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Este artículo es del periodista Fernando Vicente. Para su redacción en eldiario.es, entrevistó a Rafa Rubio, Jordi Rodríguez Virgili, Antoni Gutiérrez-Rubí, Isidro Escudero,  José Luis Sanchis y esta que escribe. Creo sinceramente que es una pieza necesaria en tiempos que corren donde la sociedad espera algo más allá de los simples datos que poco concuerdan con los números de su día a día. La coherencia en el discurso es un objetivo que aún está por cumplir. Y por necesario, comparto el artículo en este espacio…

 

¿Estamos ante el fin de la crisis o es sólo cálculo electoral del Gobierno y el PP?

Fernando Vicente | eldiario.es 

 

  • Si los expertos en comunicación política tienen razón, a partir de ahora no espere enterarse de las malas noticias por el Gobierno.

  • Los próximos dos años intentará que cale el mensaje de que, gracias al PP y su Gobierno, empezamos ya a salir de la crisis.

Partido Popular y Gobierno han cambiado radicalmente su estrategia de comunicación. Todos los analistas de comunicación política coinciden en señalar como punto de inflexión la rueda de prensa del Consejo de Ministros del pasado 26 de abril, en la que la vicepresidenta del Gobierno y los ministros de Economía y Hacienda lanzaron a los españoles el mensaje terrorífico y dramático de un desesperanzador futuro de desempleo y crisis económica.

Como explica el analista de comunicación política cercano al PP, Rafael Rubio, “no sé si porque alguien les da un toque, o porque se produce una percepción real del problema”, el hecho es que a partir de entonces “cambian las formas de hacer de la Secretaría de Estado de Comunicación, de los ministerios y de las embajadas; empiezan a coordinarse más, a tener reuniones informales con medios de comunicación extranjeros a los que hasta entonces habían ignorado políticamente…”

Un cambio que no sólo afecta a las formas, sino también, y sobre todo, al mensaje. Apenas diez días después de aquella rueda de prensa que tan famosa se ha hecho entre los expertos, Mariano Rajoy comparece en el Congreso para pintar un panorama radicalmente distinto, y lanzar el mensaje de que las cosas están empezando a cambiar.

La hora del optimismo

Si los expertos en comunicación política tienen razón, a partir de ahora no espere enterarse de las malas noticias por el Gobierno. “Con una base más o menos real, ahora lo que toca es lanzar mensajes de optimismo”, dice el director del Máster en Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra, Jordi Rodríguez Virgili.

Una ojeada a las noticias llegadas desde Bruselas estos últimos días de noviembre es buena prueba de ello. El Eurogrupo le dijo la pasada semana al ministro de Economía español, Luis de Guindos, que no le cuadran sus presupuestos, y que debe recortar otros 2.500 millones de euros más para asegurase de que no incumple el límite de déficit autorizado a España, de un 5,8% para 2014.

El Gobierno, sin embargo, responde que la hora de los recortes ha llegado a su fin: “Estamos en condiciones de decir que no habrá ajustes tan importantes como los adoptados en los últimos dos años”, se atrevió a responder Mariano Rajoy ante los micrófonos de Radio Nacional. Mientras, su ministro Guindos se esforzaba por convencernos de que esos 2.500 millones no saldrán de recortar más, sino de terminar las reformas que ya están en marcha.

“Pasada media legislatura y con unas elecciones europeas próximas, seguro que la palabra reforma seguirá estando presente en el discurso, pero hay ciertas palabras como recortes o ajustes que desaparecerán”, vaticina Virgili.

Isidro Cuberos, el que fuera director nacional de comunicación del PP con Javier Arenas, no cree como Virgili que las elecciones europeas del mes de mayo estén tras el radical cambio de discurso del Gobierno: “Dentro preocupan muy poco. Ocupan a la oposición, porque después pueden usar en su comunicación que le han sacado no sé cuantos puntos al PP”. Pero sí coincide con su análisis de que hemos llegado al ecuador de la legislatura: “En la legislatura hay dos partes, una primera de dos años, que se cumplen ahora, y los dos siguientes que son definitivos”.

Así, si hasta ahora Rajoy ha tomado decisiones que, como dice Cuberos,”le han hecho perder buen número de sus electores”, durante los dos próximos años tanto el Gobierno como el PP se esforzarán por lanzar siempre noticias positivas. “Así lo veo, y también es lo que yo haría. Lo que hacen Guindos y Montoro es utilizar los datos macro, las inversiones de Bill Gates, etcétera, para lanzar el mensaje de que España empieza a ir mejor, para tratar de llevar a la gente la sensación de que empieza a funcionar”.

