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Publicado en Sesión De Control (4 de febrero de 2013)

El discurso que el presidente de Uruguay dio en Río dista mucho del tipo de discurso que hacen los políticos corrientes. Especialmente si se atiende al que Rajoy está haciendo desde que estalló el escándalo de Bárcenas.

José Mújica, presidente de Uruguay, en su despacho (Fuente: Wikipedia)

José Mújica tiene 77 años y, a su edad, es presidente de Uruguay, un país pequeño que no tiene más de cinco millones de habitantes. Sin embargo, el tamaño de su extensión territorial y la cantidad de sus habitantes no tienen nada que ver con el tamaño del discurso que pronunció su presidente el pasado verano en la Conferencia de la ONU en Río de Janeiro. Ese hombre de aspecto cansado y gesto bonachón dijo, como dirían algunos, verdades como puños.

Fue un discurso sencillo, de 10 minutos. Emitido de manera pausada, con silencios oportunos y un tono desgarrador. Ese discurso pasará a la historia por ser uno de los discursos más sinceros, más relevantes y, sobre todo, por ser un discurso político que no niega lo evidente, como la mayoría de los discursos políticos que estamos escuchando en plena crisis casi a diario.”El hombre no gobierna hoy. Las fuerzas que ha desatado lo gobiernan”, dijo.

Entonces, ¿quién gobierna España?

Como escribió el periodista Patricio Fernández, “su melodía no busca aplausos. Está en las antípodas de la oratoria rimbombante de Fidel Castro. Citó a Epicuro y Séneca en lugar de al Che Guevara y Carlos Marx”. No buscaba aplausos, sino la atención del que lo escucha, invita a la reflexión y casi le exige actuación: ser felices. ¿No debería Rajoy escucharlo?

¿Quién es el pobre?

“Pobre no es el que tiene poco, sino que verdaderamente pobre es el que necesita infinitamente mucho, mucho, y desea, desea y desea más y más”. Esa fueron las palabras de Mújica con respecto a la pobreza, y preguntó “¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas?”

En la del presidente español, Mariano Rajoy, aletea decir que no ha venido a la política a ganar dinero. Él, dice, vino perdiendo dinero. Esas fueron sus declaraciones para defenderse de los papeles Bárcenas donde se puede leer el presunto dinero que recibió sin declarar a Hacienda entre 1997 y 2008. ¿Es pobre Rajoy por tener menos de lo que podría tener? La respuesta es no si tenemos en cuenta la palabras de Mújica.

Hay algo peor que el dinero, y es justo lo que Rajoy podría querer por encima de todo y lo que posiblemente lo llevó a una tercera campaña electoral como candidato por el PP. Algo mucho peor y que tiene que ver con un estado personal y de ánimo, con tener facultades, ser más fuerte y sentir que se puede vencer: el poder.

Su pérdida antes de tiempo le llevaría al fracaso y la frustración más absoluta, justo lo que podría ocurrirle si en su renta no apareciera declarado ese dinero y después se demostraran dos cosas: que sí lo cobró y que no lo declaró. Y, si esto ocurriera, se convertiría en el presidente del PP con mayor mayoría absoluta y que menos ha durado en su cargo.

El destino de la vida humana

Mújica dijo en su discurso:

“Mis compañeros trabajadores lucharon mucho por las ocho horas de trabajo. Ahora están consiguiendo seis horas. Pero el que consigue seis horas se consigue dos trabajos, por lo tanto trabaja más que antes. ¿Por qué? Porque tiene que pagar una cantidad de cuotas: la motito que compró, el autito que compró. Y pague cuota. Y pague cuota… Y cuando quiere acordar es un viejo reumático como yo y se le fue la vida… Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana?”.

