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Publicado en El País, blog Mujeres, el 4 de noviembre de 2014 

Tres mujeres alrededor de una mesa en Salamanca; Paola Berenice Pabón, asambleísta por Movimiento Alianza País en Ecuador, Alejandrina Castro Figueroa, diputada por Alianza Republicana Nacionalista en El Salvador y Gabriela Montaño, senadora por el Movimiento al Socialismo en Bolivia. Una sola frente a un ordenador en Madrid. Y una interesante conversación que la tecnología permite en una mañana que arrecia fría. La charla promete. El tema no podía ser otro que mujer, política y democracia, centrado sobre todo en Latinoamérica, con las particularidades de las experiencias de estas tres mujeres con ganas de dar su visión. Lo que parecía algo de poco más de 20 minutos, se convirtió en más de una hora. Pero un tiempo demasiado corto, creedme.

Mujer y política son términos que muchos han intentado separar a lo largo de siglos de historia. Ellas demuestran que están unidos. Escucharlas compartir sus impresiones sobre política y liderazgo es ya de por sí una experiencia. Y bajo la premisa de la experiencia hay que sumergirse no solo para entender más sobre política y mujer, o sobre jóvenes legisladoras en Latinoamérica como lo son ellas, sino también sobre construcción de más sociedad en función de la participación femenina.

Barreras. Empezamos a saltar puentes y cruzar barreras. Barreras con las que se encuentran las mujeres para acceder a cargos políticos. A pesar de que las mujeres en Latinoamérica son la más poderosas, bien es cierto que escalar no es fácil. ¿Y permanecer? Aún menos. Gabriela asegura que en Bolivia están en pleno avance legislativo, porque la primera barrera con la que se encuentran las mujeres son las firmadas a golpe de Ley. “Nosotros estamos en la construcción real de la paridad, dejamos de lado la experiencia de las cuotas porque no nos ayudó a avanzar”.

Pero hay dos barreras más con las que se encuentran, la financiación electoral y la “vinculación de las mujeres con ciertos temas que en algunas sociedades tienen que ver con lo social y no con otros ámbitos como pueden ser el económico, la seguridad ciudadana o la seguridad pública”. Paola opina que “seguir motivando la aprobación a través de las leyes electorales de cuotas para garantizar la participación política de las mujeres sigue siendo una tarea en confusión para algunos países. Nosotros estamos desde el 2008 ya en un modelo paritario, no solamente para cargos de elección popular en listas unipersonales sino para cargos de designación y creo que eso ha permitido un número importante de mujeres dirigiendo distintos espacios”.

Paola, además, añade dos barrera más: una tiene que ver con un tema mucho más cultural y “pasa por la construcción de una ciudadanía que valore la presencia de mujeres en política”; la segunda es que hay mujeres “que tienen que dedicarse de manera mayoritaria al cuidado de hombres, hijos, personas… Esto va en detrimento de la posibilidad de ocupar espacios públicos, formarse, capacitarse. Entonces, mientras no hay una corresponsabilidad del Estado, de la empresa privada, de la familia, como tal, de los compañeros, en asumir todo el tema del cuidado va a ser muy complicado que podamos tener una presencia permanente de las mujeres en política. No solamente es llegar. Sino permanecer”.

Educación. Una vez saltadas las barreras, las mujeres en política se encuentran con otra tarea: hacerse entender. Según Alejandrina, a pesar de hablar de política y mujeres, “no es un tema solo de mujeres. Es un tema de sociedad y de comprensión de que la democracia se pone más robusta y se hace más profunda mientras mayor participación de las mujeres existe en el ámbito político”. Y continúa: “Creo mucho en el papel pedagógico que tenemos además del papel de legisladoras, de administradoras… Creo en el papel pedagógico que tenemos las mujeres y los hombres convencidos de esta necesidad de profundizar la democracia para seguir avanzando”. A raíz de su reflexión, ejemplifica con una historia: “Un amigo tiene un hijo pequeño varón de 4 años, argentino, y ha crecido viendo a una presidenta mujer. Un día estaban hablando de las candidaturas, etc. en la televisión y entonces hablan de hombres candidatos y el niño dice: papi, ¿los hombres también pueden ser presidentes? Pongo este ejemplo porque es muy gráfico lo que implica la educación, la formación, y la experiencia de lo que uno vive en lo cotidiano y la presencia que las mujeres versan sobre todos estos temas».

