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Desde Bruselas, os comparto el artículo para El País tras el debate que se celebró en el Parlamento Europeo entre los candidatos a la presidencia de la Comisión en Europa. Preciosa experiencia, preciosa noche.

Publicado en El País, blog Mujeres, el 16 de mayo de 2014

Una candidata entre candidatos

¿250 millones de mujeres en la Unión Europea y ni una sola de ellas vale lo bastante?

Soledad Gallego-Díaz

La Plaza de Luxemburgo en Bruselas se empieza a llenar de gente que quiere compartir unas cañas entre amigos y compañeros. El jueves es el día. Mientras, algunas personas sin recurso alguno dormitan a los pies del Parlamento Europeo. Y dentro, un debate entre los candidatos a presidir la Comisión. 15 de mayo. El reloj marca las 20 horas y 49 minutos. En ese preciso instante, Alexis Tsipras (candidato de la izquierda europea), Ska Keller (candidata de Los Verdes), Martin Schulz (candidato por el PSE), Jean-Claude Juncker (candidato por el PPE) y Guy Verhofstadt (candidato liberal) entran al hemiciclo convertido en todo un programa televisivo. Su tiempo es de un minuto y un atril iluminado para cada intervención.

Cinco candidatos… y una sola mujer. Alemana y verdeSka Keller nació en Brandemburgo en 1981 y a pesar de su juventud y de los que la acompañaban ha sabido tomar las riendas de un debate de diferencias ideológicas, más que de diferencias argumentativas. Personas del entorno parlamentario dicen de ella que es una mujer fuerte, de gran actitud y seguridad, pero con poca experiencia. Y si es esta su debilidad, al menos no la ha sacado a pasear en el debate. Si algo sabe hacer bien Keller es tomar las riendas de su propia comunicación.

Ha pedido hasta 3 veces el comodín que te permite tomar la palabra por otros 30 segundos más y lo ha hecho para interpelar al liberal Verhofstadt (con quien ha mostrado tener más diferencias) y a Juncker. Con botas planas y negras, falda negra, camiseta negra y americana verde ha anunciado que la decisión sobre Europa la tienen los ciudadanos, pero sabiendo que ella lucha por recuperar el “sueño europeo”.

Y al escuchar “sueño europeo” nos viene a la mente el concepto inevitable del sueño americano estadounidense y toda la maquinaria de comunicación estratégica tras la imagen del presidente Obama bajo el lema “Yes we can”. Incluso nos viene a la mente la replicada idea en Ecuador con ese “sueño ecuatoriano”. Ahora ya conocemos el sueño europeo. Keller lucha contra el cambio climático, lucha por la solidaridad y la democracia. Pero ahora son los ciudadanos quienes tienen la palabra, dice. Controla la fuerza de sus mensajes, y su seguridad. Comunica con sus manos cuando habla de sueños, de salud, de educación, de empleo… cuando habla de migraciones legales tras el velo del Nobel de la Paz. Y comunica con el tono de su voz cuando no está de acuerdo con Guy Verhofstadt.

Keller es de las que piensan que la banca debe recaudar más dinero para salvarse a sí misma. De las que creen que le sobra poder a los lobbies y que necesitamos de nuevas energías que bajen nuestro nivel de dependencia energética. Es de las que piensan que son los propios ciudadanos los que tienen la palabra para decidir sobre el futuro de sus regiones. De hecho, acogería a Cataluña en la UE en el caso de que llegara a independizarse.

¿Qué le diría a los ciudadanos desilusionados? Le ha preguntado la moderadora del debate Monica Maggioni. No les diría nada, “primero los escucharía” y después les animaría a “cojan ustedes esta Europa y háganla mejor”.

Sin embargo, mientras terminaba el debate europeo, otro empezaba en España. El de Miguel Arias Cañete (candidato del PP) y Elena Valenciano (candidata del PSOE). Europa no se olvidó de España. Pero este debate tuvo tintas nacionales olvidándose de Europa. Y no sólo eso. Cañete se ha olvidado de la mujeres y de conectar con ellas.

