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Quito. Ecuador

30 de junio de 2015

 

Mi querida Manuela,

 

No son pocas cosas las que las mujeres de Madrid, que viven Madrid, que viven en Madrid o que tienen un espacio de su vida allá aunque tengan que viajar esporádicamente a miles de kilómetros, te dirían. Te dirían muchas cosas, estoy segura, porque son muchas cosas las que hay que cambiar de un Madrid que parece que despierta de un letargo, o no, veremos, dinos tú, querida Manuela. Y cada mujer, como bien sabes, es un mundo. Un mundo diferente, con sus climas y sus tiempos, con sus montañas y sus mares, con sus bares y sus vidas, con sus hijos o sin ellos. Pero en esta carta, que nace desde lo más profundo de un sentimiento y una necesidad, se centra en aquellas mujeres que estamos solas en Madrid, que vivimos solas en Madrid, que nos movemos solas en Madrid y muchos de los servicios de Madrid ahondan más es una soledad que, en muchas ocasiones, es irremediable.

Somos muchas las mujeres que pagamos un alquiler en Madrid a precio de vida entre manteles bordados en oro. Quizás seamos menos las que con suerte podemos decir que tenemos un trabajo, aunque nuestros sueños, el sentido de la prevención –vamos a seguir haciendo y estudiando por si acaso nos quedamos sin él, sin el trabajo- y ese instinto inaudito de querer cambiar el mundo nos lleve a trabajar más de 24 horas del día. Doy fe de que el día puede tener más de 24 horas. Y si tienes salud pues… es porque tienes una bendita estrella en el culo. Una estrella en el culo que te has ganado a base de trabajar gratis durante años, de vivir y buscar oportunidades en otros países, de demostrar con ahínco aquello que crees que mejor sabes hacer, y a base de ser becario durante años en un momento en el que ser becario indefinido, estoy segura, se planteaban las empresas para que fuese legal. Pero… hay mujeres que no tienen nada, y lo poco que tienen puede ser arrebatado a base de impuestos y malos servicios.

Uno de esos malos servicios, por ponerte un ejemplo mi querida Manuela, es el Servicio de Estacionamiento Regulado (SER). Si pagas alquiler a peso de oro es obvio que evites pagar otro alquiler más para el garaje y tomes la decisión de dejar a tu coche con más de diez años de patitas en la calle. Vas a la oficina del SER, después de empadronarte, registrar el vehículo en el Municipio… etc. –más de un día de trámites que tienes que pedir libres porque como estás sola en Madrid no le puedes pedir a nadie que lo haga, evidentemente, y como funcionan tan bien los servicios de Madrid, cada edificio está en una punta de nuestra maravillosa ciudad-. Nada… todo cerquita, ya sabes Manuela. Una vez gestionado lo previo, pasas a lo secundario: pagas “tu año”, pongamos por ejemplo que empezaste a pagarlo en abril del año pasado y, para variar, y para que no puedas reclamar, no te dan un justificante ni nada que se le parezca donde ponga que es hasta el 25-26 de enero del año 2015. Porque… ¿sabes? Es que la normativa cambia, según los funcionarios del SER, y no les da tiempo a avisar a los ciudadanos –antes, al parecer, el mismo 1 de enero te jodían-. Pues bien, pagas tu año de estacionamiento, te dan el “distintivo” y por cosas de la vida –ja, ja- el distintivo no tiene ni por delante ni por detrás escrita la fecha en la que termina el servicio y en la que está permitido estacionar en la zona concreta según vivas, claro. Tampoco la letra pequeña y tampoco la evidencia de los grandes números que protagonizan el maravilloso distintivo verde. Como el ser humano es de por sí inteligente, creo, o no, pues tú piensas: si he pagado un año y pagué en abril, pues evidentemente mi servicio termina en abril de 2015. ¿No? Pues no.

