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La imagen es política. Una imagen es política. El pasado 18 de febrero tuve el placer de participar en la Academia para la Profesionalización de la Política (APP) en Santo Domingo, República Dominicana. Debía este espacio desde entonces, pero nunca es tarde cuando la oportunidad se acecha inmediata. La conferencia la titulé “Imagínate. Inspíranos”. ¿El objetivo? Compartir detalles sobre la construcción de la imagen política lejos de estéticas, corbatas o faldas mal conjuntadas. La imagen en política, para sorpresa de las 400 personas que asistieron no es eso, o no sólo. Mi objetivo fue hablar de la construcción de la imagen para inspirar a los demás, evocar sensaciones en los demás con un fin concreto desde la sencillez y desde la humildad política. Y aquí recomiendo un texto de José Antonio Martín González que resulta muy ilustrativo.

Para empezar a contar esa otra forma de construir la imagen quise que una fotografía fuese la protagonista de todo un relato. Banksy fue mi inspiración con su “Girl With a Ballon”. ¿Por qué? Porque en política ya no se trata de construir una imagen desde el marketing y la publicidad, se trata valores, comunicación y naturalidad, se trata de suscitar en el público sensaciones que influyan en sus decisiones pero ejerciendo un acompañamiento constante. La suma de los comportamientos y la adecuación al contexto acompañarán a ese público objetivo a tomar una decisión concreta en un momento determinado, del mismo modo que una niña acompaña a un globo, incluso con su mirada, sin perderlo de vista ni un momento hasta que toma la decisión de dejarlo volar.

Construir la imagen política se trata de ser héroes y heroínas. Ese es el primero paso, decir “no” a tiempo para decir “sí a todo lo demás”. Porque decir “no” a tiempo significa empezar a tomar decisiones, decisiones que empiezan a formar parte de esa imagen que se está construyendo. Decir no a tiempo significa adelantarse. Decir no a tiempo significa decir sí a lo que crees importante. Decir no a tiempo significa, político,  decir no a lo que no quieres para construir lo que sí deseas. Y empezar a cambiar. Y es aquí donde empiezas a construir tu imagen.

Recuerda que… «El éxito siempre se encuentra al final de una carrera de obstáculos repleta de exigencias, contratiempos, zancadillas e incomprensiones que hay que estar dispuesto a asumir y afrontar. La base de los podios está construida con materiales fundamentalmente humanos: tesón, esfuerzo y una inquebrantable voluntad, fraguados con la inteligencia y la sagacidad», tal como así expuso Joaquín Lorente.

La imagen no es un escaparate, debe significar la proyección de una forma de vida. La imagen no es sólo lo que se ve. También es lo que se siente.  Una  anécdota: Jakes Séguéla le serraba los colmillos al candidato François Mitterand para eliminar su sonrisa vampiresca y presentarlo como la fuerza tranquila. Presidió la República de Francia durante cerca de 14 años.

Estoy de acuerdo con José Antonio Martín que, en la construcción de la imagen política, intervienen tres elementos fundamentales que hay que trabajar con el máximo equilibrio:

1.- Credibilidad: los factores biográficos, la experiencia, madurez e integridad, honradez y sistema de valores personales.

2.- Carácter: la vida, el origen, la familia, el entorno…

3.- Actividad: coherencia entre lo que se siente, lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace.

Cuando uno de estos tres elementos no está en equilibrio, se trabaja al máximo para que confluyan a la vez la credibilidad, el carácter y la actividad. La buena imagen no estará siempre en vestirse acorde al momento y al lugar en función del mensaje que se quiera transmitir. También la imagen se construye con valores y con un discurso coherente a la vida de uno mismo. Nunca se construirá una buena imagen política si sólo hay apariencia. La imagen política será coherente cuando haya equilibrio entre la credibilidad, el carácter y la actividad del político.