Esta mañana despertamos con un comentario del popular que no ha pasado desapercibido: «El debate entre un hombre y una mujer es muy complicado, porque si haces un abuso de superioridad intelectual parece que eres un machista que está acorralado a una mujer indefensa». Valenciano no ha tardado en responder a través de Twitter: «¿Entonces? ¿Qué hacemos? ¿Fuera mujeres del debate?» La justificación posterior a un debate es perder el tiempo para dárselo al rival. Y más cuando se trata de justificaciones de este tipo.

Elena Valenciano es mujer y habló de la igualdad de las mujeres, recordó las 28 mujeres víctimas mortales de la violencia de género de este año, su condición de madre y de la libertad de las mujeres en la decisión sobre su embarazo. Un tema, el aborto, que también fue mencionado en Europa.

¿250 millones de mujeres en la Unión Europea y ni una sola de ellas vale lo bastante?, se preguntó un día Soledad Gallego-Díaz. Hoy, el 35% de los políticos en el Parlamento Europeo son mujeres. ¿Llegar a tener una representatividad femenina de la sociedad europea también es un sueño? Keller ya ha sabido poner voz a otro liderazgo en Europa que no pasa por Angela Merkel. Pasa por nuevas formas, otros discursos. Políticas para otra política. «Querían caras en la UE y aquí estamos». Veremos si su actuación en el debate electoral de los candidatos a presidir la Comisión Europea ha sido suficiente.

De momento, sus adversarios se han puesto de acuerdo para dejarle unos segundos finales a Keller. Segundos dedicados a coger un cartel en blanco y anunciar que todos estaban de acuerdo con: #BringBackOurGirls.

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Publicado en El País, blog Mujeres, el 6 de septiembre de 2013

Aún recuerdo la conversación con la coach Begoña Gozalbes en aquel invierno de 2011, a pocos días de celebrarse las elecciones generales del 20N, y tras escuchar por televisión a Susana Díaz en el mitin de Dos Hermanas, Sevilla: “Ojo con esta chica, que irá para presidenta”. El 5 de noviembre, una foto: cuatro hombres y una mujer, ella. Casi dos años después, su ímpetu y su trayectoria, siempre nadando a favor en las aguas de la propia estructura del partido, la han llevado a convertirse en la primera presidenta de la Junta de Andalucía.

Qué diría, cómo lo diría y, lo más importante, en qué se diferenciaría de José Antonio Griñán, era una incógnita. Pero el discurso de investidura lo ha resuelto con 7.943 palabras y muchos elementos de fondo:

1.- La mujer: sabía que ser mujer la diferenciaría, que tenía la oportunidad y que debía aprovecharla. Tanto, que su discurso ha empezado haciendo saber las críticas que ha recibido por ser ella, por ser quién es y por crecer como ha crecido. Y, cómo no, haciendo saber que ella es y será la primera de la historia. Sin perder la perspectiva, a ellas, a las mujeres, también se ha dirigido directamente:

Es la primera vez que una mujer se presenta en esta Cámara como candidata en un procedimiento de investidura.

Con independencia de la opinión que tengan de mi persona y del proyecto político que represento, con independencia del sentido que den a su voto tras el debate que seguirá a esta intervención, permítanme en primer lugar que destaque el hecho histórico de que una mujer pueda acceder a la presidencia de la Junta de Andalucía, si sus señorías dan su confianza.

Durante siglos y hasta fechas recientes, en Andalucía, en España y en tantos otros lugares de todo el mundo las mujeres hemos ocupado un lugar secundario, muchas veces olvidado o simplemente invisible en la política y en otros muchos ámbitos de decisión.

Esta misma Cámara ha sido testigo de esa discriminación histórica: cuando se constituyó por primera vez, en 1982, apenas seis diputadas ocupaban un lugar entre los 109 escaños del Parlamento de Andalucía.

2. Gracias: guiño a Griñán, agradecimiento directo, mención directa a él, le da cierto protagonismo. Sin él, ella no estaría donde está. El acto de renuncia de Griñán es el motivo de la lectura de ese discurso de investidura. Cuando Susana Díaz bajó de la tribuna, el primer abrazo fue para él. El segundo para su socio de Gobierno, Diego Valderas

Señorías, en definitiva, esta sesión de investidura se celebra tras la renuncia voluntaria del actual presidente en funciones, don José Antonio Griñán. Voluntaria y déjenme decir que generosa pues ha sido concebida y puesta en práctica para dar paso a un nuevo tiempo político. Como él mismo dijo en esta misma tribuna, sólo nuevos pilotos nos llevarán a nuevos horizontes.  

