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Publicado en El País, blog Mujeres, el 6 de septiembre de 2013

Aún recuerdo la conversación con la coach Begoña Gozalbes en aquel invierno de 2011, a pocos días de celebrarse las elecciones generales del 20N, y tras escuchar por televisión a Susana Díaz en el mitin de Dos Hermanas, Sevilla: “Ojo con esta chica, que irá para presidenta”. El 5 de noviembre, una foto: cuatro hombres y una mujer, ella. Casi dos años después, su ímpetu y su trayectoria, siempre nadando a favor en las aguas de la propia estructura del partido, la han llevado a convertirse en la primera presidenta de la Junta de Andalucía.

Qué diría, cómo lo diría y, lo más importante, en qué se diferenciaría de José Antonio Griñán, era una incógnita. Pero el discurso de investidura lo ha resuelto con 7.943 palabras y muchos elementos de fondo:

1.- La mujer: sabía que ser mujer la diferenciaría, que tenía la oportunidad y que debía aprovecharla. Tanto, que su discurso ha empezado haciendo saber las críticas que ha recibido por ser ella, por ser quién es y por crecer como ha crecido. Y, cómo no, haciendo saber que ella es y será la primera de la historia. Sin perder la perspectiva, a ellas, a las mujeres, también se ha dirigido directamente:

Es la primera vez que una mujer se presenta en esta Cámara como candidata en un procedimiento de investidura.

Con independencia de la opinión que tengan de mi persona y del proyecto político que represento, con independencia del sentido que den a su voto tras el debate que seguirá a esta intervención, permítanme en primer lugar que destaque el hecho histórico de que una mujer pueda acceder a la presidencia de la Junta de Andalucía, si sus señorías dan su confianza.

Durante siglos y hasta fechas recientes, en Andalucía, en España y en tantos otros lugares de todo el mundo las mujeres hemos ocupado un lugar secundario, muchas veces olvidado o simplemente invisible en la política y en otros muchos ámbitos de decisión.

Esta misma Cámara ha sido testigo de esa discriminación histórica: cuando se constituyó por primera vez, en 1982, apenas seis diputadas ocupaban un lugar entre los 109 escaños del Parlamento de Andalucía.

2. Gracias: guiño a Griñán, agradecimiento directo, mención directa a él, le da cierto protagonismo. Sin él, ella no estaría donde está. El acto de renuncia de Griñán es el motivo de la lectura de ese discurso de investidura. Cuando Susana Díaz bajó de la tribuna, el primer abrazo fue para él. El segundo para su socio de Gobierno, Diego Valderas

Señorías, en definitiva, esta sesión de investidura se celebra tras la renuncia voluntaria del actual presidente en funciones, don José Antonio Griñán. Voluntaria y déjenme decir que generosa pues ha sido concebida y puesta en práctica para dar paso a un nuevo tiempo político. Como él mismo dijo en esta misma tribuna, sólo nuevos pilotos nos llevarán a nuevos horizontes.  

En eso estamos, querido presidente, y permíteme que te muestre desde aquí mi agradecimiento a tu trabajo y tu altura de miras.  

3.- Más propuestas que emociones: Susana Díaz se ha mostrado contundente al emitir su discurso, sonriente a veces. Ese traje azul y esa chaqueta blanca transpiraban formalidad. Leyendo, pero mirando al mismo tiempo. Niña, pero madura. Segura, pero insegura de igual modo. Su discurso podría haber sido emocionante, podría haber sido pasional. Pero no lo ha sido. Ha elegido las propuestas en vez de las justificaciones sensacionales. Ha elegido releer con auténtico acento andaluz lo que cree que hay que hacer para resucitar esa “fuerza del sur” en la que ella cree.

4.- Titulares: los titulares que ha anunciado para referirse a ese “tiempo nuevo” son muchos y encontrar uno clave entre los medios de comunicación en difícil: “busca la oposición estable”, “le plantea a Rajoy un pacto nacional para la regeneración democrática”, “me avergüenza la corrupción… Pero también ha hablado de economía, emprendimiento, igualdad… Ha intentado ordenar las ideas por temas centrales después de diagnosticar cómo está el panorama español con respecto a la confianza que tienen los ciudadanos a los políticos. Ya van muchas promesas enunciadas, y demasiados compromisos, que no se cumplen.

5.- Transparencia: sin embargo, hay un aspecto diferenciador, otras cuestiones “innovadoras” a las que se ha referido y las cuales desea que se perciban como el verdadero cambio diferenciador de la nueva etapa en Andalucía.