En esto que vuelves de Barcelona en tren un día cualquiera de enero y con lluvia a las 10 de la noche después de pasar una semana intensa de trabajo y te pasas a ver cómo está el coche que se ha tirado a la intemperie todos esos días soportando la inclemencia del tiempo madrileño. Y ves cómo hay acumuladas 5 multas en tu parabrisas y pegadas contra el cristal, cinco pobres papelitos, de ese mismo día del SER, la letra corrida, todos mojados y a punto de romperse. 5 multas de 90 euros nada menos. El shock que te da en ese momento bajo la lluvia y cargada de bultos es poco más que mearse encima de rabia al sentir que tantos días de trabajo y noches en vela se van a ir por la misma alcantarilla que suena en ese momento al golpe con la lluvia que no cesa. Recoges todas las multas, intentas entender qué ha pasado, subes a casa corriendo, sueltas todo lo que llevas encima, empiezas a sacar los recibos del pago del SER que hiciste en su día y empiezas a buscar una explicación a la par que una respuesta. La respuesta no llega en ese momento. Tampoco al día siguiente. Llamas al 010 y te dicen que llames a la policía al 112. El 112 te da el teléfono de la policía y la policía te da otro número de contacto de una comisaría. Y esa comisaría te remite al 010. Y así… pasa más de una hora. Pero no logras entender por qué te multaron por carencia del distintivo, como rezaban las multas, si el distintivo está pegadito contra el cristal. Y empiezas a sospechar que estuviera caducado, ¿caducado? ¿No era un año?

Al día siguiente te levantas temprano y coges el coche para llevarlo a 250 kilómetros a casa de tus padres, lejos de la mano inclemente del SER y donde no te lo pueden multar más, lejos de la mano amenazante de quienes ponen multas como si no hubiese un mañana. Y digo yo… si el coche sigue en el mismo lugar y lo han multado más de una vez, ¿no han pensado que no sigue ahí por capricho? ¿No han pensado que quizás el dueño no esté? ¿Y si el dueño ha muerto? Pues pagan los herederos –me dijo un día un funcionario sin coger aire siquiera… Como es lógico, si esa mujer hubiera estado acompañada o hubiese alguien cerca, el coche se retira de inmediato. Como no es el caso y nadie te puede avisar, ni siquiera el propio Ayuntamiento al que le pagas un servicio, pues te han jodido viva.

¿Y qué hace una mujer cuando lo único que tiene es el trabajo por el que luchar? Pues se informa en la página de Madrid, después de estar más de una hora navegando y dar con una dirección donde preguntar después de pedir una cita previa, que en ningún caso es inmediata así tengas una urgencia. Y vuelves a pedir permiso a tu jefe para perder un día más de tu tiempo, de tu vida y para perder del todo la paciencia. Y vas a la calle Albarracín, 33, Planta Baja 28037 Madrid, en metro claro, parada García Noblejas –recuerda que tu coche está en casa de tus padres-. ¿Y qué te dice el funcionario? Que pagues. ¿Pero por qué? Porque el distintivo era hasta el 25 de enero y está caducado, lo ponga el distintivo, o no, lo ponga el justificante que te dieran al pagar, o no lo ponga. No lo ponía ni el distintivo ni el justificante. Y, evidentemente, el Ayuntamiento de Madrid no tiene ninguna obligación de informarte, ni de avisarte. Te jodiste. Que pagues de inmediato porque pagarás la mitad de lo multado, sobre todo en el caso de que en breve tengas que saltar el charco e ir Lationamérica por trabajo, lejos de tu vida y tu familia, para luchar por tu trabajo, para vivir tu trabajo y tus sueños, para defender tu trabajo y seguir viviendo de él. ¿Y el Contencioso? Ja, ja. El Contencioso te responderá en dos semanas con una carta a tu domicilio y, de no responder, pierdes. Y, si pierdes, te toca pagar los gastos jurídicos más las multas enteras, porque ya habrá pasado el plazo para que te las puedan reducir a la mitad. ¿Y cómo vas a responder a las cartas que lleguen a tu domicilio si estás sola y no vas a estar, si nadie va a coger las cartas, si nadie va a responder a las cartas?  Y pagas. Pagas aun teniendo las pruebas de que el Ayuntamiento de Madrid está en el error. Es más, una semana después llega otra multa a casa, y ya van seis, por lo mismo. Esta última, quizás, se escurriría del cristal del coche. Y vuelves a pedir un día más a tu jefe para ir a la calle Albarracín a pedir explicaciones y por qué unas multas son por “caducidad” y otras por “carencia del distintivo” en el coche, ¡si son del mismo día y en el mismo coche! Las de caducidad eran de menos importe (60 euros, no 90) y el distintivo, según los datos de la última tecnología del Ayuntamiento de Madrid, estaba caducado, pero pegado en el cristal. ¡Señor bendito, cuánta incompetencia! ¿A quién reclamas esto? Y como no puedes reclamar porque no vas a estar en tu casa, porque te tienes que ir a trabajar al Nuevo Mundo en dos días, a ganar dinero para sostenerte pero también para pagar las multas de un Madrid torpe, sangrante e incompetente pues no te queda otro remedio que pagar. Pagar, sentirte como una puta en cama ajena, y huir.