En eso estamos, querido presidente, y permíteme que te muestre desde aquí mi agradecimiento a tu trabajo y tu altura de miras.  

3.- Más propuestas que emociones: Susana Díaz se ha mostrado contundente al emitir su discurso, sonriente a veces. Ese traje azul y esa chaqueta blanca transpiraban formalidad. Leyendo, pero mirando al mismo tiempo. Niña, pero madura. Segura, pero insegura de igual modo. Su discurso podría haber sido emocionante, podría haber sido pasional. Pero no lo ha sido. Ha elegido las propuestas en vez de las justificaciones sensacionales. Ha elegido releer con auténtico acento andaluz lo que cree que hay que hacer para resucitar esa “fuerza del sur” en la que ella cree.

4.- Titulares: los titulares que ha anunciado para referirse a ese “tiempo nuevo” son muchos y encontrar uno clave entre los medios de comunicación en difícil: “busca la oposición estable”, “le plantea a Rajoy un pacto nacional para la regeneración democrática”, “me avergüenza la corrupción… Pero también ha hablado de economía, emprendimiento, igualdad… Ha intentado ordenar las ideas por temas centrales después de diagnosticar cómo está el panorama español con respecto a la confianza que tienen los ciudadanos a los políticos. Ya van muchas promesas enunciadas, y demasiados compromisos, que no se cumplen.

5.- Transparencia: sin embargo, hay un aspecto diferenciador, otras cuestiones “innovadoras” a las que se ha referido y las cuales desea que se perciban como el verdadero cambio diferenciador de la nueva etapa en Andalucía.

Por eso nos proponemos que la transparencia sea el principio rector del funcionamiento de la Administración, aprovechando sin titubeos todas las potencialidades que ofrecen las tecnologías de la información y comunicación (TIC) tanto desde el punto de vista del acceso de los ciudadanos a la información como desde el establecimiento de nuevos mecanismos de participación, reales, ágiles y eficaces, para lo cual me comprometo a remitir al Parlamento el proyecto de Ley de Participación antes de que finalice el presente año. 

En el tiempo nuevo que les propongo inaugurar, el “gobernar para los ciudadanos” debe ser sustituido por el “gobernar con los ciudadanos”. Si consigo la confianza de la Cámara, asumiré el reto de construir un gobierno abierto para Andalucía.

 

Transparencia ha dicho, y se ha fijado el reto de construir un gobierno abierto para Andalucía. Sin embargo, Susana Díaz en Twitter no escribe desde el 25 de julio. Y su biografía, en la red de microblogging, cuando acabó su discurso, rezaba lo siguiente:

 

24 horas después, se había cambiado, pero nada se había publicado. Tan sólo imperaba la palabra Andalucía y había ganado más de 500 seguidores:

La transparencia y el Gobierno abierto no pasan por un perfil de Twitter ni de Facebook, Instagram o Pinterest. Pero el comportamiento comunicacional online se puede interpretar como un termómetro ante una actitud y una predisposición. Estar no es lo mismo que comunicar. Y anunciar no es lo mismo que hacer. Se trata del fondo de la cuestión y de las formas. Se trata de la intención. Por este hecho, probablemente, la presidenta de Andalucía esté con más ojos encima que menos.

A partir de este momento, una mujer lleva las riendas de la “fuerza del sur”. Veremos si realmente se convierte en el cambio en Andalucía y si, finalmente, las intenciones las convierte en hechos demostrables. Estar cerca del padre no le conviene. Y sabe que el antisusanismo está vivo y presente. El verdadero cambio, aplicar la transparencia política y acallar las críticas sólo dependen de ella.

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TENÍA muchísimas ganas de que este número de Campaigns & Elections viera la luz. Desde que le propuse a Israel Navarro la idea. Hemos creído que un número específico que hablase sobre la mujer en política era necesario. De modo que millones de gracias a todos los colaboradores que lo habéis hecho posible.

