De Cerca

La comunicación de Las Trece Rosas

Carta de Blanca Brisac a su hijo Enrique. Fotografía de ElMundo.es

Carta de Blanca Brisac a su hijo Enrique. Fotografía de ElMundo.es

POSIBLEMENTE, el olor que desprende un libro al pasar las hojas rápidamente cerca del rostro se identifique con él mismo y con la historia que quiere contarnos a través de esa colección de palabras y puntos seguidos. Y si os preguntase… ¿a qué huelen las “Trece Rosas”? La obra de Carlos Fonseca huele a muchas cosas y todas no cabrían ni en 100 años de historia. Huele a eso mismo, a historia. Pero también a injusticia, a crueldad, a sangre fresca derramada tras un disparo, a sangre ya seca en la tierra que no desaparece. Huele a mentira, a amenaza, a sueños rotos y vidas destrozadas, a ilusiones asesinadas…

“Dionisia Manzanero Salas, natural de Madrid, de veinte años, era el enlace que Federico Bascuñada tenía para estar en contacto con las diversas ramas de las organizaciones en estos últimos días de trabajo clandestino”. Punto y final.

“Anita López Gallego, de veintiún años, natural de La Carolina, provincia de Jaén, es acusada de pertenecer a las Juventudes Socialistas Unificadas y a uno de los grupos de dicha organización formados después de la liberación de Madrid por las fuerzas nacionales”. Punto y final.

“Victoria Muñoz García, natural de Madrid, de dieciocho años, es acusada de ser de las Juventudes Socialistas Unificadas y formar parte de sus grupos clandestinos”. Punto y final.

Trece.

Punto y final. Después vino la muerte.

Fueron condenadas sin una comunicación coherente ni aparente. Silencio y más silencio. Estrategia. Silencio para una sociedada analfabeta (o eso creían ellos de todos…) que no se merecían ni el suelo que pisaban porque… ¿para qué iban a informarles si no era tal su derecho? No tuvieron opción a defensa alguna. ¿Cuáles fueron sus crímenes? Creer que el camino hacia la libertad era otro muy distinto. Centenares de mujeres fueron condenadas, también, sin pertenecer a ningún partido, organización ni grupo político. Y las asesinaron.

Ellas, al contrario, que el tan perfecto régimen franquista, sí emitieron mensajes claros, contundentes. Comunicaron e informaron con la sencillez de lo humano y con la vitalidad de la juventud.

(…) Yo estoy tranquila (y quiero que en vosotros entre esto también) porque el encontrarme en este estado no es ni por haber robado ni matado, sino que es por mis ideas políticas y esto se solucionará rápidamente, porque nuestro Caudillo no persigue las ideas, sino que sabe hacer justicia con aquellos que hayan cometido crímenes y robos, así que madre, no quiero que sufra usted por mí. (…)

Cuán equivocada estaba Dionisia Manzanero, pues la política del Caudillo era más cruel de lo que ella jamás pudo imaginarse. Julia Conesa, a sus 19 años, también fue contundente en sus palabras…

Adiós, madre querida, adiós para siempre.

Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar.

Julia Conesa

Besos para todos, que ni tú ni mis compañeras lloréis.

Que mi nombre no se borre en la historia

Qué así sea.