Mi querida Manuela, te escribo estas palabras desde la mitad del mundo y añorando un Madrid al que volveré, te escribo para decirte que las mujeres solas de Madrid nos sentimos solas. Y no es lo mismo estar sola que sentirse sola. Solas porque no hay un municipio que nos ampare, que nos ayude y que nos sirva, así paguemos los servicios. Hay mujeres que no tienen nada. Otras que solo tenemos nuestro trabajo cuyos beneficios vemos que acaban en una injusta, incompetente e inútil administración. Solas aquellas que vivimos para trabajar, sobrevivir y seguir soñando. Servicios que no se adecúan con una parte de la población, trámites absurdos que te hacen perder el tiempo y la paciencia: maldita burrocracia.  Acabemos con ello, por favor. Se necesitan políticas para mujeres, para las nuevas mujeres Madrid, de este Madrid. Te necesitamos.

Dice Marcela Serrano en su obra El albergue de las mujeres tristes que “las mujeres económicamente autónomas y con vida propia estamos cada día más solas”. Y es verdad.

El problema que expongo aquí, hasta con cierta ironía (creo y espero haber inspirado a mi admirada Eva Hache), es real pero absurdo quizás con el hambre y la muerte en vida que experimentan otras mujeres cada día. Porque hay otras mujeres que no son autónomas, que no tienen vida propia, que no tienen nada, que mueren un poquito cada día y que están solas. Solas. Las mujeres que vivimos solas en Madrid nos sentimos solas, mi querida Manuela.

Ayúdenos. Ayudémoslas. Ayudémonos.

 

Ángela Paloma Martín

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Publicado en el Blog de El País, Mujeres (6 de diciembre de 2012)

Hablar de las ‘primeras damas’ en España es hablar de una parte de la vida de nuestros presidentes que poco se ha tocado. Las mujeres de nuestros presidentes han sido, ante todo, mujeres. Y a pesar del poco papel que han representado en la vida política presencial, la de telón, micrófono y escenario, han estado y están ahí, detrás sí, pero presentes. En Estados Unidos, por ejemplo, Michelle Obama no es solo la primera dama. Michelle forma parte de un relato político presente, que se ve y se palpa. Que se siente. Forma parte de la credibilidad y de la confianza que proyecta Obama. Obama es Obama. Pero Michelle con su presencia y sus actos, medidos estratégicamente, también hace política, con mayúsculas. Se implica. Mucho. Y de manera natural. Y participa de manera muy activa. Obama sin Michelle sería otra cosa muy distinta a lo que percibimos que es actualmente el presidente de los Estados Unidos.

Pero las primeras damas en España desde la Transición no han tenido el mismo papel que en otros países. Lejos quedan de ser Michelle Obama, Carla Bruni o Hillary Clinton. La ‘visión’ familiar en nuestro país queda relegada a un segundo plano, sombra inerte en algunos casos. En política acompañan, pero no participan –exceptuando casos-. Están presentes más que ausentes, aunque no lo percibamos. Escuchan más que hablan. E influyen más que actúan. Es un papel de segundo plano que ha ido evolucionando en función del momento político y, por supuesto, de sus maridos… Pero ante todo, de ellas mismas.

