Your address will show here +12 34 56 78

“Cuando un nuevo Gobierno estrena su periodo de mandato se acostumbra a hacer referencia a sus cien primeros días. Es una referencia a lo que llamamos días de gracia”. Así arranca el libro de Pau Canaleta100 días, 1 imagen” donde las 50 claves para mejorar esa primera percepción de cara a la ciudadanía no resultan suficientes si nos centramos en los 100 primeros días de Mariano Rajoy.

DESPUÉS de que comenzase la etapa mariana, todo han sido sorpresas. Las personas que querían ese cambio y que hablaron en las urnas el pasado día 20N, tanto votando como si no lo hicieron, han ido generando una imagen a lo largo de estos cuatro meses… Cabría hacer un análisis cualitativo de la situación para escoger la palabra adecuada e incorporarla en este texto. Pero sin duda, el sentir de la ciudadanía española era y sigue siendo de angustia.

100 días le han bastado al nuevo Ejecutivo para llevar a cabo una serie de medidas que no han gustado: la desviación presupuestaria y más impuestos, la actualización de las pensiones del 1%, la subida del IRPF, el recorte de 8.900 millones en los Ministerios, una reforma laboral inhumana… Y ahí no queda todo, porque el debate está servido con el ministro Gallardón por las reformas a la Ley del Aborto y sus declaraciones sobre “la violencia estructural contra la mujer”. Este paso que ha dado el PP en solitario le ha pasado factura cuando más poder abarcaba y cuando más seguro estaba de creer saber lo que podía hacer. Una factura territorial perdiendo las elecciones en Andalucía y Asturias; y una factura social: la huelga general más pronta de la democracia convocada tras unas elecciones.

Le Figargo dijo de nuestro ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que era una presidente “chic” al ganar en elegancia. Pero lo cierto es que Zapatero perdió la credibilidad, un detalle que lo sepultó como político. Claro ejemplo de que se puede ser elegante y perder la credibilidad. Ahora bien, los populares pasan por ser elegantes si preguntamos al ciudadano medio a pie de calle, más elegantes que los socialista y que visten mejor. No cabe duda de que el Gobierno de Mariano Rajoy ha sabido perder la credibilidad con elegancia en estos 100 días de Gobierno, donde ya se cuestiona hasta el contarle a los ciudadanos sobre cómo están las cosas (planteamiento en el artículo en El País publicado por Carlos E. Cué).

Angustia es lo que sigue existiendo entre los ciudadanos por una simple ecuación: facturas que aumentan,  precios que no paran de subir y situaciones laborales que no paran de infravalorarse. Situación insostenible, como el ánimo, que sumado a las presiones de Bruselas da como resultado la imagen de unos 100 primeros días de angustia.

Cabría subrayar una y otra vez la frase con la que Pau cierra su libro para que la imagen de la etapa mariana realmente cambie, como evocaba su lema de campaña: “Preocúpate, el fin de tu ciclo está a la vuelta de la esquina”.

Enlaces Relacionados

16

AYER se celebró una gran cita: el debate sobre el estado de la Nación (que hoy ha continuado). Zapatero sabía que era importante, y sabía que se la jugaba. Abordar las reformas estructurales nunca fue tarea sencilla. Y Mariano Rajoy lo tenía fácil. Sabía que lo tenía fácil ante este panorama abrumador…

En su discurso, Zapatero dijo que quería muchas cosas para su país: «prosperidad, empleo y políticas sociales» (…) «esto es un reto y, como tal, debemos interiorizarlo». Habló del criticado «Plan E», del desempleo y la reforma laboral, de las víctimas de ETA, y su homenaje a través de la unidad democrática, la estrategia de economía sostenible, la reforma del sistema financiero, de la crisis y, como no, el estatut, que tantos quebraderos de cabeza e incomodidades le está dando… Y Rajoy habló de todo esto, pero se perdió entre sus palabras lo más importante: los intereses de España. ¿Por qué? Porque a pesar de pedirle a Zapatero que «lo mejor que puede hacer es disolver el parlamento y convocar elecciones generales», en su discurso prevaleció las críticas que el PSOE y el presidente mismo le hacía, o le hacen, o le harán,  cual novia enfadada por un mal beso. Y de pronto viene el colofón de las palabras del presidente, metidas sin calzador y con cuidado: «Voy a ejercer al máximo el principio de responsabilidad» (…) «gobernar, cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste». Y ahí quedó ese final bordado a ordenador, que no a «máquina», para los titulares de prensa, radio y televisión.

Y esta mañana cambia el tono y despertamos con las palabras de Rajoy como protagonistas en casi todos los medios.  Quizás porque sean muchos los que desean esa moción porque no ven otra alternativa. Sin embargo, vemos esa foto, la de El Mundo. Que dice mucho y todo, que comunica todo y mucho. Y precisamente es El Mundo quién la saca y no en mal puesto, sino en portada. A Zapatero se le han complicado las cosas, y lo vemos guardar sus papeles con tranquilidad y parsimonia. Y a su lado aplauden, y a su alrededor también. Pero ahí está, sentado con una mueca en su rostro con el convencimiento de haber cumplido, al menos así lo piensa él. Y sentado está, como presidente del Gobierno, mientras vemos marcharse a un Rajoy ensombrecido en segundo plano. Lo vemos irse difuminado cual sombra empobrecida. Y Zapatero, sentado en su sitio, observa como se marcha ese político que borroso aparece en esa imagen.

Y es que hay momentos en los que una imagen dice más que mil palabras…


2

NO HAY POSTS MÁS ANTIGUOSPágina 2 de 2POSTS SIGUIENTES