En esto último que digo, pongo un ejemplo reciente. Poco antes de las elecciones andaluzas del pasado 22 de marzo, empezó a circular una noticia en medios de comunicación hablando del “cambio de imagen” de la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz. “El cambio de imagen (a mejor) lleva al triunfo a Susana Díaz”, rezaba el título del artículo de El Mundo. Pero como es evidente, el cambio de su imagen no es en absoluto lo que le ha llevado al triunfo a Susana Díaz, sino una serie de factores contextuales y políticos que podían habérsele vuelto en contra. El que ahora sea rubia nada tiene que ver con un voto más. Su posición, su papel en el partido, el tiempo, sus padrinos y un discurso basado en la “sensibilidad” han pesado más. La imagen en política es mucho más que un tinte dado en el momento de la vida de un político o de una política. De hecho, incluso podríamos decir que dio una pésima imagen por su comportamiento en el segundo debate electoral: la falta de respeto por sus contrincantes, por la periodista que moderaba y por los ciudadanos que estaban presenciando el espectáculo del puro teatro político dejó en evidencia  a una política cuya imagen no era ni de lejos con la que nos había hecho creer. Por carácter se puede deducir que le costará llegar a acuerdos políticos. Y podemos sospechar que será una mamá muy gruñona…

Para terminar, os dejo algunos consejos finales…

  • Hay que evitar construir imágenes de poder por el poder.
  • Hay que hablar más de personas y menos de… estilos.
  • Animo a construir imágenes que evoquen los cambios que las sociedades necesitan.
  • Y animo a construir una imagen política que acompañe a los ciudadanos hasta el momento de su decisión final. Decisión que será la que defina el futuro de tu existencia política.

 

«… este señor tiene todas las virtudes que detesto, y ninguno de los defectos que admiro…»

Winston Churchill

 

 

 

 

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¿NOS “gusta” de verdad todo aquello que encontramos en Facebook y por eso hacemos click en “Me gusta”?

¿Cuando pinchamos ese “Me gusta” lo hacemos con la intención que Facebook pretende o es tan sólo el afán de seguir algo que nos interesa?

Desde el punto de vista de la comunicación, ese “Me gusta” en Facebook entraña problemas. Algunos usuarios de esta red social a los que le interesa la política, ya sean militantes o simpatizantes, le gusta seguir la actividad online del político, partido, etc., en cuestión. Sin embargo, hay un colectivo de seguidores del bando opuesto a los que “no les gusta” la página de su rival y no les queda otra que pinchar en ese icono, que aparece tan amigable ¿verdad?, para conocer la actividad del contrincante. Por lo tanto a aquellos seguidores del PP que quieran seguir a Felipe González, ¿les gustará de verdad? Pues puede que sí y puede que no, aunque este “no” puede tener, sin duda, más peso. Está claro que el significado de ese click va mucho más allá de un mero “Me gusta”. ¿Por qué debo pinchar el “Me gusta” de un político cuando en realidad mi deseo y mi intención es otra al hacer click?

En Twitter, donde recientemente un artículo ha puesto a sus usuarios de más cultos y más ricos que los de Facebook (se abre el debate), el RT cobra diferentes puntos de vista.

¿Por qué hacemos retweet? ¿Porque nos gusta compartir lo que leemos? ¿Porque lo compartido lo asignamos a nuestra propia voz? ¿Porque queremos denunciar aquello que vemos volviéndolo a publicar? ¿Porque queremos obtener algo a cambio?

Seguramente todas las respuestas sean correctas, y no dudo de que estas preguntas aumentan en función de las intenciones e intereses de cada usuario de Twitter. Sin embargo, muchos perfiles son criticados porque son malinterpretados en esta Red por el resto de seguidores. Cuando una persona hace RT, da la impresión de poner en boca propia lo que quizás haya dicho otro, como es el caso de compartir algún comentario que haya hecho un político que, quizás, no sea simpatizante ni comulgue con las opiniones de uno. Y eso crea controversias en esta Red de 140 caracteres (y en Facebook, ya que los contenidos de Twitter también se comparten aquí) e incluso puede hasta afectar a la reputación y la imagen no sólo de una persona políticamente activa y participativa, sino de un canal empresarial en concreto o de un político en activo. Con el tipo de seguidores ocurre lo mismo: una persona puede ser del PP y seguir a aquel colectivo del PSOE sin el afán de seguirlo porque simpatiza con sus opiniones. Simplemente es seguido con otras intenciones.

Esperemos que, con el tiempo, el lenguaje de las redes sociales y la comunicación online vaya cambiando a medida que las intenciones y las necesidades de los usuarios se van haciendo cada vez más presentes.

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