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Publicado en Sesión De Control (01 de marzo de 2013)

La situación social y política ha tenido mucho que ver con la irrupción del partido de Beppe Grillo como tercera fuerza en Italia. Pero también la forma en que responde a los problemas de la gente y su discurso.

“Ocurrió cuando nadie lo esperaba. En un mundo presa de la crisis económica, el cinismo político, la vaciedad cultural y la desesperanza, simplemente ocurrió”. Con estas palabras empieza su ‘Obertura’ Manuel Castells en su última obra ‘Redes de indignación y de esperanza’.

En Italia el pasado 24 de febrero se celebraron elecciones. La tercera fuerza más votada, el Movimiento 5 Estrellas, logró llegar a la gente angustiada, hartada y cansada. Ese ha sido el éxito de Beppe Grillo. Y no otro. De cero a 108 diputados, ahí es nada. “La gente nos ha elegido y nosotros somos la gente”, dice  Alfonso Bonafade, abogado recién elegido diputado por este movimiento. Y llegar a la gente es escucharla y entender lo que dicen. Y a partir de ahí, comunicar de otra manera. Lo hicieron, entendieron el qué, cuándo y cómo. Y, algo muy importante: supieron movilizar. Son el fruto del cabreo social, del basta ya encima de la mesa.

A las elecciones se presentaban cuatro candidatos principales. Así los define el asesor de comunicación Antoni Gutiérrez-Rubí: “Bersani: el candidato que ilusiona y moviliza a la mayoría de la sociedad italiana; Monti: el hombre que ha mantenido a Italia dentro del orden financiero y el orden con la Unión Europea; Berlusconi: el caimán, el hombre que nunca muere y que, cuando muere, o antes de morir, muerde y hace mucho daño; y Grillo: el candidato que utiliza el humor para combatir a la política formal y denunciarla”.

Como decía Castells, simplemente ocurrió. Ocurrió en un país donde el cinismo político camina como un ciudadano despreocupado por las calles de Italia. El Movimiento 5 Estrellas ha conseguido en estas elecciones 108 diputados en el Congreso. Un número que resulta una bofetada a las políticas austeras de Monti, quien se ha quedado como cuarta fuera política con tan sólo 45 diputados. Lidera Bersani, con 340. Y el “caimán” no se agacha, aunque sí cede: ha conseguido 124 escaños.

El éxito de llegar a la gente

El periodista Ícaro Moyano dice que el rival hoy de la política es el humor. Y tiene razón. El rival hoy de Bersani y Berlusconi es Beppe Grillo, un cómico y actor de 64 años cuya oficina es el escenario de un teatro y su discurso es un grito. Ha sabido dirigir bien su mensaje a su forma y a su manera porque, en esta campaña electoral, él no se ha bajado del “escenario”.

Y no es porque haya interpretado un papel cínico políticamente incorrecto, sino porque ha entendido que, quien va a verlo actuar, son las mismas personas que se levantan a votar. Ha entendido que su audiencia es la misma que está pasando serias dificultades, es la misma que necesita una sonrisa y esperanza, y es la misma que está indignada por la situación.

Su discurso es su grito. Un grito emitido a su modo y a su manera: dinamismo, fuerza, convicción. Y en ese grito va implícito el mayor rival de la política hoy: el humor. Esa es su estrategia, la que se acerca más a comprometerse con la clase popular, la más afectada en Italia. Y… ¿por qué? Porque logró entender lo que necesitaban y cómo querían escucharlo.

El grito del grillo deja a un lado los formalismos y se baja a la plaza y a la Red. El grito del grillo emana de un líder que dice no serlo, emana de un partido cuyos representantes han sido elegidos con vídeos de YouTube y cuyo programa son la aportación de cada uno de ellos.


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Este movimiento ha sido un “tsunami”, como ellos mismos denominaron a la campaña: mítines, calle e internet. Y nada más. “La gente tiene que creer en algo para comprarlo”, dice Frank Luntz. Y en Italia ya estaban por la labor de comprar: sólo faltaba poner en la estantería el producto adecuado.

Las formas del grito fueron las gotas que colmaron el vaso en esta campaña electoral porque consiguió lo indispensable: movilizar. El resultado, hoy, es de absoluta inestabilidad por el rechazo de Grillo de pactar con la política formal. Fuera cinismos. Parece que es el único “político” que no ha cambiado de parecer una vez pasadas las elecciones.

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A priori, puede que Berlusconi nada tenga que ver con el Jefe que tuvo la República Dominicana de 1930 a 1938 y de 1942 a 1952, aunque la pesadilla no terminase hasta 1961. Rafael Leónidas Trujillo puede que tuviese un semblante correcto y caballeroso, pero se escondía tras él la máscara del horror, del miedo. ¿Su debilidad? Las mujeres, como Berlusconi, pero no todas: si son vírgenes mejor y si tienen 14 años «mándamelas enseguida, que quiero sentirme hombre». Hombre probablemente es lo que quiera sentirse el primer ministro de la república italiana a su edad. Muchos capítulos con niñas son ya los que lleva este dirigente sin cabeza, este magnate sin pelos en la lengua cuando se trata de discriminar, marginar y humillar. Podrá «hacer de oro» a las niñas que se lleve a la cama comprando su silencio, pero tarde o temprano salen a la luz sus aventuras bien pagadas y sobornadas. Una actividad que nada tiene que ver con la política y que incomprensiblemente no le afecta en su proyecto de gobernabilidad, si se le puede llamar proyecto. A Trujillo no le afectó porque impuso una política dictatorial de lo más inhumano y asesina, violando a niñas, mujeres e hijas de sus ministros, y comprando a todo aquel que  se ponía por delante. No le afectó hasta que lo mataron. Berlusconi esquiva piedras, una y otra vez, que quizás califique de irrelevantes e inoportunas. Hasta que un mármol tallado con fino descuido, como tallaba Miguel Ángel, le caiga con todo el peso… La Fiesta de este Chivo también estará por terminar algún día…

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¿QUIÉN es Silvio Berlusconi? Actualmente es el Primer Ministro de la República Italiana y líder de su partido Pueblo de Libertad. Un tipo con relaciones con la mafia, que posee un imperio empresarial, un playboy, putero incondicional, cacique y manipulador también. Todo esto es sin duda alguna. ¿Político? ¿Líder? También. También es un líder que compra, como empresario, sentimiento heredado que no le abandona. Pero parece que poco le importa el desarrollo de Italia y los problemas de sus ciudadanos. La grandeza y el poder que ha ido adquiriendo no lo quiere soltar, y el escenario que ha ido creando entorno a él tampoco. Si acaso, su deseo es seguir aumentándolo.

Ayer hubo un momento de inflexión en su política por la moción de censura presentada por la oposición italiana. Pero no tuvo éxito porque repartió algún que otro beso, como el de judas. La incompetencia se impuso de nuevo. No hay justicia que valga y la política se invalida cuando se trata de Berlusconi. Pero derrocar a los más fuertes siempre fue posible. No todo es eterno.

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