Sus vidas. Cuando a Alejandrina se le pregunta por sus inicios en política, ella empieza a contar su propia historia, su militancia y su primera campaña donde se enfrentó a no pocos desafíos, haciendo una campaña electoral “casa a casa”, diferente dice, centrándose en los jóvenes y en las mujeres. Pero hay una idea clara que extrajo de esa campaña: “La ciudadanía cree en las mujeres y en la necesidad de un relevo político”.

Paola, por otro lado y a pesar de su corta edad -36 años- dice creer tener muchos años en la tarea. Muchos porque lleva desde los 17 militando y participando en acciones políticas desde la Universidad. Pero hay algo que cambió su vida por completo: “Luego tuve, yo diría, la suerte, porque eso marcó mi carrera política, de poder estar en la ruralidad en mi país, donde tienes una población importante indígena, donde ha habido mucha marginación. Se ha pensado muy poco en el campo, donde ha habido la concentración de un modelo en dos o tres ciudades, condiciones de inequidad en el resto del país. Ser parte de la ruralidad marcó mi forma y mi enfoque de hacer política”.

Cuando Gabriela habla de sus inicios en política, cuenta que también empezó como Paola a los 17 años. Pero lo hizo por los cambios estructurales que se estaban dando en el país. Si no hubiera estado convencida de que esos cambios merecían el que la sociedad fuera partícipe de ese proceso, ella nunca se hubiese presentado:“Me siento profundamente feliz de ser una generación que cambia para siempre la historia de Bolivia y aporta un granito de arena”.

Conciliación. Según Alejandrina, entre políticas, suelen conversar de la entrega de las mujeres a la política “que requiere de muchos más sacrificios que los hombres por el tema de ser –algunas de ellas- cuidadoras en sus hogares. Y es realmente una entrega que una le da a su país, a su partido, pero especialmente al país.Sabemos valorar la calidad del tiempo no la cantidad del tiempo”. Al hablar sobre este tema, Paola ha sacado a colación las últimas encuestas que se hicieron en Ecuador donde “el 85% de las cuidadoras somos mujeres. Cuando hablamos sobre el uso del tiempo y la calidad de vida de las mujeres, la encuesta nacional nos arroja que las mujeres trabajamos 17 horas más que los hombres en la zona urbana y 22 horas más en la zona rural”. Ella dice tener un gran apoyo por parte de sus padres y de sus hermanas, pero también asegura que lo tiene más fácil al no ser madre. Gabriela es tajante: no le interesa y no quiere dar ese mensaje de “las mujeres tienen que ser “supermujeres” para estar en un espacio de toma de decisión o responsabilidad estatal. Todas las mujeres podemos construir esa posibilidad. Tenemos que romper el mito. Tenemos que animar a que otras mujeres quieran asumir el espacio político como un paso propio”.

Mujeres en América Latina. “Creo que la región, después de muchos años de desasosiego, después de muchos años de producir recetas por varios modelos, encontró un camino propio. Creo que esa es una de las ventajas en un momento de crisis mundial, en un momento donde te encuentras con conflictos armados, crisis económicas en muchas potencias… Tú ves a una América Latina en crecimiento y en despunte. Y creo que eso es parte de haber encontrado un propio camino, con procesos además individuales”, dice Paola cuando hablamos del número de mujeres presidentas en el continente en comparación con el número de feminicidios. Y sigue: “creo que hay que trabajar los roles, y cómo este incremento de mujeres en la política tiene un efecto positivo en mejorar la calidad de vida de las mujeres. Todos los temas de violencia, todos los temas de discriminación… Seis de cada diez mujeres sufren de violencia física y psíquica son patrones que se van a modificar, con marcos legales, con política pública, pero también con una conciencia de una sociedad mucho más respetuosa”.

