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Quito, la capital de Ecuador, ha convertido entre el 17 y 20 de octubre en la sede de la Conferencia sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible, Habitat III. Esta será la tercera Conferencia desde que Naciones Unidas empezara a convocarlas en 1976. Y sí, se celebra cada 20 años. El objetivo principal es continuar creando redes de compromiso para fortalecer el desarrollo sostenible y la urbanización tanto de áreas rurales, como de espacios urbanos, e impulsar la Nueva Agenda Urbana: el documento final tras la Conferencia.

Repensar las ciudades del futuro haciendo hincapié en el análisis del presente no ha sido ni será tarea fácil. Más aún cuando quedan tantos retos por afrontar. Uno de ellos es el que se refiere a la planificación urbana teniendo en cuenta la perspectiva de género en la vida cotidiana. A día de hoy, se confirma que, todavía, los espacios urbanos están pensados para las necesidades masculinas. Por ello, y aprovechando el foco de las conferencias de Habitat III, es oportuno reflexionar sobre lo que compete a la movilidad femenina, su relación con el transporte urbano y la accesibilidad de las ciudades.

Ciudadanos e inclusión

¿Las ciudades deben estar planificadas para satisfacer las necesidades de todos los ciudadanos? La respuesta es afirmativa, pero garantizará las necesidades de todos los ciudadanos en tanto que la palabra “ciudadano” lleve inmersa las demandas y necesidades de las mujeres. La primera complejidad que surge es la de definir la palabra ciudadano y es ahora cuando el concepto de ciudadano es examinado desde la inclusión de la mujer en la planificación bajo una perspectiva práctica. Sin embargo, las ciencias sociales empezaron a conectar género y espacio a inicios de 1970.

La investigación de Mercedes Pardo y Jose M. Echavarren, publicada en el volumen III de la revista científica Social and Economic Development mencionan tendencias teóricas de las mujeres y el transporte, donde autores como Pickup en Reino Unido, Coutras en Francia o Massolo en Italia, ponían el foco de su atención en el hecho de que la discriminación de la mujer en los espacios urbanos no sería resuelto solo por el desarrollo de nuevas políticas. Las políticas públicas resultan insuficientes porque nunca hubo voluntad desde los orígenes, y sólo resuelven problemas de contexto y actualidad. Solo resuelven problemas puntuales en un momento determinado. Y las tendencias en relación a la movilidad urbana han puesto un foco de mayor atención al medio ambiente y a la sostenibilidad, que a la perspectiva de trabajar por ciudades más iguales.

Planificación con perspectiva de género

Abrir los ojos ante la perspectiva de género en la vida cotidiana es fundamental, como lo es pensar en el género y en la seguridad ciudadana, y vislumbrar barrios más seguros desde la planificación. La rutina diaria de las mujeres es muy diferente a la de los hombres. Y aquellas personas que viven en áreas rurales, complementan sus vidas con áreas urbanas y viceversa por varias razones, entre ellas el trabajo. Estos hechos justifican la necesidad de tener que moverse y, las mujeres, debido a diferentes hábitos y roles, invierten más tiempo, dinero y recursos a movernos que los hombres a transportarse. Adicional, las mujeres son más vulnerables frente a ataques o robos, exigiendo por ello una revisión en la seguridad de los espacios, iluminación e incluso, de las infraestructura de la propia vía pública.

Si cogemos tres ciudades latinoamericanas al azar, como Medellín, Quito o Lima, descubriremos que el porcentaje de mujeres superan al de hombres. Y, como consecuencia de los procesos de urbanización, hay temas que preocupan seriamente: violencia por desigualdad social, segregación espacial, lucha por la supervivencia en condiciones de pobreza, corrupción y falta de planificación. La perspectiva de género en las ciudades va más allá de las políticas públicas o de reconocer que existen dichos problemas en las ciudades. Ciudades más iguales serán posibles cuando se detecten y analicen problemáticas sociales y culturales entre hombres y mujeres y se atajen de raíz, añadido a invertir en el desarrollo políticas públicas, más efectivas que reales, que impliquen el empoderamiento equitativo en los diferentes grupos. Planificar y modificar el entorno con el objetivo de satisfacer las necesidades de todos los ciudadanos aún sigue siendo le reto de los gobiernos locales.

