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UNA vez pasada la resaca emocional de un día tan maravilloso como lo fue el 17 de octubre, me dispongo a escribir con la esperanza de que ni los sentimientos ni las percepciones queden en el vacío del olvido.

CUANDO llegué a Fnac Castellana junto a dos grandes amigos, Silvia y Sergio, empezaron a llegar el resto de personas poco a poco y he de decir que muy temprano y puntuales. Me sorprendió muchísimo la asistencia de algunas personas y, al mismo tiempo, me hizo una ilusión inmensa. Familiares, colegas de la profesión, mis amigas de niña, compañeros de carrera desde el año 2003, periodistas, documentalistas y también profesores de la Universidad Carlos III. Ver allí a esos profesores que tanto me han enseñado y llegar con una gran sonrisa y llenos de abrazos que regalar me llenó de ilusión. Al igual que ver a mis compañeros del Máster y a algún profesor también por allí de la Universidad de Navarra. Qué alegría ver a mis tíos, los que me adoptaron en un principio en esta ciudad, y a mis primos. Qué alegría ver a mis hermanas y a mis padres allí, compartiendo ese momento con políticos, consultores, periodistas, amigos…y también algún que otro desconocido que llegó allí para eliminar el «des». Mí día a día y ellos. Ellos y el encuentro con mi día a día. El que tuve esa tarde fue un cóctel estupendo digno de emborrachamiento emocional.

SIEMPRE soñé cómo sería la presentación del primer libro que escribiese. Y tengo que decir que esta presentación la resumiría en pocas palabras: sencillamente genial. Gocé de cada uno de los asistentes, de políticos, de asesores y consultores amigos, de amistades de siempre, de las de ahora… Y no disfruté, sino que disfrutamos, de dos grandes periodistas y mejores personas: Fernando Garea y Carlos Hernández. Todo lo que contó Fernando en torno a la campaña anodina de Rajoy y todo lo que contó sobre Rubalcaba, que por mucho que hubiera hecho en ese preciso instante no hubiese servido de nada, fue compartido por muchísimas personas. Y todo lo que contó Carlos en relación a la campaña de 2008 de José Luis Rodríguez Zapatero y la campaña de 2011 con Alfredo Pérez Rubalcaba fue de suma importancia. Los entresijos siempre importan. Y de los fracasos también se aprende. Hubo risas, cabezas asintiendo y una concentración máxima. Todo lo que dijeron lograron envolver al público en ese halo de la campaña electoral que ahora cuento en ese libro. Mi intervención fue sencilla: un resumen del encuentro entre ese libro y yo a lo largo de este año y todas las personas involucradas en él para que pudiese ver la luz. Ahora ya está. Sólo queda disfrutarlo.

Gracias a todos los que pudisteis asistir en un día tan importante y tan inolvidable para mí, un día soñado. Gracias. Gracias por todas las llamadas, mensajes, correos y palabras que iba recibiendo por todas las redes sociales a lo largo del día con el único fin de apoyarme y motivarme. Gracias por tantos abrazos que recibí y tanto apoyo. Gracias por esos libros que firmaba con la esperanza de elegir bien las palabras para las personas que durante más de 10 años me han acompañado en esta trayectoria que es la vida de la formación y de la profesión. Pero también en la vida de los sentimientos y de las sensaciones.

Así transcurrió la primera presentación de este libro. Después, siempre dicen que vienen más… pero la primera, siempre será la primera…

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Queridos lectores, queridos amigos…

Bienvenidos al eterno encuentro con la lectura y, sobre todo, al encuentro con el mundo de la información y de la comunicación política.

He pensado en este momento muchísimas veces. Muchísimas veces soñando cómo daría a conocer el que fuese mi primer libro. El libro, ese sueño preciado de cualquier periodista que nace ya con vocación. Y cuando me encuentro en ese momento, salen más sentimientos que palabras, me vienen a la memoria imágenes a lo largo de años y años de esfuerzo y de lucha, de largas conversaciones y de infinitas noches en vela. Pero aquí está.

Se llamaba Alfredo… es el título que doy a una campaña electoral en concreto en la historia democrática española, la campaña del PSOE en las elecciones del 20 de noviembre de 2011.

Este libro lo he escrito para ti, lector, con el apoyo de muchas personas que me han regalado un ratito de sus vidas con el fin de recomponer una parte de nuestro pasado que parecía tener algunas preguntas sin responder. Lo he escrito porque, como periodista, me parecía justo hacerlo. Y, además, me he esforzado al máximo en elaborar un texto comprensible y cercano, porque es así como yo entiendo la política. No de otra forma. Espero haber arrojado algo más de luz donde no la había, y haber incitado aún más tu curiosidad por el ejercicio de las campañas electorales.

Tan sólo deseo que lo disfrutes tanto como yo lo disfruté cuando ya lo tuve entre mis manos.

Gracias por acompañarme en este sueño…

@anpamar

 

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Publicado en el Blog de El País, Mujeres, el 05 de marzo de 2013

Elena Valenciano deja Twitter para proteger a sus hijos. Así de sencillo. Esta política socialista entendió que esta red de microbloging era importante para ejercer la política, para escuchar, responder, hacer. Para servir a la ciudadanía a la que se representa y que también está en la Red. Entendió que era imprescindible para la comunicación política, con letras mayúsculas. Pero también, con letras mayúsculas, la comunicación política tiene un límite. Ese límite no es exacto, pero siempre se sabe que se llega a él cuando entraña un riesgo. Cuando la «debilidad» de una madre es vista por otros como una oportunidad de ataque. Esa es la guerra.

Elena Valenciano tiene dos hijos. Y sus hijos no se dedican a la política. Son niños. Y, como niños, deben vivir como tal. Las amenazas o persecuciones, que dice Valenciano que ellos sufren, rozan el límite. Su exposición quizás, en Twitter, supone un riesgo que ella, como madre y mujer, debe asumir y responder. Así lo siente.

Pero… ¿ha hecho bien con cerrar su cuenta de Twitter? Es una decisión política de madre, no lo olvidemos, que ella ha tomado frente a un problema que atañe a su vida real. Su perfil en Twitter era activo, respondía, entraba al debate y al juego y, en muchas ocasiones, se ha arriesgado con temas espinosos. Ha sido atacada, ha recibido críticas y acusaciones en los últimos años en los que ha mantenido vivo su perfil. Y siempre ha intentado tener entereza frente a todo. A pesar de su aspecto cansado que muestra los últimos meses, es una mujer que se siente segura tanto en la Red como en el mundo real. Y, seguramente, haya sido esa seguridad la que la ha llevado a decir: no, a mis hijos, no. Hablamos de un sentimiento, hablamos de una emoción y hablamos de amor.

Ha actuado como madre. No como política. Ha actuado como mujer. No como política. Y lo ha hecho porque, la comunicación política, dependiendo de dónde se ejerza, también entraña un límite. Sobre todo, para aquellos que aprovechan la debilidad materna para atacar.

«¿Que ellos me han vencido? No. Empieza la batalla de la decencia en Twitter»

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