Your address will show here +12 34 56 78

Diario de campaña. Día 9: El factor decisivo

Publicado en BEZ el 12 de Diciembre de 2015

El factor extraordinario entra en campaña electoral. Y aunque no se puede confirmar que la guerra entra en campaña, la muerte sí lo ha hecho. Los conceptos de “guerra” y “muerte” están en el imaginario de la ciudadanía. Es inevitable. Como inevitable es que, al enterarnos de la muerte del policía español en la embajada española de Kabul, relacionemos, o más bien recordemos y nos acordemos, de las recientes muertes en París. Lo de París fue algo de París, sobre París, pero fue todo sobre el mundo. Entra en campaña la economía de la atención con más fuerza que nunca. Las personas, ante casos extremo como el ocurrido, no es indiferente. Su atención está viva, más viva, y más sensible. No obstante, quitando el discurso económico que lo relaciona, la praxeología, cuya metodología estudia la estructura lógica de los humanos, también cobra un matiz especial puesto que centra su atención en el individuo que actúa. Y que no quepa duda que, dependiendo de la reacción de nuestros políticos, los ciudadanos, por lógica, pueden actuar de una manera u otra.

Esta campaña electoral se encuentra un factor especial: actuar frente a lo imprevisible. Y lo que era previsto por estrategia, debe adaptarse. Actuar frente a lo imprevisible no es cuestión de fuerza o de poder, es cuestión de inteligencia. A pesar de que pueda parecerlo, no siempre se está preparado electoralmente para los factores extraordinarios porque mueven el tablero de ajedrez, hay poco tiempo de reacción, y escaso tiempo de análisis de lo que se prevé que pueda hacer el rival. En términos de comunicación política, estos son los elementos que se trabajan con especial atención porque, como dice Ralph Murphine, “normalmente los votantes siguen una cascada de decisiones para llegar a su toma de decisión electoral final”.

El anuncio

El anuncio se ha producido en Orihuela donde Mariano Rajoy ha dado la noticia con datos que aún no estaban del todo claros, sobre todo relacionados con la confirmación de la muerte del policía. Una vez más, el presidente ha sido prudente en su comunicación sin exponer, en ese momento, más detalles. No obstante, Rajoy contradecía las fuentes del gobierno, puesto que negaba que el ataque fuese directo contra la embajada. Durante la tarde del propio 11 de diciembre las agencias sí confirmaban, por las mismas fuentes gubernamentales, que la embajada española era el objeto, como así también lo ha confirmado la embajada de Estados Unidos en Kabul. La manera en que se produce el anuncio deja en evidencia las debilidades y las fortalezas de un Gobierno coordinado o descoordinado, de un líder preparado para afrontar la gravedad del asunto, o no. De un líder… ¿capaz?

Los culpables

Inmediatamente, los ciudadanos, al tener una previa de la información por los medios, necesitan conocer qué ha sucedido de una manera más clara y cómo va a afectarles o a afectar en el momento político actual. Buscan respuestas, necesitas explicaciones y exigen culpables y responsabilidades políticas. ¿Quién ha sido y qué medidas se van a tomar? Esconderse no es una opción. Y ante hechos de esta envergadura el liderazgo lo tendrá quien asuma la autoridad y la responsabilidad política.

El tiempo

¿Qué tiempo han tardado en reaccionar? El precio de no gestionar el tiempo es alto. No sólo hay que gestionar las respuestas, sino el tiempo de las respuestas, qué se tarda en tomar las decisiones, en informar y en formar equipos. La decisión de los electores no entiende de tiempos.

La reacción

¿Cómo han reaccionado los candidatos? ¿Qué palabras han escogido? Los medios de comunicación están más atentos que nunca y las redes sociales en espléndido movimiento. Cualquier error, cualquier palabra mal ubicada o desafortunada, no tener en cuenta la responsabilidad de cada uno como candidato y no comprender la reacción de la ciudadana frente al suceso, puede ser más visible que nunca, más evidente que nunca, más terrible que nunca. Hay que evitar por todos los medios que cualquier reacción se convierta en una equivocación. Porque el coste de cualquier equivocación en este momento será más alto.

