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Diario de campaña. El balance

Publicado en BEZ el 19 de Diciembre de 2015

Dicen que las campañas electorales las ganan los que menos errores cometen. Y puede ser cierto en función de qué circunstancias. De estos quince días de campaña se han aprendido muchas cosas, como también de los días anteriores previos a la campaña electoral, puesto que la precampaña tuvo mucha fuerza y empezó a generar muchas expectativas antes de tiempo. Justamente una de las cosas que se le pueden achacar a estar campaña electoral es no haber gestionado en buena medida las expectativas. El halo de dinamismo que ha despertado el hecho de que varias fuerzas políticas estén disputándose estas elecciones, ha generado una expectación de un cambio radical que, creo, no ocurrirá.

El 20D presentará un cambio estructural, pero no radical, sobre todo en lo que se refiere a las estructuras de los partidos políticos. Ese cambio que una buena parte de nuestra sociedad espera, pero no ocurrirá cuando no hay mayorías definidas. Y más aún cuando ya hay declaraciones obvias de pactos y apoyos, como en el caso obvio de Rivera, que no impediría que Rajoy volviese a ser presidente del Gobierno. Ojo con las condiciones. Vamos a descubrir una nueva identidad social en España después de las elecciones, un nuevo comportamiento de voto frente a la nueva oferta electoral, frente a los que se presentan como “nuevos” y frente a los que se presentan bajo las siglas de los partidos tradicionales. Y la esencia de esa nueva identidad social vendrá de aquel voto que no es indeciso, sino impreciso. Llamemos a las cosas por su nombre. Después de estos 15 días, es posible que el electorado esté más despistado que al principio de campaña electoral.

Una de las grandes lecciones que nos deja también esta campaña es que el futuro de la comunicación política no va a pasar única y exclusivamente por las campañas electorales ni por el momento de las elecciones. Si no se es estratégico, eficaz, práctico, humano y sensible a los problemas sociales durante la legislatura, se ocupe el lugar que se ocupe como partido, no habrá una gran historia que contar después como para impulsar una campaña fuerte y decidida, y con una probabilidad menor de cometer errores. Y, sobre todo, una campaña coherente con esa historia previa que se ha construido.

Sinceramente, aún hoy podemos percibir que los partidos políticos no comprenden que los ciudadanos no comprenden a los políticos, no comprenden los pasos que dan tan efusivos en campaña electoral para luego dejarlos “abandonados”. No comprenden lo que dicen cuando les hablan de tantos y resulta que sus problemas son suyos y solo suyos. Se percibe una incomprensión social por parte de los políticos, sobre todo después de no haber existido grandes sorpresas en los discursos electorales. Si hay un reto que alcanzar en política y en comunicación política, ese el de los discursos políticos y el los discursos en campaña. Aún hay mucho vocabulario técnico y palabras poco comprensibles en contextos poco convenientes. Falta aún mucha sensibilidad en las palabras que emiten nuestro políticos en este país. El partido quizás que más ha aprovechado esa sensibilidad y esa cercanía en las palabras ha sido Podemos. El que mejor ha gestionado las palabras en imágenes más humanas y cercanas ha sido el PSOE. Ahora bien, si ha habido una innovación especial en esta campaña electoral ha sido la innovación técnica por parte de los equipos de campaña, desde las redes sociales, hasta los nuevos escenarios micros y macros. IU ha dado una lección.

El partido más tocado ha sido Ciudadanos, puesto que no ha parado de recibir golpes. Veremos si el voto femenino perdona que quiera acabar con las penas específicas por violencia de género. El voto femenino en estas elecciones en España tiene mucho y todo que decir porque son muchos los derechos que hay que defender. Un retraso en términos de igualdad no es posible. Ningún retroceso es posible ni discutible en término de igualdad ni de violencia machista.

Del voto abandonado, mucho que decir también porque muchos son los que mirarán desde lejos urnas llenas de votos que no serán los suyos. Casi dos millones de personas se han tenido que ir a vivir fuera de España, muchos por una necesidad urgente de supervivencia. Y a pesar de que estas personas han sido muy recordadas en los discursos en estas elecciones, no podrá votar el 95% de ellos. Pero ellos tienen amigos, padres, conocidos… que sí podrán hacerlo. La influencia de los emigrantes sobre los suyos será determinante.

