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Diario de campaña. Día 12: El cara a cara

Publicado en BEZ el 15 de Diciembre de 2015

Manuel Campo Vidal asegura que un debate es una cuestión de confianza, una cadena de confianza basada en la seguridad de los candidatos en sí mismos, confianza del entorno en el candidato, confianza del equipo en su propio candidato, confianza de ambos partidos en la institución que lo organice, de los candidatos en el moderador y en el realizador –sobra decir que un mal plano puede matar a un candidato-. Y “si falla un eslabón, no se produce el debate”, dice Campo Vidal. A punto ha estado.

Son tantas ocasiones las que lleva Mariano Rajoy acercándose al ridículo que una más podría resultar insoportable. Y podemos llegar a intuir que es su propio entorno el que lo empuja a no estar y a no salir. “Hasta donde sabemos, le pidió a Rajoy, por no decir le prohibió, que no lo hiciera en el 2004”. Quien se lo pidió fue José María Aznar. Y Rajoy sabe que se equivocó al hacerle caso. Sigan viendo hoy su autoridad.

Cuestión de confianza pero… ¿y qué pasa con la confianza de los ciudadanos en esos candidatos? Lo que hemos presenciado los españoles mucho tiene de esperpento y poco tiene de cara a cara. Al ver al presidente Rajoy en pantalla nos seguimos preguntando quién es ese señor presidente del Gobierno.

“Ruin, mezquino y miserable” le ha dicho Rajoy a Pedro Sánchez al mencionarle la corruptela en el PP, cuando la evidencia de la corrupción en el Partido Popular es insultante.Rajoy también ha dejado en evidencia la corruptela de los ERE, pero resulta conmovedor que un presidente del Gobierno se defienda con insultos de ese calibre, como un callejero de barrio sin armas. Y, en medio del espectáculo, corona a Sánchez, quizás sin saberlo, sin notarlo, sin presenciarlo: “Usted es joven. Usted va perder estas elecciones. No pasa nada, el señor González, el señor Aznar y yo las perdimos”.

Pedro Sánchez se jugaba más en este debate. Necesitaba marcar la diferencia frente a un Gobierno que ha gobernado para sí mismo y para sus votantes durante los cuatro años de legislatura que han resultado una eternidad. ¿O ya nadie se acuerda de que cada viernes con Rajoy era “viernes de Dolores”? Obvio que el PP no ha gobernado para el resto de españoles, porque el voto del resto de españoles no los necesita para gobernar.

Podemos suponer que Pedro Sánchez lo tenía fácil. Igual hubiese sido más sencillo graduar las dosis de ataque por dosis de evidencia de inutilidad. Tenemos un presidente torpe, lento, tan prudente que resulta inactivo, inmóvil, simple, triste,… Posee el arte de la gracia que humilla. Han sido tantos los errores que ha cometido Rajoy en público que sólo hacía falta acorralarle para que su torpeza dejara en evidencia la debilidad de un gobierno en una etapa clave de una España frágil, donde sólo les salen los números a los miembros del Gobierno mientras el resto de españoles tienen que pagar la letra pequeña de sus decisiones. También la pagamos en la etapa anterior, que no quepa duda, sólo que ahora la deuda es mayor y la cuota más grande. El voto útil siempre será más fuerte que un presidente inútil.

Ha faltado inteligencia y ha sobrado soberbia. También ha faltado seguridad por ambas partes. Equivocarse, en este punto de campaña, no era una opción. Y deberíamos haber presenciado un cara a cara sin espectáculo, lejos del esperpento y más allá del ridículo. Ya algo se podía intuir en las formas después de hacerse pública la campaña en redes del Partido Popular donde seguidores del propio partido instaban a sabotear el perfil de Pedro Sánchez en Twitter. El futuro de los debates electorales aún no lo conocemos. No ha sido más de lo mismo pero ha sido más del pasado que ya se quiere olvidar.

Al igual que el futuro de las campañas electorales no pasa por copiar ideas de países diferentes sin estudiar el contexto, el futuro de los debates electorales no pasa por palabras vacías carentes de sentimiento en un combate frontal sin nada que destacar. ¿Qué tipo de campaña electoral se va a realizar si no hay una gran historia que contar? La historia de Pedro es un reto. La de Mariano la venta de unos datos poco fiables.

“Si falla un eslabón, no se produce el debate”, decía Campo Vidal aludiendo a la cadena de confianza. Y el eslabón más importante que falla es la confianza de los ciudadanos en estas elecciones. ¿El final? Nada de sentimiento y ninguna palabra memorable que recordar y en la que confiar.

