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Publicado en BEZ el 18 de Marzo de 2016

El jueves, 17 de marzo, la Cámara de Diputados de Chile ha hecho historia al aprobar la despenalización de las tres causales. En este país estaba prohibido en cualquiera de sus circunstancias y su práctica se castiga con la cárcel aunque, de forma ilegal, se practican más de 100.000 abortos al año, según ha publicado la BBC. A día de hoy… ¿Qué se cuestiona? ¿Qué se demanda? ¿Qué se debate? ¿Qué se transmite? Durante el último año y, especialmente, durante las últimas semanas, no se ha debatido sobre una Ley en sí que permita el aborto, sino sobre la despenalización en tres causales: en caso de violación, peligro para la vida de la madre e inviabilidad del feto. Dicha despenalización la aprobó primero la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados, por ocho votos contra cinco, el pasado uno de marzo –algo que debió aprobarse hace un año según calendario de promesas políticas-. No obstante, y a pesar de que esta era de una de las reformas prometidas por la Presidenta Michelle Bachelet, los argumentos en torno al aborto que se discuten en Chile son varios y con particularidades en el enfoque puesto que, a veces, la ideología se superpone frente al reclamo de las mujeres o frente a la justicia social.

Las tres causales no entraron como noticia inédita en el discurso que Michelle Bachelet pronunció el pasado día 8 marzo, Día Internacional de la Mujer. Su estrategia de comunicación alegó más a los derechos que a la política, fue una postura más social que institucional, algo que se viene defendiendo con ahínco en otros países europeos, como España, donde el derecho a decidir de las mujeres prevaleció frente al ahínco de contentar a una parte del electorado conservador. Ganó la libertad de las mujeres y le costó el cargo al Ministro de Justicia, Alberto Ruíz Gallardón.  “Yo creo que las mujeres tenemos derecho a tomar decisiones. (…) Y entiendo que frente a un tema como este puede haber distintas opiniones. (…) Pero yo creo que hemos podido avanzar sobre la tramitación de la base de un diálogo intenso pero respetuoso”, dijo Michelle Bachelet.

El derecho a decidir

Las bases del discurso de la Presidenta Bachelet en torno al aborto son derecho a tomar decisiones, avance, diálogo y respeto; palabras bajo el marco mental (frame) del progreso en términos de comunicación política. Y, diferentes encuestas, elaboradas bajo varios periodos temporales, reflejan una aceptación del 60% continuando con una tendencia al alza. Pero… ¿es suficiente? ¿Está acertando Bachelet con su enfoque? “Creo que el tema del aborto, desde el punto de vista comunicacional, ha estado impulsado por razones políticas. No es nuevo. De hecho, desde hace varios años que el tema aparece en la agenda sólo cuando una autoridad o partido político insiste en el tema o promueve la idea de legislar al respecto. Muy pocas veces el tema se aborda desde la ciudadanía”, señala la asesora de comunicación política chilena Denise Peró, mientas la también chilena Johana Vásquez Cielo, Co-fundadora de la Consultora Estay Consulting, y experta en transformación organizacional, responde a la pregunta con repaso histórico pero con más preguntas que invitan a abordar el tema desde una profundidad necesaria pero ciertamente poco abordada: “Vale destacar que entre los años 1931 y 1989, el aborto terapéutico bajo ciertas condiciones estaba legalizado. Esto es un progreso pero, finalmente, ¿es posible generar procesos de cambio en entornos temáticos tan sensibles como éste o es mejor mantener procesos unilaterales que permitan dar un salto en estas temáticas para poder generar entornos democráticos de decisión?”

¿Quién gana y quién pierde? “Socialmente, este proceso tiene sus adeptos y detractores, pero considero, a modo muy personal, que el proceso de prohibición del aborto bajo cualquier circunstancia ha sido unilateral, pues simplemente hubo una decisión de hacerlo, al igual que el proceso actual de despenalizar, sin permitir a la mujer hacer valer su derecho democrático de decidir sobre su cuerpo y su futuro, y su derecho a ser cubierta por una seguridad social bajo toda circunstancia de libre decisión”, apunta Johana, a lo que Denise subraya: “Cabe destacar también que la realidad chilena es bien distinta a la europea. Sistemas de seguridad social inexistentes, servicios de salud de pésima calidad y una educación muy precaria”.

¿ideología frente a sociedad?

En este sentido… ¿la política se ha superpuesto a la sociedad, o se ha alejado de ella? Denise es clara: “Dado que es un tema que no tiene grises, solo blancos y negros, es utilizado por lo general por los partidos de izquierda y actores más progresistas para desviar la atención respecto de la contingencia. Hasta la fecha se ha visto que la derecha siempre va a responder con fuerza, y que ha utilizado todas sus redes y vetos para impedir que el aborto se convirtiera en Ley. Y pasa porque, para la derecha los valores cristianos y los principios, están por sobre la política y entienden que sus electores lo ven de la misma manera”. A lo que Johana señala: “Esta confusión  de enfoques no permite que se generen sinergias ni procesos de colaboración que permitan llegar a términos medios para mantener un avance y llegar a un proceso de cambio deseado y consensuado”.