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Terremoto en Ecuador. Quito. 16 de abril de 2016
 

Publicado en BEZ el 19 de Abril de 2016 y en Aristegui Noticias

Son 45 minutos de trayecto en coche lo que separa, en la misma ciudad de Quito, el efecto de un terremoto. Al norte queda el susto, casas en pie sin sufrir daños, las anécdotas de cómo se vivió el temblor, familiares de muchas personas que aún no se han localizado en la costa, que saben que están vivas, y que no son capaces de rescatar, las oraciones y la movilización ciudadana que no deja de donar todo lo que tiene para ayudar a los damnificados, así sea su propia sangre. Al sur de Quito, en la zona de Ciudad Futura, entre los perros que rebuscan en la basura, entre vacas que pastan en los cercados de las casas mientras las gallinas se pasean con los gatos al borde de las aceras, donde el grafiti es el elemento del decorado barrial, y donde el humo negro y denso, de los autobuses y los carros, se confunden con calles sin planificar, se encuentra el hueco de lo que un día fue el hogar la de familia Oña Erique.

La casa tenía tres plantas y una parte intermedia que hacía de garaje. Durante la tarde del pasado 16 de abril todo se vino abajo. Se hundió por debajo de su propia superficie. Los dos coches de la familia han quedado aplastados con los escombros. Los electrodomésticos reducidos en planchas. La estructura es hoy un amasijo de hierros difíciles de ubicar. Documentos, cuadernos y libros se confunden con el lodo, como juguetes y peluches, ahogados en los charcos que no paran de crecer debido a la ruptura de las cañerías que dejan salir el agua perdiéndose hacia ningún lugar. Sartenes y cacerolas sobreviven sin calcinar ennegrecidas. Y aún se puede apreciar el colchón y las hamacas donde descansara la familia.

Dos policías nacionales son los que custodian el hogar a cielo abierto ante las miradas atentas y curiosas de los vecinos, como la de Francisco Caiza que, con ganas de hablar, aún no se explica cómo ha podido suceder algo tan terrible y no deja de dar gracias a Dios al mantenerse con vida él y su familia. Su nieta Melani, de no más de cinco años, pasea curiosa con su abuelo y, ante la pregunta de conocer qué es lo que ha pasado, ella responde que muchas casas “han sido hechizadas”.

¿Y la familia Oña? El policía de piel morena y ojos claros responde que ha sido trasladada a uno de los albergues, pero no saben con certeza cuál: por sorprendente que parezca, se salvaron todos. Igual sí fue un hechizo, o un milagro. El albergue más cercano es el de Quitumbe, aseguran, a pocos minutos de la casa. Pero al llegar a la zona de Quitumbe, ningún vecino sabe localizar el albergue. En las oficinas de la Policía Nacional no hay información al respecto de dónde está la familia, y nos envían a preguntar al cuerpo de bomberos, que además están recibiendo también donaciones para enviar al aeropuerto. Los bomberos creen que pueden estar en el lugar contiguo a pocos metros de ahí, en el edificio de la Policía Metropolitana de la Unidad Operativa Zonal de Quitumbe.

