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Nuevo blog. 

Una nueva imagen que refleja una forma de vida. La mía. El sentimiento hacia la palabra y hacia una profesión. Letras y tipografías de la esencia misma del periodismo y la escritura. Y colores que se identifican, además, con aquello que escribo. 

Y es que… Llevaba muchos meses dándole vueltas a la manera en que, con tan sólo una imagen, se pudiese comprender una forma de vida que te viste y que se lleva dentro al mismo tiempo. Una forma de vida que es parte de ti, como una segunda piel que te protege y moldea parte de tu personalidad y tu carácter. Llevaba mucho tiempo dándole vueltas a cómo transmitir, con tan sólo una imagen, lo que siento cuando escribo o cómo vivo el momento de la Historia cuando se cuenta. Quería ponerle foto a esta forma de vida que necesita de una revolución absoluta, de más seriedad y de más profesionales que se tomen en serio lo que cuentan comprendiendo el efecto que pueden causar muchas palabras mal dadas en la sociedad o en muchos clientes, si se trata de asesorar a políticos. “He ahí el cuarto poder” dijo, profético, Edmund Burke señalando a la tribuna de la prensa en el Parlamento británico. Muchas veces siento que el cuarto poder es débil, así como los estrategas del mismo poder. Débil no en influencia, sino en calidad, vocación y compromiso.

Y recupero algo que dije hace mucho tiempo y que es sin duda el latir consciente de mi vocación. Durante años, la prensa ha estado encarcelada entre rejas a merced de ideologías que han marcado las tendencias y las costumbres, y cómo no, aumentado la ignorancia de millones de personas que vivían oprimidas en regímenes donde el totalitarismo no daba cabida a ninguna actividad que fomentase y aumentase la cultura de la población. El analfabetismo se imponía y con ello se pronunciaba la capacidad de manipulación de aquellos que ejercían el poder. No sin sangre, el esfuerzo de una sociedad ha permitido que una información ahogada sea “liberada” del pozo en el que estaba sumergido. Hoy somos informados. Hoy conocemos. Hoy tenemos acceso a la información, de hecho damos las noticias, y somos capaces de demandar aquello que desconocemos porque, según Fernando Savater, “sabemos unas cuántas cosas, precisamente porque renunciamos a saberlo todo: el sabio no es quien pretende saber más sino quien mejor conoce lo que no puede saber”.

La foto que encabeza este blog es la representación misma de todo esto que cuento a través del ojo creativo del artista Luis Gaspar. Cuando conocí su trabajo, a través de la periodista y asesora Imma Aguilar, tuve claro que quería que fuera él el que le pusiese luz y volumen a esa forma de vida a la que le hace falta piel sentimiento y humanismo, pero también seriedad y profesionalidad. Esta que escribe sólo puso el ímpetu romanticista de una profesión que siente y vive, y la colección de portadas de periódicos con historias inéditas que guardo con mimo y que tapan mi cuerpo. Las palabras de lo sucedido siempre ayudan para aprender o no cometer los mismos errores, algo que intento poner en práctica todos los días de mi vida, ya sea en el mundo de la información, de la comunicación política, de la literatura o del área al que cada vez le dedico más tiempo: el liderazgo femenino.

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¿TODOS los gurús visten de negro? La verdad es que no lo sé… sobre todo porque no creo en los gurús. Pero es una pregunta que a lo largo de la jornada Big Tent Madrid 2014 algunos de los asistentes se hicieron. Jeff Jarvis viste de negro, pero no es un gurú. Es periodista, profesor y conferencista que tiene algo que decir y que aboga por algo más que una web abierta.

Empezó su exposición paseándose por el escenario cual sabio profesor de otra época que reflexiona para sí sabiendo que todo el mundo lo escucha. Y sí, desde la invención de la imprenta pasaron 150 hasta que se inventaron los periódicos. Durante 150 años no los imaginaron. Según Jarvis, la web es un momento Guntenberg de nuestra era y aún no sabemos lo que va a pasar. Necesitamos tiempo para experimentar, dice, para saber qué va a salir. “Es prematuro intentar regular el poder de Internet e imaginar los modelos de los medios e intentar reglamentarlos. No sé cuál es el futuro de la prensa, pero sí que hay muchas oportunidades”. Sin embargo, este discurso puede que no case bien. ¿Por qué? Porque seguimos debatiendo durante más de 15 años el futuro de la prensa, en mi opinión, obviando al presente. Y porque seguimos hablando sin parar acerca de lo que va a ocurrir, sin hacer mucho por el momento. El momento del periodismo es hoy y ahora, me hubiese gustado decirle a Jarvis. Nada nuevo bajo el sol… hasta el momento.