Realidad maquillada

Rafael Rubio lo explica distinguiendo entre ‘procedimiento’ y ‘contenido’. Afirma que, a pesar de la revolución que ha supuesto Internet, la comunicación “es mucho más lenta de lo que parece. Las percepciones tienen que ir calando, hay que sembrar mucho para poder recoger después”. Por lo tanto, lo importante es el cálculo político, no si el triunfalista “España vuelve” del ministro de Exteriores Margallo, el nuevo “milagro español” de Montoro, o el “ya está dando resultados” de Mariano Rajoy se apoyan en verdades objetivas.

Rubio lo resume en dos frases: “Desde el punto de vista de la comunicación, me parece correcto centrarte en las noticias positivas. Al fin y al cabo la comunicación consiste en poner el foco en aquellos aspectos que te interesan, y desviarlo de los que no; eso es el ABC de la comunicación. Que el Gobierno esté haciendo eso, me parece bien. Otra cosa, que desconozco, porque no soy experto en economía, es que sea engañoso o no”.

Rubio defiende además que “la comunicación es una palanca de gestión” y que, como tal, sirve para ayudar a salir de la crisis creando un clima de optimismo positivo. Algo en lo que también cree su colega Antoni Gutiérrez-Rubí, para el que la confianza es uno de esos “poderosos intangibles” por los que también se rige la economía.

“Metáforas como brotes verdes o luz al final del túnel sitúan un horizonte positivo imprescindible para el estímulo económico. Por lo tanto es legítimo, y es más, responsable, crear una cultura de confianza”, dice. Pero lo que ya no comparte es que dé igual que detrás de ello se oculte “un maquillaje de la realidad o una manipulación de los datos”.

Gutiérrez-Rubí sostiene que ahora “el PP en su conjunto, y el presidente Rajoy en particular, están a la ofensiva. Hablando de lo que les interesa a ellos y no al conjunto de los ciudadanos. Una ofensiva que empezó cuando a finales de julio, con el tema Bárcenas, cambiaron de tercio y tomaron la decisión de decir sí, comparecencia, vamos a por ello. Fin de la cita“.

Demoscopia

Desde el Psoe también siguen con mucha atención el cambio de estrategia de comunicación del PP. Su explicación es, cómo no, demoscópica. Según su principal analista de comunicación, que prefiere no desvelar su nombre: “Su drama es que en las encuestas están perdiendo entre el 40 y el 50% de sus votantes de 2011. Lo que buscan desesperadamente es una reconciliación con esa gente; darles un pretexto para volver, y el único posible no es que estemos saliendo, sino que estamos sacando a España de la crisis”.

Muy parecido a lo que piensa Gutiérrez-Rubí sobre el mensaje de nuevo milagro español que se lanza desde el PP: “Esa idea de España excepcional, heroica, que hace lo imposible, que resurge cuando todo el mundo la da por desahuciada… tiene un fundamento de nacionalismo español muy rentable en términos electorales. Los orgullos de las sociedades son importantes en política”.

Su efecto está incluso medido. Según José Luis Sanchis, uno de los más veteranos expertos del país, que desde los años de Adolfo Suarez ha asesorado en docenas de campañas electorales, el ‘vamos a ganar’ o el ‘España va bien’ “tienen cierto soporte científico, porque les da una prima de entre un 1 y un 2%. Si a eso se añade la prima que tiene el PP en las elecciones por el tamaño de las circunscripciones, porque es más fuerte en las pequeñas que en las grandes, les coloca una prima del 2 o 3% que pueden dar la victoria”.

Sin embargo, en la situación actual, dice, “es una estrategia peligrosa” porque, por mucho que desde el PP repitan una y otra vez algún dato macroeconómico que apunte a que las cosas están saliendo, la realidad es que, “en mi opinión, las cosas no están saliendo. En las próximas elecciones deberían ser muy prudentes, porque probablemente la economía no cambiará sustancialmente para entonces, y lo que está claro es que la intención de voto va a bajar de una forma importante”.

Imprudencia

No es el único que advierte del riesgo de lanzarse a una campaña que luego no sea posible contrastar con la realidad. “Es imprudente; la sociedad lo nota y contamina aun más la sensación que tiene la gente de desafección política”, asegura Ángela Paloma Martín, autora del libro ‘Se llamaba Alfredo…’, que analiza la última derrota electoral del Psoe. Y, para ella, ni siquiera es útil para luchar contra la crisis: “No ayuda a crear confianza; menos, después de dos años repitiendo que el año que viene será mejor, creando una ilusión que en ningún momento es confirmada por la realidad”.