A pesar de los errores del Partido Popular, en esta campaña no han tenido ni frío ni calor. Todos esos errores han sido bien gestionados política y comunicacionalmente: ya poca gente se acuerda de los carteles de Soraya por las calles, del debate al que no quiso ir y que lo protagonizó ella misma, de su error en el atentado de Afganistán y de la agresión que recibió en pleno paseo en Galicia. Bueno, de esto sí nos acordaremos. Pero a pesar del golpe, parece que es inmune: no recibe apenas arañazos por sus desacertadas equivocaciones.

Esta campaña electoral ha estado marcada por los datos de las encuestas. Unos datos que han dado motivo de disputa, debate y preocupación. Pero hay otras encuestas que no hacen ruido, y que podrían ser determinantes, como ha ocurrido en otros países. Son los datos de Google y el comportamiento de la ciudadanía al buscar uno u otro candidato. Es el efecto de Google en política, como diría Antoni Gutiérrez-Rubí, predictivo, posible, importante. ¿Decisivo? Veremos.

Decía el periodista Jon Sistiaga que “ninguna guerra se parece a otra”, como ninguna campaña electoral se parece a otra. En esta, mientras nuestros candidatos han tenido mucha más presencia en las redes y en programas de televisión más cercanos al show, buena parte de la sociedad ha decidido mantener la sonrisa a través de la creación de memes que ridiculizaban a nuestros políticos. Cualquier excusa parecía buena para hacerlo. Sintomático. Y a la vez simbólico.

Dice Mariano Rajoy que un plato es un plato. Como también un dato es un dato. La pena es que sus cuentas no le salen a la mayoría de la sociedad.

Veremos si el domingo les salen las cuentas a todos.

DIARIO DE CAMPAÑA

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Diario de campaña. Día 15: El final

Publicado en BEZ el 18 de Diciembre de 2015

¿Son decisivos los últimos minutos de campaña electoral? No. Decisivos, no. Pero sí oportunos. Ninguna campaña electoral es un mero trámite. Hay partidos políticos que salen “tocados” después de la campaña por varios elementos, algunos salen reforzados y otros aprovechan más las oportunidades. Sobre todo cuando la indecisión del voto se trata más bien de una imprecisión en la decisión del voto del electorado.

En estas elecciones ha habido pocos factores externos que hayan influido contundentemente en los electores para decantarse de manera definitiva. No han existido factores que hayan impactado de manera decisiva en la vida de los ciudadanos como para reaccionar con contundencia. Y es improbable que ocurra el último día de campaña. No obstante, en los últimos momentos, los equipos de campaña perfilan las últimas ideas, las últimas pistas, las últimas notas, las últimas decisiones… Nada será decisivo. Pero todo se convierte en una oportunidad.

 

Los minutos finales

La gestión del tiempo político es la gestión de las ideas para los golpes inteligentes. Ya no queda tiempo para innovar, pero sí para destacar. Ya no queda tiempo para hacer más de manera diferente, queda tiempo para hacerlo bien, mejor, y hacer que se convierta en trascendental y memorable. Desde bien temprano los candidatos arrancan con sus agendas electorales, que suelen ser más agitada que la de ningún día. Y en cada acto, encuentro o actividad, van con las palabras indicadas en el momento preciso. Cualquier lapso de tiempo, por imprevisto que parezca, puede ser una oportunidad. Por ello suele también existir una máxima tensión no tanto por parte de los candidatos, como por parte de los equipos para que todos salga bien.

 

El discurso final

Los actos finales de campaña tienen un motivo de movilización de voto importante, pero también de fidelización de los mismos o de inmovilización del adversario. Pedro Sánchez cierra su campaña electoral con un gran acto en Fuenlabrada, Pablo Iglesias lo celebrará en Valencia, como Mariano Rajoy, Albert Rivera lo convoca en la Plaza Santa Ana de Madrid, y Alberto Garzón celebrará su fiesta final de campaña en Getafe. Lo que digan importará. No será decisivo, pero estará pensado para influir. Las palabras sumarán, así como el día a día de campaña electoral y cuyo resultado debe ser una gran historia que contar. Los candidatos deberán ser más precisos, y deberán controlar más el tono y la voz. Provocarán a la retórica para realizar una llamada audaz al electorado. Deberán brillar en el último minuto de gloria que será también el último minuto de paz.