Alejandrina tiene una visión propia también sobre el tema: “No sólo nos ven como profesionales, sino como defensoras de valores. Hay muchos espacios ciudadanos para que las mujeres participen, no solamente en los partidos políticos, sino en la ciudadanía. Quisiera pasar de la legalidad formal a la legalidad sustancial. Que todo se ponga en práctica y que eso ayude a las mujeres a poder llegar a un tipo de igualdad que les permita actuar en igualdad de condiciones, y más en la política que es un mundo aún dominado por los hombres”. Gabriela también lo tiene claro: “Nosotros en Bolivia hemos pasado a aprobar una ley integral contra la violencia hacia las mujeres, es parte de una nueva ola de normativas en Latinoamérica que deja de ver la violencia contra las mujeres como un tema del ámbito privado para ponerlo en el ámbito penal público y genera mecanismos muy novedosos como la posibilidad declaratoria de denuncia en una región o municipio. La violencia, no sólo en Latinoamérica, sino en el mundo entero, la tenemos que ver como un tsunami, como una catástrofe en la que tenemos que actuar inmediatamente”. Asegura que este es su compromiso y el de muchas mujeres en política a pesar las diferencias ideológicas. Y termina diciendo que “no se trata sólo de poner leyes”, sino de poner operativas esas “normas en la realidad”.

Liderazgo femenino. Dos palabras que dan una charla de más de un café. Concepto profundo, aseguran que es, pero cada una de ellas tiene su propia opinión a la hora de definir qué es el liderazgo femenino. “Nos ven a las mujeres como personas correctas y creo que, en cierta medida, es responsabilidad que tenemos nosotras de responderle a la ciudadanía en la manera en la que ellos han depositado su confianza en nosotras. Eso es lo que marca un liderazgo femenino”, asegura Alejandrina. “Entiendo el liderazgo como la posibilidad de que tus acciones, tus pensamientos, tu vocería, puedan incidir en otras personas. Y ese liderazgo puede ser positivo o puede ser negativo, puede ser un liderazgo que se está ejerciendo por muchas mujeres con la posibilidad de comprender que la reivindicación de los derechos de las mujeres, de nuestros derechos, son reivindicaciones que no únicamente generan el cambio de vida de las mujeres. Y aunque se pueda ver como una exclusión, cambiar la vida de las mujeres es también cambiar la vida de la población”, reflexiona Paola, pero introduce una variante novedosa en la charla. “Hay que ir trabajando en la idea de generar liderazgos colectivos. El depositar la carga o la tarea en una o dos personas puede hacer que esos resultados no sean efectivos, creo que hay que compartir los liderazgos. Unos somos buenos en unas tareas, y otros mejores en otras”.

Gabriela, por su parte, está en desacuerdo a la hora de formular el liderazgo femenino como un liderazgo único porque es ahí precisamente donde “se pierde la riqueza y la posibilidad de profundizar la democracia”. Si se habla de liderazgo femenino únicamente, dice, se cuestionan las estructuras de poder establecido. Y comparte la tesis de Paola: “Creo que debemos verlo como liderazgos múltiples con múltiples posibilidades. Y creo que ese liderazgo puede ser de una mujer indígena, de una mujer profesional, campesina, de una mujer trabajadora. Y son liderazgos que no siempre se visibilizan en los medios de comunicación, que está muchas veces en los barrios, en las calles, deben tener canales claros de construcción, de avance… Y eso es tarea de quienes creemos en ello. Mientras más seamos los seres humanos capaces de construirnos, y las mujeres de reconocernos, seremos mejores seres humanos”.

