De Cerca
Condenados
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Hombres. Todos condenados por crímenes. Condenados por hechos que no habían cometido. Todos ellos, según la justicia americana, culpables. Blancos, negros. Da igual el color de su piel. Todos ellos han sido juzgados por la misma mano que dicta. Todos ellos, humanos y, en todos ellos, algo en común: una sonrisa dibujada en sus rostros.
El País Semanal publicaba este domingo en sus páginas un artículo bajo el título “Salvados por el ADN”. Un mosaico de fotografías daba el toque de salida hacia lo que después se ha convertido en una denuncia por la injusticia y la inmoralidad. Son las fotografías de 23 hombres que fueron juzgados injustamente por crímenes que no habían cometido. Según este artículo, el ADN y un grupo de abogados perteneciente a una asociación de Nueva York, Innocence Project, ha logrado recopilar suficientes pruebas como para demostrar la inocencia de decenas de hombres.
Muchos han pasado por el corredor de la muerte. Muchos, han luchado para esquivar la inyección letal. Muchos, no se han rendido. En los últimos 16 años, 232 presos han logrado demostrar su inocencia y han salido de las prisiones de los Estados Unidos después de haber cumplido largos y duros años de condena. Las estadísticas revelan que esto ocurre debido a trabajos judiciales erróneos y a investigaciones policiales que dejan mucho que desear. El racismo es otro de los muchos motivos por los que inocentes van a la cárcel sin tan siquiera saber sus derechos. Y el hecho evidente no puede ser negado: la mayoría de las sentencias dictadas por error afectan a aquellas personas con escasos recursos económicos, que viven en situaciones precarias y cuya educación la han recibida entre una atmósfera de asfalto y niebla. La realidad es que, las sentencias dictadas por error normalmente las suelen recibir los más desfavorecidos.

4 comentarios
luferura
Es por esta razón por lo que dreo que la justicia debe ser severa, no sólocon los reos, si no consigo misma. Los errores suceden y son difíciles de enmendar.
Por la misma razón no creo en la pena de muerte, en este caso el error es imposible de corregir y no existe satisfacción posible.
Podemos decir que estas cosas pasan, y que es vergonzoso que pasen y que siempre le pasen a los mismos. Aunque somos humanos, prefiero que ellos sean los jueces y no las computadoras.
Un abrazo
Carlos
La justicia es ciega, persigue con igual fervor a los desfavorecidos de cualquier color. Algunos son culpables, pero… ¿Y los que pagan por lo que no han hecho?
La justicia debe ser igual para todos, dura e inflexible cuando es preciso, sensible a los cambios reales del reo, humilde con sus errores…
Parece que en la actualidad, en las democracias, en las que ponemos nuestra esperanza, pecan de exceso de contravirtudes…
No se aplica a todos en igual modo. Es dura cuando no es preciso, blandengue y voluble cuando devería ser fuerte. Sensiblera con los canallas, sorda y poco dispuesta a apoyar con los reformados. Tan soberbia y altanera cuando se la cuestiona como huidiza cuando se le ve el plumero, para salir al fin silbando como si tal cosa.
Impunidad es la palabra de nuestro siglo de la vergúenza donde muchas cabezas ruedan pero… ¿Son aquellas que deberian rodar?¿Estan todas las que son y son todas las que estan?
Saludo
Domingo
Obama ha llegado a la Casa Blanca, pero en los suburbios, en los guetos, en las calles, en las cárceles, en los hospitales, en los manicomios, en los bares, quedan todavía muchas batallas por ganar. En Estados Unidos, ser pobre y tener la piel de un color distinto al blanco sigue siendo un handicap. Erradicar la discriminación racial y moderar las desigualdades son, pese a los avances, las asignaturas pendientes de la superpotencia.
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