En este número, contribuyo con un artículo que para mí es muy especial porque es mi campo de investigación en el doctorado. Espero que lo disfrutéis tanto como disfruto yo aprendiendo del pasado para intentar que nuestro presente sea un poquito mejor…

 

Mujeres que sangran

España: el ciclo triangular de la mujer en política

La historia de la mujer en la política española tiene tintes de sangre, dolor y guerra. Estudiar las décadas desde los años 30 a los 50 es tarea para aquellos que quieran meterse en la piel de muchas mujeres que arriesgaron su vida y su persona para lograr un sueño del que hoy disfrutamos otras. Daba igual la ideología o el color del traje de guerra. La muerte, la amenaza y la persecución estaba grabada en los ojos de las mujeres españolas.

A partir de la II República, pasando por la Guerra Civil y, posteriormente, hacia un nuevo cambio en posguerra, el papel de la mujer ha ido tomando diversas formas en función de la época por la que se atravesaba. Más de dos décadas en donde la mujer se ha hecho especialmente fuerte a nivel político. La mujer guerrillera, la mujer política, la mujer reivindicativa, libertaria, gestora, líder… Cada una de ellas ha ido evolucionando, madurando en su versión más política y, cómo no, en función del contexto. Pero también han cambiado sus inquietudes, su función como mujer y su aceptación social.

II República

En España, el papel de Clara Campoamor tuvo connotaciones muy importantes. Sin su lucha en el Partido Radical, sin su presencia, el voto femenino no hubiese sido como fue y no hubiese sido cuando fue. No fue fácil en plena II República española discutir con diputados acerca de la escasa lucidez que puede llegar a tener una mujer en pleno periodo menstrual. Absurdeces que no hacían más que debilitar un periodo republicano que tiene mucho que ver con decisiones que se tomaron muy modernas y progresistas para la época. “La transformación de España, despacito”, decía Clara. Había muchos seres de corbata en contra del voto femenino. Y alguna mujer que ocupaba escaño también, como la socialista Margarita Nelken, quien creía que no era el mejor momento como para que la mujer votara, y suponía un peligro para el régimen político que se vivía.

El discurso, la iconografía y el liderazgo de la mujer en la vida pública pasaba por una necesidad imperiosa de su presencia en la sociedad. El primer paso que debían superar era el de la barrera de la desigualdad en la educación. Gracias al aumento de los Estados Liberales a lo largo del siglo XIX, la educación pública creció de la mano de la burguesía. Y con ello un debate discriminatorio sobre el cual se asentaba el argumento de que la educación para la mujer podía ser perjudicial. La decisión contraria imperó finalmente, pero asentada bajo un concepto totalmente machista: educación para que la mujer pudiera ejercer bien su trabajo de esposa y madre. Las mujeres, no sin esfuerzo, supieron aprovechar bien ese acceso a la educación. En el año 1900, una mujer estudiaba por cada 15.000 hombres. Entre los años 1919 y 1920 ascendió al 2%. Y poco a poco fueron accediendo a los estudios superiores. Aunque otro factor más las discriminaba: el trabajo.

Como bien apunta la investigadora irlandesa Mary Nash, existe una amnesia profunda en cuanto a la participación política de las mujeres españolas. Esa amnesia es difícil de corregir en un país como España después de la tergiversación de la historia por parte de los historiadores franquistas que deformaron la visión de los movimientos sociales y políticos. Movimientos, como por ejemplo, el de las feministas.

Guerra Civil

La Guerra Civil española se olía en las calles españolas como el estiércol mal usado cuando se esparce. Casi de manera inevitable, a lo largo de los años 30 surgieron agrupaciones de mujeres y feministas alrededor de las corrientes políticas y de los partidos políticos. Frente a la amenaza bélica, empiezan a surgir discursos que llevan implícitos las palabras “paz” y “libertad”. El discurso de las mujeres era ese mismo, emplear palabras en la “guerra de la defensa de la democracia”. Sin embargo, el poder de la palabra negativa era brutal: la Agrupación de Mujeres Antifascistas desarrollaron un discurso militarista con un fin concreto: la garantía de la paz. Parece contradictorio, pero fue así.