Contenidos y periodismo social

En relación a los contenidos en Internet, cree firmemente que no sólo son contenidos, sino un servicio. Y un servicio que puede ayudar a las personas a que organicen mejor sus propios contenidos. ¿Verborrea? No. Un ciclo permanente basado en una nueva cultura. Internet abre la puerta a nuevas herramientas para contar historias o para poner personas en contacto. Es en este punto donde enlaza con su labor en la Universidad y cómo han enfocado una titulación llamada “periodismo social”, dándole la vuelta al propio periodismo. ¿Por qué? Porque se trata de formar a futuros profesionales para que ayuden a las personas a conseguir sus propios objetivos. El éxito de esos alumnos, dice Jeff Jarvis, dependerá de si las personas consiguen sus objetivos.

La masa y la relación

“La masa en sí no sirve de nada. Hay que tratarnos como un ente único”. Afirma que cada uno tiene sus necesidades. Y hay que pensar en la masa como personas. “Google sí me ve como una persona. Una app me ve como una persona. Un estanquero me va a ofrecer siempre lo que al resto”. Y el resto no es otra cosa que la «masa».

Por otro lado, el poder de la relación es vital. “En los medios tenemos que cooperar mucho más con los demás. El único valor que tiene la exclusiva son los 3 primeros segundos. El valor ahora está en el compartir y en la colaboración”.

Más periodismo, mejor periodismo

“El periodismo sigue siendo necesario, y ahora más que nunca”. Hay una cantidad ingente de información, y los periodistas son los que tienen que aportar el valor añadido, dice. El periodismo social tiene que enseñar a los periodistas colaborativos y colaboradores. Y, por otro lado, asegura que hay que convencer a las comunidades para que compartan y así ofrecer un valor añadido.

“Los medios tienen que pensar en las personas y eso es lo que ha hecho Google”

El artículo

¿Somos narradores de historias? Nos preguntamos. Él dice no estar tan seguro. La historia, cuenta, es que nosotros controlamos la narrativa y nosotros tenemos que aportar valor a ello. Antes la información estaba estructurada en pirámide invertida. “Ahora les digo a mis alumnos que el párrafo final está desaprovechado, porque quien empieza a leer algo sobre Siria, nadie va a entender qué está pasando”. ¿Qué hay que hacer entonces? Enlazar a Wikipedia. Open source.

Sobre los precios que se imponen a los contenidos, opina que si a él le cobran, se impide que haya un periodismo mejor y eso separa al público como lector. El precio, cree, será siempre una barrera. Más que fan de la arquitectura de Google, dice que ellos tienen una base de datos con información de cada persona y en base a esa información, y de las necesidades, desarrolla aplicaciones.

Los clicks siempre han sido un valor. Y él lo anuncia, “pero el tiempo de atención vale muchísimo más que simplemente una ojeada rápida o una impresión”. Y eso también tiene que ver con la calidad. El 35% de lo que aparece en la web se descarta en 15 segundos. Irse permanentemente de las web no es la solución. Permanecer ayuda y aumenta el valor de los contenidos y los espacios. “Los usuarios tienen que saber lo que quieren y los medios ofrecérselo”.

El futuro

Jarvis está convencido de que la publicidad no debe estar focalizada en ell número de clicks. Debe focalizarse hacia lo que le interesa a las personas. “Los jóvenes, cuando vean el muro de pago, no van a pagar. Hay que mostrarle el nuevo periodismo, abierto. Y es difícil, no es fácil, porque se busca la eficiencia económica. No hay que hacer todo para todos, sino tender a la especialización”.

