Your address will show here +12 34 56 78

EL presidente del Gobierno español cree que ya ha hecho sus deberes. Deja la pelota en el tejado europeo. Pero Europa no le dice ni sí ni no, mantiene la respuesta en una incertidumbre estática cual padre que quiere que responda la madre ante la petición atrevida del niño chico.

¿Mariano Rajoy habla con Rubalcaba? Un Rubalcaba que espera pactos y que está haciendo bien sus deberes aunque no hable mucho en clase y pase más bien desapercibido. Dos líderes que dicen mantener el contacto a pesar de que ninguno tiene el número de móvil del otro, tal y como aseguró el líder de los socialistas en la última entrevista en la cadena SER. Raro, pero cierto, aunque según asegura el socialista, esto no suponga ningún inconveniente.

Ayer, Rajoy ofreció un discurso de altura física, mientras que Hollande emitió un discurso de altura política. Ahí quedo la fotografía. Y ahí quedó la diferencia entre ambos a pesar de que sea también ideológica. Al menos, lo que sí quedó fue esa aproximación que tranquiliza.

Del discurso de la austeridad hemos pasado al discurso del crecimiento. Eso es lo que estamos oyendo estos dos últimos días después del batacazo con los datos de la prima de riesgo, y de un banco, Bankia, que ha pedido ayuda a voces hasta que sus cuerdas vocales han dicho basta.  Falta de credibilidad en cuanto a la sostenibilidad de nuestro sistema financiero, falta de mensajes positivos oportunos en cuanto a las posibilidades de España para salir de la crisis, falta de coherencia política entre la Ejecutiva española y una marca España que decrece y decrece…

No hay fiabilidad, no hay fidelidad, no existe la credibilidad. La sociedad continua solicitando su derecho de ser escuchada: crisis social también. No hay presidente que baje a la plaza. Faltan mensajes y falta un discurso creíble a pesar de que se quiera dar un giro hacia lo positivo. Para dar ese giro, tiene que darse el contexto y demostrarlo.

El discurso, sigue sin convencer a España. Y sigue sin convencer a Europa.

7

NACE en De Cerca una nueva sección titulada “En Femenino” debido a mi propósito académico encaminado hacia un doctorado que mucho tendrá que ver con la mujer y con su liderazgo. Y como no podría ser de otra forma, en esta inauguración quería hablar de una mujer.  Una mujer, y manchega, que descubrí por casualidad y de estas formas en las que encuentras las verdaderas cosas que le interesan a un@.

LEONOR Serrano Pablo es del pueblo de mi madre, Hinojosas de Calatrava, un pueblo perdido entre la sierra manchega ciudadrealeña, entre el pasto y la paja dorada que envuelve esta tierra. Difícil es llegar a él por una carretera llena de curvas y cuestas en la que no se pude conducir a más de 40 Kms/h en la mayoría de los tramos. Pero entre las profundidades, se encuentra esta localidad de poco más de 500 habitantes hoy en día.

LEONOR, nació en 1890 y con seis años lideró su primer cambio: la Reina Regente María Cristina, tras toparse en este pequeño pueblo con ella, decidió becarla. Estudió en la Escuela Superior de Magisterio y en 1913 se traslada a Barcelona como inspectora de escuelas. Estudió fuera de España, marchó, constató el método Montessori, se casó con el catalán Josep Xandri Pich y dedicó su vida también a la investigación. No obstante, fue la primera mujer abogada y con bufete en Barcelona y su liderazgo de hizo notar en la II República cuando demandó el voto para las mujeres, cuando reconoció que el divorcio era una necesidad, cuando vio que la mujer en los cargos públicos sumaba, no restaba, y cuando se dio cuenta de que era necesario suprimir la pena de muerte. Como maestra, lucho contra el analfabetismo.  La Guerra Civil le quitó a su marido y a su hijo. Ella marchó, como muchos otros españoles, a Francia. A su regreso, fue reconocida y expedientada por el Tribunal Militar.

Como Leonor, hay muchas otras mujeres que fueron líderes y otras muchas que están por liderar en el futuro… ¿Empezamos?

16

Las calles de Madrid se tiñen de sangre

Á. P. Martín Fdez – Madrid

A los franceses no les es suficiente con obligar a Carlos IV y Fernando VII a abdicar en Bayona. Tampoco con imponerse en tierras españolas y subir al trono al hermano títere de Napoleón, José Bonaparte. Ahora, el cuñadísimo Murat quiere trasladar a los hijos de nuestro Rey, María Luis, Reina de Eturia y al infante Francisco de Paula hasta el agujero francés en el que han metido a su padre.

“¡Que nos lo llevan!”. Ese era el grito del gentío madrileño al mismo tiempo que se congregaban a primera hora ante el Palacio Real. Al ver que los soldados se llevaban al infante, los ciudadanos han comenzado un levantamiento popular espontáneo y han intentado asaltar la propiedad Real.

Murat, cuñado de Napoleón y noble militar al mando en Madrid, ha ordenado a la Guardia Imperial de palacio que luchara con artillería contra la muchedumbre exaltada. A los madrileños, indignados por la salida de los hijos del Rey, les ha unido el sentimiento de vengar a sus muertos, asesinados a manos de los franceses, y de deshacerse de los mamelucos y de los lanceros napoleónicos. El levantamiento pronto se ha extendido a todos los rincones de Madrid, protagonizando las luchas callejeras más sangrientas en la Puerta del Sol, en la Puerta de Toledo y en el Parque de Artillería de Monteleón. Sólo dos artilleros españoles del parque han desobedecido las órdenes del capitán general Javier Negrete y se han unido a la insurrección: los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde.

Esta misma tarde, Murat ha proclamado una victoria inexistente ante una población débil, herida, muerta. Pero audaz. La jornada ha finalizado con el fusilamiento de inocentes madrileños en el Salón del Padro y en los campos de La Moncloa.

7

POSTS ANTERIORESPágina 2 de 4POSTS SIGUIENTES