AmparoIllana

 

Amparo Illana, la dama que no quiso serlo

Duquesa de Suárez. Mujer vasca y religiosa que acompañó a su marido en la sombra, Adolfo Suárez. Mujer protagonista de un momento histórico en nuestro país, los primeros pasos hacia la Transición. La presidencia de su marido rompió la monotonía de su familia, algo que no deseaba, pero no rompió su discreción. Primera mujer de un presidente que hizo de La Moncloa un hogar. Madre de cinco hijos: Mariam, Adolfo, Laura, Sonsoles y Javier. Era Amante del arte y siempre prefería viajar antes en tren o en barco que en avión. Según Francisco Umbral, tenía un ejemplar y ordenado silencio: “del silencio de su esposa debiera aprender el presidente”, decía. En 1996 se le concedió el premio “Romi Lachi”, que significa “mujer buena”, “por su servicio eficaz y callado en favor de los gitanos”. Murió el 17 de mayo de 2001 víctima de un cáncer contra el que luchó los últimos siete años de su vida.

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María del Pilar Ibáñez Martín, la señora fugaz

Hija de José Ibáñez Martín, conde de Marín, quien fuera ministro de Educación y Ciencia de la España de Franco entre 1939 y 1951. Fue también el primer presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Pilar Ibáñez se casó con Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo el 27 de abril de 1954. Madre de ocho hijos: Leopoldo, Juan, María del Pilar, Pedro, Víctor María, José María, Andrés y Pablo. Fue una primera dama fugaz por el periodo convulso que le tocó vivir entre 1981 y 1982. Pero una dama con un compartido interés con su marido por la política.

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Carmen Romero, la política de zapato plano

 La que fuera mujer del ex presidente Felipe González a lo largo de 39 años, también estaba afiliada al PSOE desde 1968, partido aún ilegal en la época de Franco. Era discreta y sencilla, como Illana, y madre de tres hijos: Pablo, David y María. Pero en 1989, mientras criaba y veía crecer a sus hijos en La Moncloa, no pudo evitar dar un paso más en su carrera política y finalmente salió elegida Diputada por la provincia de Cádiz. Estuvo al frente de su cargo hasta el 2 de abril de 2004. Fue sombra política independiente mientras su marido fue presidente. En noviembre de 2008 se conoció la ruptura del matrimonio, algo que no la frenó para continuar con su carrera política. Desde junio de 2009 es Diputada en el Parlamento Europeo.

 


Ana Botella, la “yo también quiero”

 En 1977 se casó con José María Aznar, presidente desde 1996 hasta 2004. Madrileña pura y madre de tres hijos: Jose María, Ana y Alonso. Mujer de formación religiosa y criada en el seno de una familia numerosa. Es la mayor de 13 hermanos. Pronto entendióAna Botella que los segundos planos sumisos no cambian cosas. Y desde La Moncloa intentó hacer un papel “hillaryniano”. Estaba cuando había que estar, se documentaba y era sombra activa y presente de su marido. Y pronto entendió que “ella también quería”. Ha sido concejala del Ayuntamiento de Madrid desde junio de 2003 hasta diciembre de 2011. Y actualmente es la alcaldesa de Madrid. En el fondo de su corazón sentirá que la política no es fácil, que resolver las crisis no es cuestión de manuales y que las responsabilidades a dedo nunca llegan a buen puerto… 


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Sonsoles Espinosa, la mujer artista

 Sonsoles se casó con José Luis Rodríguez Zapateroen enero de 1990. Licenciada en Derecho como su marido, a quién conoció en León donde ambos estudiaron. Madre de dos hijas: Laura y Alba. Su paso por La Moncloa duró desde 2004 hasta el famoso 20 de noviembre de 2011. Y nunca renunció a su autonomía. Mujer de arte, aunque de poca escena política. Soprano, pero no de alturas discursivas. Sencilla y elegante. Ha sido y es profesional de la música, y colabora con el coro de RTVE. Siempre quiso mantener su vida privada al margen de la actividad pública de su marido y, aunque esto alguna vez se violó, nunca renunció a mantener su independencia.