Muchas mujeres en la Guerra Civil optaron por un discurso de paz, quizás para tranquilizar su alma o para que no encontraran al hijo o al marido oculto. Muchas mujeres en la Guerra Civil vestían de negro y sangre, por los hijos que le habían matado y que debían enterrar, o por los encarcelados. Ellas tuvieron diferentes papeles en esta guerra, empezando por ser madres protectoras y esposas que esperaban el tiempo que hiciera falta. Pero no se puede generalizar porque no todas eran “rojas”, no todas estaba en la cárcel, y no todas participaron en la vida política.

Hay una obra clave escrita por Paul Preston, el historiador más reconocido por su trabajo acerca de la historia España. Esa obra lleva por título “Palomas de guerra”. Y en ella se narra la historia de cinco mujeres muy diferentes entre sí tanto por la clase social a la que pertenecían como por el país de donde provenían para luchar en España por la causa que cada una defendía. Ellas son Merecedes Sanz-Bachiller, fundadora del Auxilio Social y esposa del fascista Onésimo Redondo; Nan Green, comunista británica que trabajó en la Guerra Civil unida a las Brigadas Internacionales; Priscila Scott-Ellis, hija de Lord Howard de Walden, enfermera en la Guerra Civil apoyando el Ejército Nacionalista; Margarita Nelken, hija de judíos alemanes, parlamentaria socialista en la II República; y Carmen Polo, esposa del dictador español Francisco Franco. Es apasionante navegar por esta obra y descubrir el sentir y el hacer de cada una de estas mujeres en un momento clave como lo fue la Guerra Civil española. A pesar de sus raíces ideológicas, muchas mujeres tenían ese sentido de lo humano, de lo protector, del cuidado, de sentirse útiles y luchar, sufrir y sangrar, costase lo que costase, por una causa. Tal y como narra Paul Preston, “cuatro de estas mujeres, a pesar de sus diferentes nacionalidades, orígenes sociales e ideologías tenían mucho en común. Eran valientes, decididas, inteligentes, independientes y compasivas. En distintas medidas, a todas les dañó la Guerra Civil y sus consecuencias inmediatas y a largo plazo. Como resultado directo de la guerra, dos enviudarían, dos perderían hijos. Dos de ellas se quedarían profundamente traumatizadas por sus experiencias en la línea de frente. El fantasma de la Guerra Civil les acompañaría el resto de sus vidas”. Así es, como esposas y madres, las mujeres quedaron muy afectadas por las luchas políticas de los años 30 y 40, fueran del color que fuesen.

Como escribe la investigadora Mary Nash en su obra “Rojas, las mujeres republicanas en la Guerra Civil”, las mujeres encarnaban la lucha por la supervivencia porque su responsabilidad fundamental era proteger y mantener a sus familias en medio del hambre, del racionamiento, de las colas interminables, la escasez de alimentos, deficiencias sanitarias e higiénicas, los bombardeos constantes, los excrementos en los búnkeres… No hay que olvidar que los hombres fueron llamados al frente al estallar la guerra, por lo que las mujeres asumieron la responsabilidad del hombre al mantener a sus familias, al sustentarlas y protegerlas. Fue así como la mujer tomo parte en su lucha propia y se convirtió autónoma y autosuficiente al carecer de marido. Eran mujeres independientes. Las mujeres buscaron sus propios medios de subsistencia y sus propios recursos para sobrevivir. Se desarrollaron sus capacidades de liderazgo en medio del sufrimiento y la pérdida. En medio de tener que parir a sus hijos en soledad en medios de las granadas que explotaban a cada paso. ¿No es eso fortaleza?

Otra mujer que cabe destacar es la desconocida Leonor Serrano Pablo. Esta mujer nació en Castilla – La Mancha, la tierra de Don Quijote. Una mujer que significó un antes y un después en la educación española al traernos desde Italia, e implementar, el método Montessori. Este método consiste en que los niños preescolares iniciaran su formación de tal manera que, con el inicio antes de la educación, las mujeres pudiesen escapar de las cuatro paredes de la casa que la tenían esclavizada para empezar a conciliar una vida familiar y laboral. Leonor Serrano era feminista y también defendió el pecado mortal de Clara Campoamor, el voto femenino. Esta pedagoga, abogada y escritora tuvo que exiliarse en plena Guerra Civil con el marido y el hijo muertos. Tras la guerra volvió a Madrid habiendo perdido su sueldo y su puesto. Murió en 1942 antes de que la condenaran haciendo lo que mejor sabía hacer: educar.