Le podemos preguntar lo mismo a Rajoy: ¿es el destino de la vida tener menos servicios públicos de calidad, educación, sanidad…? Mientras Mújica nos da una lección de humanidad, el gobierno español prorroga el plan PIVE de ayudas a la compra de coches para que los españoles se compren el ‘autito’ y la ‘motito’, aún sabiendo que tienen menos, que sus salarios son más bajos, que los están echando de las casas que no pueden pagar, y que sus servicios públicos están en coma a punto de ser desenchufados definitivamente.

Tiene razón Mújica cuando dice que “hemos creado una civilización hija del mercado e hija de la competencia”.

“El desarrollo no puede ser en contra de la felicidad, tiene que ser a favor de la felicidad humana, del amor arriba, de la tierra, de las relaciones humanas, de cuidar a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental”, finaliza Mújica su discurso. Los españoles son serán más felices con el ‘autito’ o desahuciados de sus casas, pero sí serán más felices con una política democrática que luche por sus derechos elementales. Y por eso salen a la calle a reclamar esos derechos. No quieren acordarse un día y darse cuenta de que se les fue la vida.

 

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Publicado en el Blog de El País, Mujeres (6 de diciembre de 2012)

Hablar de las ‘primeras damas’ en España es hablar de una parte de la vida de nuestros presidentes que poco se ha tocado. Las mujeres de nuestros presidentes han sido, ante todo, mujeres. Y a pesar del poco papel que han representado en la vida política presencial, la de telón, micrófono y escenario, han estado y están ahí, detrás sí, pero presentes. En Estados Unidos, por ejemplo, Michelle Obama no es solo la primera dama. Michelle forma parte de un relato político presente, que se ve y se palpa. Que se siente. Forma parte de la credibilidad y de la confianza que proyecta Obama. Obama es Obama. Pero Michelle con su presencia y sus actos, medidos estratégicamente, también hace política, con mayúsculas. Se implica. Mucho. Y de manera natural. Y participa de manera muy activa. Obama sin Michelle sería otra cosa muy distinta a lo que percibimos que es actualmente el presidente de los Estados Unidos.

Pero las primeras damas en España desde la Transición no han tenido el mismo papel que en otros países. Lejos quedan de ser Michelle Obama, Carla Bruni o Hillary Clinton. La ‘visión’ familiar en nuestro país queda relegada a un segundo plano, sombra inerte en algunos casos. En política acompañan, pero no participan –exceptuando casos-. Están presentes más que ausentes, aunque no lo percibamos. Escuchan más que hablan. E influyen más que actúan. Es un papel de segundo plano que ha ido evolucionando en función del momento político y, por supuesto, de sus maridos… Pero ante todo, de ellas mismas.

AmparoIllana

 

Amparo Illana, la dama que no quiso serlo

Duquesa de Suárez. Mujer vasca y religiosa que acompañó a su marido en la sombra, Adolfo Suárez. Mujer protagonista de un momento histórico en nuestro país, los primeros pasos hacia la Transición. La presidencia de su marido rompió la monotonía de su familia, algo que no deseaba, pero no rompió su discreción. Primera mujer de un presidente que hizo de La Moncloa un hogar. Madre de cinco hijos: Mariam, Adolfo, Laura, Sonsoles y Javier. Era Amante del arte y siempre prefería viajar antes en tren o en barco que en avión. Según Francisco Umbral, tenía un ejemplar y ordenado silencio: “del silencio de su esposa debiera aprender el presidente”, decía. En 1996 se le concedió el premio “Romi Lachi”, que significa “mujer buena”, «por su servicio eficaz y callado en favor de los gitanos». Murió el 17 de mayo de 2001 víctima de un cáncer contra el que luchó los últimos siete años de su vida.