 

El posicionamiento

Cada candidato se va a posicionar frente al terror o la muerte. Y habrá posiciones que nos sorprendan, otras que suponen una oportunidad. ¿Por qué? Bien porque no haya posiciones del todo claras, bien porque denuncien sin mencionar culpables o se denuncie medias. Todos saben que la guerra tiene un coste electoral. Y no para todos ese coste juega a su favor. No obstante, en un momento de máxima sensibilidad en los ciudadanos, lo que éstos van a demandar es siempre claridad, transparencia y respuestas. Y respuestas verídicas. No quieren sorpresas, quieren la verdad.

Quizás no quepa comparación, ¿o sí? Pero todos recordamos los atentados del 11 de marzo. Y todos recordamos los errores políticos y estratégicos que cometió el Gobierno del Partido Popular. Ocultar información, no reconocer a los culpables, perder el liderazgo y la autoridad, y no asumir la responsabilidad política, tuvo un efecto devastador. La sociedad española reaccionó. Y los mensajes virales para la reacción ciudadana no se hicieron esperar con el “pásalo” a través del sms. El factor extraordinario en aquel contexto movió a los electores. Y el voto útil fue decisivo en las elecciones del 14 de marzo de 2004.

Conocer la verdad es de justicia y un derecho a reivindicar. A reivindicar en campaña y siempre.

DIARIO DE CAMPAÑA

0

Diario de campaña. Día 5: El debate

Publicado en BEZ el 8 de Diciembre de 2015

Quizás pocos recuerden el debate cara a cara entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba que se celebró un día 7 también, pero el de noviembre de 2011. A ese debate Rajoy fue, a pesar de que pocos querían que fuera, como me contó Manuel Campo Vidal para la redacción del libro “Se llamaba Alfredo…”: “Rajoy aceptó el debate sin necesitarlo, y aceptó el debate en contra de la opinión de algunos de sus colaboradores que le decían “no corras ese riesgo porque te va a aportar poco y, en todo caso, quizá te aporte en negativo”. ¿Han sido los mismos asesores que le han dicho que a este debate no fuera? Nos ha sorprendido algo que no debería, porque es algo natural en el comportamiento de nuestro presidente del Gobierno: seguir huyendo de la realidad que lo acontece. Él sigue gobernando para una sociedad que poco tiene que ver con la que describe. Y lidera una “España en serio” sin seriedad. En aquel 7 de noviembre, Rajoy llamaba, a Rubalcaba, Rodríguez Zapatero, y todo el mundo dudó de si la equivocación fue estratégica. Pero Rajoy se equivoca tantas veces… que también se dudó de que lo fuese. Rubalcaba es y ha sido siempre un muy buen orador, pero su estrategia de posicionar a Mariano como presidente para advertir de lo que se vendría encima, no resultó. Muchos creen que Rubalcaba no perdió y perdió al mismo tiempo ese debate. ¿Por qué? Porque no lo ganó.

Y en este 7 de diciembre… ¿qué hemos visto? Un debate único celebrado en Atresmedia, moderado por Vicente Vallés y Ana Pastor, y protagonizado por tres candidatos: Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera; y una sustituta en el lugar de Mariano Rajoy: Soraya Sáenz de Santamaría. ¿Qué gana Mariano con esta decisión? Tiempo, sólo gana tiempo. Tiempo para pensar, para no sumar más errores, para reflexionar en el paso de la siguiente jugada. Pero… cuando es otra persona la que tiene que dar la cara por sus errores, deja más en evidencia que nunca su debilidad y muestra mejor que nunca una flojera en su liderazgo.

Un debate con unas normas especiales donde se ha innovado en espacios, presentación, orden y tiempo. Han prevalecido los datos en todas las intervenciones, algo que no funciona si no se es capaz de ilustrar con palabras para que, quienes los escuchamos, seamos capaces de entender e imaginar el impacto en nuestras vidas de las cifras que mencionan. Han prevalecido también demasiadas alusiones al pasado y a la herencia, sobre todo por parte del PP, para justificar las decisiones que han tomado en esta legislatura. Pero no hay justificación que valga cuando todo el mundo comprendía, sabía y vivía la situación en la que se encontraba el país. El PP se ha negado a sí mismo cada día.