El analista de comunicación de cabecera del Psoe antes citado coincide con ella: “En mi opinión pagarán un alto precio por ello; a Aznar lo echaron del Gobierno, fundamentalmente, por mentir”. Tras analizar los estudios previos y posteriores a las últimas elecciones, está convencido de que buena parte de los casi once millones de votos del PP procedían de electores que castigaron la incapacidad del Gobierno Zapatero para resolver la crisis económica, “no porque el país, de repente, se volviera de derechas, o porque el PP, o Rajoy, despertaran un entusiasmo especial en los ciudadanos”.

Martín, asegura que con su “ realidad paralela” no van a convencer a un sociedad más informada que nunca: “Este camino sólo lleva a engordar al monstruo de la desafección política”. ¿Conclusión? Por mucho que cambie el mensaje, el futuro electoral del PP posiblemente esté, en realidad, en manos de las listas del Inem.

Mientras tanto, como bien resume Virgili, el PP y su Gobierno van a ser muy optimistas, para que “vaya calando que, gracias a la acción del Gobierno, empezamos ya a salir de la crisis. Es un cálculo de tiempo”. Dicho de otra manera, “en la segunda parte de los mandatos, los gobiernos procuran perdonarse los errores, evitar los excesos y hacer una gestión que sea menos dura en términos de impacto político”. Palabras de Antonio Gutiérrez-Rubí con las que, seguro, comulgan todos los analistas de comunicación política.

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EL significado de las sigilas I + D ha cambiado en los tiempos que corren. La Investigación y el Desarrollo dan paso a una nueva fórmula que ha surgido como resultado de una mala gestión del poder otorgado el nuevo Gobierno popular que entró el pasado 20N a priori con ansias de cambio, pero  en realidad eran ansias de poder. I + D significa ahora Incertidumbre y Desconfianza. E  I + D + i significan Incertidumbre, Desconfianza e Incoherencia. Esta es la nueva fórmula del Gobierno. Una fórmula asentada ya en la sociedad. Una incertidumbre que nos lleva a la desconfianza, y de ahí al miedo de lo que pueda suceder en un futuro. Incoherencia, que no Innovación. Y el miedo se resuelve con coraje, según el doctor Mario Alonso Puig… Pero… ¿dónde está nuestro coraje? ¿Nos han hecho perderlo?

La estrategia que ha elegido el Ejecutivo en materia de comunicación no está siendo la más adecuada, y lo saben, lo han reconocido: es totalmente Incoherente. Aún así, ellos siguen. El silencio como estrategia política tiene fecha de caducidad, tiene inicio y tiene fin. Y el fin pasa por terminar, por poner como objetivo la analfabetización ciudadana. No por ser más ignorantes vamos a ser mejores ciudadanos ante un Gobierno que oculta, que despista, que asiente y que evita.

De todo ello hablé con José Luis Sanchís y con Rafael Muñiz el pasado viernes en Diario Financiero, en la tertulia de Carlos Reus en Gestiona Radio. Y así anuncié la nueva fórmula. Aplausos y críticas se llevaron algunos ministros, pero sobre todo comentarios, pistas que deberían hacerlas suyas para ir hacia un camino donde no se olvida una parte primordial: la gente. Porque… ¿dónde está la gente en la gestión del Gobierno? ¿Y en su comunicación? Hacen oídos sordos a lo que ocurre fuera, y cometen errores de principiante al no escuchar. En esa escucha está la clave, está el secreto y el éxito de una buena estrategia de comunicación.

¿El primer paso? Empezar a reducir la fórmula I + D + i: Incertidumbre, Desconfianza e Incoherencia. Empezar a gobernar y a comunicar para los que la sienten y la padecen.

 

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POR la mañana, me sorprendió un mensaje en el teléfono comunicándome que aparecía en el artículo de Antoni Gutiérrez-Rubí en El País. Y he de asegurar que he sonreído porque ese cartel de consultores merece mi total admiración y el estar compartiendo párrafo es todo un privilegio. Pero he sonreído por algo más: al menos hay una mujer entre tanto sabio…

 

Los (y las) spin doctors

Por Antoni Gutiérrez-Rubí

Muchas veces me han preguntado en qué consiste mi trabajo de asesor de comunicación política. Y aunque, como decía Aldous Huxley, “nunca es igual saber la verdad por uno mismo que tener que escucharla por otro”, lo cierto es que nuestra labor consiste en decir algunas cosas que no son siempre agradables, no ceder a las adulaciones y esforzarnos en capacitar a los representantes públicos para ser más eficaces en su acción persuasiva y comunicativa. Los spin doctors son una figura del metier de la política que todos los partidos utilizan. Entre sus tareas está aconsejar (dando respuestas a las dudas), animar (en periodos de dificultades se deben dar ideas y ánimos), analizar (dando soluciones a los políticos en su día a día), pensar (reflexionar sobre la mejor estrategia a seguir) y negociar (buscar lo mejor para el político/la política en cualquier escenario).

