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La periodista Paloma Rando ha escrito una pieza estupenda para Vanity Fair sobre el humor y la comedia en TV adaptada al ámbito político. La ha titulado «¿Aprenderán algún día los políticos españoles a utilizar el humor en beneficio propio?». Además de estar muy bien contextualizada, ha entrevistado a Miguel Sánchez Romero, director de El Intermedio, y a esta servidora.

Reproduzco la pieza porque merece muchísimo la pena.

 

 

¿Aprenderán algún día los políticos españoles a utilizar el humor en beneficio propio?

En 1975 los políticos norteamericanos empezaban a ir al Saturday night live. Mientras tanto, en la televisión española sólo salía Arias Navarro. Desde entonces hasta hoy,  el sentido del humor de nuestros políticos sigue siendo el mismo: involuntario. Hacemos un breve repaso del matrimonio entre política y comedia en la televisión norteamericana y en la española y nos preguntamos: ¿serán nuestros políticos capaces de conquistar las risas intencionadas algún día?

“No creo que sea habitual que un político se ofrezca para participar en un programa de humor. En mi experiencia nunca ha sucedido. En nuestro caso, cuando hemos contado con un político para hacer un gag ha sido siempre a instancia nuestra. Desde Eduardo Madina a Zapatero o Labordeta”. Estas son las palabras de Miguel Sánchez Romero, director de El intermedio, el programa de La sexta, en emisión desde 2006, que, con unas audiencias que suelen rondar los dos millones y medio de espectadores (y que alcanzan en más de una ocasión los tres millones) se ha convertido en el referente de espacio de actualidad contada a través del humor de la televisión española.

Ahora hagamos un flashback de catorce años y cambiemos de decorado. 

Nueva York, 29 de septiembre de 2001. 18 días después del 11S. Rudoph Giuliani, por aquel entonces alcalde de la ciudad, rodeado de algunos de los miembros de la policía y de los bomberos que tan duramente trabajaron durante la catástrofe neoyorquina, le habla a los telespectadores. No lo hace desde un informativo, o un programa político. Lo hace desde el Saturday Night Live, sancta sanctorum de la comedia televisiva norteamericana, que celebra su cuatrigésimo aniversario el próximo 15 de febrero. Giuliani insiste en que a pesar de lo que han sufrido, es momento de que la ciudad siga adelante y de que comience, tal y como estaba previsto, la vigésimo séptima temporada del show. En directo, Lorne Michaels, productor del programa, le pregunta al alcalde: “¿Podemos ser divertidos de nuevo?”. Giuliani asiente con el primer gag de la noche: “¿Por qué empezar ahora?”. 

Este episodio televisivo, explicado aquí por sus protagonistas, es un claro ejemplo de cómo la utilización del humor televisivo y sus herramientas están totalmente integradas en la comunicación política norteamericana. No era algo nuevo en Estados Unidos, practicamente todos los estamentos políticos habían establecido una relación de simbiosis con los programas de comedia: candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, como Ralph Nader (1977), senadores como Julian Bond (1977) y alcaldes como Ed Koch (1983) ya habían intervenido como anfitriones del programa. No obstante, fue probablemente aquel 29 de septiembre cuando se hizo patente un mensaje humano por boca de un político: incluso ante la muerte y el dolor (o precisamente para contrarrestarlos) es esencial recuperar el sentido del humor.

Desde entonces hemos visto en el programa a Jesse Jackson, a Al Gore, a John McCain y al mismísimo Obama, entre otros. Sin embargo, el episodio más popular hasta la fecha de unión de comedia y política no lo protagonizaron ninguno de ellos. Tuvo lugar en el mismo Saturday Night Live cuando Tina Fey y Amy Poehler dieron vida a Sarah Palin y a Hillary Clinton es este sketch emitido en plena carrera presidencial en 2008.

¿Qué hizo Sarah Palin? 

Participar del programa con total naturalidad. Según cuenta Amy Poehler en su libro “Yes, please”, la actriz se sorprendió de que el equipo de Palin, que supervisó todo el guion del programa, sólo pidió eliminar un gag que ni siquiera tenía que ver con ella o con su estrategia política, más bien con la vida personal de su hija. La exgobernadora de Alaska o más bien su gabinete de comunicación decidió que la mejor forma de contrarrestar las furibundas críticas que la candidata sufría era participar de ellas y así subvertirlas de algún modo.