A pesar de que Rivera quiere bailar sólo, o eso dice, la comunicación no verbal de vez en cuando le ha jugado una mala pasada, ya que se veía afirmando en más de una ocasión con la cabeza mientras Soraya exponía. Ilustrativo gesto. Mientras Soraya se muestra a lo largo del debate en general quieta, estática, inmóvil, recta y firme, resulta ser poco seria, entrando en colisión con el propio eslogan de su partido –España en serio-, puesto que mientras Pedro hablaba, ella se sonreía. El recurso “déjame hablar que yo no te he interrumpido”, ha sobrado en más de una ocasión. Por mucho que se ruja, si no se es león o leona, de poco sirve.

En general, ha habido un gran ímpetu por parte de Sánchez, Iglesias y Rivera de desbancar los argumentos del PP, criticar las decisiones del Gobierno y mostrar las propuestas de sus partidos como valor diferencial. Soraya ha sabido jugar bien las cartas de los marcos mentales: crisis versus recuperación, desempleo versus empleo. Algo que también ha empleado Rivera en el minuto final: ilusión versus miedo, esperanza versus resignación. Y algo que también sabe utilizar bien Iglesias: los de abajo frente a los de arriba.

Rivera ha pretendido salir reforzado apoyándose de las encuestas que nos desayunamos cada día, pero veremos si google no le juega una mala pasada. Y llama la atención cuando etiqueta a sus contrincantes con la “vieja política” y la “vieja izquierda”. Lo cierto es que cuando uno quiere gobernar, gobierna para todos, le voten o no le voten. Y la gente que vota izquierda, que se identifica con PSOE, Podemos, IU… no reconoce en absoluto que su dignidad o sus derechos hayan quedado viejos u obsoletos. Ojo con eso.

Pedro Sánchez ha querido desmarcarse con las propuestas de su programa, e Iglesias ha estado bien cuando, en vez de pactos, ha hablado de acuerdos. Y, por mucha responsabilidad compartida que nos muestre Soraya entre el presidente y su equipo, lo cierto es que ha pintado una realidad que pocos españoles sienten. Algo que ha quedado claro en todos a lo largo del debate, es que les ha faltado exponer la suficiente narrativa como para construir el imaginario de las frases que protagonizan sus carteles electorales.

El minuto final de Pedro Sánchez ha estado protagonizado por el concepto de “cadena de solidaridad” construida, que ha sido la que se ha vivido muchos años en España, y por el “cambio”, con el objetivo de desbancar a la derecha. Llama al voto útil para traer el cambio a España, para que Rajoy no siga con un plan que todo conocen. Soraya apela a la España de 2020 mostrando el camino que cree correcto. Pero… lamentablemente, muestra una España que no se siente, o que pocos viven. Albert Rivera habla de esperanza e ilusión con el objetivo de llamar la atención de aquel voto descontento con el PSOE -sí, también- pero sobre todo descontento con el PP y nada representado por la era Mariano. E Iglesias ha protagonizado un minuto final emotivo y ajustado a la realidad con la que se levanta la gente cada mañana. Ha pedido a la audiencia dos cosas claras y fáciles de recordar: que no olviden –la corrupción, principalmente-, y que sonrían –al 15M y a la gente que se moviliza pidiendo justicia-.

Este debate, dicen decisivo, no lo ha sido. Los protagonistas siguen siendo ese más del 40% de indecisos de las encuestas que tanto se han mencionado. A estos se les ha llamado a votar aunque no hayan sido nombrados. En la era de la política móvil, el discurso social puede que sea el que más influencia tenga. Las opiniones se mueven constantemente a través de varios formatos y canales. Fluyen. Más aún con tanta oferta electoral donde los cambios estructurales muestran los cambios a los que se está dispuesto a llegar. Y no hay debate decisivo cuando el electorado es móvil. Más móvil que nunca.

DIARIO DE CAMPAÑA

0

Artículo para Colpisa Noticias y Agenda Pública (eldiario.es) (28 de agosto de 2015)

 

Los gobiernos tienden a fracasar. Pero… ¿cómo evitarlo? Ese sería el gran titular, quizás más bien la pregunta que la afirmación con la que inicia la consecuencia. Los gobiernos fracasan o tienden a fracasar por muchas razones cuando el tiempo empieza a ser largo aunque a veces ocurra que no suman los años. O cuando son los mismos haciendo las mismas cosas para quienes ya no lo son. Ojo, esto no es exactamente la definición de la locura aunque quienes son representados tiendan a pensar que quienes los representan empiezan a estarlo.