Después de la guerra, la dictadura de Franco

Un nuevo ciclo empezaba para la mujer después de la Guerra aunque, con el Franquismo, derechos que se habían conseguido a lo largo de la II República, les fueron arrebatados. Sin embargo, un sentimiento se gestó en ellas porque jugaron “un papel decisivo en la resistencia civil al fascismo. La experiencia de sobrevivir a la guerra dio una nueva dimensión a los roles clásicos de madre y ama de casa”, dice Mary Nash. Hablamos de una dimensión colectiva y visión “proveedora”. Las actividades femeninas estaba enfocadas hacia la mejora sociocultural y al desarrollo de oportunidades.

Paul Preston inicia su capítulo para hablar de Margarita Nelken de la siguiente manera: “A principios de 1939 Barcelona era una ciudad que reventaba por los cuatros costados de refugiados hambrientos de toda España. Su respiro ante la persecución implacable de las tropas del general Franco no dudaría mucho. El purgatorio estaba a punto de convertirse en infierno. Cuando el 23 de enero llegó la noticia de que los nacionales habían llegado al río Llobregat, a tan sólo unos kilómetros al sur de la ciudad, se inició un éxodo colosal. Una multitud aterrorizada de cientos de miles de mujeres, niños, ancianos y soldados derrotados emprendieron un viaje largo y difícil hacia Francia”. No todos lograron llegar. Y no todos lograron llegar vivos. Aquellas personas que lo lograron, y cuyo cabeza de familia militaba en algún partido, como el Partido Comunista, tuvieron un papel fundamental. Mientras el marido se jugaba la vida tras la guerra saltando la frontera entre España y Francia, siendo “enlace” para organizar de nuevo al partido y evitar que Franco estuviese mucho tiempo en el poder, las mujeres se quedaban en Francia creando sus propios negocios, pariendo a sus propios hijos y sustentando económicamente a la familia. Se ayudaban unas a las otras mientras ellos estaban en el monte esquivando las balas de los Guardias Civiles.

Muchas mujeres no tuvieron la suerte de poder exiliar. Por “rojas” las castigaban, las torturaban física y psicológicamente. Las purgaban con aceite de ricino para eliminar “todo lo malo que llevaran dentro”, las rapaban al cero y les prohibían ir de luto en el caso de que hubiese muerto algún familiar. Los juicios de posguerra eran crueles y carentes de argumentos. La historia más conmovedora en España es la que lleva por título “Las trece rosas rojas”. Los asesinatos se sucedían como el rezo del pan nuestro de cada día. “Prefiero morir de pie que vivir de rodillas”, dio la dirigente comunista Dolores Ibarruri “Pasionaria”. Muchas murieron debido a las torturas inhumanas trasladadas del nazismo alemán para hacerlas hablar y delatar así a sus parejas. En posguerra, “Toda España era una cárcel”, como la obra escrita por los periodistas Rodolfo y  Daniel Serrano. Pero esta es otra historia…

Mujeres y políticas

Tres épocas, tres décadas y muchas más después de posguerra. Sin embargo, entre los años 30 y los 50, en España se vive una intensa revolución en lo que se refiere a la participación de la mujer en la vida política. Un ciclo que he decidido llamar “triangular” en mi tesis doctoral con una connotación bestial: (i) II República y el acceso de la mujer a la política, derechos, participación y lucha por las libertades; (ii) Guerra Civil y la mujer sumisa, freno contundente a la participación femenina, pero al mismo tiempo el nacimiento de un sentimiento y de unos roles desconocidos hasta la fecha como consecuencia de la guerra; (iii) y posguerra, el desarrollo de esos roles y la lucha de nuevo por las libertades de la mujer al darse cuenta de que es un elemento activo y clave en la sociedad de hoy, tiene voz y voto. Las mujeres se dieron cuenta de que ellas son importantes, son capaces y están cualificadas para participar en política porque tienen mucho que decir. Sentían y sienten que sus voces tenían y tienen que oírse. Sin este papel que entonces se jugó, sin estas mujeres que “sangraron”, las políticas españolas tal como las conocemos hoy no existirían.

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