DIARIO DE CAMPAÑA

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Se llamaba Alfredo… Las claves de una derrota electoral inevitable ha pisado Cuenca en este 2014, concretamente la Facultad de Periodismo de la Universidad de Castilla – La Mancha el pasado 9 de abril. Todo un honor el haber aceptado la invitación de Paco Seoane, amigo, profesor, gran investigador y una de las personas que me ha acompañado en esta travesía. Y tengo que reconocer que me encantó charlar con los alumnos de periodismo de campañas, de derrotas y de lo que con Europa está por llegar. De la teoría de la comunicación política, pasamos a la práctica, a pisar la arena y el terreno de lo que supone toda la construcción de principio de a fin de una campaña, lo que suponen los equipos, las estrategias y las decisiones entradas a tiempo y a deshora. Tengo que agradecer todas las preguntas, que siempre enriquecen y de las cuáles más aprendemos, porque fueron muchos los temas que discutimos: el debate, los titulares del día después del debate, las estrategias, las encuestas, los nuevos candidatos y los nuevos lemas, primarias y… ¿cuánto cuesta una campaña electoral? Aunque el libro cuenta específicamente cuánto costó el debate y la opinión de Manuel Campo Vidal en relación a este tema, lo cierto es que no es fácil coger una calculadora y sumar todas las partidas que supone la campaña en su conjunto, y más aún la del PSOE para el 20N en el marco de la palabra «crisis», pero no faltaron artículos al respecto que informaron sobre el asunto. De este día me quedo con la inquietud de aquellos jóvenes que el día de mañana serán los profesionales de la información y de la comunicación política, de su coherencia, del interés mostrado y de su convencimiento hacia otra forma de comunicar que ya no pasa por «y tú más».

 

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DURANTE los días 14, 15 y 16 de junio se sucedieron diferentes ponencias en torno a la comunicación política en la Alhóndida, Bilbao, organizado por ACOP (Asociación Comunicación Política). Si hace dos años, para los que nos iniciábamos en este mundo entrando de lleno en lo profesional, el I Encuentro suponía un punto de inflexión y toda una oportunidad para ahondar en la parte más estratégica, este año ha supuesto una apertura de ojos, una gran película en la que se ven pasar frames entre luces y sombras.

Cada minuto supuso un reto. Y el objetivo fue compartir experiencias y enriquecer la profesión para, a su vez, enriquecer el entorno en el que vivimos. Para algunos dicho objetivo se consiguió. Para otros, francamente no.

El cartel era muy bueno: Evgeny Morozov, intentando aportar lo mejor de sí ante el desengaño de Internet; Michael Gazzaniga, entre la justicia y la libertad de las personas, no de los cerebros; Steven Dong y Wiebo, que no Twitter, y su no tan mala censura en China; Judith Torrea, haciendo de su voz la melodía mexicana que cuenta el relato de Ciudad Juarez, en la sombra del narcotráfico; Esteban Moro explicando los RT’s con consecuencia y software, y las ráfagas de la comunicación humana; Leandro Raposo, con su “joder” contundente en medio de su ponencia y la demostración de que las campañas que deberían estar desarrollando los políticos, las están haciendo las empresas. Cristina Gallach y Sergio Jellinek dieron duras ponencias en relación a Europa y al Banco Mundial. Manuel Campo Vidal trajo consigo su experiencia en la mesa de debate de los candidatos que quisieron ser un día presidentes a partir de tres premisas: liderazgo, confianza y preparación. Gianpietro Mazzoleni no habló de su política pop. David Redoli volvió a darnos pinceladas sobre discursos, pero con una novedad: un vídeo final que impactó sobre las palabras, esas que son capaces de cambiar el rumbo de nuestra historia. Christian Salmon y sus cuatro condiciones sistémicas (Storytelling, timing, marco conceptual y networking) no supieron sorprender; Margaret Scammell y su concepto analítico de la marca. Antonio Sola, y sus ¿400 campañas?, junto con Nagore de los Ríos y ese striptease,  para hablar de open government, que atrajo la atención para resto de la ponencia , fueron las exposiciones más valoradas por los asistentes. José Miguel Contreras (el catedrático que no es cómo los de antes), su bronceados, sus partidos de tenis a la hora de comer, el cómo ser empleado en esta profesión siendo el chico de los cafés, el porqué no cobrar la asesoría política, y aquello sobre lo que nos faltó tiempo para hablar, crisis, marcaron la jornada de la tarde. Roman Gubern (el catedrático de los de siempre) narró de historia y de cine, pero también preguntó, y se intentaba responder. Y, como colofón, Stanley Greenberg, el que fuera asesor de Clinton y Mandela, repitió en Bilbao y se convirtió en socio honorario de ACOP. Nos habló de elecciones en EEUU, Obama, Romney y, documentado, lo que decidirá esta campaña: clase media y economía.

Los talleres organizados para el sábado los dirigieron Joaquín Fernández, Jorge Santigo Barnés, Javier Puig, Jorge Rábago, Daniel Ureña y Yago de Marta.

Si hay algo faltó en este encuentro fue profundizar más sobre “la que nos está cayendo” y convertirse en un real laboratorio de tendencias en torno a esta crisis.

Ahora bien, si esto supone un punto de partida en relación a la mejora de nuestra profesión desde el pedestal profesional y académico, hay algo que debemos de trabajar por nosotros mismos para ser ejemplo de calidad y no de mediocridad:

  1. Antes de dar una ponencia, infórmate de quién es tu audiencia.
  2. No pidas un Mont Blanc a tu público como quien pide un boli bic.
  3. Cita SIEMPRE: no te lucres de las teorías de investigadores y académicos de las cuales no te acuerdas y que no conoces.
  4. Prepara tus exposiciones, que no se noten que son presentaciones anticuadas sin fundamentos.
  5. Adecua tu mensaje en relación al contexto.
  6. El protagonista es el mensaje, no tú mismo.
  7. No confundir conceptos técnicos y tampoco básicos: que la experiencia (o mala experiencia) no te juegue una mala pasada.
  8. Si te presentas para liderar un “taller” sobre un tema en concreto, no des una charla de más de tres horas sobre otro distinto. 

 

 


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