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“DONDE no existe el silencio” existe todo aquello que sucede, el ruido y el acontecer del mundo real, de la vida. Así es. Por este motivo creé allá por el 2007 “Donde no existe el silencio” un blog que me ha acompañado a lo largo de estos años y que me ha dado muchas alegrías. Un blog que me ha acompañado y que ha crecido conmigo. Ha sido, sin duda, testigo del alcance de muchos sueños.

“Donde no existe el silencio” existen palabras. Simplemente palabras. Con esta herramienta precisa, curiosa y humilde que revolucionó a la humanidad, los periodistas contamos y damos a conocer lo sucedido a esa sociedad que espera expectante. Con la palabra comunicamos y cumplimos con ese servicio social para el que nacimos con eterna vocación. Con la palabra.

Pero para poder contar, los periodistas necesitamos estar CERCA. De Cerca vemos, oímos, vivimos y somos testigo de la realidad para transmitirla. Siempre De Cerca, con la cámara, con la pluma, con la vida… Como De Cerca también lo están los asesores y los consultores, cerca de su político, con él, asesorándole, aconsejándole, redactando con la palabra cientos de discursos que implícitos llevan el fin de transmitir un mensaje. Comunicar. Siempre De Cerca, de su líder, de su institución, de su compañía.

Estar Cerca y , De Cerca, volver y apostar, ese es mi objetivo en este nuevo rincón de la palabra. Arriesgar. Abrir cada vez más ese cajón de la profesión periodística y de la comunicación, de la información política y de la comunicación política.

Por vocación y devoción, De Cerca estaré, para informar, para comunicar…

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ÁNGELA PALOMA MARTÍN | Madrid

A Dios rezando un instante. O mucho tiempo. Sólo ella sabe si estaba rezando…

El pelo lo llevaba Angela Merkel como siempre, sencillamente peinado mientras las mechas más claras sobresalen sobre su frente. Esas cejas pequeñas, expresaban lo justo y necesario. Así, caídas, lo justo y necesario. Ya las arrugas asoman en su rostro, en sus ojos. En esos ojos que no miraban hacia delante en ese instante en el que ella anunciaba lo peor, o lo mejor a largo plazo, según se mire. Porque todo es cuestión de cómo cada cual lo mire. Pero ella no miraba en ese instante. Sus ojos hacia abajo clavó como quien observa el quehacer de una mosca con detenimiento. Y su boca es todo un poema, o un poema necesitaba ella para que lo anunciado sonase más romántico, mejor, quién sabe. Difícil hacer suave el mensaje de los recortes de toda una Alemania. Así es, de toda una Alemania. Y qué decir de su boca, de esos labios rojos a punto de moverse. Sin duda, los pliegues de su boca parecen perdurar toda una vida como cataratas escurridizas que se han alojado ya en su rostro sin ganas de desaparecer. Pero, ¿cómo van a desaparecer? No. Y menos ahora que no quiere quedarse sola.

A Dios rezaba en ese instante, o vete tú a saber a quién rezaba mientras lo anunciaba. Tenía las palmas de sus manos juntas, alzadas justo en frente de ese gesto incuestionable que hace el rostro. ¡Qué cosas dice el rostro! No dicen sólo cosas. Lo dicen casi todo. Casi todo comunica el rostro en un instante. Y las manos no las separó, las necesitaba para decirlo, para hablar, para comunicarlo. Para lanzarse y desahogarse.

Y puede que a Dios rezase. O pidiese al devenir del tiempo. O a ese amigo galo con quién discute y luego se reencuentra a escondidas como enamorados. Discute y luego se reencuentra. Juntos no funcionan. Imposible. Y ella lo sabe. Pero vivir separados sería surrealista. Tampoco viable. Ellos lo saben.

De modo que ahí está, quieta de rojo, rezando. O esforzándose. O dudando de esta Europa que sale y que no sale, que sale y que no sale de este pozo maldito…

¿Dudando? Puede, como dudamos todos de esta Europa. Pero sí comunicándolo todo en ese instante.

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ÁNGELA PALOMA MARTÍN | Madrid

HAY cartas que, aunque cortas, lo dicen todo. En plenas vísperas de una huelga de funcionarios, recibo estas palabras conmovedoras. Porque la preocupación es la compañera de cama hoy de cientos de personas en nuestro país.

En esta carta hay palabras que comunican. No me cabe duda que comunican. Y que lleva implícita muchos mensajes. Mensajes políticos, sociales, económicos y morales. Ella las escribió, quizás, para ser más consciente aún de la situación. O puede que lo hiciera para que el tiempo no borre este momento del que habrá que reírse algún día cuando todo pase…

Su autora es Sara, una chica de 41 años (chica, sí, imposible llamarla mujer con esa cara y cuerpo de niña que tiene). Su autora es Sara, que a los 34 se quedó viuda y al cargo dos hijos como dos soles. Cada día hace 260 kilómetros por carreteras manchegas para ir hasta Almadén desde Argamasilla de Calatrava. Allí está el ambulatorio donde trabaja, sin plaza fija, como administrativa. 260 kilómetros cada día, haga frío, calor, llueva o nieve. Y cada día va y viene sin desatender a sus hijos porque las oportunidades en estos tiempos escasean… Porque hay trenes que pasan una vez, y ella lo sabe bien.

Estas, sus palabras, las que recibí en plenas vísperas…

“Palomita, espero que esto tenga solución, es cíclico y cada “x” tiempo se pasa alguna crisis. A ella (su madre), que es positiva,  le pregunto. Dice que sí que “verás como lo solucionan”; pero a qué precio, siempre pagan los mismos. ¿Porque no se recortan ellos? Sabes lo que han mal gastado, mal gestionado y ahora que la hucha la han vaciado, nos piden un poquito a cada uno de los ciudadanos para volver a llenarla. Y vengan de nuevo «los que sean» y vuelvan a mal gastar y a mal gestionar. Sinceramente me da miedo, aunque me siento privilegiada de ser mileurista, solo tengo una meta y lo sabes… mis hijos.. mi familia lo demás es secundario y tú lo sabes. Muchos besitos”

Como el caso de Sara, muchos…

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