PilarIbañez

María del Pilar Ibáñez Martín, la señora fugaz

Hija de José Ibáñez Martín, conde de Marín, quien fuera ministro de Educación y Ciencia de la España de Franco entre 1939 y 1951. Fue también el primer presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Pilar Ibáñez se casó con Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo el 27 de abril de 1954. Madre de ocho hijos: Leopoldo, Juan, María del Pilar, Pedro, Víctor María, José María, Andrés y Pablo. Fue una primera dama fugaz por el periodo convulso que le tocó vivir entre 1981 y 1982. Pero una dama con un compartido interés con su marido por la política.

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Carmen Romero, la política de zapato plano

 La que fuera mujer del ex presidente Felipe González a lo largo de 39 años, también estaba afiliada al PSOE desde 1968, partido aún ilegal en la época de Franco. Era discreta y sencilla, como Illana, y madre de tres hijos: Pablo, David y María. Pero en 1989, mientras criaba y veía crecer a sus hijos en La Moncloa, no pudo evitar dar un paso más en su carrera política y finalmente salió elegida Diputada por la provincia de Cádiz. Estuvo al frente de su cargo hasta el 2 de abril de 2004. Fue sombra política independiente mientras su marido fue presidente. En noviembre de 2008 se conoció la ruptura del matrimonio, algo que no la frenó para continuar con su carrera política. Desde junio de 2009 es Diputada en el Parlamento Europeo.

 


Ana Botella, la “yo también quiero”

 En 1977 se casó con José María Aznar, presidente desde 1996 hasta 2004. Madrileña pura y madre de tres hijos: Jose María, Ana y Alonso. Mujer de formación religiosa y criada en el seno de una familia numerosa. Es la mayor de 13 hermanos. Pronto entendióAna Botella que los segundos planos sumisos no cambian cosas. Y desde La Moncloa intentó hacer un papel “hillaryniano”. Estaba cuando había que estar, se documentaba y era sombra activa y presente de su marido. Y pronto entendió que “ella también quería”. Ha sido concejala del Ayuntamiento de Madrid desde junio de 2003 hasta diciembre de 2011. Y actualmente es la alcaldesa de Madrid. En el fondo de su corazón sentirá que la política no es fácil, que resolver las crisis no es cuestión de manuales y que las responsabilidades a dedo nunca llegan a buen puerto… 


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Sonsoles Espinosa, la mujer artista

 Sonsoles se casó con José Luis Rodríguez Zapateroen enero de 1990. Licenciada en Derecho como su marido, a quién conoció en León donde ambos estudiaron. Madre de dos hijas: Laura y Alba. Su paso por La Moncloa duró desde 2004 hasta el famoso 20 de noviembre de 2011. Y nunca renunció a su autonomía. Mujer de arte, aunque de poca escena política. Soprano, pero no de alturas discursivas. Sencilla y elegante. Ha sido y es profesional de la música, y colabora con el coro de RTVE. Siempre quiso mantener su vida privada al margen de la actividad pública de su marido y, aunque esto alguna vez se violó, nunca renunció a mantener su independencia.

 

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Elvira Fernández Balboa, Viri, la dulce esposa

 Dicen de ella que es natural y discreta. Es como un vaso de agua del tiempo, que ni frío ni caliente. Es la mayor de tres hermanos y gallega de cuna, como el presidente del Gobierno Mariano Rajoy. Se casó en diciembre de 1996 y es madre de dos hijos: Mariano y Juan. Estudió Ciencias Económicas en Santiago y hasta el momento de la mudanza a La Moncloa trabajaba en Telefónica Contenidos. Su carrera profesional, por el momento, ha quedado aparcada. Cuando Rajoy se convirtió en el sexto presidente de la Democracia, vimos a Virijuntando sus labios a los de su marido, momento en el que se presentó a los españoles como la esposa de Mariano Rajoy, imagen que a él le beneficia y lo naturaliza. Justamente algo que se le criticó a Rajoy en la anterior campaña: no mostrar a los españoles a su “dulce esposa”. Diez años más joven que él, Elvira puede ser el equilibrio que le falte a Rajoy en los momentos duros como presidente. Prefiere la sencillez y nunca aprobó la afición por la vida pública. Como bien acertó Soledad Alcaide, se casó con el enigma.