 

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Elvira Fernández Balboa, Viri, la dulce esposa

 Dicen de ella que es natural y discreta. Es como un vaso de agua del tiempo, que ni frío ni caliente. Es la mayor de tres hermanos y gallega de cuna, como el presidente del Gobierno Mariano Rajoy. Se casó en diciembre de 1996 y es madre de dos hijos: Mariano y Juan. Estudió Ciencias Económicas en Santiago y hasta el momento de la mudanza a La Moncloa trabajaba en Telefónica Contenidos. Su carrera profesional, por el momento, ha quedado aparcada. Cuando Rajoy se convirtió en el sexto presidente de la Democracia, vimos a Virijuntando sus labios a los de su marido, momento en el que se presentó a los españoles como la esposa de Mariano Rajoy, imagen que a él le beneficia y lo naturaliza. Justamente algo que se le criticó a Rajoy en la anterior campaña: no mostrar a los españoles a su “dulce esposa”. Diez años más joven que él, Elvira puede ser el equilibrio que le falte a Rajoy en los momentos duros como presidente. Prefiere la sencillez y nunca aprobó la afición por la vida pública. Como bien acertó Soledad Alcaide, se casó con el enigma.

 

Imagen de Amparo Illana y Adolfo Suárez de EFE, publicada en El País, bailando durante unas vacaciones en Galicia. Imagen en ABC de Pilar Ibáñez Martín y Leopoldo Calvo-Sotelo. Imagen de Carmero Romero en El País, por F.J Vargas. Imagen de Sonsoles Espinosa en El País por Tejederas. Imagen de Elvira Fernández y Mariano Rajoy en El País.

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LA era del cambio se tiñe de luto, sí. En esta crisis ha muerto el ánimo de los más de 47 millones de españoles… Y quizás, por este motivo, no es casualidad que la estrategia de las políticas de nuestro país al escoger la ropa coincidan.  El nuevo estilo de las mujeres y líderes de nuestro país es oscuro…

  • Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta, ministra de la Presidencia y portavoz del actual Gobierno popular escogió el color negro para jurar su cargo. No iba a ningún entierro. Pero para ser el día más importante de su carrera hasta la fecha, no escogió tonos que iluminasen su felicidad. Escogió tonos que pronunciasen su profesionalidad. Ahora bien, quizás no quería ilusionar a los españoles, sino hacerles saber que el futuro más cercano, aún con el nuevo Gobierno del PP, seguiría siendo negro, muy negro.
  • Ana Botella, la nueva y primera alcaldesa de Madrid, el día que tomó posesión, también anunció, con el color más oscuro a los madrileños, que ella era la líder del Ayuntamiento de la capital con un futuro inmediato también muy negro. En el momento en el que más esperanzas necesita los ciudadanos de Madrid, se descartan tonos más esperanzadores. Quizás la mujer del ex presidente español quiera dejarle los tonos más ¿alegres? a la presidenta la Comunidad, Esperanza Aguirre.
  • La ex ministra de Defensa, Carme Chacón, también vistió de negro el día que le cedió la cartera al nuevo ministro, Pedro Morenés. Para ella era un día de luto, sí, porque cedía el cargo que le ha dado poderío y valor en su carrera política. Sin embargo, es un color que impera debido a la responsabilidad que ostentaba y que representa respeto frente a los militares que han caído mientras estaba al frente. Por lo tanto, la pregunta sería… pero, ¿era un día de luto para los españoles más cercanos a este Ministerio? La respuesta es clara…
  • Y, por último, Trinidad Jiménez, la política de Zapatero que ha pasado por dos Ministerios también ganando puestos en el ranking de valoración: Sanidad y Exteriores. Jiménez eligió el negro para la cesión de su cartera al popular José Manuel García Margallo. Para ella también fue un día de luto al perder su cargo, Ministerio que la ha hecho madurar y crecer como política. Negro, por la responsabilidad también que ostentaba. Pero quizás escogió mal la estrategia sobre el día en el que debía llevarlo…

Sea casualidad o no, nuestras mujeres y políticas están de luto como el país que han gobernado unos y que ahora gobiernan otros.

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