 

El último llamamiento al voto

La gran protagonista del último llamamiento al voto será la energía. Deben tener reservadas las suficientes como para abordar toda la agenda, llegar en buen estado de ánimo y volcar todo lo que les quede en hacer un llamamiento decisivo. Además, no sólo el candidato aprovecha esta oportunidad. También los equipos de campaña, todos los militantes y voluntarios de base, realizan un llamamiento al voto personal a través de diferentes formatos y herramientas, que pasan por vídeos, mensajes de whatsapp, correos y DMs en Twitter y mensajes privados en Facebook… La partida no está echada del todo y saben que mover una ficha también puede sumar. Aquí, cada agrupación, asamblea o territorio, cuenta.

 

Los últimos vídeos

Los equipos de campaña tienen mucho y todo que ver. Las ideas fluyen de manera colectiva, dibujan guiones en función de la evolución de la campaña y generan nuevos contenidos virales con la esperanza de poner toda la carne en el asador cuando ya está todo echado. No es un grito a la desesperada, son las últimas ideas de quiénes no tienen nada que perder y lo tienen todo por ganar, aunque ganar no sea el objetivo final de campaña de todas las fuerzas políticas. No nos equivoquemos. Las dificultades en este tramo de campaña son muchas, porque ya sólo les queda un último mensaje que emitir, y ese mensaje debe tener como principal recurso la humanización, el sentimiento, la emoción.

 

Los últimos hashtags

Twitter tendrá un papel especial el último de la de campaña. Desde el primer instante, la guerra de hashtags será la que marque el ritmo del día según quiénes y como participen. Seguramente se vea escenificado un gran equipo con músculo fruto de muchas horas de reflexión y pensamiento, también de organización y coordinación. Seremos bombardeados por una nube de hashtags que utilizarán todas las fuerzas políticas y candidatos. Y la utilización de estos hashtags definirá, al final del día, el resultado de una posible foto electoral previa a los resultados oficiales.

 

La última oportunidad

Cuando se le pregunta a la maestra y consultora política mexicana Gisela Rubach, por esta campaña , se sincera comentando que no se ha destacado un mensaje concreto y por candidatos que abandere ese cambio de era. Tampoco ella ha visto reflejado ningún eje estratégico diferencial. Y considera que las cuestiones internacionales han sido abandonadas del discurso político de candidatura. La última oportunidad de esta campaña electoral es esta, es ahora, es hoy. Es en este instante cuando caben todos los agradecimientos posibles a cada uno de los equipos que han trabajado en cada una de las fuerzas electorales.

 

Para los candidatos, la última oportunidad es ahora. Ya no habrá espacio para el mañana, o sí, pero no de la misma manera. Antaño, el remate final en la guerra, o el golpe final de un duelo, eran necesarios para decantarse o elegir de manera definitivamente al líder que sobrevivía. Al líder más fuerte. En este instante, no seremos testigos de ningún golpe final simbólico puesto que, para avanzar, será necesario el cruce de decisiones e intereses de más de una fuerza política, la imposición de condiciones y la colección de negociaciones a posteriori. Esta batalla es de ideas, no de fuerza.

Quince días después del inicio de la campaña electoral se puede llegar a percibir que la sociedad española está más despistada que al inicio de campaña. En el último minuto, ya no queda instancia para la indecisión, pero sí para la imprecisión. La duda aún está presente. El próximo 20 de diciembre nada será lo que parece, tampoco lo que quizás nos hayan contado. Pero todo puede llegar a ser posible.

 

“El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”

Victor Hugo

DIARIO DE CAMPAÑA

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Diario de campaña. Día 14: Garzón y la comunicación

Publicado en BEZ el 17 de Diciembre de 2015

Alberto Garzón es ese joven que una vez publicó tres libros para hablar de terceras repúblicas, estafas y escaños. Es aquel joven que una vez pudiste escuchar en la radio cualquier domingo más allá de las nueve de la noche mientras conducías y el que a golpe de marcha pegaba con argumentos utópicos a un Gabriel Elorriaga y a un Edu Madina. Alberto Garzón es aquel muchacho que intervenía en el Congreso de Los Diputados e introducía sus primeras palabras diciendo que no se andaba con rodeos y que desde el primer momento decía lo que pensaba.