Y efectivamente. ¿La familia Oña? “Sí, yo soy uno de los hijos”. El que responde es Víctor, que conversa con amigos de la Universidad que han ido a verle, y a llevar comida y ropa a toda la familia. Remigio Oña es su padre, y Rosario Erique su madre. En total son cuatro hermanos: Maribel, Francisco, Diana y él. En ese momento, en la Unidad Zonal, sólo se encuentran tres de los hermanos. Víctor tiene 25 años y, sin ganas de gesticular y de vocalizar por el peso de la pena, empieza a narrar lo sucedido junto a sus hermanos y sentado en una de las literas del lugar que los acoge. “En ese momento cada uno de nosotros estaba en su respectiva habitación, yo estaba con mi portátil y mi papá en su cama. Y entonces se empezó a sentir el primer temblor muy duradero. Y después se empezó a sentir otro temblor super super fuerte”. Víctor continúa: “Yo sentí miedo porque el temblor duraba demasiado para lo que suelen durar habitualmente. Y le dije “¡papi, papi, salgamos!”. Y él me decía, “¡no, quédense, quédense!”. Y le insistí “¡salga, salga!”. Y salí corriendo fuera y él no salía. Cuando vio que estábamos saliendo por el pasillo le dije “¡venga acá papá, venga acá!”. Y cuando mi papá venía, siguió más duro el temblor. Cuando ya una columna del tercer piso colapsó, empezó a colapsar en cadena. Y cayeron las losas. Las planchas de cemento empezaron a caer, ta-ta-ta, y se desplomó la casa”.

En ese momento, todos los hermanos y el padre, Remigio Oña, estaban fuera de la casa. Y vieron con sus propios ojos cómo se les derrumbaba su hogar. Salieron descalzos y con lo puesto, sin poder actuar más allá de la reacción misma de supervivencia de salir a la calle. Su madre, que sustenta a toda la familia laborando como cocinera en el bar de la Escuela Politécnica Nacional al encontrarse su marido desempleado, no había llegado aún del trabajo. Diana, de 18 años, y con la tristeza dibujada en su rostro, deja a relucir la evidencia misma de su tragedia. Se iba a acostar en ese mismo momento y salió a la calle sin pensarlo. Francisco, el hermano de 22 años, nunca pensó que se les derrumbaría la casa. Sólo pensaba en salir afuera.  Y después… ¿qué pasó? “Después vinieron los vecinos”, continúa Víctor. “Usted sabe que la gente aquí cuando ocurre algún tipo de desastre, se vienen y se amontonan.  Y dijeron, “¡si hay gente arriba, ayudemos a sacarlos!”. Y mi papá dijo, “tranquilos señores, todos salimos””. “Quédense conmigo, vecino, yo le ofrezco mi casa”, eran las palabras que más escuchaban en ese momento y empezaron a brindarles ayuda con monedas y donaciones. Después llegó la policía y empezaron a acordonar la zona, más tarde llegaron los bomberos, “los del COE” (Centro de Operaciones de Emergencia del Distrito Metropolitano de Quito) y “los del Municipio de Quito”.

La primera noche el COE los llevó al lugar donde se encuentran, la Unidad Operativa Zonal de Quitumbe. En la mañana del 17 de abril, el Municipio y sus familiares más allegados, les ayudaron a retirar los escombros de lo que quedara de su casa, y a retirar lo que se pudiera, como la ropa que sin remedio quedó enterrada. La incertidumbre sobre sus vidas pesa en sus miradas pero reconocen que el Alcalde, Mauricio Rodas, y algunos concejales han hablado con sus padres. Y esto sólo significaría una palabra: esperanza. Pero… “cómo le explico a usted”, dice Francisco, “que se levanta por las mañanas en su casa y ya sabe qué hacer en el día, ¿no es cierto? Uno ahora se levanta y no sabe qué hacer, ni sabe qué va a pasar. Hoy día me tocaba el preuniversitario y no sabía con qué irme”.