¿Qué hizo Hillary Clinton? 

No sólo grabó este sketch junto a Amy Poehler, sino que hizo varias referencias a él en debates políticos posteriores e incluso le mandó una carta al hijo de Poehler(que nació una semana después de aquel show) dándole la bienvenida al mundo, que firmó como “Hillary Clinton, la doble de tu madre”.

De ese sentido del humor, los políticos norteamericanos no sólo hacen gala en programas de variedades como Saturday Night Live y los late night  como el de David Letterman, The tonight show y el de Seth Meyers . También la ficción de comedia ha acogido a representantes del mundo de la política. Por citar dos: Al Gore riéndose de su obstinado ecologismo en 30 rock («Perdonadme, tengo que irme, estoy oyendo llorar a una ballena») y John McCain, Joe Biden y Michelle Obama en Parks and recreation, la sitcom política de Amy Poehler.

Ahora bajemos a la tierra (patria).

La adaptación española de Saturday Night Live cuya única temporada se emitió en 2009 contó con una casi inexistente presencia política. La única reseñable fue la del socialista Juan Fernando López Aguilar que por aquel entonces ya hacía dos años que había salido de la cartera de Justicia.

Sánchez Romero apunta algunos de los motivos de estas reticencias: “No conozco tanto SNL como para saber si en sus comienzos era tan frecuente llevar a un político a su plató como lo es ahora después de un montón de años en antena. Entiendo que, en gran medida, para el político supone un prestigio aparecer en el programa. Es verdad que los estadounidenses tienen una cultura del espectáculo mucho menos estricta y restrictiva que la nuestra, que es como decir que tienen más sentido del humor para entender y aceptar aquello que sucede en un escenario. Y eso incluye tanto a políticos como a su star system o al propio público”.

Es injusto comparar, como bien indica Miguel, las apariciones políticas en uno de los shows más longevos y prestigiosos de la televisión norteamericana y su fallida versión española. No obstante, si repasamos la historia del programa norteamericano, la primera intervención de un político tuvo lugar en 1975, el mismo año en el que se estrenó el programa. Fue Ron Nessen, secretario de prensa presidencial del gabinete de Gerald Ford y aunque su aparición fue duramente criticada por los sectores más conservadores de la política norteamericana, la participación de los políticos no cejó.

Si nos atenemos a las apariciones de nuestros políticos en programas de variedades de corte humorístico, tal vez deberíamos recurrir a La noche con fuentes, programa de entrevistas en el que participaron José Luis Rodríguez Zapatero, Esperanza Aguirre y Felipe González, entre otros. Además, recordemos la aparición la serie 7 vidas de Alfonso Guerra en un papel de profesor universitario que parodió a su propio personaje o de Mariano Rajoy en Jacinto Durante representante. Estas si nos referimos a la comedia voluntaria, claro, que de comedia involuntaria los ejemplos sobran.

La periodista y consultora en comunicación política Ángela Paloma Martín, señala algunas de las causas por las que nuestros políticos no integran el sentido del humor en su discurso: «El humor, en un contexto de crisis y desafección, puede ser un arma de doble filo, porque las personas podemos percibir que se ríen de nosotros en función de quién emita el comentario, cuándo y en qué situación. El humor es una herramienta más de la comunicación, sí, pero una herramienta estratégica. No a todos les funciona. Y no todos deben abusar de ella«.

La historia de la relación entre los programas de sátira política en España y los políticos españoles es la historia de un desencuentro. En palabras del director de El intermedio: “El humor es una herramienta crítica excepcional por lo que no resulta extraño que despierte reticencias e, incluso, cierto temor a quienes pueden ser objeto de sus dardos. Es posible que en España los políticos, en ocasiones asesorados por sus hiperprotectrores gabinetes de prensa, sean de los menos decididos a participar en programas de tono humorístico pero no son los únicos. Resultan envidiables, por ejemplo, algunas de las intervenciones de artistas norteamericanos en el programa de Jimmy Fallon. No imagino esa disponibilidad en el star system español”. Como también indica Ángela Paloma: «Las propias estructuras de partido impiden la innovación más rápida de nuevos formatos y quienes lo hacen son precisamente aquellos que no tienen estructuras».

