Según la BBC, se pudieron haber congregado, en contra de la decisión norteamericana, entre 6 y 10 millones de personas. El “No a la guerra” fue un grito unánime mundial, una de las manifestaciones globales más grande de la historia. Un solo cartel negro con letras rojas y en mayúsculas colgaba de paredes de instituciones públicas, patios universitarios y despachos de profesores. Según escribió Julián Santamaría, el rechazo a la guerra en Europa era de un 75-90%. España, en aquel momento, formaba parte del Consejo de Seguridad de la ONU y Aznar protagonizó la famosa foto del trío de las Azores donde Estados Unidos, Gran Bretaña y España acordaron el ultimátum a Irak argumentando que poseía armas de destrucción masiva. El 4 de marzo de 2003 el Congreso de los Diputados aprobó la proposición de Aznar sobre Irak con el apoyo de los populares. Se invadió Irak entre marzo y mayo de 2003. La popularidad de José María Aznar como presidente de España cayó estrepitosamente. La sociedad despertó ante la guerra y emitió un “no” rotundo al que él hizo oídos sordos.

El 11M es ya un símbolo en España. El 11 de marzo de 2004 fallecieron 193 personas y casi 2000 resultaron heridas en Madrid. Los terroristas yihadistas hicieron estallar 10 explosiones en cuatro trenes diferentes de la red de Cercanías de Madrid. La sociedad española lloró a sus muertos en las calles entre la lluvia y el frío. Y después continuó en las calles para exigir la verdad a su Gobierno. ¿Quiénes fueron los responsables? El Gobierno del Partido Popular actuó torpe, sin asumir responsabilidades, sin escuchar a la sociedad que imploraba. Y ante la inmovilidad política, España se movió. El sms y el “pásalo” se convirtieron en la mayor campaña viral en aquel momento. El 14 de marzo de 2004 el PSOE ganó las elecciones. El voto útil fue el protagonista. El 19 de abril de 2004, el presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció la retirada de las tropas españolas de Irak.

1 de mayo de 2003. Tony Blair pierde las elecciones municipales en Gran Bretaña. El mal de Aznar fue contagioso. El “no” del pueblo británico hizo inevitable el desgaste político. Y en septiembre de 2003, Blair vuelve a ser derrotado en la primera elección parcial de la legislatura. Lo acaecido en Irak demuestra que la negación a la escucha ciudadana tiene un coste electoral altísimo. El primer paso para tomar la decisión acertada en política, y gestionar con éxito la comunicación, es escuchar a la ciudadanía, sus demandas, sus necesidades y su grito unánime frente a las injusticias. Gerhard Schröder, el que fuera canciller alemán entre 1998 y 2005, lideró la oposición en Europa contra la guerra de Irak y la condenó públicamente. Esto ocasionó una crisis diplomática que cerró Schröder con Bush en 2005. Tanto fue así que Estados Unidos lo pudo haber espiado al oponerse a la guerra. Sin embargo, su postura frente a Irak le permitió subir en las encuestas.

26-29 de agosto de 1968

Acaban de asesinar a Robert Kennedy en Estados Unidos mientras movilizaciones en todo el mundo seguían sucediéndose contra la Guerra de Vietnam. En esos días se celebraba la Convención Nacional del Partido Demócrata. La influencia de la guerra en la Convención fue inevitable. Los demócratas con posibilidades eran Eugene McCarthy y Hubert H. Humphrey. McCarthy fue un pacifista que se mostró opositor a la Guerra de Vietnam. Su posición inamovible llegó a que Estados Unidos volviese a evaluar su papel en Vietnam. Fuentes confirman que falleció mientras dormía a los 89 años. Humphrey, quien era vicepresidente del Gobierno de Lyndon B. Johnson en ese momento, recuperó impulso como candidato del Partido Demócrata en las elecciones de 1968 cuando Johnson anunció un cese en los bombardeo en Vietnam.

 

*Gracias a Santiago Castelo, amigo y brillante compañero, inspirador de buena parte de estas líneas.

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Publicado en BEZ el 17 de Noviembre de 2015

Los motivos de la sinrazón están manchados de sangre. Y a pesar de no tener apenas datos fehacientes de la oleada de atentados en París del 13 de noviembre, ya hay una reacción social frente a la masacre. La noticia de más de 100 muertos causa expectación, terror, asco. Causa un sentimiento unitario de repulsa, no tanto frente a ideologías o religiones, que también, sino frente a la barbarie, frente a la fiereza y la crueldad, frente a la muerte. Estúpida contradicción cuando deciden otros cuándo debes morir, retando a la naturaleza y a la vileza misma del ser. Unitaria reacción social de repulsa. Así ocurrió también el pasado 7 de enero tras el atentado contra el semanario satírico Charlie Hebdó donde murieron 11 personas y otras 11 resultaron heridas. Del #JeSuisCharlie, al #JeSuisParis.