La familia Oña Erique es una familia humilde cuyos hijos tienen una educación digna de admirar y muchos sueños por cumplir. “La mayoría de nuestra familia”, expone Víctor, “no ha pisado la Universidad, pero mi mamá es la que siempre nos ha animado a estudiar. “Saca el título, y sé un profesional”, me ha dicho siempre. Y me he enfocado en eso, en ser un profesional y ser el orgullo de mis papás”. Él estudia Ingeniería en Ciencias Económicas y Financieras en la pública. Francisco tiene cursos de preparación para el examen preuniversitario hasta junio, momento en el que debe examinarse para entrar también en la Universidad. Diana está cursando tercero de bachillerato, su último año de colegio, y ha visto sus sueños truncados, “pero gracias a Dios tengo a mi familia viva, que es lo más importante. Es duro, pero tenemos que ser fuertes y salir como podamos”, asegura convencida.

La ayuda de los ciudadanos para esta familia no deja de llegar: “es muy hermoso, realmente, que vengan y te den consejos. Y que te recuerden que te salvaste de milagro porque estabas dentro de la casa”, dice Francisco, “se nos desplomó la casa en nuestra propia cara”. “Pobre gente en Pedernales que todavía está atorada”, continúa la conversación Diana, “en cambio nosotros, es un milagro. Logramos salir todos”. La colección de factores es posiblemente lo que hiciera derrumbarse la casa de los Oña, y no la de sus vecinos, aunque todos sintieran en su piel la misma intensidad del sismo. Factores como una planificación pobre, una estructura artesanal, la inestabilidad del terreno y la intensidad del temblor. “Es una suerte”, termina Víctor, “pero… mi padre trabajó siete años en esa casa. Y nosotros lo ayudamos. Fue ver cómo se desplomó el esfuerzo de nuestro padre en nuestros ojos”.

 

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Publicado en BEZ el 7 de Diciembre de 2015

“Dibujo fantasía”. –¿Por qué? ¿Bastante jodida es la vida?- “Sí, bastante jodida es ya la vida como para dibujar más realidades”. Mo Vásquez se muestra sincera mientras contempla su inacabado mural el pasado 14 de noviembre en Quito, Ecuador. Ella es así. Pinta así. Murales, pinturas e ilustraciones llenas de colores y formas redondas, líneas fijas, llamativas, sorprendentes que incitan a soñar, a imaginar mundos nuevos que nada tienen que ver con nuestro día a día. -¿Qué es exactamente tu dibujo?- “Un universo paralelo y nuevo que se construye mientras se alza”. Mmm. Puede que no entendamos nada. Aunque el gesto extraño la mire y la observe, aunque no se entienda muy bien qué es, ella no da más explicaciones sobre el dibujo, porque el dibujo es ese, es eso, y no hay más explicación. Sigue pintando.

Warmi Paint da nombre a un festival pionero en la capital ecuatoriana que tiene por objetivo visibilizar y empoderar a las mujeres de América Latina que se dedican principalmente al arte urbano. Desde el 11 hasta el 14 de noviembre participaron artistas de Brasil, Chile, Argentina, México o Puerto Rico, y cuyos murales, como el de Mo Vásquez, se pueden contemplar hoy por todo Quito. Además, se pudo disfrutar de conferencias y charlas como las de Alexandra Henry, Catalina Bobone o Qarla Quispe.

Caminando por el patio del Centro de Arte Contemporáneo de Quito, nos encontramos a Martha Cooper rodeada de tres cámaras que intentan adoptar su mejor encuadre. Pero… ¿para qué conformarnos con unas simples palabras de una entrevista premeditada cuando podemos escuchar el gran relato de su vida? Minutos más tarde a ese momento, congrega en una sala a más de 200 personas expectantes de conocer qué hay detrás de una foto y qué hay detrás de un dibujo en la pared.