Y anuncia una evidencia a gritos aunque a veces sorda: “no podemos predecir el futuro. Pero sí podemos imaginar futuro y construirlo. Mis amigos de medios convencionales me dicen que tienen que digitalizarse antes de acabar con lo impreso. Pero, sí se hace esto, se llega tarde. Hay que ir más allá, hay que imaginar futuro y construirlo”.

Google y el tecnopánico

Jeff Jarvis ha escrito un libro donde muestra sus afectos hacia Google. Y en este sentido, augura un proteccionismo consecuencia del “tecnopánico” existente en relación a “lo abierto”. En base a ese tecnopánico, cree que se construirá una mala legislación que lleva irremediablemente hacia un terreno hostil.

“Se critica mucho a Google, pero Google ha sido lo más abierto y debe ser todavía más abierto en la lucha de nuestras libertades”. Y continua: “el problema de las tasas no es problema de Google, sino de los diplomáticos”.  Está convencido de que lo que está haciendo Google es invertir en el futuro de Europa. “Y Europa tiene que estar abierta a ese futuro. Pero hay un tecnopánico por la privacidad”.

¿El derecho al olvido?  Bien, dice, antes de terminar su conferencia, pero el derecho al recuerdo también es un derecho. Y es capaz de ver el “miedo en la tecnología que puede cambiar el mundo”.

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En septiembre dejaré mi escaño en el Congreso y volveré a mi Universidad.

Han sido 21 años, 21, que son muchos, menos de los que algunos habéis dicho. No llevo 30 ni hice la Constitución, no. Llegué en el 93, han sido 21 años y sí quiero deciros una cosa y que es que el mayor honor que puede tener un político, el mayor, es ser diputado, no hay otro más importante, no hay otro puesto más relevante, no hay otro puesto más importante, no hay otro puesto más gratificante y por tanto han sido 21 años de un honor para mí, a los que pongo fin ahora.

Como también dije, me quedaré de secretario general hasta que el congreso decida el nuevo nombre y voy a seguir de secretario general y por tanto seguiré de presidente del grupo parlamentario. Por tanto, si hay plenos extraordinarios, pues haré lo que me toca, pero es verdad reitero que es el último pleno ordinario y por tanto el momento de decirlo.

Termino ya. Muchos lleváis, no sé si tantos años, pero muchos años conmigo. No es una insinuación, no lo entendáis mal. Lo único que deseo es que me echéis tanto de menos como yo os voy a echar de menos a vosotros.

Y nada más. Gracias por todo. Suerte.

 

Alfredo Pérez Rubalcaba

Congreso de los Diputados, 26 de junio de 2014

EL adiós de Alfredo Pérez Rubalcaba no ha sonado a derrota. Sus palabras huelen a un tiempo nuevo como nueva huele la lluvia al caer después de un tiempo seco que no se espera. Como nuevas son las iniciativas de aquellos del PSOE que están apostando por la secretaría general de su partido. Derrota es la palabra que más se ha empleado al referirse a él estos últimos años desde que Mariano Rajoy se hizo con las riendas de una España en crisis. O derrotas. Aludiendo a ese cuestionado liderazgo en la oposición y a las dos campañas electorales que ha protagonizado, primero la de 2011 y la aún reciente campaña para las europeas del 25 de mayo. Alfredo Pérez Rubalcaba ha dicho adiós sereno, incluso sonriendo a los periodistas. Tranquilo, como es él, como lo fue siempre. Ha cerrado una etapa dejando el debate abierto sobre si debió o no haberlo hecho antes. Pero ese es otro tema…

Curioso es analizar los artículos de los medios de comunicación, ahora elogiando a una persona que han desgastado paulatinamente. Y curioso es escuchar las palabras de aquellos políticos que han crecido con él en el oficio de representar al pueblo. “Me he enterado esta mañana con gran tristeza que nos va a abandonar en los próximos meses de su escaño don Alfredo Pérez Rubalcaba. Como presidente del Congreso, y creo que represento la voluntad de la inmensa mayoría de los diputados, quiero agradecerle su labor durante todos estos años, su labor en el escaño que ha dado categoría y altura a la función de diputado. Siempre serás recordado como una gran figura del parlamentarismo del siglo XXI. Muchas gracias”. Estas han sido las palabras de Jesús Posada. Y, tras ellas, todos los diputados que se encontraban en el hemiciclo han aplaudido de pie a lo largo de 39 segundos. Ha sido en este momento donde hemos encontrado a un Rubalcaba más emocionado, en su escaño, sentado y con las piernas cruzadas mientras el resto aplaudía.

