Your address will show here +12 34 56 78

ES congoja, angustia, malestar, tristeza… Es eso lo que siento cada vez que vuelvo a escuchar una nueva conversación sobre política de boca de quienes hoy tienen la respuesta: la gente. El hastío es ya más que notorio, no sólo porque buena parte de la sociedad está descontenta con la política de hoy, con los políticos y con los partidos políticos, sino porque el próximo 25 de mayo estamos llamados a las urnas en clave europea y todavía no se sabe muy bien para qué, ni por qué…

Todo esfuerzo es poco por mi parte el que pueda hacer para acercar más Europa a la sociedad que me rodea. Y con esa intención fui al Pub Cervantes de Argamasilla de Cva a tomar el café de tarde el pasado sábado 10 de mayo, con todas las ganas de poder charlar con mis vecinos y paisanos sobre el impacto de Europa en nuestras vidas y la crisis del liderazgo político. Sentía que debía hacerlo. Sólo espero haber resuelto algunas dudas que ya existían y otras muchas que salieron en la conversación que poco a poco se iba generando. Me alegré mucho de que en esa charla hubiera jóvenes preocupados y movilizados, con sed de conocer más y mejor. Y me alegré también de que, aunque pocas, también hubiese mujeres con ganas de aprender y de participar de un debate como el que tuvimos a posteriori.

Gracias a José Antonio Molina por la invitación y por su interés siempre en mi persona. Gracias por llevarle más y mejores cosas también al pueblo. Y gracias siempre a Jose (Pub Cervantes) por la ayuda y el recurso de improvisar la pantalla en blanco con unos manteles. Así somos los manchegos. Siempre tenemos recursos allá dónde falla algo. Y quedó tan estupendo… 😀

Intenté hacer ameno lo que parece aburrido. Intenté hacer cercano aquello que nos parece lejano. Intenté hacer accesible aquello que nos parece complejo. Este es mi pequeño granito de arena para contribuir allá donde escasean los argumentos sobre el impacto de Europa en nuestras vidas.

 

 

 

1

Publicado en Sesión De Control (9 de mayo de 2014)

Arranca una campaña electoral cuyo destino marcado es Europa. Una campaña donde la pregunta que cabría hacerse en ella es… ¿Y tenemos líderes para afrontarla?

El liderazgo político actual está teñido de luces y sombras. Y, si empezamos por las sombras, habría que decir que la comunicación ha empezado a caer en los ciudadanos como tormenta profunda, pero sin lluvia que rozarnos apenas. Mientras el ejercicio de la comunicación es ejecutado por gabinetes de prensa, medios de comunicación y comunicación directa en las redes sociales, los ciudadanos nos refugiamos al abrigo de nuestras manos, de nuestros paraguas o de lo que tengamos por delante, agazapados, intentando que, de ninguna manera, aquello que nos cuentan pueda entrar en nuestras cabezas. Sencillamente porque… no creemos ya, no confiamos ya y, sobre todo, porque hemos perdido prácticamente todo el interés. Esa desafección política alimentada por la mala praxis ha hecho que esa comunicación que llueve no logre calar en nosotros.

A medida que la Unión Europea crece y, por tanto, aumenta el número de votantes, decrece la participación ciudadana. ¿Contradictorio? No. Tal y como presenta este informe de Access Info, después de las elecciones de 2009, el 28% de los ciudadanos no tenía confianza en la política, el 17% tenía la certeza de que su voto no cambiaría nada y otro 17% estaba desinteresado por los temas políticos. En la misma encuesta a la que hace alusión Access Info, aparece la respuesta de aquellos que no habían votado en las últimas elecciones europeas: el 55,32% dijeron no tener confianza en los partidos políticos. Todos estos datos que a priori nos parecen familiares, se traducen en una tendencia a la baja de la participación ciudadana en las elecciones europeas. En las elecciones generales hubo una participación del 69% mientras que la participación españoles en las elecciones europeas fue del 45% (mapa de la evolución).

De sombras…

Europa tiene el gran reto de comunicarse a sí misma. Algo también compartido por Jaume Duch el pasado diciembre en el Seminario Internacional de Comunicación Política. Pero además añadió que había un gran desconocimiento de los actores y de quiénes tomaban las decisiones en Europa y mencionó la gran crisis actual política, económica y… de ideas. La complejidad de la Unión Europea no pasa desapercibida para el electorado y la lejanía geográfica, la diversidad de lenguas y la escasa aceptación nacional de cada Estado no nos une más, no separa… cada vez más. Frente a todo eso, el reto es claro: la Unión Europea tiene que entenderse para hacerse entender. Es esta la única manera de que la ciudadanía participe. Porque sobre algo que no se entiende, tampoco se puede participar.

La eterna sombra de la desafección política continúa siendo una silla vacía carente de líderes. Y líderes que no sólo lideren, sino que también conecten. Se ha perdido la confianza en ellos. No es baladí que por ello, algunos “líderes” europeos empiecen a perder su popularidad. Se ha perdido la credibilidad traducido en impuestos que suben y programas que no se cumplen. Y dudamos de que nuestros políticos sean honestos. El que la Comisión Europea señale a España como uno de los países más corruptos resulta ser la guinda del pastel.