La vinculación de los políticos con la televisión, no obstante, se ha intensificado en el último año debido a la irrupción de Podemos y a que el éxito de la difusión de sus mensajes se debe casi en exclusiva a sus apariciones en tertulias televisivas y al uso de las redes sociales. Tanto es así que algunos políticos como Esperanza Aguirre se han mostrado en desacuerdo con que La sexta sea un altavoz de la pluralidad. Ella participará en la edición de Salvados del próximo domingo.

Tal y como nos explica Martín: «El contenido ahora es el rey, no sólo el que posiciona en buscadores, sino el que acompaña influyendo al usuario hasta tomar una decisión final. Se necesita diseñar espacios cada vez más innovadores y adaptados a una sociedad cada vez más exigente. Pero participar en ellos cuando no hay un vínculo entre lo que se es con lo que se persigue sería un error irreversible».

Hemos visto a Pedro Sánchez en El hormiguero en un intento por acercarse a los programas de humor tras su aparición en Sálvame. Sin embargo, la entrega fue una de las más aburridas y asépticas que se recuerdan del programa, en el que además las entrevistas suelen hacerse a mayor gloria del entrevistador que del entrevistado. Hemos visto también a Pablo Iglesias e Íñigo Errejón protagonizando la promo del regreso de Salvados en un brevísimo ejercicio de ironía y autoparodia. En palabras de Ángela Paloma: «Las ventajas de aparecer en programas diferentes, como la comedia, adaptados a la multipantalla, a la multiplataforma, siempre vendrán de la mano de aquellos que sepan hacerlo bien, entiendan dónde están, y lo hagan de manera natural y sencilla; pero sobre todo vendrán de la mano de quienes entiendan las exigencias de una sociedad cada vez más informada, y más capacitada para conseguir por ellos mismos contenidos que lideran la conversación por encima de cualquier acción política».

Si, como bien demuestran las palabras y los hechos de la expresidenta de la comunidad de Madrid, nadie se quiere quedar atrás en la carrera por la conquista de los medios de comunicación, la comedia y la autoparodia están tan poco transitadas por la política española que cabe imaginar que, al contrario de lo que afirma el dicho, quien ría el primero, reirá mejor. 

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EL Foro de Davos también se celebró en Madrid. Y estuvo organizado por la Global Shapers, la red de centros fundada y dirigida por jóvenes excepcionales cuyo objetivo es hacer una contribución a sus comunidades. El pasado viernes 23 de enero, y en el marco del foro, tuvo lugar un debate muy interesante titulado “Repensando la política: nuevos actores e instrumentos para profundizar la democracia”. Lo moderó Yolanda Román, Directora de Asuntos Públicos de InforPress. Y participaron Meritxell Batet, diputada socialista por Barcelona; Soledad Gallego-Díaz, periodista; Belén Barreiro, socióloga y Directora de MyWord;   David Cabo, fundador de Civio; y Rafa Rubio, consultor político. Una apreciación positiva es que hubo mucha participación femenina, algo que siempre es de agradecer ya que estos espacios suelen estar ocupados por hombres. Una mesa con la participación de cuatro mujeres no debe ser noticia, debe ser algo natural. Vamos hacia ello. Hay que seguir luchando por estos espacios. Las mujeres están. Y de sobra demuestran su capacidad. Al margen, creo que merecía la pena hacer una entrada y compartir reflexiones que allí se pusieron encima de la mesa no sólo por su utilidad, y por la calidad de las exposiciones, sino también por la capacidad de hacer pensar y entender cómo se está moviendo todo al margen de cámaras y escenarios políticos. Sencillamente se repensó la política desde distintos prismas y desde distintos puntos de vista.

 

«Estamos en un momento de frontera entre lo que fue y lo que será. Y lo que será no lo sabemos. La política tiene que ser distinta»

 

Meritxell comentó que existe más un malestar «con la política» que «en la política». Y tiende a pensar que la política tiene un problema de impotencia más que de prepotencia -aunque opino que la política tiene ambos problemas: impotencia y prepotencia-. «Estamos en un momento de frontera entre lo que fue y lo que será. Y lo que será no lo sabemos. La política tiene que ser distinta, y ser capaz de analizar los problemas de manera distinta», apuntó. Y resumió  su idea en tres premisas: i) Que hay que fortalecer la política porque la política es más necesaria que nunca, aunque tenga que ofrecer respuestas diferentes; ii) Que hay que construir una gobernanza global con legitimidad democrática; iii) Que el papel de la ciudadanía en la construcción de lo público es vital, pero esa participación de la ciudadanía en la política se tiene que dar de manera formada e informada.