No hacemos política, pero intentamos que sea mejor valorada y percibida, aunque por el resultado de la valoración que tiene en estos momentos para los ciudadanos, queda claro que hay algo que no funciona. Todos debemos hacer autocrítica. Lo saben bien dos grandes asesores como son Pedro Arriola y Nacho Varela. El primero ha guiado, con paso demoscópico, a Mariano Rajoy durante estos años. Buen conocedor de las dinámicas sociológicas de fondo, ha marcado el ritmo estratégico de la oposición y ha suavizado al candidato en el tramo final. Varela, un histórico de las campañas del PSOE, se ciñe a las encuestas y a los focus group como los datos más solventes y certeros para evaluar la conexión con la ciudadanía. Los dos han estado en el núcleo más íntimo de los candidatos en el reciente debate electoral.

Cada asesor tiene su propio enfoque, su sello profesional. Existe una gran oferta de estilos. La lista es interminable (y pido disculpas por no citar a todos los que se lo merecen) pero no se puede hablar de comunicación política sin citar a los que abrieron el camino como José Luis Sanchís, al que han seguido expertos como Daniel Ureña, Luis Arroyo, Antonio Sola, por poner algunos ejemplos, a los que hay que añadir una nueva generación de valores extraordinarios como Pau Canaleta, Albert Medrán, Yuri Morejón, Ángela Paloma Martín, Ignacio Martín Granados, Rafa Rubio o Xavier Peytibi, entre otros. La mayoría trabajan en todo el mundo, muestra de la vitalidad y calidad de la profesionalidad de nuestro país en materia de comunicación. Otros expertos de acción política en Internet como César Calderón o Nacho Campos -junto a extraordinarios analistas de la actividad política digital en la blogosfera, en las redes sociales o en las instituciones– completan un panorama muy potente y solvente. La comunicación política está más profesionalizada que nunca en España y proliferan los congresos y seminarios sobre la profesión así como asociaciones que nos representan.

Los spin doctors tienen un origen antiguo. Desde que existen líderes existen consejeros. Pero es a partir de la presidencia de Richard Nixon en 1968 que éstos se profesionalizan. En ese período, como indica Christian Salmon, la multiplicación de los medios de comunicación, el crecimiento del número de periodistas acreditados y la internacionalización de la cobertura mediática erosionaron la relación íntima entre el poder y la prensa. La televisión abrió un acceso directo al público gracias a los avances tecnológicos (satélites de comunicaciones), aumentando el acceso a la información inmediata para todo el país. Al mismo tiempo, la presidencia Nixon veía como las injerencias de la prensa organizaban pequeños “incendios” diarios que minaban la buena prensa del presidente.

Es por ello que Richard Nixon creó la White House Office of Communications, que ha pervivido hasta la actualidad, y se rodeó de una nube de asesores de comunicación (entre ellos William Safire y David Gergen), para intentar esquivar un poco a la prensa de Washington y, con sus mensajes a través de la televisión, intentar llegar directamente a los ciudadanos estadounidenses. Su objetivo era controlar la agenda y evitar que lo hiciera la prensa. Posteriores presidentes norteamericanos -especialmente Ronald Reagan– llenaron el Ala Oeste de la Casa Blanca de spin doctors, y allí siguen, con diferentes nombres y especialidades. Y son objeto de ficción y de series de televisión de éxito rotundo.

Pero si se quiere ser realmente moderno, hay que leer a los clásicos, como decía el poeta Josep Vicenç Foix. Y el primer gran asesor político, y de comunicación, fue Quinto Tulio Cicerón, hermano pequeño de Marco Tulio Cicerón que en el año 64 a.C. inicio la campaña para el consulado romano asesorado por su hermano.

Dos mil años después, las recomendaciones recogidas en el “Breviario de campaña electoral” siguen siendo extraordinariamente actuales: “Aunque estás dotado de todo lo que los hombres pueden adquirir con el talento, la experiencia o la dedicación, no obstante, por el afecto que nos une, he juzgado conveniente explicarte por escrito lo que, día y noche, acudía a mi mente cuando pensaba en tu candidatura. No es mi intención que aprendas nada nuevo de ello, aunque sí quiero presentarte con orden, método y unidad, algunas ideas que, de hecho parecen desligadas e indefinidas. Por mucha fuerza que tengan por sí mismas las cualidades naturales de un hombre, creo que, en un asunto de tan pocos meses, las apariencias pueden superar incluso esas cualidades”. Así empieza Quinto su “Commentariolum petitionis”.

Y Marco obtuvo la unanimidad de las centurias y el cargo al que optaba. Fue una gran victoria.

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