 

*Nota: El pasado mes de marzo se celebró el Foro Internacional «Mujeres, política y democracia: Rompiendo los techos de cristal en América Latina» organizado por el Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca. En ese foro participaron hombres y mujeres, entre ellas estas tres de la primera línea política:Paola Verenice PabónAlejandrina Castro Figueroa y Gabriela Montaño.
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Publicado en El País, blog Mujeres, el 14 de octubre de 2014 como «Lo que comunica Malala»

Un blog. Comunicar para muchos puede ser tan sólo una palabra, para otros un verbo que implica una gran profesión, para otros una oportunidad apenas sin merecerla. Esa es la verdad. Sin embargo, parece que en el caso de la paquistaní Malala Yousafzai es un don además de ser el único clavo ardiendo al que tuvo que agarrarse cuando todo empezó a torcerse, el único clavo al que agarrarse como método de protesta y dar a conocer fuera de las fronteras de un colegio o un autobús escolar lo que ocurría en su país y lo que les ocurría a mujeres, niños… bajo las zarpas talibanes. Con tan sólo 11 años, abrió un blog en la BBC y escribía en urdu, y lo hizo en el momento de máxima tensión en su país arropada tan sólo por la sombra del terrorUna bala quiso destrozarle el habla y la sonrisa, dos elementos imprescindibles para la comunicación, pero no lo permitió. Hoy su voz se oye más que nunca y su sonrisa es capaz de contagiar a un mundo con sed de paz y justicia.

Bastón inspirador. Malala es mujer, sí, y viene de un país que es Paquistán. Una mujer niña, porque en algún resquicio tiene que quedar algo de la niña que un día fue. Pero, ¿saben? Tuvo y sigue teniendo un gran apoyo. Y un apoyo masculino: su padre, compañero de viaje, de lucha, compañero de causa justa. Su padre inspirador, como ella lo llama. Su padre el sostén, el mismo que creyó que una niña podría cambiar el rumo de la historia de su país o que podría ser escuchada a través de las balas que atormentan a un pueblo. Su padre creyó en su palabra, en el volumen que podía alcanzar su voz.

Un libro. Y soñar también es parte de la comunicación. Y Malala soñaba, deseaba ser vampira cuando leía Crepúsculo. Crepúsculo, un libro como recurso para imaginarnos qué quería ser Malala. Y, después, ella misma dio nacimiento a un libro para contar su historia: “Yo soy Malala”. Pero aunque la imaginemos siendo una vampira, sabemos que quiere ser política, ahora sí, ahora cuando ya no puede dar un paso atrás y ha quedado atrapada en la red de la responsabilidad. Porque sabe que lo que se puede llegar a pensar, se puede hacer. Y ese hacer conlleva cambios inimaginables.

Un sueño y un mensaje. Pero ella no sólo quiere ser política. Le ha revelado a la gran Rosa Montero que quiere ser líder social. Ella entiende con esta afirmación que los políticos de hoy quizás hayan olvidado ser líderes sociales. O quizás tan sólo sea que Malala entienda que un político es gestor y sólo gestor. Pero con su contundencia está haciendo también un reclamo: políticos del hoy y del mañana, hay que ser líderes sociales, ¿qué si no es un político? Malala os da tres ideas para ser líderes sociales (o mejores políticos): i) haced que la educación sea la base del cambio. Educación como arquetipo de todas las desigualdades posibles, de un paso más en la cultura de una nueva actitud. Los parches no sirven para apostar por la desigualdad. Los parches son, al fin y al cabo, el objeto de tapadera ante cualquier problema que no se sabe o no se quiere resolver. ii) El verdadero poder está en la educación y el conocimiento, el verdadero poder es aquel que encierra un lápiz y un libro, dice Malala. Y, por último, iii) ella emplearía como escudo la unidad del pueblo.

Un discurso. Aquel 12 de julio de 2013, cuando pronunció su discurso en las Naciones Unidas, Malala no tenía el mejor escenario, o no era el mejor para una niña. Tras de sí, los dibujos infantiles, los parques y los niños desaparecieron para dar lugar a una colección de corbatas desconocidas para ella. Aquel no era el lugar para una niña, pero sí era el lugar en el que ella debía estar. Ese día, sí. Sus palabras son balas de paz llenas de mensajes que movilizan, una activista que da la vida perdonando a quienes la dispararon en pos de una causa: la educación para las mujeres, para los niños, para todos como motor del cambio. Apenas lee, se dirige a su audiencia a los ojos, los mira a los ojos, desde sus ojos, para sus ojos, desde aquel en el que le dispararon. Para ella lo importante es su audiencia, mirar a su audiencia, conectar con ella, que sientan lo que ella siente. Su voz es contundente, cada frase es corta y clara. No da lugar a dudas. Y sus manos acompañan y subrayan cada mensaje de una manera tan natural que es imposible no seguir con la mirada el ritmo de sus gestos.