 

«La sociedad empobrecida en el mundo digital es una bomba de relojería»

 

Debo decir que Belén fue muy elegante en su exposición, y estuvo muy acertada en sus conclusiones. «Los resultados de la democracia han sido peores de lo que se espera de una democracia», dijo. Y continuó: «El ciudadano está rompiendo con su sistema y siente que su sistema no está a la altura de sus expectativas». Y en este contexto, ¿qué han hecho los ciudadanos? En vez de resignarse y aceptar que su destino es horroroso, han decidido por primera vez tomar las riendas de su vida y busca dentro de la propia sociedad las soluciones que no encuentra fuera. Y punto. Tiene razón Belén cuando dice que hay una parte de los españoles que vuelve a vivir como en los años 60. Han vuelto atrás varias décadas pero… en un entorno que ahora es digital. En las redes sociales también está esa sociedad empobrecida, hija de la crisis. Las candidaturas ciudadanas y la cultura colaborativa no se daría si no existiese una ciudadanía digital, y una ciudadanía digital empobrecida. Y esto, dijo, desde el punto de vista de las élites es «peligrosísimo, peligrosísimo». «La sociedad empobrecida en el mundo digital es una bomba de relojería». Y añadió que otra bomba de relojería, además de la desigualdad y el empobrecimiento, es la corrupción: la gente quiere vivir de forma digna, aunque haya corrupción al margen de sus vidas; pero cuando vive de manera indigna y se entera de los casos de corrupción, sacude sus conciencias. Finalizó con una idea: «si tengo que poner una palabra a la solución sería empatía», porque la empatía va mucho más allá que del profundo entendimiento. Empatía también en la sociedad digital.

 

«La sostenibilidad de la democracia depende del prestigio de sus instituciones»

 

Soledad, siempre brillante en sus análisis políticos, afirmó que la crisis no es tanto una crisis política como una crisis de la democracia. Y «el control de los derechos escapa al propio control», dijo. Cuando se pide un impulso de participación ciudadana a través de las redes sociales se llega a la conclusión de que las instituciones no son capaces de afrontar la responsabilidad que tienen ni son capaces de poner soluciones a los problemas que existen. Una afirmación contundente para resumir la incapacidad de las instituciones y la profunda crisis institucional de nuestro país. Además opina que el «descrédito de las instituciones parte de la mala utilización que han hecho los partidos políticos de ellas». Añadió, además: la transparencia no va a cambiar la impotencia de la política. En las nuevas transformaciones hay que hacer reformas, dijo, pero la sociedad no quiere que se hagan reformas porque no quiere perder poder -una idea que es más que una evidencia a gritos, pero aún callada-. Y dos ideas finales: i) La sostenibilidad de la democracia depende del prestigio de sus instituciones; ii) Y hay que recuperar preguntas del pasado que ya no existen, o no nos hacemos en el presento: ¿qué es justo o qué no es justo? 

 

«Hay que respetar a las instituciones empezando porque cumplan las leyes que ellas mismas firman»

 

David dio información acerca de la labor que llevan a cabo en Civio y su palabra más repetida fue «transparencia». «No entendíamos por qué datos que son públicos en otros países en España no lo eran. E informaciones que dan en otros países, en España son secretos de Estado». Afirmó que es muy difícil tener información, o conseguirla, y confirma la escasez en los procesos de participación política: «una propuesta a veces no pasa más allá de la Mesa». David es de los que piensan que todo esto se puede arreglar, y que las leyes pueden cambiar, pero haciendo leyes que realmente se cumplan. La transparencia tiene límites, dijo, «es un requisito para luchar contra la corrupción pero no lo el único. También se necesitan mecanismos internos en las instituciones». Y una idea final: «Hay que respetar a las instituciones empezando porque cumplan las leyes que ellas mismas firman». 