La importancia de las políticas públicas

La educación es el pilar fundamental de libertad. Una libertad que nos permite avanzar no sólo hacia la igualdad, sino también hacia la prevención en un mundo que debe estar emborrachado de justicia. Johana reflexiona: “Es crucial dar un enfoque bajo teorías consecuencialistas y deontológicas que permitan un análisis más exhaustivo de la situación”. Y Denise es tajante: “Más allá del aborto sí o aborto no, creo que el trabajo hay que partirlo por prevenir el embarazo adolescente (o no deseado) a través de la educación, educación sexual, mejora de los servicios de salud familiares que están más cerca de la ciudadanía para orientarlos”. Y cierra: “Creo que el debate no ha salido de lo anecdótico y las caricaturas. Ha estado tremendamente marcado por la ideología y la religión. Creo que no se ha abordado con el impacto y profundidad que debiera tener una política pública, sobre todo una política de salud pública”.

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Publicado en El Telégrafo (4 de julio de 2015)

Captura001317«Alabado seas, mi Señor», cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos: «Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba». Con estas palabras arranca el Papa Francisco su segunda encíclica titulada «Laudato si’» («Loado seas» en su traducción) y aludiendo directamente al Cántico de las criaturas: Fonti Francescane. No es de extrañar que Francisco I haya escogido estas palabras porque, donde unos ven un reconocimiento a la ecología, otros podemos ver un gran mensaje en torno a un tema con una personalidad propia y sin olvidar… a esa gran olvidada: la mujer. Y es, justamente, en ese arranque donde empieza a hablar de «hermana», «madre bella», «madre tierra»… refiriéndose a la Tierra, a la naturaleza. Todas mujeres, todas femeninas. La comunicación de su mensaje, ¿en femenino?

Si buscamos en el propio texto de la encíclica la palabra «mujer» como tal, encontramos tan sólo dos referencias. La primera relacionada con «el hombre y la mujer del mundo posmoderno» que «corren el riesgo permanente de volverse profundamente individualistas». La segunda, se refiere a «María, la madre que cuidó a Jesús» y que «ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido». Y sigue: Es la «Mujer “vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”». En la primera, el uso de la palabra mujer, más allá del sentido del texto y el mensaje en relación a las consecuencias de un posmodernismo, es la huida de la palabra hombre como genérico, situando la mujer en el lugar que le corresponde, quizás. En la segunda alude a la madre de Dios, que aparece como fiel protectora y Francisco I invita a que le pidamos a ella, a una mujer, «a que miremos este mundo con ojos más sabios».

En septiembre de 2013, la pregunta que se hacía algún que otro medio de comunicación incitado por las opiniones vertidas del Papa era… ¿una mujer cardenal? El reto de la igualdad es un hecho, también en la Iglesia porque «la Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer», según sus palabras. No es broma: el Papa no sólo sorprende ya con su liderazgo o con sus opiniones, también con sus reflexiones frente a grandes diferencias sociales que son secretos a voces. No es capricho el reconocimiento de la mujer: es justicia y sentido común.

El papel de la mujer en la Iglesia católica es diverso y variado, y son muchas las mujeres que han trascendido el catolicismo dando ejemplo de vida y obra como Santa Teresa de Jesús, Teresa de Calcuta o Santa Ángela de la Cruz. En febrero de 2014, el Papa Francisco afirmó que, las monjas, «son grandes mujeres y pilar de la Iglesia» y advirtió: «¿Qué sucedería si no hubiera monjas? ¿Si no hubiera monjas en los hospitales, en las misiones, en la caridad? (…) ¡Son grandes estas mujeres!».

En otro rol, están aquellas mujeres que, sin ser monjas, su papel es imprescindible en la Iglesia, pero también en la sociedad, principalmente por su gesto voluntario y desinteresado. Son muchas las que, solas, van a misa. No obstante, también hay otras mujeres valientes que se han atrevido a poner encima de la mesa el debate de la eliminación del celibato. En mayo de 2014, 26 mujeres enamoradas de sacerdotes escribían al Papa Francisco con el fin de poner fin a la indefinida discusión sobre el celibato sacerdotal. No son «rivales de Dios» como se las llama, sino mujeres enamoradas de unos hombres que también las aman, víctimas de un amor prohibido cuyo trato no se ajusta con la realidad, por anquilosado. Qué contradictorio, ¿no?, aquello de esconder el sentimiento que más propaga la Iglesia Católica: el amor. Porque cuando el amor triunfa, triunfa en contextos de igualdad.

El Papa Francisco sufre cuando ve a las «mujeres en la Iglesia sólo como servidumbre». Así lo expuso en la convención celebrada con motivo de los 25 años de la carta apostólica de Juan Pablo II  sobre la mujer, Mulieris Dignitatem. Pero… La condición de siervo nunca fue un don porque nunca fue un don el tener coartada la libertad. ¿Podemos advertir un interés por el reconocimiento del papel de la mujer en la Iglesia? Podemos. O esperamos poderlo advertir. Aunque seamos capaces de notar signos en favor de la mujer como metáfora incluso en aquellas palabras que el Papa más quiere subrayar, como naturaleza o Tierra en su encíclica, la gran esperanza de miles y miles de personas es la ruptura por completo del contexto machista que ha rodeado siempre a la Iglesia Católica. Somos testigos de que el Papa ha revolucionado los estilos de liderazgo y que sus opiniones revolucionarias van más allá de la religión. El gran reto está en pasar de las opiniones a las realidades, de las ilusiones a los hechos, del discurso a las verdaderas oportunidades. La devaluación del género femenino nunca fue una opción. Tampoco una opción que se pudiese permitir la Iglesia Católica. ¿Y si la palabra en femenino de Francisco I fuese la palabra igualdad?

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