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Hoy se celebra el día de las escritorasLibros.com me pidió que escribiera algo así como mi experiencia… 
Esto me salió…

Aspirar. Inspirar. Suspirar… 
Para algunas personas es el aire que respiramos, la piel que habitamos, los ojos que ven para no caer. Para que tú no caigas. Cada palabra nueva es una bocanada de aliento que penetra el alma, vital, y tan necesaria para seguir caminando. 
Respirar…
Dejar de escribir a veces resulta un suicidio consentido. Un «no» del otro puede significar la muerte del que crea para vivir. Qué difícil hacer entender que son letras lo que corren por las venas. 
Vivir…
Porque vivimos, somos. Porque vivimos, contamos. Porque vivimos, escribimos. Porque escribir es coser con puntadas nuestra historia. Porque no quiero que el negocio me robe la oportunidad de ser, decontar, de escribir. De vivir. De que tú vivas, que sepas, que sientas, que mates lo que no debe ser.
No…
Llevo escuchando «no» toda mi carrera profesional. Es prácticamente imposible comer de la pasión. Me crié bajo el halo del pesimismo. Estudié bajo la bruma de lo imposible. Me he hecho adulta y vivo en una crisis económica continua que todo lo nubla. Si he podido escribir y publicar es gracias a que las puertas me las cerraron. Me las siguen cerrando. No me rendiré. Eso ha hecho que piense más, también más rápido. Opto por poner un pie atrás, coger impulso y saltar por la ventana. 
Seguir…
Escribo porque nació así mi persona y mi conciencia. Por responsabilidad. Escribo para que tú sepas lo que no sabes y debes saber para que todo sea. Escribo para ser y no morir. Escribo porque la pasión me inunda cuando escribo. Escribo porque necesito sentirla. Escribo para que tú la sientas. Escribo para que la ignorancia no sea. Escribo para sacudir conciencias. Escribo para que la sacudida de la realidad cambie al mundo. Escribo por responsabilidad. 
Sigo cogiendo impulso para saltar por la ventana.

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Entrevista a Oliva Acosta

 

Publicado en el Blog de El País, Mujeres (31 de enero de 2013)

Sólo puedo hablar desde la emoción, dice Oliva Acosta cuando nos cuenta la experiencia vivida para dar a luz a este documental. Las Constituyentes es algo más que una colección de imágenes y testimonios. Es la experiencia soñada que vivieron 27 mujeres en 1977 en España: historias inéditas para escuchar, para reflexionar y para aprender. Oliva Acosta tiene razón cuando dice que ellas, las constituyentes, traen un “discurso político construido a través de la voluntad de país, a través del corazón, hablando desde el corazón de la política y a través de la emoción”. Ellas nos enseñan a mirar la “pasión por el servicio al país”. Seguían teniendo la misma pasión, incluso, después de haber pisado la cárcel…

Las Constituyentes representan la mirada de las mujeres en plena transición española, nos dice Oliva. Nos cuentan cómo fue el camino hacia la conquista de un sueño. Porque hasta el camino de la conquista está lleno de casualidades:  muchas no llegaron a ser diputadas o senadoras por elección, sino por casualidad.  ¿Eran ingenuas? No: eran mujeres y mujeres que creían que se podían hacer las cosas en una determinada dirección con sólo quererlo. Lucharon en un ring de hombres de negro y corbata.

Desgraciadamente, como cuenta De la Cuadra“las dificultades de las mujeres en 1977 para figurar en las listas electorales son muy similares a las de hoy, 36 años después, a pesar de lo legislado sobre paridad, los hombres figuran en los primeros puestos”.

¿Hay vocación hoy de servicio a la sociedad? ¿Hay pasión de servicio al país como la había entonces? La respuesta es no. Carmen Calvo, en el documental, dijo que “o la política se feminiza, o no va a creer nadie en la política”. Además de más mujeres, hace falta más pasión, más vocación, más miradas en torno a la igualdad y más temas en la agenda que realmente interesen a las mujeres… Si ellas nos enseñaron a mirar la pasión por el servicio al país, ¿no deberíamos aprender más de ellas?

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