Martha Cooper nació el 1940 en Baltimore, Maryland. Y a los siete años ya cogió su primera cámara de fotos. En 1962 fotografió en Europa su primer grafiti y también nació su curiosidad por el motivo de los retazos en las paredes. Pero continuó desempeñando su labor como trabajadora social, antropóloga y fotógrafa. ¿Su sueño? Su sueño siempre fue trabajar para National Geographic. Y con ese sueño en la cabeza, siguió haciendo fotografías. Pero no fotografías cualquieras, porque su curiosidad siempre la llevó a dar un paso más allá al de capturar el mero hecho de la realidad, como fotografías de cuerpos en Japón mientras son tatuados. Aunque, claro, muchas de estas fotografías después no pudiese publicarlas. ¿Censura? Who knows… Digamos que no eran… políticamente correctas para la época.

Martha Cooper empezó a trabajar para el New York Post en 1970, década donde creció aún más su curiosidad por el arte urbano y los movimientos sociales. Era, por decirlo así, la única fotógrafa que relataba con imágenes una parte de la realidad que acontecía a espaldas quizás de los sucesos, o de la euforia americana económico política. Entre los años 70 y 80 creyó que la influencia haitiana en Nueva York no era cualquier cosa y que los dibujos de los trenes del sur del Bronx tenían historias detrás merecedoras de ser conocidas. El riesgo estuvo siempre presente en su vida, pero posiblemente su pasión fuese más fuerte que el miedo en estos años. Sus fotos así lo demuestran.

El grafiti en los 80 empezó a acompañarse de toda una cultura colectiva que puso el ritmo, el llamado hip hop. El hip hop fue mucho más que ritmo, fue todo un movimiento artístico. Su inocencia la llevó a pensar que sólo se estaba extendiendo en Estados Unidos, pero no fue así. En Londres y París descubrió que no pocas personas ya lo habían extendido. Y con el hip hop también llegó el break dance, dice Cooper, con mucha participación femenina y con la participación especial de las comunidades neoyorkinas del Bronx.

También en la época de los 80 descubrió el Street Art, su proliferación y su profesionalización. Ella destaca a Keith Allen Haring, artista y activista social que pintó incluso un trozo del muro de Berlín. El objetivo de Haring fue siempre el arte como modelo de lucha por la solución de los problemas sociales. El artivismo, tan acuñado en la nueva política de nuestros días para reivindicar causas que son justas, fue un hecho clave de la década de los 80 con profesionales en la sombra cuyos nombres quizás ya no recordamos, pero cuyos dibujos pudieron marcar un antes y un después en la conciencia de muchas personas. Y también en la historia.

El arte femenino en esa década también era ya una realidad. Y Martha Cooper se encargó de darle una visibilidad especial. La historia Lady Pink y el motivo que la llevó a dibujar puede que desgarre. Muchos de sus dibujos están impresos en los vagones del metro de Manhattan. Bastardilla, además, no es sólo un tipo de letra. Es una artista colombiana que, según cuenta la fotógrafa, evidencia su vida mediante el arte. Su trabajo a través del grafiti ha sido conocido a nivel internacional gracias a Internet.

Pero… ¿en qué se diferencia el grafiti del Street art? Letras frente a dibujo, sentencia Cooper, lo prohibido frente a la exposición de belleza, lo legal frente a lo ilegal. El grafiti siempre ha estado perseguido. El Street art hoy tiene un reconocimiento especial que se remunera económicamente. Muchos artistas, por suerte, viven hoy de sus murales. También Mo. El Street art de ayer y de hoy, además, tiene una connotación específica ya que muchos están creados con el fin de visibilizar causas sociales por las que luchar.

Con los años, Cooper consiguió su sueño de trabajar en National Geographic, dice, pero se dio cuenta de que aquello era demasiado aburrido -y las carcajadas en la sala no se hacen esperar-. Empezó a trabajar productos propios de pintura que hoy llevan su nombre, y a publicar parte de su trabajo, como por ejemplo el libro Nos B * Girlz, una mirada femenina al mundo del arte y el brake dance. Su objetivo fue y será el de visibilizar al arte urbano de las mujeres, su motivo, su lucha y sus causas, en cualquier parte del mundo.

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