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YA nadie duda de que la informática y la política es un matrimonio consolidado incuestionable en el siglo XXI. El siguiente paso es que las personas que conviven con él entiendan el lenguaje en el que se comunican. Porque es un lenguaje de apertura, transparencia y de nuevas oportunidades. En este nuevo número de Campaigns & Elections, analizo, junto con un informático de calado y consultor de innovación, Miguel Ángel Blanco, este matrimonio en la sociedad de hoy.

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QUIZÁ no. No sugeriría al asesorar una cortina de humo en estos tiempos. Quizá sea utópica, o como Soledad Alcaide, periodista de El País, me comentó también, purista. Pero los tiempos que corren necesitan de respuestas, de soluciones, de temas bien gestionados, pero sobre todo bien comunicados. Esta sociedad necesita de apertura, de transparencia y de accesibilidad. Aguirre quiso ser eso mismo, humo. Humo cuando habló de fútbol. Un humo espeso que durase y perdurase para ganar tiempo hasta encontrar alguna respuesta o alguna solución frente a los temas que le acechan a la Comunidad de Madrid, el déficit, Bankia, la educación.

En este artículo comenté que el discurso ironizador es el que se dedica a socavar versiones. Y lo que hizo ella en ese preciso momento fue eso mismo: ironizó utilizando el llamado “discurso de la conveniencia”. Tenía un tiempo, un mensaje, un público y el altavoz perfecto. Tenía un objetivo claro, una intención y la oportunidad de multiplicar la audiencia gracias al fútbol. Y lo hizo. Pero no gestionó bien una parte de su público: el político.

A día de hoy nadie duda de que Esperanza Aguirre, tal y como he afirmado en más de una ocasión, es un plan de comunicación andante. A partir de ese trabajo basado en la proyección, ha generado una fortaleza incuestionable que se ve reflejada en las urnas a pesar de su gestión política. Sus palabras, el diagnóstico del contexto, los medios de comunicación, el receptor… El espectáculo y el escenario… Todo medido al milímetro por y para ella.

Soledad Alcaide publica hoy en El País El arte de cambiar de tema (y atraer la atención). Un artículo en el que analizo, junto con Pau Canaleta y Yuri Morejón, el comportamiento, la estrategia y las tácticas de este plan de comunicación andante. Sin duda, no tiene desperdicio…

Comparto el artículo en PDF.

 

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“(…)  solo un ciudadano bien informado de los asuntos públicos puede comprometerse con el desarrollo político y social de su país. Sólo un gobierno radicalmente transparente puede ofrecer a los ciudadanos suficientes datos de su gestión como para  que estos puedan opinar y participar con conocimiento de causa y criterio”.

 

ESTAS son las palabras que César Calderón escribió en el libro Otro Gobierno. Unas palabras cada vez más presentes en los ciudadanos de éste país aunque jamás hayan leído este libro ni esta cita en ningún lugar.

Así es, no es lo mismo seguridad que soberbia. Y aunque Soraya Sáenz de Santamaría quiera proyectar seguridad en sus palabras, lo que interpreta la sociedad es una soberbia grandilocuente. Un liderazgo con apetito a más para que sus palabras no sean pisadas. Hoy la veíamos en el Congreso responder con soberbia. Un Gobierno “que informa y reforma, pero, sobre todo, dice la verdad”. Ole. Eso ha respondido al banco de la oposición. Y lo ha dicho con soberbia a pesar de que la prima de riesgo esté en los más de 530 puntos, a pesar de que negó saber la cuantía que el Estado pagará por el banco de los populares y se supiera horas más tarde, a pesar de que callan a Ordoñéz cuando quiere hablar de Bankia, a pesar de que el mismísimo presidente, Mariano Rajoy, haya reconocido los errores de comunicación en su Gobierno…

Soraya tiene apetito y lo muestra ante una sociedad con más apetito aún, pero de hambre, no de poder. La seguridad confidente a Soraya le viene pequeña últimamente al dar la noticia cada viernes de dolores, algo que no controla ni en el tono de su voz, ni en la proyección de su propia imagen. Quién sí se muestra segura es la sociedad. Segura de lo que quiere, segura de que cada vez más va quedando un poco menos. A pesar de que hayamos dejado de soñar, tal como reconocía ayer la filósofa Adela Cortina.

Atrás quedó la Soraya luchadora por el sueño, la joven política con carrera brillante, con un compromiso social y madre primeriza. Su papel en estos tiempos lo está jugando con la soberbia que no le corresponde y no le ha de pertenecer. Y de negro. Sólo la crisis puede reconvertir su comportamiento. Pero en ella está el identificar lo que es la seguridad para afrontar el gravísimo problema que padecemos, o elegir el comerse son soberbia hasta a sus propios electores.

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