Malala puede ser lo que quiera ser porque no interpreta, siente. No dice, reclama. No sólo comunica, alza su voz al mundo. Malala se ha convertido en la persona más joven con un premio Nobel de la Paz a sus 17 años porque desde su niñez comprendió el poder del activismo, el poder de la palabra y el de la comunicación. Porque nos transmite su convicción de que un grupo de personas comprometidas puede cambiar el mundo.

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Publicado en El País, blog Mujeres, el 25 de septiembre de 2014

No resulta paradójico aceptar el hecho de que los mensajes de las mujeres en política pudiesen tener el poder de movilizar a una audiencia femenina, no por el mero hecho de ser mujeres, sino prácticamente porque en los inicios en España de la participación de la mujer en política era necesario. Necesario convencerse entre ellas mismas, de su poder, de su palabra y de su acción. “Para combatir el antisemitismo no hace falta ser judío, como para luchar contra el racismo no hace falta ser negro. Lamentablemente, a veces parece que para combatir la discriminación de la mujer hace falta ser mujer”, apuntó Soledad Gallego-Díaz. Pero esta “discriminación” que ella enuncia está enmarcada en el contexto de la desigualdad de derechos y oportunidades en la sociedad en la que vivimos. Es oportuna para introducir esta colección de palabras ya que, sin embargo, la mujer ha sido discriminada también en el ámbito de lo político como una voz capaz de hacerse escuchar para cambiar el mundo en pos de una sociedad más igualitaria.

Bajo esta reflexión, varias preguntas… ¿estaba representada toda la sociedad española en las pasadas elecciones europeas? ¿Lograron conectar las candidatas con el electorado femenino? El término general que se utiliza para resolver dudas de estas características es Gender affinity effect y, bajo esta premisa, se ha dado respuesta en el marco del III Congreso Internacional de Comunicación Política y Estrategias de Campaña bajo una investigación titulada Electoras y Elegidas: el baile español entre el electorado femenino y las candidatas en las elecciones europeas de 2014.

En España hubo 39 listas en las elecciones al Parlamento Europeo de 2014. Tan sólo 6, de las 39, las encabezaban mujeres. La distribución por edad y sexo del censo electoral, contando con los españoles residentes, y con los residentes ausentes que viven en el extranjero, era de un total de 18.671.546 mujeres y 17.538.875 hombres para las elecciones europeas. Había 1.132.671 mujeres más que hombres con capacidad para poder votar. Y tan sólo 6 mujeres cabezas de lista de 39 candidaturas: Elena Valenciano (PSOE), Laura Duarte (Partido Animalista Contra el Maltrato Animal), Juana María Santana Hernández  (Iniciativa Feminista), Nuria Suárez (Agrupación de Electores Recortes Cero), Pilar Távora (Partido Andalucista) y María Elena García San Segundo (Partido Solidaridad y Autogestión Internacionalista –SAIN). Elena Valenciano fue la única mujer que encabezaba un partido mayoritario y que tuvo representación parlamentaria.

Proporción de candidat@s por partido

Pero… más mujeres en lista no se traduce en más mujeres parlamentarias. SAIN fue el partido que representaba un mayor porcentaje de candidatas entre las elecciones de 2009 y 2014. No obstante, Falange aumentó la participación de mujeres en su lista un 10%, mientras que UPyD fue el único partido que disminuyó el número de mujeres de su lista en un 8%. Ahora bien, si Falange hubiese obtenido por ejemplo 3 escaños en el parlamento, ninguno estaría representado por mujeres. Las tres primeras personas de su lista fueron hombres. Finalmente, la izquierda es la que mayor representación tiene de mujeres en el Parlamento Europeo. Por otro lado, un caso a valorar es el de Podemos. Ellos siguieron la regla par/impar para hacer su lista y la encabezaba un hombre, Pablo Iglesias, impar. Y fueron alternando a los candidatos por sexo. Sin embargo, obtuvieron 5 escaños, y por tanto mayoría de hombres en el Parlamento Europeo: 3 hombres frente a 2 mujeres.