Cuando un Gobierno empieza a justamente eso, a gobernar, las políticas que lleva a cabo determinan un cambio que impacta en la vida de las personas. Y cuando, con los años, un Gobierno logra cambiar el país y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, e impulsa ese país hacia la senda del crecimiento, hay pilares que empiezan a resentirse. Mientras la sociedad avanza porque esos cambios repercuten directamente en sus vidas, la política no avanza al mismo ritmo: esto es algo que sentimos, percibimos, vivimos… incluso puede ser motivo de manifestaciones y demandas callejeras en voz alta. Los Gobiernos tienen a anquilosarse en la burbuja del poder y siguen tomando las mismas medidas que tomaban antaño sin poner el termómetro a las necesidades de una sociedad que evoluciona con otro ralentí.

Pero… ¿Por qué fracasan? Fracasan por no seguir con el mismo rumbo de una política que ya ha cambiado la sociedad. Muchos gobiernos son víctimas de sus propios éxitos porque creen que tener la razón les basta para imponer. Tener la razón es importante, pero es más importante tener los argumentos para convencer. Fracasan por no gestionar el tiempo ni los ritmos a los que crece y avanza la sociedad que ellos mismos están construyendo. Su reloj no es el mismo que el de la sociedad. Cada minuto es un minuto más que ganar: para los Gobierno cada minuto puede convertirse en horas perdidas. Tampoco avanzan al mismo ritmo que avanza la sociedad. Más vale dar pasos cortos y seguros, que largos y torpes. Por otro lado, su falta de escucha resulta imprudente. La crisis de escucha impera en buena parte de los países del mundo. Los Gobiernos se escudan en la burbuja del poder sin querer comprender el reclamo de las nuevas generaciones. Al no escuchar y negarse a observar la realidad, carecen de visión y, por lo tanto, de frontera. Deciden políticas en base a la sociedad que los llevó al poder, no a los hijos de esas sociedad que los llevó al poder. Por lo tanto, pierden la capacidad de gobernar para la mayoría de una realidad creada por ellos que ya no comprenden.

Los gobiernos se acostumbran al poder, maldita enfermedad adicta que los enriquece… quizás…, bien de dinero, bien de ego o ambición. Y un Gobierno anquilosado, al final, tiende a tener un equipo mediocre. Un líder con un equipo mediocre es un líder mediocre. Los equipos son el pilar fundamental de la política de Gobierno. Y, cuidado, jerarquía no tiene nada que ver con la disciplina ni el orden. También fracasan porque se niegan a aceptar críticas y consejos: porque cuando un Gobierno empieza a decaer, también tiene más críticas, algunas son constructivas, otras destructivas. En momentos de crisis, la crítica se convierte en una amenaza en vez de en una oportunidad para la rectificación, y los gobiernos tienden a criticar las críticas consiguiendo contaminarse a sí mismos. Además les falta comprender los nuevos lenguajes, las nuevas relaciones, los nuevos esquemas de la sociedad y las nuevas formas de comunicación. Las nuevas narrativas no existen para los viejos Gobiernos. Hay temor al cambio y a salirse de ese estado de confort donde las decisiones se cumplen en base a lo que se ordena, se manda y dice, y no a lo que se piensa que es mejor para todos.

La ejemplaridad política nunca es una opción. Al final, los gobiernos enferman porque se evaden, la burbuja de poder en la que viven los va matando y les va minando la razón y la conciencia. Sólo los salvaría contagiarse de la realidad para la que gobiernan. La adaptación al cambio es el antídoto siempre y cuando haya un buen diagnóstico basado en estar predispuesto a la escucha y a comprender lo que se escucha. Adaptación al cambio no sólo de personas sino de políticas y de discursos basados en la conversación. Es mejor diseñar la estrategia oportuna que continuar con la de siempre. En boca del profesor James Robinson, “la alternativa viable es una amplia coalición de gente heterogénea que desafía al poder”. Desafiar el poder es el primer paso para ayudar a cambiar las necesidades de una sociedad real que se obvia.

0

POSTS ANTERIORESPágina 4 de 7POSTS SIGUIENTES