La “altura” de un político no se mide por la longitud de su sombra. A día de hoy percibimos que nuestros políticos y nuestros líderes viven en el final de la longitud de su sombra. Y cuánto más se aleja el foco, más larga es la sombra que proyectan: viven ajenos a la realidad, sin escuchar lo que sucede a su entorno, ni a su equipo –se creen más listos, “más guapos”, y “más altos”-, gestionan políticas que nos dividen, no nos acercan más… Pero un político no es más –su larga sombra- por no escuchar o por no atender a lo que realmente está ocurriendo a pie de calle. El líder debe retirar todo foco posible que proyecte aquello que no es la realidad. Debe retirarlo para eso mismo, para ser testigo de la realidad, saber leerla, saber verla, saber interpretarla y para saber escuchar porque… “no hay nadie tan fuerte que pueda hacerlo sólo, ni nadie tan débil que no pueda ayudar”.

Los nuevos liderazgos deben conocer a qué sociedad se enfrentan, saber que está cambiando y –y qué está cambiando- que está evolucionando y… sobre todo, deben conectar con ella. Mientras la Unión Europea sea un enano maniatado por los Gobiernos, no habrá líderes capaces de entender que tienen que enfrentarse a dos retos: conquistar el voto huérfano –aquellos electores que no se sienten representados ni por los que los gobiernan, ni por aquellos que siempre votaron-, y conquistar también el voto perezoso –el electorado crítico, destructivo más que constructivo e inmóvil-.

Y luces…

El escenario se empezará a iluminar siempre que la lluvia de la comunicación empape a quién está debajo, siempre que dejemos que nos calen los mensajes, las palabras, los argumentos y los discursos –y en tanto en cuento nos encontremos en ellos-. Europa necesita liderazgo. Y hay que liderar… más allá de las emociones. Porque no sólo se trata de emocionar, se trata de estimular sentimientos y pasiones, de provocar entusiasmo y alegría y de producir tal impaciencia que nos impulse a escuchar, a participar, a influir, a votar… Se trata pues de que… nos EXCITEN. La ciudadanía no cree ya en la ilusión, ni en la esperanza. Necesita algo más. Necesitamos vibrar y que nos hagan vibrar. Y ese algo más se traduce en excitación entendida tal y como la RAE las describe en sus tres primeras acepciones.

Frente a las sombras de la política, la ciudadanía necesita ejemplo, ejemplaridad, necesita que les expliquen, que les auxilien y que sean precisos y exhaustivos con ellos. Necesitan convencimiento, y creer que sus líderes son capaces de afrontar los retos. Necesitamos líderes que nos inspiren, que nos ilusionen que nos escuchen – de verdad-. Necesitamos líderes que trabajen, pero no sólo trabajadores sino que también compartan con nosotros lo que hacen, lo que han hecho en su día a día parlamentario, necesitamos que comuniquen su trabajo. Necesitamos autoridad, representación –seria-, líderes que nos respeten y que nosotros respetemos, líderes con reputación y con un relato, una historia que compartir. Necesitamos que nos exciten. Queremos que los líderes del mañana exciten.

¿Excitó en su momento la seguridad de Merkel a su electorado? ¿Sus propuestas? ¿Sus decisiones? ¿Excitó Anne Hidalgo con una historia, su discurso, su relato? ¿Ha excitado Manuel Valls a esa parte de la ciudadanía carente de sensación con Hollande? ¿Excitó la ministra danesa al defenderse de su “polémico Selfie”? ¿Tomó el control? ¿Ha excitado Renzi con su revolución a golpe de Tweet? ¿Excitó el Alcalde de Lisboa, António Costa, al mudarse al barrio pobre? ¿Excitó Moreira cuando llegó a la Alcaldía de Oporto explorando esa “otra política”?

El liderazgo va ligado a la emoción y… a la excitación –hoy más que nunca-. Según Ignacio Morgado, catedrático de Psicología en el Instituto de neurociencia de la universidad Autónoma de Barcelona, las emociones y la memoria están muy relacionadas. Y cuando fallan las emociones, no sólo falla nuestro sistema emocional, también falla nuestro razonamiento. Pero, ojo, lo relevante es… todo aquello que nos emociona. Y… ¿por qué? Porque aquello que nos emociona permanece en nuestro recuerdo. Y, lo que recordamos, nos influye.

Es cierto. A la política le hace piel, sentimiento y humanismo. Y el sentimiento se alimenta de coherencia, compromiso y honestidad. El “y tú más” debe pasar a la historia de la comunicación política. La ciudadanía necesita más… Argumento, discurso y debate de altura. Excitación. Porque lo que se buscan son líderes que emocionen para emocionar, que sientan para hacer sentir, que crean para hacernos creer, que pisen con los pies descalzos donde otros dijeron que caminaron, que piensen para hacernos pensar, que sueñen para hacernos soñar, que participen para hacernos partícipes, que estén preparados para prepararnos y que lloren con nosotros para comprender por qué lloramos. Y también se necesitan mujeres, políticas… para otra política. Porque tal y como decía Soledad Gallego Díaz, hay “250 millones de mujeres en la UE, ¿ninguna es lo bastante buena?”. ¿Está la sociedad europea verdaderamente representada con poco más del 30% de mujeres en el Parlamento Europeo?