 Si hay algo que destacar de este joven líder es su audacia y su determinación al transmitir el propio convencimiento que él tiene de ese nuevo país que presenta a los ciudadanos en estas elecciones. Es más que evidente que percibimos al líder de Unidad Popular-IU con escasa visibilidad. La tarta se la han repartido ya unos pocos mientras él presenta un emotivo spot de campaña para advertirles a los otros de que no está solo. ¿Qué demuestra también con este gesto? Valentía.

Ante la falta de espacios, debates o cara a caras con sus homólogos, Garzón ha actuado con inteligencia, aprovechando la oportunidad de la comunicación directa en las calles y en las redes, y contando en las redes lo que pasa y lo que le pasa en las calles. Hace cosas pequeñas para llegar más lejos. Hemos visto un ejercicio de transversalidad en su comunicación para demostrar, también como el resto, músculo y apoyos para ganar esos votos que podrían ser de Podemos o podrían ser del PSOE. Cuando él dice que no está solo pone de manifiesto que son, que hay y que pueden ser muchos más. Pero como más pueden ser también los votantes del resto de fuerzas políticas. La diversidad de la oferta no nos deja ver con claridad y no nos deja pensar con la suficiente reflexión aunque tengamos decidido de antemano a quiénes no vamos a ir a votar.

La gran fortaleza de Alberto Garzón se ha caracterizado por estar ampliamente en todos los espacios posibles de participación digital, desde Change a Twitter. Cuando se tiene todo por ganar es porque nada queda por perder. Uno de los ejemplos lo hemos visto representado el pasado 7 de diciembre. Mientras veíamos un debate entre los principales candidatos acompañados de Soraya Sáenz de Santamaría, Alberto Garzón interactuó generando un halo de atención inesperada con tan sólo la publicación de un tweet, el que se convirtió en ganador de ese debate –aunque en otro espacio. Escribió: “¿Os está gustando mi intervención? Es lo que tiene la democracia, que está a régimen”. Los retweets superan ya los 23.833 y los “me gusta” superan los 17.000.

Otra de las claves de su comunicación es la visibilidad que le da al equipo de trabajo y redes sociales. El hashtag #LaCueva visibiliza ese trabajo prácticamente acción por acción. Incluso, desde la cuenta en Twitter de Izquierda Unida, ellos mismos se dan protagonismo contagiando el ánimo con el que arrancan su trabajo mediante gifs con humor. Por cierto, un secreto: las campañas no las ganan los candidatos, o no sólo, las ganan los equipos de campaña. Aunque bien es cierto que cuando se pierden, la responsabilidad recae -de manera cuestionable- únicamente en el candidato.

Percibimos y vemos el resultado de la creatividad electoral, pero en pocas ocasiones nos cuentan cómo se ha llegado a la idea, cómo se ha producido y quiénes han participado. Cuando conocemos lo que hay detrás, percibimos de una manera diferente y logramos sentir más o menos en función del grado en el que aceptamos lo que vemos. La campaña de Garzón también ha apostado por la comunicación del proceso de sus acciones, por el making of de sus vídeos o sus actos, dando la oportunidad de que percibamos algo distinto por otro candidato –aunque sólo sea en los espacios digitales.

Garzón nos tiene acostumbrados a comunicar de una manera diferente, desde su videoblog hasta sus reflexiones al atardecer en su web. El perfil de Facebook lo ha convertido en una dosis de optimismo traducido en un diario emotivo de campaña. Además, cualquier factor extraordinario, así le entreguen un gato en mitad de un acto, lo traduce en una oportunidad para compartir en otro espacio del que espera también aceptación, como Instagram.

Garzón ha comprendido muy bien la liga en la que está en estas elecciones, la situación en la que se encuentra y las oportunidades que tiene. Ha jugado al combate del realismo, no del oportunismo. Garzón ha construido el relato de que es un candidato nuevo dentro de una fuerza política con tradición y pasado. Vienen de muy lejos, alega, y por eso celebra incluso el 113 aniversario del cumpleaños de Rafael Alberti, por ser, como dice, uno de os suyos. Es como si quisieran hacernos pensar que ya tienen la costumbre de luchar por países nuevos.

¿Y por qué no hacer otra campaña en estas circunstancias? Los jóvenes son su mayor objetivo en estas elecciones, así como el voto tradicional, el de siempre, el de los que lucharon. El trabajo en equipo, coordinado, organizado y creativo, es la fortaleza de Alberto Garzón. No creen que se puede. No seamos ilusos. Creen que podría llegar a ser posible.

DIARIO DE CAMPAÑA

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