 

«Hay que asumir el poder como ejercicio de contrapoder»

 

Rafa señaló que las instituciones están demostrando decepción pero no están sabiendo canalizar la decepción. Y él insiste en la capacidad que tienen las instituciones. Pone como ejemplo el caso de Bárcenas, donde cree que los comentarios y las opiniones de muchas personas son muy débiles y con escasa profundidad sencillamente porque desconocen el significado y los procesos de «la libertad provisional». Se pone en duda a las instituciones hasta en ese nivel, y eso le da un «miedo tremendo». Al final, los perjudicados, afirma, «somos nosotros mismos». Está convencido de que los canales de participación no responden  a las necesidades de los ciudadanos porque no se adaptan a los tiempos. «Hay que asumir el poder como ejercicio de contrapoder». Él opina que hay un discurso que versa que el poder está hecho para fastidiar a los ciudadanos, «pero no es así». Podrá haber diferentes problemas de diseño de la política, pero el poder, y las decisiones de poder, siempre han estado diseñadas para mejorar la vida de los ciudadanos. Y terminó: «Hay que separar la estética de la ética. A los ciudadanos no se les puede pedir más, pero a los cargos públicos sí se les puede pedir responsabilidades». 

 

 

 

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Nuevo blog. 

Una nueva imagen que refleja una forma de vida. La mía. El sentimiento hacia la palabra y hacia una profesión. Letras y tipografías de la esencia misma del periodismo y la escritura. Y colores que se identifican, además, con aquello que escribo. 

Y es que… Llevaba muchos meses dándole vueltas a la manera en que, con tan sólo una imagen, se pudiese comprender una forma de vida que te viste y que se lleva dentro al mismo tiempo. Una forma de vida que es parte de ti, como una segunda piel que te protege y moldea parte de tu personalidad y tu carácter. Llevaba mucho tiempo dándole vueltas a cómo transmitir, con tan sólo una imagen, lo que siento cuando escribo o cómo vivo el momento de la Historia cuando se cuenta. Quería ponerle foto a esta forma de vida que necesita de una revolución absoluta, de más seriedad y de más profesionales que se tomen en serio lo que cuentan comprendiendo el efecto que pueden causar muchas palabras mal dadas en la sociedad o en muchos clientes, si se trata de asesorar a políticos. “He ahí el cuarto poder” dijo, profético, Edmund Burke señalando a la tribuna de la prensa en el Parlamento británico. Muchas veces siento que el cuarto poder es débil, así como los estrategas del mismo poder. Débil no en influencia, sino en calidad, vocación y compromiso.

Y recupero algo que dije hace mucho tiempo y que es sin duda el latir consciente de mi vocación. Durante años, la prensa ha estado encarcelada entre rejas a merced de ideologías que han marcado las tendencias y las costumbres, y cómo no, aumentado la ignorancia de millones de personas que vivían oprimidas en regímenes donde el totalitarismo no daba cabida a ninguna actividad que fomentase y aumentase la cultura de la población. El analfabetismo se imponía y con ello se pronunciaba la capacidad de manipulación de aquellos que ejercían el poder. No sin sangre, el esfuerzo de una sociedad ha permitido que una información ahogada sea “liberada” del pozo en el que estaba sumergido. Hoy somos informados. Hoy conocemos. Hoy tenemos acceso a la información, de hecho damos las noticias, y somos capaces de demandar aquello que desconocemos porque, según Fernando Savater, “sabemos unas cuántas cosas, precisamente porque renunciamos a saberlo todo: el sabio no es quien pretende saber más sino quien mejor conoce lo que no puede saber”.

La foto que encabeza este blog es la representación misma de todo esto que cuento a través del ojo creativo del artista Luis Gaspar. Cuando conocí su trabajo, a través de la periodista y asesora Imma Aguilar, tuve claro que quería que fuera él el que le pusiese luz y volumen a esa forma de vida a la que le hace falta piel sentimiento y humanismo, pero también seriedad y profesionalidad. Esta que escribe sólo puso el ímpetu romanticista de una profesión que siente y vive, y la colección de portadas de periódicos con historias inéditas que guardo con mimo y que tapan mi cuerpo. Las palabras de lo sucedido siempre ayudan para aprender o no cometer los mismos errores, algo que intento poner en práctica todos los días de mi vida, ya sea en el mundo de la información, de la comunicación política, de la literatura o del área al que cada vez le dedico más tiempo: el liderazgo femenino.

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