El nuevo liderazgo en Europa tiene el gran reto de “excitar” para llenar un banco de personas, hoy vacío, mientras llueve…

 

NOTA

Este artículo nace de una profunda reflexión a partir de la conferencia que ofrecí el 21 de abril de 2014 en el marco del  I Curso Superior de estrategias de comunicación para equipos políticos de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

 Enlaces relacionados

1

Publicado en Sesión De Control (09 de noviembre de 2013)

La convicción de que los políticos no representan a los ciudadanos alcanza a un sector importante de la sociedad: el voto ha quedado huérfano, como los ciudadanos.

Así es. Y no es de otra manera por mucho que la incoherencia discursiva nos haga creer en otra realidad paralela. Otra más. Huérfano, según la Real Academia de la Lengua es la persona menor de edad a quién se la ha muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre. Es la persona a quien se le han muerto los hijos. Es la falta de algo, y especialmente de amparo. Así se siente buena parte de la sociedad española, desamparada, huérfana, sintiendo que aquellos a quienes votaron no son capaces de proteger sus derechos sin exigirles más deberes imposibles de cumplir por la falta de todo. Los bolsillos de los ciudadanos están vacíos de monedas y llenos de desgana.

El voto huérfano en España crece. Y empezó a notarse ya en las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2011 cuando el PSOE pierde todo su músculo territorial. Más de dos años más tarde, el termómetro social indica que pocos indecisos hay porque aunque no sepan a quiénes irían a votar, lo que sí saben es a quiénes no votarían más.

Así las cosas, buena parte de la sociedad española no se siente representada por quienes hoy gobiernan, empezando por sus municipios, pero no se sienten identificados ni conectan con una fuerza opositora cada vez más débil. Los últimos datos del CIS son reveladores, sobre todo a la hora de analizar el valor que la sociedad le pone a los líderes españoles, que ninguno aprueba, y a la hora de valorar sobre qué partido remonta.  Ojo a esta afirmación de Anabel Díez, “Un sentimiento de injusticia embarga al 88% respecto a los impuestos que paga, y un 66,4% estima que todo lo que paga no le aporta contrapartidas públicas”. El problema de hoy es el problema de siempre: el paro.

El liderazgo político es otra cuestión: ¿Tenemos en España líderes que movilicen, que motiven, que respeten y hagan respetar, que ilusionen y que hagan convencer? En la política española sigue existiendo un problema de liderazgo, pero también un problema de credibilidad en la política y en las instituciones. Y además, un problema de temas de agenda porque la agenda política sigue sin ir al ritmo de la agenda social.

Mientras la sociedad habla de líderes y de primarias necesarias, de ilusión, la política habla de reformas, de recortes y programas por hacer cuyas recetas sabemos que no son mágicas, aunque sí se es consciente de que puedan ayudar. La cuestión es… ¿cuándo?

La inaccesibilidad a la Administración pública, empezando, reitero, por la municipal y la autonómica, es cada vez más preocupante. Y ya ni hablar del silencio Administrativo con el que se les paga a los ciudadanos. Sería importante y de estudio ver la agenda o las citas que nuestros alcaldes o concejales han cumplido a tiempo. Y sería más importante aún estudiar los problemas que han resuelto evitando que se acumularan.

Hay ciudadanos de a pie que han podido saludar antes a un diputado del Congreso o a un senador que al propio concejal de su pueblo. Con esta actitud y con esta pasividad local lo único que se consigue es más desafección aún, más desgana y, cómo no, que la sensación de orfandad crezca en nuestro país. Solos y abandonados se sienten muchos ciudadanos a la hora de resolver las cuestiones relacionadas con la Administración y a la hora de acceder a ella. Pero para solucionar el problema hay que ir al origen del mismo, no evitarlo esperando a que, con el tiempo, venga Dios y lo resuelva.

¿Por qué en la calle se oye el grito de “no nos representan”? Fue una de las preguntas que se lanzaron el pasado 17 de octubre en Madrid en la presentación del libro Se llamaba Alfredo… Y sencillamente ese grito se oye en la calle porque la gente, la sociedad española, no se siente representada por sus líderes. Y continúan gritando porque esos líderes parecen no escuchar a quienes dicen que no están representados por ellos. Oídos sordos frente a una ciudadanía necesitada.

El reto está aquí y comenzó aquí desde el mismo momento en el que nació el sentimiento de la desgana, la incomprensión, la desilusión y la incoherencia. El reto está en acercarse a ellos, en identificarse con ellos, en conquistarlos a ellos: el voto huérfano.

7