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II Seminario alumni, 4 de febrero de 2011. Apmf

ESTAS son las palabras en lainformación.com de Julie Barko, ex directora del Institute for Politics, Democracy & The Internet en la George Washington University y actual vicepresidenta de la consultora norteamericana, DCI Group. Las menciona en un momento clave y estratégico para España, donde cientos de candidatos municipales y autonómicos empiezan a calentar motores, algunos más que otros, para las próximas elecciones de mayo. La comunicación online como tema principal, la estrategia a seguir, cómo comunicar, por qué comunicar y un caso de estudio: Barack Obama.

El pasado 4 de febrero, ex alumnos del Máster de Comunicación Política y Corporativa (MCPC) de la Universidad de Navarra, y la George Washington University, nos reunimos en el edificio de Telefónica en Gran Vía, Madrid, para escuchar a Jose Lui Orihuela, a Rafa Rubio y a Julie Barko. La estrategia online fue la protagonista. La comunicación online como una herramienta más dentro de la comunicación política. Pero no la única, sino esencial para la transparencia de los que hacen buen uso de ella en una campaña política. Y, sí, es cierto que en «Internet no se ganan votos», pero como comentó Rafa Rubio, «se pueden ganar elecciones». Y bien es cierto que una campaña se puede perder por falta de organización. E, incluso, por falta de contenido en los soportes de Internet, por mal utilizar información bruta que no sirve para nada y por no entender la relación entre canales.

Repito la cita de Julie Barko: «Los políticos que usen de una forma eficiente Internet van a ganar». Sin embargo, hay que partir del concepto que tienen los políticos españoles sobre Internet: una amenaza más que una oportunidad. E incluso los partidos políticos. Cuando se externaliza a una empresa privada la estrategia de comunicación online, todo puede ser más productivo. El dilema principal que se plantea es cuando el partido/candidato rompe esa estrategia y se involucra, de manera inconsciente y personal, en una comunicación que puede ser contraproducente para él/ella. En España, lo puramente de partido choca con lo profesional y no hay una gran cultura de trabajo en equipo entre lo interno y lo externo. Algo que demuestra que aún queda mucho por hacer… Este sólo es el principio.

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¿NOS “gusta” de verdad todo aquello que encontramos en Facebook y por eso hacemos click en “Me gusta”?

¿Cuando pinchamos ese “Me gusta” lo hacemos con la intención que Facebook pretende o es tan sólo el afán de seguir algo que nos interesa?

Desde el punto de vista de la comunicación, ese “Me gusta” en Facebook entraña problemas. Algunos usuarios de esta red social a los que le interesa la política, ya sean militantes o simpatizantes, le gusta seguir la actividad online del político, partido, etc., en cuestión. Sin embargo, hay un colectivo de seguidores del bando opuesto a los que “no les gusta” la página de su rival y no les queda otra que pinchar en ese icono, que aparece tan amigable ¿verdad?, para conocer la actividad del contrincante. Por lo tanto a aquellos seguidores del PP que quieran seguir a Felipe González, ¿les gustará de verdad? Pues puede que sí y puede que no, aunque este “no” puede tener, sin duda, más peso. Está claro que el significado de ese click va mucho más allá de un mero “Me gusta”. ¿Por qué debo pinchar el “Me gusta” de un político cuando en realidad mi deseo y mi intención es otra al hacer click?

En Twitter, donde recientemente un artículo ha puesto a sus usuarios de más cultos y más ricos que los de Facebook (se abre el debate), el RT cobra diferentes puntos de vista.

¿Por qué hacemos retweet? ¿Porque nos gusta compartir lo que leemos? ¿Porque lo compartido lo asignamos a nuestra propia voz? ¿Porque queremos denunciar aquello que vemos volviéndolo a publicar? ¿Porque queremos obtener algo a cambio?

Seguramente todas las respuestas sean correctas, y no dudo de que estas preguntas aumentan en función de las intenciones e intereses de cada usuario de Twitter. Sin embargo, muchos perfiles son criticados porque son malinterpretados en esta Red por el resto de seguidores. Cuando una persona hace RT, da la impresión de poner en boca propia lo que quizás haya dicho otro, como es el caso de compartir algún comentario que haya hecho un político que, quizás, no sea simpatizante ni comulgue con las opiniones de uno. Y eso crea controversias en esta Red de 140 caracteres (y en Facebook, ya que los contenidos de Twitter también se comparten aquí) e incluso puede hasta afectar a la reputación y la imagen no sólo de una persona políticamente activa y participativa, sino de un canal empresarial en concreto o de un político en activo. Con el tipo de seguidores ocurre lo mismo: una persona puede ser del PP y seguir a aquel colectivo del PSOE sin el afán de seguirlo porque simpatiza con sus opiniones. Simplemente es seguido con otras intenciones.

Esperemos que, con el tiempo, el lenguaje de las redes sociales y la comunicación online vaya cambiando a medida que las intenciones y las necesidades de los usuarios se van haciendo cada vez más presentes.

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