“¿Por qué la religión permite la educación pero también el terrorismo? Atacar a un ser igual que tú. #PrayforParis” ha sido el mensaje de @salmakramos, acompañado de una imagen con una cita subrayada: “En los campos de refugiados incluso se les daba a los niños libros de texto creados en una universidad estadounidense en los que se enseñaba a contar con cálculos como estos: “Si un musulmán mata a 5 de 10 ateos, quedan 5” o “15 balas – 10 balas = 5 balas”. Este ha sido uno de miles de tweets bajo ese hashtag #PrayforParis en Twitter, pero también en Facebook. #TodosSomosParis inunda también las redes. Todo el mundo busca exponer su condena y compartirla con voz alta en el máximo de canales posibles de comunicación, desde las redes sociales, hasta los mensajes de Whatsapp, desde una llamada telefónica hasta la llamada unitaria a convocarse en plazas y Ayuntamientos para mostrar el rechazo a los ataques.

El miedo es libre, como la emoción colectiva de condena. Y frente a la emoción colectiva, movilización. Frente a la ideología que mata, movilización. Porque hay ideologías que enferman la lucidez de las personas. Porque hay ideologías enfermas que matan la cordura de las personas. La reacción social frente a la injusticia se traduce en un llamamiento colectivo. La forma en que se traduce físicamente esa reacción social es la movilización. La historia se escribe en las calles y también en las redes. En las calles la acción unitaria busca la transformación colectiva hacia objetivos comunes. Y es que la gente se moviliza tanto para bien como para mal, tanto para demandar políticas más justas y rechazar las injusticias, como para celebrar un gol.

Así somos los humanos. Así reaccionamos contra nuestros propios intereses y también cuando se ataca contra la humanidad. En España, en 2003 nos manifestábamos contra la decisión del Gobierno de Aznar de participar en una guerra que no era la nuestra, la guerra de Irak. Poco después, las calles se inundaban de símbolos y consignas para denunciar el atentado terrorista en España ocurrido el 11 de marzo de 2004. Unidad contra el rechazo, contra una guerra que existe aunque no se quiera admitir. Estamos en guerra, seguimos en guerra y parece que no lo queremos ver.

Unidad con lo que es nuestro y contra lo que no es nuestro. Así reaccionamos las personas. En todo el mundo se convocan movilizaciones por diferentes motivos. El diccionario de la movilización colectiva es amplio: manifestaciones, protestas, movilizaciones, concentraciones, marchas… Y en cada país del mundo tiene un sentido diferente, así como posturas políticas distintas. En Latinoamérica, por ejemplo, las “marchas” son opositoras, las “concentraciones” a favor, las “protestas” son personales, pero todo son movilizaciones. En Europa no es común, pero quien vive en países del centro y sur de América Latina, es testigo también de convocatorias en las redes para ir a las calles y a las plazas que se traducen en colectivos emitiendo al mismo son consignas en pos de la defensa de lo construido, o lo también denominado “vigilias”. Ocurre en Ecuador, ocurre en México, ocurre en Chile, ocurre en Argentina y ocurre en Brasil.

¿Quién no recuerda la Primavera Árabe? Reaccionamos frente a las causas comunes que nos unen. Nos movilizamos para la transformación colectiva aunque la sociedad no sea consciente del poder que tiene. O no todavía. Los alzamientos populares han servido a lo largo de la historia para transformar el mundo, para derrocar Gobiernos, denunciar las crisis que nos imponen por intereses económicos, conseguir políticas más justas, o denunciar el terrorismo, el mayor cáncer de las sociedades del ayer y del hoy. Empleamos mensajes para el levantamiento colectivo y empezamos a compartir imágenes en respuesta al rechazo, para evidenciar, desde el pensamiento visual, que sobran motivos por los que decir “no” a tiempo. Desde las Abuelas de la Plaza de Mayo en Argentina, al hombre que llora en Grecia porque no puede obtener su paga en un momento crítico para el país y para la supervivencia, pasando por la movilización mundial por los 43 estudiantes desaparecidos en México, el caso Ayotzinapa que nos tiene conmovidos aún. Desde la denuncia masiva por la negación a la recepción de refugiados en Siria, hasta la imagen de esa niña que dice ser una guerrera, no una princesa, para oponerse a la muerte de mujeres por violencia machista en España en el #7NFeminista.

La libertad sigue estando en crisis. La injusticia y las ideologías más cruentas siempre acaban matando. Unas lo hacen más lentas que otras. Francia será implacable, dice, porque con el sufrimiento no se negocia, ni en París, ni en cualquier país del mundo.

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