Por eso nos proponemos que la transparencia sea el principio rector del funcionamiento de la Administración, aprovechando sin titubeos todas las potencialidades que ofrecen las tecnologías de la información y comunicación (TIC) tanto desde el punto de vista del acceso de los ciudadanos a la información como desde el establecimiento de nuevos mecanismos de participación, reales, ágiles y eficaces, para lo cual me comprometo a remitir al Parlamento el proyecto de Ley de Participación antes de que finalice el presente año. 

En el tiempo nuevo que les propongo inaugurar, el “gobernar para los ciudadanos” debe ser sustituido por el “gobernar con los ciudadanos”. Si consigo la confianza de la Cámara, asumiré el reto de construir un gobierno abierto para Andalucía.

 

Transparencia ha dicho, y se ha fijado el reto de construir un gobierno abierto para Andalucía. Sin embargo, Susana Díaz en Twitter no escribe desde el 25 de julio. Y su biografía, en la red de microblogging, cuando acabó su discurso, rezaba lo siguiente:

 

24 horas después, se había cambiado, pero nada se había publicado. Tan sólo imperaba la palabra Andalucía y había ganado más de 500 seguidores:

La transparencia y el Gobierno abierto no pasan por un perfil de Twitter ni de Facebook, Instagram o Pinterest. Pero el comportamiento comunicacional online se puede interpretar como un termómetro ante una actitud y una predisposición. Estar no es lo mismo que comunicar. Y anunciar no es lo mismo que hacer. Se trata del fondo de la cuestión y de las formas. Se trata de la intención. Por este hecho, probablemente, la presidenta de Andalucía esté con más ojos encima que menos.

A partir de este momento, una mujer lleva las riendas de la “fuerza del sur”. Veremos si realmente se convierte en el cambio en Andalucía y si, finalmente, las intenciones las convierte en hechos demostrables. Estar cerca del padre no le conviene. Y sabe que el antisusanismo está vivo y presente. El verdadero cambio, aplicar la transparencia política y acallar las críticas sólo dependen de ella.

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GRIÑÁN con traje azul. Valderas, más oscuro. Griñán corbata azul. Valderas, ¿por qué no roja? Griñán con camisa azul. Y Valderas, acompañado de su pin con la bandera de Andalucía sobre la solapa de la chaqueta… Anoche se celebró el debate previo a las elecciones andaluzas del 25 de marzo con una silla vacía, un presidente solo y un líder, el IU, que quiere salir y salir por la izquierda sin encontrar aún la puerta adecuada…

Ante la negativa de Javier Arenas de acudir a Canal Sur por seguir imparable con la estrategia del silencio para asegurar posiciones, José Antonio Griñán y Diego Valderas, de pie, cara a cara y papeles en mano, confrontaron ideas, más que enfrentarlas, en un debate descafeinado. Escenario gris, pocas luces y planos justos. ¿Un tema principal? La corrupción. Y mientras Griñán debatía con el fantasma de Arenas y le daba la razón a Valderas en algunos temas (“ya sé que me da la razón, cosa que le agradezo”), el líder del IU sacaba sus ganas y su fortaleza ante Griñán en aquello que se debería hacer mejor en la Junta de Andalucía por la izquierda, convencido de que por la derecha no está la solución.

Mientras el porte de Diego Valderas crecía a medida que avanzaba el debate, Griñán daba síntomas de no encontrar su sitio, ni siquiera encontrar a su contrincante, por eso, quizás, mencionada al líder del PP una y otra vez: su rival no era IU, sino Javier Arenas. Sin embargo, el líder de los socialistas andaluces también acudió a la emoción y a su familia cuando tuvo que hablar del tema más espinoso que nos rodea, la crisis: “mi hijo pequeño también está en paro y está en casa”. (Declaración en el vídeo de la noticia).

Y para finalizar, dos minutos de gloria diferentes en cada uno de ellos: Valderas repitió en ese su minuto las palabras corrupción, dañado y manchado y pidió el voto porque quiere una oportunidad para IU en estas elecciones en la que la solución está salir por la izquierda, insistió. Griñán envió un mensaje más positivo con palabras como solidaridad, cohesión y libertad de oportunidades, pidió disculpas a su rival, le deseó suerte en lo personal, “pero en lo político, se lo deseo a Andalucía”.

Y así acabó este debate en plenas elecciones andaluzas con dos protagonistas que nada tienen de vencedores en las encuestas preelectorales… Pocos días por delante, y muchas cosas por hacer…

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