 

Imagen de Amparo Illana y Adolfo Suárez de EFE, publicada en El País, bailando durante unas vacaciones en Galicia. Imagen en ABC de Pilar Ibáñez Martín y Leopoldo Calvo-Sotelo. Imagen de Carmero Romero en El País, por F.J Vargas. Imagen de Sonsoles Espinosa en El País por Tejederas. Imagen de Elvira Fernández y Mariano Rajoy en El País.

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PRIMERAS reflexiones a bote pronto tras la jornada que vivimos ayer. Así es, el PSOE necesita vivir su propia transición. Como dice la RAE pasar de un modo de ser o estar a otro distinto. Eso sí, sin cambio repentino de tono y expresión. Repentino no, reposado. Este titular podríamos haberlo llamado también: “En España, menos es más”. Así de sencillo y así de incoherentes somos. Pero lo cierto es que, no nos equivoquemos, el PSOE jugaba las cartas que les había tocado en una mesa que no era suya y en una sala sobre un barco donde sólo había botes salvavidas para el resto de jugadores. Esa es la verdad. Y… ante este panorama, ¿qué hacer? Creer que se puede, y hacerlo.

Me gustó mucho anoche el párrafo que escribió Antoni Gutiérrez – Rubí en El País:

“Los socialistas han cambiado menos que la sociedad. Es muy difícil ofrecer un programa progresista cuando no eres percibido como moderno, ni actual, ni contemporáneo. Esta falta de conexión con las transformaciones sociales y los anhelos de otra y nueva política podrían explicar parte de las fracturas más graves que tiene hoy la marca socialista. A la que hay que añadir problemas de liderazgo estatal y autonómico”

Como decían algunos usuarios de Twitter anoche, como el PSOE siga esta racha va a pasar al grupo mixto. Y no me extraña. El PSOE sigue sin entender qué está ocurriendo. No vale con adoptar la posición que tomó Rajoy con respecto a Zapatero: él vio pasar el cadáver y aprovechó la ausencia del Rey en el trono para coronarse a sí mismo, como hizo Napoleón. Pero Rubalcaba no puede seguir la misma estrategia del silencioDebe entender cuál es su posición para ser y hacer oposición. No hay más.

Menos es más. El 21O ha sido el aplauso en respuesta de lo que tenemos y no la reivindicación hacia un nuevo rumbo donde otra política sea posible. Feijóo, con menos votos, tiene más escaños. Ante este león, Patxi Vázquez no podía competir simplemente porque Patxi Vázquez no es un león. Y los gatos nunca ganaron la batalla a los reyes de la selva. ¿Podría ser que ocurriera? Sí, pero con gatos entrenados, con creencias, orgullos, valores y principios. ¡¡Y juntos!! Pero, sobre todo, con un fin común que hoy no persiguen.

Lejos quedó la conexión e identidad que lograban tener los antiguos líderes del pasado en momentos históricos donde se necesitaba más… Campañas políticas para una España enferma. Felipe González, Guerra, Leguina, Almunia… De nuevo, España está enferma. Mucho. Y el PSOE de nuestro país necesita vivir su propia transición si quiere volver a conectar con su electorado, si quiere volver a representarlo, si quiere aprender a entender a la sociedad que desea representar. Y no sólo en Galicia y el País Vasco, sino en todas las comunidades porque en todas las debilidad es notable.

– ¿Cómo se hace? -, me preguntó el periodista y asesor Juanjo Ibáñez.

– Empezar por querer hacerlo… -, respondí yo.

–  Queremos. Algunos queremos.- se sinceró él.

El problema sigue siendo que… no basta sólo con que algunos quieran.

Marquemos un punto y aparte. Abramos página y nuevo capítulo.

¿Título? “Arranca la transición del PSOE”

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