Apoyo casi unánime cuando se dice adiós. Soledad absoluta cuando a uno le toca jugar las cartas que parecen no corresponderle, aunque se empeñe en jugarlas, como ocurrió al dar el paso de ser el candidato del PSOE para las elecciones de 2011. A Alfredo Pérez Rubalcaba se le pueden reprochar muchas cosas, pero fue un gestor que se entregó al devenir de muchas batallas. Alfredo el negociador. Alfredo el dialogante. Alfredo el orador. Alfredo el profesor. Alfredo también el político desconfiado, como lo califican algunos periodistas, ha sido una figura representativa de nuestro tiempo: ministro de Educación y Ciencia (1992-1993), ministro de la Presidencia (1993-1996), portavoz del grupo parlamentario socialista (marzo 2004-abril 2006), vicepresidente primero del Gobierno y portavoz (2011) y ministro del Interior (2006-2011). Alfredo Pérez Rubalcaba siempre ha sido una persona líder de sus propias ideas y de sus propias convicciones. Y muy valorado, aunque ahora muchas personas se empeñen en no recordarlo.

La campaña electoral del 20 de noviembre de 2011 fue la carrera más difícil para este político cuya vida personal apenas conocíamos. Poco o mucho tuvo que ver esa campaña con los 100 metros lisos que corrió en 11,1 segundos en 1975. Muchos metros en pocos segundos, mucho que perder y poco tiempo había para ganar un futuro que se le resistía. Esa campaña electoral Se llamaba Alfredo… porque de él dependía aminorar la caída. Una campaña electoral centrada en su persona: Alfredo… Una campaña, ahora sí, cuya derrota era inevitable. Se llamaba Alfredo… no es ahora sólo el título de un libro o la descripción de una campaña electoral, se convierte en una colección de palabras con un valor especial: su única oportunidad, la única vez que pudo optar a la presidencia del Gobierno de España.

Como periodista sentí que era justo recomponer las piezas de un rompecabezas inconcluso, las de esa campaña electoral de la que poco se conocía. Un acontecimiento único que queda para la historia. Un protagonista y su propia declaración. El 3 de julio de 2013 lo entrevisté en su despacho en Ferraz junto a Elena Valenciano. Y más que una entrevista fue una conversación. Quería que fuese así. Tenía claro que debía ser así. Tenía claro que quería que me contara qué ocurrió para después poder compartirlo con esa sociedad con sed de respuestas. Y así empecé: “Alfredo, cuéntanos…”. Y contó. Después varios periodistas me comunicaron el valor de esa entrevista porque es difícil que las suela conceder. Pero Alfredo se la concedió a esta periodista que se empeñó en escribir un libro por y para la gente, en su sentido más amplio, votase a quien votase en unas elecciones.

Tras el adiós de Alfredo me alegro de haber contribuido a escribir parte de nuestra historia y parte de la vida de un histórico de nuestro tiempo. De devolverle a la sociedad información que es suya y solo suya. Para una periodista no hay nada más gratificante que contar, que vivir para contarlo…

 

“Si yo hubiera dicho no, probablemente el Grupo Socialista hubiera votado no. Y Zapatero hubiera tenido que abandonar el Gobierno. Y eso hubiera supuesto una crisis tremenda. Hubiera sido la primera vez en la historia que el Partido Socialista abandona y dejar caer con una votación a su presidente del Gobierno. Yo creía que no podía hacerlo. (…) Yo acepté la candidatura porque creía que era mi responsabilidad. No daba un duro por mí mismo. Sabíamos que íbamos a perder. Lo que pasa es que creía que era el que estaba en mejor posición de hacer frente a la dificilísima situación por la que atravesábamos”

 

Entrevista de Ángela Paloma Martín a Alfredo Pérez Rubalcaba para

Se llamaba Alfredo… Las claves de una derrota electoral inevitable

 (Laertes, 2013)

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