Nadie dijo que fuese fácil hablar en público. Tampoco que lo fuese dar una rueda de prensa sobre las pensiones o sobre cómo quedará ahora la situación laboral de los más mayores… Bien es cierto que la retórica y la oratoria es un elemento fundamental en política que hay que ir cuidando y entrenando porque, aunque los políticos crean que se dirigen a los periodistas, en realidad se están dirigiendo a una ciudadanía que quiere saber qué ocurre y que debe entenderlo. Porque sociedad puede que sólo haya una. La sociedad. Pero esta se compone de muchas personas diferentes, con estatus y formaciones diversas, de aquí y de allá, mujeres y hombres, pequeños, jóvenes y mayores…
Es común meter la pata al hablar cuando se trata de política. Pero justamente los que se dedican a ello deberían saberlo y deberían saber que ser buen gestor es una parte de la política, pero no lo es todo. Hay que tener en cuenta por y para quiénes trabajan. Y sobre todo, entender a “su majestad el receptor”, tal y como dijo una vez Santiago Graiño, un profesional del periodismo científico. Así es, a su majestad el receptor, porque para ellos trabajan…
VIERNES noche. Conducía por las calles, concentrada. Aparcó el coche justo enfrente de casa. Gira la llave, desconecta el motor de arranque. Recoge sus cosas y sube a casa. Librarse de las cosas que llevaba encima era su prioridad, pero sonó el teléfono.
– Sí, sí. Lo estoy viendo ahora mismo en la televisión. Acabo de encenderla
– ¡He cogido el último avión en Barcelona! ¡Antes de que pasara! Poquito ha faltado para que no llegase a Madrid…
Primera impresión, primer pensamiento: -Ufff… A Zapatero esto no le conviene… Paso A: creación de gabinete de comunicación y gestión de crisis.
Sábado, 8:00 AM. “El Gobierno piensa comunicar el Estado de alarma si la situación no se controla”. Se pasó, prácticamente, todo el día conduciendo hasta llegar a su destino. La única conversación que escuchaba era la de la radio: noticias, comentarios, comentarios y noticias, mesas de debate, llamadas telefónica de oyentes; la historia narrada de viva voz por los periodistas que se iban turnando en sus puestos de trabajo para “dar lo último” de una situación aparentemente ingobernable, de una desesperación incontrolada.
Estado de alarma: “es un régimen excepcional que se declara para asegurar el restablecimiento de la normalidad de los poderes en una sociedad democrática”.
Estado de alarma: la primera vez que sucede en la democracia de España.
Sábado noche, 22:00 PM. Segunda impresión: Rubalcaba sale y comunica. Salgado sale y comunica. Blanco sale y comunica. AENA sale y comunica. ¿Y dónde está Zapatero? Mal, Zapatero no sale. Pero lejos de venirle mal, lo está reforzando: la gente afectada, miles de víctimas en contra de los controladores; el Gobierno, criticando la actuación de los controladores y respondiendo con mano dura; el PP, en contra de los controladores (y Granados apoyando la gestión del Gobierno).
Consecuencias: millones de euros perdidos en una situación económica nacional de declive, miles de personas desesperadas víctimas de las falsas bajas masivas de un colectivo que, a priori, no tiene por qué quejarse cuando hay más de cuatro millones de parados en este país quejándose, pero aguantando la situación y luchando, como pueden, por sobrevivir. ¿Qué pasaría si ellos se levantasen y empezasen a arremeter con todo lo que encuentran a su paso? ¿Habría ejército suficiente para pararlo?
LA lluvia arrecia tras esa ventana de esta casa que he tomado prestada. Fuerte. Ni un rayo de luz se ve ya tras ella. Nada que contemplar, nada que vislumbrar a esta inocente hora que se tercia invernal. Sólo compartir unas palabras de una entrevista, publicada en El País hace una semana, que ha dado mucho que hablar y que ha suscitado mucho debate y generado mucho dinero en televisión a personas que poco o nada tienen que decir. Pero que a diario dicen, y hablan, y no callan.
Como entrevista, no tiene desperdicio. Como fuente de información tampoco. Y como ensayo, quizás tampoco. Este impreso son de esos que los periodistas, amantes del papel, guardamos con mimo. Aquí rescato lo más peculiar y creo que importante que merece alguna que otra reflexión: (Pincha para leer)