Incremento relativo

Resultados

La influencia de las campañas electorales de mujeres y su impacto en el voto femenino es algo que está por explorarse más aún. Para entrar a valorar lo que ha ocurrido en España y en las últimas elecciones europeas, se ha contado con los datos del CIS poselectoral al Parlamento Europeo. Con estos datos y en función de las respuestas que las mujeres daban en relación a la campaña de los candidatos y de los partidos políticos, se demuestra que la campaña personal y la apuesta personal de Elena Valenciano por el PSOE no consiguió movilizar suficiente electorado. No hay una diferencia clara entre la marca PSOE y la valoración que las electoras hacen de ella, aunque el recuerdo de voto se decante positivamente hacia su partido político.

Candidatos

El hecho de ser mujer, feminista y defensora de los derechos de las mujeres no ha hecho que despierte una mayor valoración positiva hacia su propia campaña personal. De hecho, la campaña de Miguel Arias Cañete es mejor valorada por las mujeres que la de la propia Elena Valenciano a pesar de las declaraciones del candidato popular después del “cara a cara” en una entrevista para Antena 3: “El debate entre un hombre y una mujer es muy complicado, porque si haces un abuso de superioridad intelectual parece que eres un machista que está acorralado a una mujer indefensa”. Un error del adversario suponía una oportunidad para Elena Valenciano de movilizar al electorado femenino, a su propio electorado y al electorado indeciso. Objetivo: captar electoras y luchar contra la abstención.

La candidata socialista respondió a las declaraciones con la publicación de untuit a las 9:33h del 16 de mayo: “Cañete: «debatir con una mujer es complicado, si la acorralas te acusan de machista». Entonces?? Qué hacemos? Fuera mujeres del debate??”. Aprovechando la brecha que había abierto Miguel Arias Cañete, el 19 de mayo el PSOE lanzó un vídeo contra la reforma de la ley del aborto con el título “Empieza a recuperar tus derechos #NoAlMachismo”. Un vídeo con imágenes poco amables y que necesitaba de una explicación a posteriori. Un vídeo que no dejaba claro a quién se dirigía. El error es pensar que el tema del aborto es sólo una batalla de mujeres: es necesario un apoyo general, hombres y mujeres por una causa justa. Y una causa, por cierto, que ha llevado recientemente a dimitir al ministro de Justicia Alberto Ruíz Gallardón en su empeño por cambiar aquello que ahora Mariano Rajoy retira: su propia reforma de la Ley del aborto.

 

Si comparamos estos datos, con las campañas de las elecciones europeas de 2009 se observa que los candidatos obtienen una clara valoración por encima de la marca de su partido político. Además, es notable la valoración positiva que las mujeres hacen del candidato del Partido Popular, Jaime Mayor Oreja, sobre el candidato socialista, Juan Fernando López Aguilar, aunque luego se decantasen por el voto socialista, como también ocurrió en las pasadas elecciones de mayo de 2014.

Candidatos 2009

Esto lleva a la conclusión de que las estrategias de campaña electoral donde se da más importancia al candidato que a la marca del partido no están consiguiendo movilizar más electorado, o al menos no impacta significativamente entre las mujeres. Los nuevos partidos, como el fenómeno Podemos, están consiguiendo esa participación que cabía esperar, por ejemplo, de Elena Valenciano. Ni la brecha salarial femenina, ni la crisis económica, ni la modificación de la Ley del aborto, entre otros temas, han servido para despertar a un electorado que se viene centrifugando desde las elecciones del 22 de mayo de 2011 y que se profundizó en las pasadas elecciones generales de 2011. El hecho de que Elena Valenciano fuese mujer, pudo ayudar, pero no fue suficiente.

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